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Sunday, August 25, 2013

Los antecedentes del 27 de Agosto de 1918

La fecha cívica más importante de esta frontera, el 27 de agosto, de la que este año de 2013 conmemoramos el 95 aniversario, presento esta serie de artículos en los que explico que, a diferencia de la percepción común, de que fue un hecho aislado, la realidad histórica es que no lo fue, sino que estuvo relacionada con otros eventos, tanto de orden local como internacional.

Venustiano Carranza durante su visita a la actual Escuela Pestalozzi
A fines de 1913 llegaba a esta población Don Venustiano Carranza a a dirigir, desde esta frontera, la revolución contra Victoriano Huerta, aunque poco después afloraban las pugnas interfaccionarias revolucionarias: Carranza contra Villa que aquí, en Sonora, se reflejaron en las ocurridas entre Plutarco Elías Calles y Don José María Maytorena, Gobernador del Estado.

Mientras sucedía ésto, el conflicto entre las naciones europeas auspiciaba la proximidad de la Primera Guerra Mundial, todo bajo la atención continua del Presidente estadounidense, Woodrow Wilson.

Pero eso no era todo. El mundo despertaba también al uso mundial del petróleo como combustible en sustitución del energético por excelencia hasta entonces, que era el carbón. Mientras en 1914 había sólo 1.8 millones de automóviles en la nación vecina, para 1921 habría 10.4, y 26.5 en 1929. Y mientras en 1914 sólo el 3% del tonelaje transportado mundialmente por barco era impulsado por petróleo, para 1921 la proporción subiría al 15% y a casi la mitad para 1934.

Además, si antes de 1914 Estados Unidos era el principal productor petrolero mundial, seguido por Rusia, el panorama cambió totalmente cuando la revolución rusa rompió ese esquema y México, con sus reservas petroleras, se convirtió en el principal exportador y segundo productor mundial de petróleo, y de esa manera despertó la atención mundial sobre las riquezas petroleras mexicanas. Sin embargo, los yacimientos petroleros mexicanos, que se explotaban desde inicios de siglo, no se habían traducido en los ingresos nacionales necesarios para la construcción de México, ya que nuestro país no cobraba impuestos sobre su producción. De 1901 a 1911 se habían exportado alrededor de 25 millones de barriles que no habían pagado un centavo de impuestos petroleros. Para 1916, los impuestos del petróleo alcanzaban el 2% de todos los cobrados, proporción que subió a 4% el año siguiente. Y sin embargo, no fue ésto todo lo que complicó el panorama.

Una caricatura de la expedición, contemporánea a los hechos
La solución del presidente estadounidense Wilson frente a las pugnas entre los revolucionarios mexicanos fue reconocer a fines de 1915 a la facción Carrancista y desconocer a la de Villa, decisión que provocó, como era de esperarse, el enojo de Francisco Villa, quien a principios de 1916 atacó a la población estadounidense de Columbus, Nuevo México. Este ataque, a su vez,  llevó a que Wilson ordenara una expedición punitiva militar que entró a México sin permiso de ninguna autoridad mexicana a principios de 1916, persiguiendo al general revolucionario mexicano.

Además, ordenó la implantación de diferentes medidas para intentar evitar que los conflictos mexicanos cruzaran la frontera.  De esta manera, se fueron estableciendo varias medidas sobre la región fronteriza entre México y los Estados Unidos, las que fueron agravando las relaciones internacionales, por lo que Nogales, al ser frontera, se vio negativamente impactada.

Volviendo a los sucesos, para junio de ese 1916, temiendo que a Sonora le pasara lo mismo que a Chihuahua, por donde había penetrado a México la expedición punitiva buscando a Villa, también se temía que por Nogales entrara otra expedición militar estadounidense a Sonora, e intentando prever sus consecuencias sobre esta entidad, el gobierno del Estado ordenó que se realizara un inventario de los alimentos con que se contaba, previendo alguna invasión a Sonora.

Además, la tensión provocada por estos rumores se elevó tanto, que en julio de ese año de 1916 se ordenó que toda la población nogalense evacuara a esta entonces Villa. Sin embargo, estos rumores resultaron ser falsos, por lo que paulatinamente la calma retornó a esta frontera y su población regresó a sus hogares, y poco después se retiraba totalmente la expedición punitiva estadounidense de México sin haber logrado su meta de apoderarse de Villa. Pero parecía que apenas se resolvía una situación cuando surgía otra nueva. En febrero de 1917 era promulgada una nueva Constitución en nuestro país. De sus artículos, el 27 era uno de los más importantes desde el punto de vista de las relaciones internacionales mexicanas, ya que consideraba que todas las tierras, aguas, así como el subsuelo y sus recursos (entre ellos el petróleo) le pertenecían a la nación. No era de extrañar, entonces, la preocupación entre los productores privados extranjeros por la promulgación de esta Constitución.

El camino que escogió la nación vecina frente a esta situación, intentando ejercer presión sobre México, fue adoptar más respuestas radicales.  Entre ellas estuvo la imposición de los pasaportes en diciembre de 1917, y que además, para hacer cumplir esta medida fueran colocados guardias a cada cierto número de pasos en la frontera, los que no advertían que no lo hicieran a quienes intentaban cruzarla sino que únicamente les disparaban. Esta disposición fue la causa de que murieran muchos mexicanos en forma totalmente innecesaria durante los meses previos al 27 de agosto de 1918.

Merece que cite aquí la protesta del Alcalde nogalense, Félix B. Peñaloza, a esa situación: "... siendo en mi concepto de toda consecuencia haga Ud. una enérgica reclamación para poner un ´hasta aquí´ a los hechos criminales que ostentan con derroche de lujo los centinelas americanos contra nuestro pueblo, que conceptúan en estado salvaje provocando con sus desmanes a un conflicto internacional que debemos evitar..."


Tuesday, March 5, 2013

Cananea durante la Primera Guerra Mundial


Después de la derrota final en Sonora del General Francisco Villa por los Constitucionalistas, muchos creyeron que la paz y el progreso regresarían a Cananea, aunque no fue así. La inestabilidad social ocasionada por la revolución continuaría ejerciendo su presión sobre la región y a ella se le unirían las consecuencias regionales de la Primera Guerra Mundial.

La compañía minera de Cananea argumentaba que después de la partida de los villistas las instalaciones mineras habían quedado “en un muy mal estado” y valuaron en un total de poco más de $233 mil dólares las pérdidas ocasionadas por la ocupación. Pero eso no era todo, para 1917 se dejaron caducar 7,702 denuncios mineros en la región y poco después el gobierno de México ordenaba que se cerrara la mina hasta que fueran pagados poco más de un millón de dólares en impuestos vencidos. Una nueva receta de relaciones económicas entre un país que descubría su nacionalismo y el capital foráneo estaba naciendo.

Columbus, Nuevo Mexico, después del ataque 
Empezando 1916, Villa atacaría Columbus, Nuevo México, lo que llevó a la incursión de la Expedición Punitiva, un ejército que, al mando del Gral. John Pershing, penetró por Chihuahua a México intentando atraparlo, aunque sin éxito. Y mientras ésto sucedía, Estados Unidos se preparaba para el papel preponderante mundial que tendría durante el siglo XX, y entre sus medidas para intentar lograr un mayor control sobre sus fronteras estuvo  el establecimiento de los pasaportes en diciembre de 1917.

Los mineros siendo deportados de Bisbee
Para entonces había hecho crisis también en Arizona el movimiento de los mineros;  en junio de ese 1917 miles de mineros abandonaron sus trabajos en las minas de la Compañía Copper Queen cerca de Bisbee, en lo que la prensa y opinión pública estadounidenses consideraron como un acto de deslealtad patriótica ya que se detenía la producción estadounidense de cobre precisamente en el momento cuando éste era más necesitado para producir municiones para la Primera Guerra Mundial. Para oponerse al grupo sindical minero, Trabajadores Industriales del Mundo (Industrial Workers of the World), que era visto como socialista, se formaron en Bisbee la Liga de Protección a los Trabajadores formada por hombres de negocios de Bisbee, y la Liga de Lealtad de los Trabajadores integrada a su vez por mineros que no participaban en la huelga, ambos para combatir a los huelguistas.

La deportación de los mineros de Bisbee en 1917
Así fue cómo el amanecer del 12 de julio de 1917, al amparo de los silbatos de la mina Copper Queen de Bisbee que los llamaba a unirse, dos mil hombres se reunieron con cientos de policías locales y, encabezados todos por el Presidente de la Phelps Dodge, Walter Douglas, se dedicaron a reunuir mineros huelguistas.

Unos 1,200 fueron puestos bajo custodia armada en el estadio de beisbol para ser después subidos a carros de ferrocarril que los expulsaron del Estado de Arizona, y en el pueblo de Hermanas, Nuevo México, cerca de Columbus, pueblo que el año anterior había sido atacado por fuerzas villistas, fueron desembarcados y abandonados después de amenazarlos que no intentaran regresar a Arizona.

Los vagones llenos de gente, listos para ser deportados
La mayoría de este grupo de mineros eran mexicanos quienes, a los ojos de los arizonenses, según diría el Sheriff Harry Wheeler “muchos de estos huelguistas eran villistas que habían obligado a cerrar la mina de Cananea,” además que toda la región fronteriza se llenó de falsos rumores de villistas armados que merodeaban la región aledaña a Cananea. El espectro de la huelga de Cananea todavía vivía en la mentalidad de los arizonenses del Sur de ese Estado.

Pero ésto no fue todo, ya que al concluir la I Guerra Mundial el precio del cobre empezó a caer. Para 1920 ya no había quien lo comprara aún a precios por debajo del mercado. Si bien Greene  había dicho que “podía poner cobre en Nueva York por menos de 9 centavos por libra”, sus costos reales de producción se habían aproximado  al doble de ese precio, aunque para la década de 1920 su costo de producción había sido reducido a poco más de 13 centavos, y aún así nadie compraba el metal. Todo esto forzó a que la mina de Cananea cesara operaciones en 1921.

Al ser cerrada la mina, durante esos años posbélicos Cananea quedó abandonado, y al resumir  operaciones fue necesario que la compañía contratara trabajadores de otras regiones del Estado. El procedimiento  que siguió para contratarlos nuevamente, en voz del historiador Samuel Truett: “se apoyó en oficiales locales que funcionaban como contratistas… Mientras, las élites regionales se aprovecharon de las dificultades  para disciplinar a los trabajadores… administrando a sus compatriotas para favorecer su propia ventaja económica. Así fue como las compañías de cobre surgieron del otro lado de la revolución mexicana aún más fuertes que nunca, aunque todavía tenían que reconciliar sus sueños de control con las redes locales de poder, arraigadas aún más allá de las miradas del Estado o de la corporación.” 

Sunday, April 22, 2012

Si Villa hubiera ganado la batalla de Celaya


Este artículo me fue inspirado por la visita a Nogales, hace unos días, del historiador duranguense Gilberto Jiménez, quien me obsequió varios libros de su autoría, todos acerca de Pancho Villa y Durango, además de otro más, el último que ha escrito Ricardo Raphael, “El Otro México,” en el que el autor habla de la vida cotidiana actual en los Estados del noroeste mexicano.

Durante la visita del licenciado Jiménez sostuvimos una plática muy,  extremadamente muy fructífera; llena de remembranzas históricas y de planes para el año próximo en que se conmemora el 450 aniversario de la fundación de Durango, evocación que sus ciudadanos intentan festejar adecuadamente; y así como éstos, tocamos también muchos otros asuntos históricos más, entre los que estuvo el de las posibilidades históricas irrealizadas, el imaginarnos “cómo sería México si hubiera o no sucedido ésto o aquello...” Y precisamente hablando sobre ese tema es que empezamos a discurrir acerca de cómo fuera nuestro México actual si Villa no hubiera perdido las batallas de Celaya, combates que ocurrieron este mismo mes de abril, pero de 1915, batallas que definieron el final del villismo como fuerza nacional bélica.

Poco antes de este enfrentamiento decisivo, aunque ya después de la traición por Huerta al presidente Madero, la que había provocado a su vez el levantamiento de distintos grupos contra su usurpación, los que después se aglutinaron en dos facciones, la Constitucionalista y la Convencionista, estas facciones iniciaron una contienda por lograr la primacía en México. Y así ocurrió que el movimiento Constitucionalista, encabezado por Venustiano Carranza, a quien apoyaba miltarmente el grupo sonorense que ya dirigía el General Alvaro Obregón, se encontraba en franca desventaja en su lucha contra los Convencionistas, representados a su vez por el Presidente Roque González Garza, que era a su vez auxiliado en lo militar por Pancho Villa y Emiliano Zapata.

Aquí, por ejemplo, en Sonora, la balanza se inclinaba por entonces hacia los Convencionistas, representados estatalmente por José María Maytorena.  Un reporte militar estadounidense de ese mismo mes de abril estimaba que las fuerzas maytorenistas sonorenses andarían en alrededor de 5,230 hombres contra 3,500 de los carrancistas, e igualmente en  armamento los maytorenistas dominaban, ya que tenían 15,500 rifles y 8.5 millones de balas, contra 5,300 rifles y 5.2 millones de balas de sus oponentes. Y aún en la dimensión de lo musical, hay que recordar cómo la Marcha Club Verde, escrita por Rodolfo Campodónico en contra de Díaz, así como su Viva Maytorena, se habían convertido en los himnos no oficiales de los sonorenses. Todas ellas pruebas de que los sonorenses, y los nogalenses entre ellos, se inclinaban por Villa y por Maytorena en la guerra de facciones que ya se veía venir en el país.

Bajo estas premisas, platicamos también el Licenciado Jiménez y un servidor en nuestra conversación de esa tarde acerca de las probables causas de la derrota de Villa en las batallas de Celaya: de si el Centauro hubiera atacado sin tomar en cuenta las características del terreno aledaño a Celaya, características que habrían sido aprovechadas al máximo por Obregón; igualmente cubrimos el tema de si las balas que le fueron vendidas a Villa eran defectuosas como lo recuerda uno de los combatientes, José López: “traían balas de madera, con el casquillo de cobre niquelado, pero de madera por dentro… parque que no caminaba más de veinte metros, veinticinco metros.”

Pero regresando a la geografía sonorense, también hablamos de la derrota que le infringiera Plutarco Elías Calles a Pancho Villa en Agua Prieta después de la derrota de Celaya, combate que seguramente no  habría ocurrido si Villa hubiera ganado en Celaya. Entonces surgió el tema de la animadversión que provoca actualmente la figura de Villa en nuestro Estado cuando se recuerdan los hechos de venganza que llevaron por entonces a cabo los villistas; hablamos de la toma y saqueo generalizado de Nogales por fuerzas villistas en noviembre de 1915, así como del principal motivo de rencor sonorense, la masacre de San Pedro de la Cueva, cuando cerca de un centenar de sus ciudadanos fueron fusilados por órdenes directas de Pancho Villa; igualmente tocamos la incursión armada de fuerzas villistas a territorio estadounidense, a Columbus, Nuevo México, a la que seguiría la expedición punitiva que persiguió infructuosamente a Villa durante meses de aquel ya lejano año de 1916. Nada de ésto habría ocurrido de haber ganado Villa en Celaya. Fue, así, una tarde llena de remembranzas históricas combinadas con el imaginarnos posibilidades irrealizadas que gradualmente van siendo borrados de nuestra memoria colectiva.

La luz solar nos decía que ya estaba cerca el final de ese día, aunque no deseando concluir esa conversación cambiamos entonces a otra posibilidad de nuestro “qué hubiera sucedido….” Y así fue cómo tocamos la de cómo se habría desarrollado México si a su vez Obregón no hubiese sido asesinado durante el banquete que se le ofreció en el restaurante de La Bombilla después de haber sido declarado en 1928 como Presidente Electo para el periodo de 1928 a 1934. Surgió entonces, inmediata, la pregunta: ¿Nos podemos imaginar a un Presidente como Alvaro Obregón entregándole la banda presidencial a Lázaro Cárdenas?