Showing posts with label Carranza. Show all posts
Showing posts with label Carranza. Show all posts

Sunday, August 25, 2013

Los antecedentes del 27 de Agosto de 1918

La fecha cívica más importante de esta frontera, el 27 de agosto, de la que este año de 2013 conmemoramos el 95 aniversario, presento esta serie de artículos en los que explico que, a diferencia de la percepción común, de que fue un hecho aislado, la realidad histórica es que no lo fue, sino que estuvo relacionada con otros eventos, tanto de orden local como internacional.

Venustiano Carranza durante su visita a la actual Escuela Pestalozzi
A fines de 1913 llegaba a esta población Don Venustiano Carranza a a dirigir, desde esta frontera, la revolución contra Victoriano Huerta, aunque poco después afloraban las pugnas interfaccionarias revolucionarias: Carranza contra Villa que aquí, en Sonora, se reflejaron en las ocurridas entre Plutarco Elías Calles y Don José María Maytorena, Gobernador del Estado.

Mientras sucedía ésto, el conflicto entre las naciones europeas auspiciaba la proximidad de la Primera Guerra Mundial, todo bajo la atención continua del Presidente estadounidense, Woodrow Wilson.

Pero eso no era todo. El mundo despertaba también al uso mundial del petróleo como combustible en sustitución del energético por excelencia hasta entonces, que era el carbón. Mientras en 1914 había sólo 1.8 millones de automóviles en la nación vecina, para 1921 habría 10.4, y 26.5 en 1929. Y mientras en 1914 sólo el 3% del tonelaje transportado mundialmente por barco era impulsado por petróleo, para 1921 la proporción subiría al 15% y a casi la mitad para 1934.

Además, si antes de 1914 Estados Unidos era el principal productor petrolero mundial, seguido por Rusia, el panorama cambió totalmente cuando la revolución rusa rompió ese esquema y México, con sus reservas petroleras, se convirtió en el principal exportador y segundo productor mundial de petróleo, y de esa manera despertó la atención mundial sobre las riquezas petroleras mexicanas. Sin embargo, los yacimientos petroleros mexicanos, que se explotaban desde inicios de siglo, no se habían traducido en los ingresos nacionales necesarios para la construcción de México, ya que nuestro país no cobraba impuestos sobre su producción. De 1901 a 1911 se habían exportado alrededor de 25 millones de barriles que no habían pagado un centavo de impuestos petroleros. Para 1916, los impuestos del petróleo alcanzaban el 2% de todos los cobrados, proporción que subió a 4% el año siguiente. Y sin embargo, no fue ésto todo lo que complicó el panorama.

Una caricatura de la expedición, contemporánea a los hechos
La solución del presidente estadounidense Wilson frente a las pugnas entre los revolucionarios mexicanos fue reconocer a fines de 1915 a la facción Carrancista y desconocer a la de Villa, decisión que provocó, como era de esperarse, el enojo de Francisco Villa, quien a principios de 1916 atacó a la población estadounidense de Columbus, Nuevo México. Este ataque, a su vez,  llevó a que Wilson ordenara una expedición punitiva militar que entró a México sin permiso de ninguna autoridad mexicana a principios de 1916, persiguiendo al general revolucionario mexicano.

Además, ordenó la implantación de diferentes medidas para intentar evitar que los conflictos mexicanos cruzaran la frontera.  De esta manera, se fueron estableciendo varias medidas sobre la región fronteriza entre México y los Estados Unidos, las que fueron agravando las relaciones internacionales, por lo que Nogales, al ser frontera, se vio negativamente impactada.

Volviendo a los sucesos, para junio de ese 1916, temiendo que a Sonora le pasara lo mismo que a Chihuahua, por donde había penetrado a México la expedición punitiva buscando a Villa, también se temía que por Nogales entrara otra expedición militar estadounidense a Sonora, e intentando prever sus consecuencias sobre esta entidad, el gobierno del Estado ordenó que se realizara un inventario de los alimentos con que se contaba, previendo alguna invasión a Sonora.

Además, la tensión provocada por estos rumores se elevó tanto, que en julio de ese año de 1916 se ordenó que toda la población nogalense evacuara a esta entonces Villa. Sin embargo, estos rumores resultaron ser falsos, por lo que paulatinamente la calma retornó a esta frontera y su población regresó a sus hogares, y poco después se retiraba totalmente la expedición punitiva estadounidense de México sin haber logrado su meta de apoderarse de Villa. Pero parecía que apenas se resolvía una situación cuando surgía otra nueva. En febrero de 1917 era promulgada una nueva Constitución en nuestro país. De sus artículos, el 27 era uno de los más importantes desde el punto de vista de las relaciones internacionales mexicanas, ya que consideraba que todas las tierras, aguas, así como el subsuelo y sus recursos (entre ellos el petróleo) le pertenecían a la nación. No era de extrañar, entonces, la preocupación entre los productores privados extranjeros por la promulgación de esta Constitución.

El camino que escogió la nación vecina frente a esta situación, intentando ejercer presión sobre México, fue adoptar más respuestas radicales.  Entre ellas estuvo la imposición de los pasaportes en diciembre de 1917, y que además, para hacer cumplir esta medida fueran colocados guardias a cada cierto número de pasos en la frontera, los que no advertían que no lo hicieran a quienes intentaban cruzarla sino que únicamente les disparaban. Esta disposición fue la causa de que murieran muchos mexicanos en forma totalmente innecesaria durante los meses previos al 27 de agosto de 1918.

Merece que cite aquí la protesta del Alcalde nogalense, Félix B. Peñaloza, a esa situación: "... siendo en mi concepto de toda consecuencia haga Ud. una enérgica reclamación para poner un ´hasta aquí´ a los hechos criminales que ostentan con derroche de lujo los centinelas americanos contra nuestro pueblo, que conceptúan en estado salvaje provocando con sus desmanes a un conflicto internacional que debemos evitar..."


Sunday, August 18, 2013

La frontera nogalense durante la revolución

Ya vimos en esta serie de artículos que escribo, dedicados al 95 aniversario de la gesta heroica del 27 de agosto, cómo se desarrolló la región fronteriza de Nogales durante el porfiriato.  Ahora cubriré cómo era Nogales al iniciar la revolución mexicana, un poblado que se extendía, a lo largo de la cañada, hasta la entrada de la actual Cañada Héroes.

La Calle Internacional de Nogales
Por entonces no había ninguna restricción al cruce de la frontera. Las únicas mnifestaciones visibles que había una frontera internacional allí eran lo ancho de la Calle Internacional, por un lado, y la existencia de varios monumentos internacionales a lo largo de la línea fronteriza, de los que el número 122 destacaba por entonces (éste se encuentra en el centro mismo de la foto a la derecha, en donde Sonora está a la izquierda y  Arizona a la derecha). Y un poco más allá, a un lado de la vía férrea que como hoy, también entonces cruzaba la frontera, la estación del ferrocarril de Sonora (son los edificios obscuros en el centro de la fotografía, uno a cada lado de la misma y que, por cierto, se puede apreciar un ferrocarril que va cruzando la frontera), y más al Sur el edificio de la aduana (apenas se distingue una pequeña cúpula en la imagen), y enseguida de éste, hacia el Norte, la Plaza 13 de Julio con su quiosco (la pequeña zona arbolada a la izquierda de la imagen). Al poniente de la plaza, las distintas residencias de la élite nogalense de entonces se extendían a lo largo de la Calle Pesqueira, mientras que junto a la frontera estaba la residencia del principal agente aduanal nogalense, Próspero Sandoval.

Por otro lado, la calle comercial de Nogales era entonces la Elías, que en Arizona se convierte en Morley después de pasar uno a un lado del Monumento Internacional 122. En la Calle Elías podían encontrarse desde restaurantes como el Cazabón (un edificio que aún existe y cuya fotografía aparece a la izquierda), que ofrecía a los comensales ostiones que recibía diariamente por ferrocarril desde Guaymas, o bien hoteles como el Escobosa, situado en el extremo Norte de la Calle Elías, al Sur del Monumento 122 y frente al edificio del Cazabón, o bien tiendas como la de Lelevier, en donde se ofrecían los mejores artículos de vestir europeos.

Ese fue el escenario bajo el que se desarrolló la revolución mexicana cuyo primer periodo, el maderismo, no tuvo repercusiones locales. Las complicaciones surgieron después del cuartelazo de Huerta y del asesinato de Madero.

Seguiría el pronunciamiento de Venustiano Carranza y, aquí en Sonora, el levantamiento de las fuerzas de Alvaro Obregón que escogió a Nogales para realizar su primera acción de armas con la toma de esta población, y de esa manera convirtió a Nogales en la base inicial del movimiento revolucionario.

Vendrían después las pugnas entre Plutarco Elías Calles y el gobernador con licencia, José María Maytorena, las que llevaron a una reunión el 28 de julio de ese año de 1913 aquí en Nogales, entre las distintas facciones, aunque sin ningún avance. Pero otorguémosle la voz a Don José Vasconcelos, uno de los grandes filósofos de América, quien visitó a esta población por entonces:

“Llegamos a Nogales horas después de la Junta que absolvió a Maytorena de los cargos de sus enemigos y lo confirmó en el mando. Para asistir a dicha Junta, habían venido desde el sur a Nogales, muchos jefes. Entre todos, el que más pesaba era Obregón. A tal punto, que bastó con que él asumiera la defensa del Gobernador para que la discusión terminase y se disolviese la Asamblea al grito de ¡Viva Maytorena! … En Nogales me tocó alojarme en la misma alcoba con Miguel Alessio Robles.”

El edificio de este hospedaje compartido por Vasconcelos fue el hotel Escobosa, una construcción de piedra de dos niveles edificado a finales del Porfirismo y por lo tanto con sabor francés que, afortunadamente, continúa en pie, aunque dedicado a otros fines. Pero regresemos con Vasconcelos:

“Nos despertaron de mañana las cornetas de una compañía de yaquis que pernoctaba en los bajos del hotel. La impresión fue magnífica. Ya no éramos los perseguidos que despiertan sobresaltados. La fuerza que tocaba dianas estaba al servicio de la justicia y amparaba a los hombres honrados… la noche anterior, había llegado tarde y no ví nada del pueblo. En vano buscaba las nogaleras que sin duda le habían dado nombre. Apenas uno que otro árbol en calles apartadas y el centro una fealdad sin alivio, casas pequeñas, de ladrillo, interiores sórdidos, polvo en todas partes, descuido, y no por pobreza, por incultura.”

Pasaron nuevamente los meses y Don Venustiano Carranza también escogería a Nogales como base de operaciones del movimiento armado, y llegó a esta frontera a finales de ese año de 1913. Pero otorguémosle ahora la palabra a Martin Luis Guzman, quien nos ofrece una crónica del Nogales de entonces:

Martín Luis Guzmán
“Ya había anochecido cuando Alberto J. Pani y yo llegamos a Nogales. En la estación –feo cobertizo semejante a los que acabábamos de ver en el largo trayecto arizonense, sólo que aquí con la peculiar pátina mexicana- nos esperaban varios amigos y amigos de amigos… atravesamos una calle y caminamos un tramo de otra: ya estábamos en el hotel. La puerta daba a un pasillo que se convertía, por el fondo, en escalera… Una figura conocida apareció en lo alto y se mantuvo allá… era Isidro Fabela... se fueron abriendo las puertas de los cuartos y empezaron a salir por ellas hombres de la Revolución: salió Adolfo de la Huerta; salió Lucio Blanco; salieron Ramón Puente, Salvador Martínez Alomía, Miguel Alessio Robles y otros muchos…”

Después de dejar sus cosas y arreglarse en el Hotel Escobosa, los viajeros fueron a hablar con Carranza, al cercano edificio de la Presidencia Municipal, que se encontraba situado entonces en la esquina de Campillo y Juárez y frente al de la Aduana. Ese era el Nogales donde inició la revolución mexicana, a unos pasos del Monumento Internacional número 122.

Sunday, May 5, 2013

La revolución mexicana y la manufactura en Nogales


Continuando con esta serie de artículos acerca de la historia de la industria manufacturera en Nogales, le toca ahora su turno a la época revolucionaria. Nogales no sufrió durante el primer periodo revolucionario, que ocurrió entre 1910 y el asesinato del Presidente Madero.  Los problemas y desmantelamiento de la industria manufacturera en Nogales surgieron posteriormente, época que fue inaugurada por la toma de esta población, el 13 de marzo de 1913, por las tropas del entonces Coronel Álvaro Obregón.

Carranza visitando la actual Escuela Pestalozzi
Después vendría la llegada de Don Venustiano Carranza a Nogales. Aquí  formó su gobierno de oposición al de Victoriano Huerta, y aquí también se ideó la campaña que recuperó la nación para la revolución. Seguirían años de lucha, de los que a nivel nacional el peor ocurrió en 1915 con luchas interfaccionarias entre los Villistas o convencionistas como se les llamaba, y los Constitucionalistas, aunque aquí, en Nogales, debido precisamente a nuestra condición fronteriza, se agregó por necesidad el efecto que tuvo en Estados Unidos su participación en la Primera Guerra Mundial. Fueron años de agravamiento gradual de la situación internacional, de constantes medidas restrictivas en contra del libre comercio y tránsito internacional.

La Expedición Punitiva en una caricatura contemporánea
Por entonces, Nogales, Sonora, dependía casi totalmente para su subsistencia de la nación vecina, ya que en esta población no se producía casi nada. Además, la próxima participación estadounidense en el conflicto europeo había convertido a los Estados Unidos en una nación cada vez más preocupada por su frontera, y además se involucró directamente en la revolución al reconocer a la facción carrancista revolucionaria mexicana y desconocer a la villista. Esta involucración llegó a tal grado, de que tuvieron una participación directa en la contienda entre las facciones mexicanas cuando Villa intentó atacar a Agua Prieta. El resultado fue la derrota de Villa y su promesa de vengarse, lo que ocurrió empezando 1916 cuando atacó a una población fronteriza de Nuevo México, Columbus. Ese ataque, a su vez, provocó la expedición punitiva, como se le llamó, en la que varios miles de soldados estadounidenses entraron a México sin permiso,  buscando a Villa para aprehenderle.
La frontera de Nogales durante el periodo revolucionario


Todos estos incidentes afectaron aún más a esta frontera nogalense, agravando las condiciones de vida locales, hasta el grado de que al correr el rumor de que también Sonora sería invadido por fuerzas militares estadounidenses, el gobierno de nuestro Estado ordenó que se realizara en todo Sonora un inventario de los alimentos existentes y ordenó que a mediados de 1916 todo Nogales, Sonora, fuera evacuado. Y a pesar de que poco después se repobló Nogales, seguiría es establecimiento de los pasaportes para poder cruzar la frontera, hasta que todo este proceso de agravamiento internacional culminó con el incidente internacional del 27 de agosto de 1918 debido al cual, Nogales alcanzó el título de Heroica. Obviamente, no podía conservarse ni mucho menos desarrollarse la manufactura o el comercio bajo esas condiciones, y la economía local se derrumbó.

Vino después la década de 1920, y empezando ésta, el gobierno municipal, que no tenía recursos económicos, para hacerse de algunos, decidió vender el edificio de la Presidencia Municipal, situado en la esquina Noroeste de Campillo y Juárez, y usar como presidencia el edificio de la cárcel municipal, ubicado entonces donde hoy se encuentra la Presidencia. Vendió el edificio de la Campillo al gobierno federal y con ese dinero se pudo ampliar el mercado municipal y otras obras. Mientras, Nogales, Arizona se había convertido en la tienda de toda la costa del pacífico mexicano, donde los mexicanos a adquirían desde ropa hasta artículos del hogar o bien alimentos procesados.

Así transcurrieron los años, y en la década de los 30 sobrevino la gran depresión económica mundial, la que ocasionó que esa década fuera la única en la historia de Nogales en que la población decreció, en vez de crecer.

Vendría después la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias, cuando Nogales descubrió una vocación económica en el turismo, tanto legal como ilegal. Se establecieron las Fiestas de Mayo, Nogales, Arizona continuó siendo la tienda de toda la costa del pacífico mexicano, se estableció la Zona de Tolerancia en la Calle 5 de Febrero y surgieron entonces las tiendas de curiosidades a lo largo de la Calle Obregón. Casi todos los nogalenses creían que el futuro de esta frontera estaba en el turismo.

La garita fronteriza en Nogales, hecha por el PRONAF
Durante la década de mil novecientos cincuenta, los notables locales intentaban afianzar la fórmula del turismo como solución económica local, mientras que el gobierno federal no definía aún una receta para el futuro económico de Nogales. Esta receta finalmente fue presentada a los  nogalenses durante la campaña para la gubernatura de Alvaro Obregón Tapia, y fue implementada por dos proyectos federales: el Programa Nacional Fronterizo, cuyo principal legado fue la adecuación de la vialidad urbana nogalense al automóvil a través de la construcción de amplias calles que comunicaran el Sur con el Norte de Nogales, con la frontera, pues; y el Programa de Industrialización Fronteriza, que diseñó el método de las maquiladoras o fábricas de ensamble, en las que mano de obra mexicana es utilizada para armar diversas piezas, las que nuevamente se regresan a los Estados Unidos, ya como  artículos armados con valor agregado. Simultáneamente, las condiciones de vida locales cambiaron radicalmente, aunque ese es un tema que cubriré en el siguiente artículo…

Sunday, February 24, 2013

Villa en Cananea


El General Francisco Villa, quien para finales de 1915 había sido desconocido por los Estados Unidos y después de la derrota que sufrió en Agua Prieta llegaba al Norte de Cananea, no tenía ni alimentos ni agua para mantener el  ejército que le quedaba y en consecuencia su principal preocupación era conservar sus fuerzas armadas lo mejor que pudiera. Es posible que con su derrota hubieran brotado las insurrecciones, de otra manera no se pueden entender las acciones que tomó, que le atrajeron la enemistad de los sonorenses, que hasta entonces habían sido encaminadas a sostenerlo.  Así,  para conseguir pertrechos, envió, empezando noviembre de ese año de 1915 a una fuerza de 150 hombres al mando del Coronel Jesús Beltrán a Cananea, seguidos de  algunos millares de soldados; le exigieron a los funcionarios estadounidenses de la mina que les pagaran un impuesto de $25,000 dólares por la producción de la mina aunque, poco después, Villa cambió de parecer y pidió 20,000 sacos de harina, 5 sacos de azúcar, 2 de sal, café, un camión para transportar esa mercancía desde Naco, varios cientos de caballos y ganado; además, el General José Rodríguez entró al Banco Mercantil de Cananea y exigió que le entregaran $50 mil pesos plata del banco y $43 mil de la compañía. Todo ésto lo sabemos porque se ha conservado documentación sobre esos hechos.
El valle de Villa Verde, desde uno de los cerros de la región
Al autor de estas líneas le tocó la fortuna de haber sido guiado por un cananense amante y profundo conocedor de la historia de su región, el Ingenero Humberto de Hoyos, a Villa Verde, situado al noreste de Cananea, lugar donde acampó Villa, y ver allí los restos de las fortificaciones de los villistas.

Es un enorme valle que se extiende más allá de la frontera, cortado por pequeños arroyos que, aquí y allá, también interrumpen algunas lomas en donde aún se pueden ver las trincheras villistas, mezcladas algunas con sitios prehispanos que dejaron los habitantes nativos del valle; son fortificaciones que llevan al visitante actual a preguntarse cómo se explicarían los villistas aquellas trincheras ya existentes allí cuando llegaron ellos y a nosotros a preguntarnos: ¿Cómo sabemos que esas trincheras datan de dos épocas diferentes, del Sonora prehispano y de la época villista? Por los petroglifos y los cartuchos vacíos que han quedado; por la lítica y cerámica indígenos y los viejos rifles que han sido recuperados allí. Pero regresemos a nuestra crónica…

Las trincheras villistas en la falda de una de las lomas.
El día siguiente al de la petición de Villa eran retirados $25,000 dólares del banco de Bisbee y se los entregaron a Villa, quien prometió no saquear a la población de Cananea, en donde entonces vivían unas 15,000 personas, aunque el 16 de noviembre se reportó que las tropas de Villa habían entrado a Cananea y saqueado la población.

Además, dos trenes llenos de botín fueron enviados a Nogales, aunque una de las máquinas, la número 11, se quedó sin combustible, ya que funcionaban con carbón, combustible que no había en existencia en el mineral entonces. Los villistas que iban en el tren intentaron continuar en ella rumbo a Nogales  usando como combustible leña empapada en grasa animal, aunque falló la maniobra y la locomotora con su carga tuvo que ser abandonada en la vía.

El Gral Rodríguez
Villa, por su lado, quien como dije tenía su base de operaciones en Villa Verde, únicamente visitó Cananea por unas horas, aprovechó la oportunidad para dar algunos discursos y finalmente partió del poblado el 20 de noviembre con la intención de atacar y apoderarse de Hermosillo, capital del Estado. En Cananea se quedó la fuerza principal del ejército villista al mando de uno de los fieles villistas, el General José Rodríguez, quien había acordado con Villa reunirse después con él para atacar, juntos, la capital del Estado.

Sin embargo, para entonces las fuerzas constitucionalistas habían rodeado al mineral y al darse cuenta de ello, Rodríguez dividió a sus tropas en grupos pequeños para intentar escapar. Uno se dirigió al Ojo de Agua y por allí se deslizó entre las fuerzas constitucionalistas para escapar a Chihuahua. Otro grupo, que mandaba el Coronel Beltrán se apoderó de dos trenes y se dirigió a Puertecitos con la intención de escapar por allí. Mientras, en Nogales, las tropas villistas que se habían apoderado de la población se dedicaron también a saquearla y quemaron los archivos municipales y del Catastro Municipal, saqueo que duró hasta el día 25, cuando fueron expulsados por las tropas constitucionalistas al mando de Lázaro Cárdenas.

El Gral. Rodríguez cuando Villa era gobernador de Chihuahua
Finalmente, el 28 de noviembre, las tropas de Rodríguez y de Beltrán atacaban Nacozari, para después intentar regresar a Cananea. Sin embargo, fueron rodeados cerca de Fronteras, en donde fueron derrotados el  12 de diciembre por los constitucionalistas. De este escape ha quedado una leyenda en Cananea, de que después del enfrentamiento en Puertecitos, los villistas tuvieron que abandonar o esconder parte de su botín, que permanece escondido en alguna parte de la sierra, cerca de Puertecitos.

Villa, por su parte, atacó Hermosillo sin los refuerzos de Beltrán o Rodríguez y fue derrotado, para después retirarse rumbo a Chihuahua, y ese fue el momento en que ocurrió la conocida como Masacre de San Pedro de la Cueva, cuya descripción no le corresponde a esta crónica. Después, Villa abandonaría definitivamente Sonora y los constitucionalistas quedaron dueños del Estado.

Sunday, February 17, 2013

Cananea durante la revolución mexicana


Así fue cómo, después de la renuncia de Porfirio Díaz a la presidencia de México, seguida de nuevas elecciones en las que asumió la presidencia Francisco Ignacio Madero, todos pensaron que la época más difícil de la revolución había pasado aunque, hoy lo sabemos, eso no era más que el principio de la verdadera revolución mexicana.

La principal falla del gobierno maderista fue ofrecerles muy poco mejoramiento económico a los obreros y campesinos y concentrar sus esfuerzos en apoyar una mayor libertad política en el país. Eso llevó al descontento de algunos sectores de la sociedad; al levantamiento en oposición al maderismo de Emiliano Zapata en el Sur del país y a su apoyo a la insurrección de Pascual Orozco en el Norte, en Chihuahua, ese 1912.

En el Norte de México, la subsecuente derrota de Orozco en Chihuahua forzó a que el movimiento orozquista se trasladara a la región serrana oriental de Sonora: a las minas cercanas a Cumpas; a los pueblos del Río de Sonora, como Aconchi que fue bombardeado con dinamita; a poblaciones sonorenses en donde aún hoy se mantiene el recuerdo de esas resistencias en los nombres de sus calles y en su memoria colectiva; o bien a actos de orozquistas como el del General Emilio Campa, quien a finales de agosto de 1912 quemó los puentes ferroviarios aledaños a Santa Cruz, además de tomar al poblado, lo que interrumpió el tránsito en la vía férrea que aún hoy une al mineral de Cananea con Nogales. O bien al ataque al pueblo y mineral de Nacozari por el orozquista Antonio Rojas, hecho que llevó a que los hermanos Douglas, dueños de las minas, intentaran formar una fuerza armada filibustera estadounidense en Arizona para proteger sus intereses mineros, aunque no lograron reunir a suficiente gente y el proyecto quedó abortado. De esta manera, la frontera internacional conservó hasta entonces su carácter delimitador de los conflictos políticos.

Siguió entonces el golpe de Estado de Victoriano Huerta contra el gobierno de Madero en febrero de 1913, estos días hace cien años, seguido del arresto del presidente por órdenes de Huerta, y horas antes de que fueran muertos el presidente Madero  y el Vicepresidente Pino Suárez, el día 21 el ayuntamiento de Cananea se declaró en oposición a Huerta, todo como antesala de la oposición casi total de Sonora contra el huertismo.

Carranza durante su visita a Puertecitos
Vendría después la siguiente fase revolucionaria, dirigida ahora por Venustiano Carranza; y cuando tanto Nogales como Cananea fueron recuperados por la oposición contra Huerta, Carranza escogió a Sonora y en particular a Nogales para formar su gobierno. Durante este periodo visitaría los poblados aledaños a Nogales, y Cananea y Puertecitos no pudieron quedar olvidados (en la imagen de la derecha aparece el momento de su visita a este último lugar. Se puede apreciar al centro a Carranza, rodeado de José María Maytorena a la izquierda e Ignacio Pesqueira a la derecha, además de otros personajes que pronto después lograrían prominencia regional o aún nacional, como Adolfo de la Huerta, entre otros).

Sin embargo, este periodo de aparente armonía entre los revolucionarios no duró mucho y fue seguido por la división en facciones revolucionarias y la guerra intestina entre las fuerzas de Maytorena y Francisco Villa por un lado, y las de Calles y Carranza por el otro, la que se expresó a través del famoso Sitio de Naco y con éste, el impedimento a exportar los productos de la mina cananense. Esta contienda obligó al cierre de la mina en agosto de 1914 y al despido de 4 mil mineros mexicanos y de doscientos estadounidenses y a que únicamente diez estadounidenses y cuarenta mexicanos se quedaran en las instalaciones para protegerlas, al mismo tiempo que la situación económica de los residentes de la región era cada vez peor.

Así, el agente consular Charles Montague escribiría haber visto cómo miles de residentes del Norte de Sonora: “han estado sufriendo una magra existencia lavando oro, cazando, acarreando leña y demás, mientras que otros se han unido a los distintos ejércitos que pasan por la región.” Y agregaba: “durante los últimos meses he visto evidencia de más sufrimiento en Cananea que todo lo que he visto antes.” Y al igual que en Cananea, esa crisis se manifestaba en todas las regiones de Sonora, con inestabilidad económica, con asaltos y una infinidad de rumores, a los que se agregaba el que Francisco Villa, que para entonces había roto abiertamente contra la facción de Carranza, se preparaba para invadir Sonora.

Finalmente, ya para terminar 1915 los Estados Unidos reconoció a la facción carrancista dentro del movimiento revolucionario, y Villa, opositor de Carranza, invadió entonces a nuestro Estado y atacó Agua Prieta. Pensaba que ese puerto fronterizo estaría protegido únicamente por unos pocos, cansados, soldados carrancistas, aunque fue rechazado con enormes pérdidas debido a que Estados Unidos habían permitido que cuatro vagones de fuerzas constitucionalistas viajaran por su territorio y reforzaran a las tropas de Agua Prieta. Eso provocó su ira, aunque el espacio se me agota por lo que retomaré el tema en mi próximo artículo…

Sunday, April 22, 2012

Si Villa hubiera ganado la batalla de Celaya


Este artículo me fue inspirado por la visita a Nogales, hace unos días, del historiador duranguense Gilberto Jiménez, quien me obsequió varios libros de su autoría, todos acerca de Pancho Villa y Durango, además de otro más, el último que ha escrito Ricardo Raphael, “El Otro México,” en el que el autor habla de la vida cotidiana actual en los Estados del noroeste mexicano.

Durante la visita del licenciado Jiménez sostuvimos una plática muy,  extremadamente muy fructífera; llena de remembranzas históricas y de planes para el año próximo en que se conmemora el 450 aniversario de la fundación de Durango, evocación que sus ciudadanos intentan festejar adecuadamente; y así como éstos, tocamos también muchos otros asuntos históricos más, entre los que estuvo el de las posibilidades históricas irrealizadas, el imaginarnos “cómo sería México si hubiera o no sucedido ésto o aquello...” Y precisamente hablando sobre ese tema es que empezamos a discurrir acerca de cómo fuera nuestro México actual si Villa no hubiera perdido las batallas de Celaya, combates que ocurrieron este mismo mes de abril, pero de 1915, batallas que definieron el final del villismo como fuerza nacional bélica.

Poco antes de este enfrentamiento decisivo, aunque ya después de la traición por Huerta al presidente Madero, la que había provocado a su vez el levantamiento de distintos grupos contra su usurpación, los que después se aglutinaron en dos facciones, la Constitucionalista y la Convencionista, estas facciones iniciaron una contienda por lograr la primacía en México. Y así ocurrió que el movimiento Constitucionalista, encabezado por Venustiano Carranza, a quien apoyaba miltarmente el grupo sonorense que ya dirigía el General Alvaro Obregón, se encontraba en franca desventaja en su lucha contra los Convencionistas, representados a su vez por el Presidente Roque González Garza, que era a su vez auxiliado en lo militar por Pancho Villa y Emiliano Zapata.

Aquí, por ejemplo, en Sonora, la balanza se inclinaba por entonces hacia los Convencionistas, representados estatalmente por José María Maytorena.  Un reporte militar estadounidense de ese mismo mes de abril estimaba que las fuerzas maytorenistas sonorenses andarían en alrededor de 5,230 hombres contra 3,500 de los carrancistas, e igualmente en  armamento los maytorenistas dominaban, ya que tenían 15,500 rifles y 8.5 millones de balas, contra 5,300 rifles y 5.2 millones de balas de sus oponentes. Y aún en la dimensión de lo musical, hay que recordar cómo la Marcha Club Verde, escrita por Rodolfo Campodónico en contra de Díaz, así como su Viva Maytorena, se habían convertido en los himnos no oficiales de los sonorenses. Todas ellas pruebas de que los sonorenses, y los nogalenses entre ellos, se inclinaban por Villa y por Maytorena en la guerra de facciones que ya se veía venir en el país.

Bajo estas premisas, platicamos también el Licenciado Jiménez y un servidor en nuestra conversación de esa tarde acerca de las probables causas de la derrota de Villa en las batallas de Celaya: de si el Centauro hubiera atacado sin tomar en cuenta las características del terreno aledaño a Celaya, características que habrían sido aprovechadas al máximo por Obregón; igualmente cubrimos el tema de si las balas que le fueron vendidas a Villa eran defectuosas como lo recuerda uno de los combatientes, José López: “traían balas de madera, con el casquillo de cobre niquelado, pero de madera por dentro… parque que no caminaba más de veinte metros, veinticinco metros.”

Pero regresando a la geografía sonorense, también hablamos de la derrota que le infringiera Plutarco Elías Calles a Pancho Villa en Agua Prieta después de la derrota de Celaya, combate que seguramente no  habría ocurrido si Villa hubiera ganado en Celaya. Entonces surgió el tema de la animadversión que provoca actualmente la figura de Villa en nuestro Estado cuando se recuerdan los hechos de venganza que llevaron por entonces a cabo los villistas; hablamos de la toma y saqueo generalizado de Nogales por fuerzas villistas en noviembre de 1915, así como del principal motivo de rencor sonorense, la masacre de San Pedro de la Cueva, cuando cerca de un centenar de sus ciudadanos fueron fusilados por órdenes directas de Pancho Villa; igualmente tocamos la incursión armada de fuerzas villistas a territorio estadounidense, a Columbus, Nuevo México, a la que seguiría la expedición punitiva que persiguió infructuosamente a Villa durante meses de aquel ya lejano año de 1916. Nada de ésto habría ocurrido de haber ganado Villa en Celaya. Fue, así, una tarde llena de remembranzas históricas combinadas con el imaginarnos posibilidades irrealizadas que gradualmente van siendo borrados de nuestra memoria colectiva.

La luz solar nos decía que ya estaba cerca el final de ese día, aunque no deseando concluir esa conversación cambiamos entonces a otra posibilidad de nuestro “qué hubiera sucedido….” Y así fue cómo tocamos la de cómo se habría desarrollado México si a su vez Obregón no hubiese sido asesinado durante el banquete que se le ofreció en el restaurante de La Bombilla después de haber sido declarado en 1928 como Presidente Electo para el periodo de 1928 a 1934. Surgió entonces, inmediata, la pregunta: ¿Nos podemos imaginar a un Presidente como Alvaro Obregón entregándole la banda presidencial a Lázaro Cárdenas?



Sunday, March 4, 2012

El ser Nogalense


Saturno, según Goya

La historia de México siempre ha sido la de Saturno: el Dios que devora a su progenie para seguir viviendo; o vista desde la visión mexica, la de Huitzilopochtli: el que exige el sacrificio humano para que el sol salga el día siguiente.

Desde la visión de Saturno, nuestros próceres han sido generalmente reemplazados por otros que les niegan validez tanto a ellos como a la fórmula anterior, aunque también ellos serán sustituidos por otros que nuevamente  repetirán esa fórmula. O desde la perspectiva de Huitzilopochtli, el nuevo orden sacrifica al viejo, negándole validez.

Se atribuye a Sebastián Lerdo de Tejada la aparente lapidaria frase: “Hay que cultivar el desierto entre México y los Estados Unidos,” propuesta aparentemente eterna que dictaría para siempre el desarrollo futuro de México, tesis definida por las mutilaciones que sufriera nuestro país a mediados del siglo XIX. Y sin embargo, esta frase de antes del inicio del Porfirismo, de antes del nacimiento de Nogales, anterior a esta hoy ciudad que surgiera como principal símbolo en Sonora de Díaz, fue derrotada por la necesidad de desarrollo económico, por la urgencia de modernizar a la sociedad mexicana.
Huitzilopochtli

Si bien hasta entonces Sonora, eminentemente rural, había estado comunicada por Guaymas hacia el exterior, y el comercio sonorense se realizaba principalmente con Europa y con el California que tras el Tratado de Guadalupe-Hidalgo se hizo estadounidense, vino después el ferrocarril de Sonora, inaugurado en Los Nogales en 1882, antes del nacimiento de esta población, y con esa inauguración fue formado un nuevo eje de comercio de Sonora, un eje ya no rural sino urbano que integraría económicamente a la costa del Pacífico de México, pero que además comunicó, apenas unos 30 años después de las acosadas filibusteras que sufriera nuestro Estado, con los Estados Unidos, y así quedó atrás el principio de Lerdo de Tejada.

Para 1884, el nacimiento de esta población fronteriza había alterado para siempre la geografía del comercio de nuestro Estado. Era el presentimiento de la conversión de esta hoy ciudad en la capital estratégica del Norte de Sonora, el lugar donde lo rural aprende a ser urbano, aunque más profundamente y desde la mentalidad del ciudadano futuro, el laboratorio de fórmulas de convivencia social, tanto en lo interno como en lo externo y no únicamente con vigencia local sino nacional.

Carranza en Nogales
Y después vendría la revolución, y como augurio de lo que se avecinaba fue precisamente en Nogales en donde Venustiano Carranza organizó ese gobierno que intentaba establecer en la nación la nueva fórmula, y también desde aquí, desde Nogales partió Alvaro Obregón dirigiendo la campaña militar que primero recuperaría y después reorientaría el rumbo que adoptó nuestra nación durante el siglo XX bajo una nueva manera de hacer las cosas, es decir con raíces fronterizas.

Siguió en 1928 la campaña de Vasconcelos, que intentó establecer el civilismo en el gobierno nacional, y también fue precisamente aquí, en Nogales, en donde éste proclamó “la revolución necesita, por fin, llegar a los espíritus,” aunque esta arenga resultó prematura ya que fue acallada por la fuerza de las mismas armas que intentaba reemplazar.

Calles y Obregón en 1924, en la toma de posesión del primero
Vendría después el turno de otro de los líderes revolucionarios con raíces formativas en esta frontera, y Plutarco Elías Calles buscó y en parte logró conformar la fórmula social e ideológica del México del siglo XX. Su falla estuvo en la orientación que siguió para darle solución a otro de los problemas eternos de México: lo centrífugo contra lo centrípeta; se inclinó por  lo segundo al intentar darle forma a un Estado infalible, todopoderoso, aunque al mismo tiempo le negaba validez a la opinión libre del ciudadano, la que interpretaba como anarquista, apátrida, centrífuga, y así transcurrió el resto del siglo XX.

Hoy, en la infancia del siglo XXI, la incertidumbre impera soberana sobre fórmulas globales que también se creyó que serían eternas; el mundo se debate entre inseguridades energéticas y hegemónicas,  informáticas y políticas, económicas y sociales, mientras que nuestra comunidad nogalense aún busca lo mismo que antes: la solución, tal vez utópica, a la problemática del ser. Utilizando los principios del trabajo y de la superación personal en esta ciudad que nació para la faena diaria por lo que alguien dijera de ella que nadie descansa afuera de sus casas, el nogalense se manifiesta también bajo una aparente atomización social que, en el fondo, no es sino la expresión de nuestro conflicto identitario, de nuestra fórmula fronteriza de coexistencia de lo propio con lo extraño, del constante intento de ser homo laborabilis en un medio de homo urbanus.

Nuestra permanente búsqueda de la adaptación, nuestro cotidiano pragmatismo se debe a que diariamente nos enfrentamos a la continua redefinición identitaria de lo que somos y lo que queremos ser. En los ritmos públicos cotidianos del levantarnos, del comer, del diario transcurrir o del relacionarnos con los demás, asistimos a la neofrontera geográfica y cultural del ser mexicano en este confín nacional llamado Nogales, al mismo tiempo que intentamos darle forma a un nuevo ser mexicano en medio del diario atestiguar la situación de la potencia mundial vecina en grave crisis, en medio de la cotidiana certeza epistemológica de que vivimos el final de la vigencia del Racionalismo, aunque al mismo tiempo nos lastima nuestro analfabetismo del lenguaje orgánico del futuro.