Sunday, June 24, 2012

Nogales y sus calles


Una de las ventajas que los habitantes de la región lograron de inmediato, gracias a la comunicación que ofreció el ferrocarril, fue que ya se podían comprar, desde Hermosillo hasta Tucsón, ostiones recién extraídos del Golfo de California en Guaymas. Y aunque originalmente se creyó que las líneas de diligencias serían reemplazadas por el tren, en realidad no sucedió así, ya que el ferrocarril cobraba más del doble. Un boleto en diligencia desde Tucsón hasta la frontera costaba $7 dlls, aunque muchos de los pasajeros preferían pagar $6 y detenerse en el nuevo hotel Santa Rita, de Calabazas (actual Río Rico), donde por algunos meses estuvo la aduana estadounidense y allí comer para luego hospedarse en uno de los cuartos de esa construcción de ladrillo de dos niveles, maravillándose con las comodidades que ofrecía la modernidad como agua corriente y timbres eléctricos en cada habitación. Y en sentido contrario, diariamente partía de Guaymas un tren que de inmediato fue bautizado como El Emigrante, el que después de cruzar la frontera, llegaba a la aduana estadounidense en Calabazas, para luego continuar a Benson, Arizona, en donde los pasajeros transbordaban a otro para dirigirse ya fuera al Este, al Paso, y de allí ir también por ferrocarril al centro de México, o bien al Oeste, a Tucsón o San Francisco.

El impacto que trajo el ferrocarril sobre la fauna nativa fue enorme. Las noticias abundaban de osos que huían al sentir que se aproximaba el tren, y de la misma manera se multiplicaron los casos de oseznos que fueron atrapados y conservados como mascotas, ya fuera en Nogales o en Tucsón.

Plano de Nogales de 1884
Nogales, para entonces, era un dinámico asentamiento de más de cien carpas. El plano original de Ambos Nogales, como ya vimos en el artículo anterior, fue realizado en 1884 por los ingenieros Ignacio Bonillas y Chas Herbert para acompañar al contrato de adquisición del terreno que establecía el fundo legal de la población fronteriza sonorense. Al verlo, de inmediato salta a la vista que los ingenieros intentaron acomodar las dos nuevas poblaciones alrededor de los terrenos que ya había adquirido el ferrocarril, cuya línea había sido inaugurada dos años antes, en 1882; una vía férrea que corre a lo largo de la cañada de Los Nogales, en Sonora en una dirección general de Sur a Norte, aunque unos metros antes de alcanzar la frontera tuerce hacia el Noreste para continuar en Arizona la cañada que sigue con ese mismo rumbo.

Las calles que fueron diseñadas de Sur a Norte en ambas poblaciones, según el plano continuarían ininterrumpidas a través de la frontera, como si la orografía no se interpusiera en su trazo ni existiera la línea como se le llamaba en Sonora o “the line” en Arizona. Así, se diseñaron calles que separarían cuadras que a su vez se hallaban partidas en dos por callejones de servicio. Cabe agregar que los nombres adoptados entonces para la población del lado sonorense resultaron ser los definitivos, mientras que los de sus continuaciones en Arizona, aunque conservaron el trazo definido en ese plano, cambiaron de nombre poco después.

Así, en la población sonorense, como principales calles de Sur a Norte tenemos a la Calle de los Ingenieros, la de Arizpe (cuyo nombre le fue cambiado por el de Obregón después del asesinato del presidente electo), la calle de Juárez y la de Pesqueira, mientras que sus continuaciones del lado arizonense recibieron los de Nelson, Hampson y Early, las que poco después fueron cambiadas por West, Sonoita y Terrace.

Además, se planeó una calle principal que atravesaría toda la población de Sur a Norte, al Este de la vía férrea, que llevaría el nombre de Calle de Elías del lado sonorense y Calle Morley en el arizonense. Pero la orografía y demás condiciones locales se impusieron al final, ya que en Nogales, Sonora, el nombre de calle de Elías le fue asignado únicamente a la callecita que aún hoy lleva ese nombre.

Cantina de Brickwood y la mojonera de piedras
Por otro lado, a lo largo de la frontera, del lado sonorense, se encontraba la Calle Camou (actual Internacional) que separaba a los edificios sonorenses de la frontera misma, mientras que en el lado arizonense aún no había calle Internacional por lo que sus construcciones se aglomeraban sobre la frontera misma, a tal grado que se decía que la pintura de sus paredes se encontraba en México.

Se dio el caso, por ejemplo, que la cantina de Brickwood tuviera una caja colgada del corredor, que estaba ya en Sonora, y así su dueño podía evadir el pago de impuestos sobre los cigarros que Brickwood vendía en su negocio, situado en Arizona. Esta cantina tenía también un nicho para acomodar la mojonera de piedras erigida en 1855 para definir la línea, mojonera que hoy corresponde al Monumento Internacional Número 122, situado unos pasos al Oeste de la garita peatonal, del callejón Elías.

Sunday, June 17, 2012

El Contrato del Fundo Legal de Nogales


Según vimos en el artículo anterior de esta serie, la ley No 29, publicada el 11 de julio de 1884, fundó a nuestra población y Municipio de Nogales, y en su segunda cláusula facultaba al Gobernador del Estado “para que arregle” con los dueños del rancho Los Nogales la adquisición del terreno necesario “para facilitar el progreso de la citada municipalidad.”  Los ingenieros Ignacio Bonillas y Charles Herbert fueron contratados para que diseñaran el plano de ambas poblaciones hermanas, Nogales, Sonora, y Nogales, Arizona, divididas por la frontera internacional, y el día 28 de agosto de ese mismo año acudía Conrado Aguirre desde Magdalena, donde vivía, al Palacio de Gobierno del Estado, en Hermosillo, a reunirse con el Gobernador del Estado, y allí se encontró también con el Sr. José Camou, quien vivía en Hermosillo. Aguirre iba en representación de los condueños de la mitad del terreno de Los Nogales: Ana Salazar vda. de Elías, Carmen Elías su mujer, su cuñado Antonio Campillo y Don José Pierson; mientras que Camou representaba la otra mitad, que le pertenecía.

Ya en la reunión con el Ejecutivo del Estado acordaron que los condueños harían “cesión perpetua e irrevocable al gobierno del Estado de Sonora de un terreno cuadrado de mil doscientas varas por lado … para el fundo legal de la población…” aunque se reservaron algunos lotes que ya habían vendido a diversas personas, así como otros más que conservarían para sí mismos en la población nogalense.  Por otro lado, y para compensar el terreno que los condueños le habían vendido ya al ferrocarril, se estipuló que se tomaría “además del cuadrado de 1,200 varas por lado, 100 varas más, por alguno de los lados y en todo el largo de éste, pudiendo el Ayuntamiento tomarlas por el que estime conveniente.” Posteriormente, siguiendo esta estipulación, fueron medidas 100 varas más del lado sur del terreno con lo que el Fundo Legal quedó finalmente delimitado en forma de rectángulo que iba desde la frontera hasta el actual callejón Ramos.



Nogales, Arizona, por otro lado, no contaba por entonces con la certeza jurídica de la posesión del terreno en que se asentaría esa población arizonense, debido a que Don José Camou y demás dueños, que para entonces habían comprado ese terreno, apelaron ante la justicia estadounidense su pertenencia en Arizona del Rancho Los Nogales. De cualquier manera, el 21 de julio de 1893 la Mesa de Supervisores del Condado de Pima, ya que aún no nacía el Condado de Santa Cruz, firmaron los papeles para incorporar Nogales, Arizona, aunque una de las acostumbradas tormentas veraniegas de esta región causó una inundación que impidió que los nuevos Nogalenses de Arizona pudieran asistir a la ceremonia que se realizó en Tucsón.  Esta tormenta, sin embargo, no fue un impedimento para que participaran en la ceremonia, ya que  los Supervisores la repitieron el día siguiente, cuando el río Santa Cruz había bajado, y así la fecha oficial del nacimiento de la municipalidad de Nogales, Arizona, quedó para la posteridad como el día 22. Tres años después la Suprema Corte de Justicia de los EEUU invalidaba la reclamación de Camou, y así la vecina población pudo tener posesión del terreno en que se asentaba esa población. El Condado de Santa Cruz, por otro lado, nacería al ser segregado del de Pima el 15 de marzo de 1899.

Nogales, Sonora, tuvo desde su nacimiento un enorme crecimiento. En diciembre de ese mismo año de 1884 era fundada  la primera agencia aduanal nogalense, de Próspero Sandoval, y el año siguiente, Manuel Mascareñas adquiría la cercana Hacienda de Santa Bárbara, en las márgenes del río Santa Cruz, al Este de la nueva población, la que de esta manera se agregó a las otras dos que ya existían en el Municipio, Cíbuta de Don José Pierson, y La Arizona de Guillermo Barnett.

Para inicios de 1887, Nogales, Sonora, alcanzaba 886 habitantes, mientras que en el Municipio se llegaba a 1,484, a la vez que nuestra población hermana tenía 400 habitantes. Diez años después eran 1,296 los nogalenses del poblado sonorense, y 1,810 los habitantes del municipio (puedes ver la historia del crecimiento en población de Nogales, aquí). Este era un anticipo del enorme crecimiento que tendría en adelante Nogales hasta llegar a ser lo que es hoy: el principal puerto internacional de Sonora.

Sin embargo, ese verano de 1884, al ser rubricado el Contrato para establecer el Fundo Legal de Nogales, Sonora, nadie podía prever lo que traería el futuro. Así fue cómo, después de haber firmado los documentos necesarios de cesión del terreno para establecer el Fundo Legal de la nueva población sonorense, Conrado Aguirre regresó a Magdalena a darle la noticia a su esposa, Carmen Elías, así como a su suegra, Ana Salazar, entonces ya viuda de José Elías, quien fuera el denunciante original del rancho, y a los demás condueños, de que nacía un poblado en la cañada que atraviesa la frontera, poblado que al igual que el antiguo rancho del lugar, también se llamaría Nogales.


Sunday, June 10, 2012

Nogales es fundado


La mojonera limítrofe, erigida en 1855
Y así llegamos al momento de la fundación de Nogales, aunque antes debo explicar sus antecedentes: el incremento del comercio internacional por la cañada del rancho del mismo nombre  gracias a la paz porfiriana había llevado al establecimiento de aduanas fronterizas como la de Nogales y a la inauguración del Ferrocarril de Sonora en esta cañada empezando la década de 1880, a un lado de la mojonera de piedras que marcaba la frontera establecida por el Tratado de la Mesilla. Mojonera que había sido erigida en mayo de 1855 y que dividía en dos naciones el terreno del rancho Los Nogales, que databa de 1841.

Límites del Rancho Los Nogales
Este rancho abarcaba desde el actual puente sobre el ferrocarril del Puerto de Encinas, ubacado al Sur del actual Nogales, Sonora, hasta terminar por el Norte “por el camino que va… al Presidio de Tubac… en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito". Es decir, en el actual Nogales, Arizona, en la confluencia de las avenidas Grand y Mariposa, cerca del edificio del complejo del Condado de Santa Cruz, ninguno de los cuales existía obviamente entonces, y en territorio que aún le pertenecía a México.

Después de la inauguración del ferrocarril, terminando diciembre de 1882 había sido concluido el edificio más notable hasta entonces del lugar, la estación ferroviaria. Era una construcción de madera de dos niveles situada exactamente sobre la frontera a un lado de la vía férrea, parte del edificio en México y parte en los Estados Unidos. Además, adosado a su extremo sur fue construido otro más de madera, mucho más pequeño y que constituía la aduana de Nogales, Sonora.

El año siguiente, 1883, el terreno en donde surgiría esta población era todavía un rancho cuya dueña era Ana Salazar, para entonces viuda del denunciante original, José Elías, además de sus hijos y descendientes y de otros condueños, José Camou y José Pierson, quienes habían adquirido partes indivisas del rancho Los Nogales, mientras que parte del rancho que se encontraba en Estados Unidos había sido adquirido por Frank Ely y George Howard. Fue entonces cuando, además de los terrenos en Sonora que ya había adquirido el ferrocarril, alrededor de esa mojonera de piedras se fue estableciendo, como vimos en el artículo anterior, gente que vivía en “pequeños jacales” según ellos mismos los describieron cuando le pidieron ayuda al gobierno del Estado para poder adquirir “un pedazo de tierra” en el lugar, ya que consideraban “que al Estado en particular y al país en general, les es de todo punto indispensable tener en este lugar una población respetable, por ser este en el que está la línea divisoria entre las dos naciones.” 

En respuesta a esta petición que, como vemos únicamente fue para poder comprar los terrenos para hacer sus casas, el Congreso del Estado aprobó el día 9 de julio de 1884 el Decreto No. 29, mismo que fue firmado por el Gobernador Luis Emeterio Torres un día después y publicado en el periódico oficial el día 11, y que tenía dos artículos. El primero, el más importante, le daba existencia legal a la entidad nogalense al erigirla como municipalidad, mientras que el segundo respondía a la petición de poder adquirir terrenos, ya que facultaba al Ejecutivo para que arreglara con los dueños del rancho “la adquisición de solares y de todas las ventajas que sean necesarias para facilitar el progreso de la expresada municipalidad.”

Debo agregar que por entonces, en el actual Nogales, Arizona, no había nada. En 1880, al mismo tiempo que era inaugurada la aduana del lado mexicano de la frontera, Jacobo Isaacson había establecido una agencia postal en el lado estadounidense, de donde algunos creen erróneamente que es el origen del Nogales arizonense, aunque una estación postal no es una población.

El proyecto de Calabazas de Sykes
Al mismo tiempo, el dueño de Calabazas (actual Río Rico), C. P. Sykes,  tenía la esperanza de que la aduana estadounidense fuera ubicada en Calabazas para beneficiar el desarrollo de esa región que era de su propiedad, aunque al final Nogales ganó ya que estaba ubicado sobre la frontera misma. Para dar una idea de su proyecto,acudamos a un sardónico artículo ttitulado Clásicos de Calabazas que apareció en el periódico Tombstone Epitaph: "Lleno de magníficos dibujos que representaban al rugiente río Santa Cruz en crecida, con barcos de vapor y pesados botes en los muelles descargando, mientras que en la distancia se alcanza a divisar el humo de una docena de hornos con vivaces locomotoras acarreando [mineral?] a los numerosos molinos."

Por otro lado, la Municipalidad de Nogales Arizona tendría que esperar al 21 de julio de 1893 para ser establecida, aún cuando para entonces se habían erigido múltiples construcciones en el poblado arizonense, a pesar de que los dueños del terreno, Frank Ely, Juan Pedro Camou y George Howard, acudieron a los tribunales estadounidenses reclamando el reconocimiento legal de su posesión,  y no fue sino hasta que la Suprema Corte de Justicia estadounidense declaró inválida esa reclamación el 2 de marzo de 1896 que se pudieron ya vender y comprar legalmente lotes en el poblado arizonense.

Sunday, June 3, 2012

En Vísperas de la fundación de Nogales


En el artículo anterior de esta serie cubrimos la inauguración del Ferrocarril de Sonora en el entonces rancho de Los Nogales. Eso me lleva a explicar que a pesar de que se sostenga que Nogales tuvo su origen ya sea el 2 de agosto de 1880 al establecerse la aduana, o bien el 25 de octubre de 1882 al inaugurarse el ferrocarril, en verdad ninguna de esas fechas corresponde a la fundación de la población de Nogales, como se demuestra  en este artículo.

Días antes de la inauguración del ferrocarril, el 12 de octubre de 1882 el Cónsul de México en Tucsón informaba que en la frontera, en el punto en que el tren aún hoy la cruza, había surgido un campamento formado por sus trabajadores, "el que indudablemente van a abandonar tan pronto como termine el trabajo,” y hasta explicaba el porqué: no había agua en el lugar, ya que la que se consumía localmente era llevada por tren o extraída de algunos pozos locales. Era un campamento de 18 carpas que se extendía de Este a Oeste desde la vía férrea hasta la actual calle Obregón, y de poco más al Norte de la frontera hasta tal vez el callejón Ochoa por el Sur. Obvia decir que estas calles aún no existían y sólo las menciono como referencia.

Además, gracias a la descripción de un antropólogo holandés, Herman Ten Kate, quien visitó poco después el Sur de Arizona y Norte de Sonora, podemos saber cómo era Nogales entonces. Después de visitar Tucsón y la iglesia de San Xavier del Bac, Kate tomó el ferrocarril para dirigirse a Sonora y llegó a Los Nogales a las 9 de la noche del 10 de enero de 1883. Su sombría descripción del lugar indudablemente fue influenciada por la luna nueva de esa noche, a la tenue luminosidad de las lámparas de petróleo de las tiendas de campaña que apenas lograba romper la obscuridad de la cañada nogalense y al impacto que debió causarle el percibir una cultura diferente a la propia, delimitada por una línea entonces invisible, la frontera. Así escribió:

“Siguiendo el reflejo de las tiendas iluminadas que veo desde una corta distancia de la estación, me dirijo hacia allá y en un corto tiempo estoy sentado para tener una frugal cena que me pone enfrente un tipo al que le cuelga, despeinado, el cabello. Luego de cenar me fijo mejor en el sitio y veo que Nogales consiste únicamente en un grupo de tiendas de lona, la mitad de las cuales son bares y “restaurantes.” Entro después a una de esas carpas para ver más de cerca. Aproximadamente veinte hombres bronceados con rasgos salvajes, con sombreros de ala ancha en sus cabezas y arropados en sus coloridos sarapes se encuentran de pie o sentados alrededor de las mesas de juego. Otros, sentados en banquitos o barriles vacíos fuman sus cigarros, mientras que otros más beben mescal o whiskey que les ofrece el cantinero y escuchan los acordes, a veces soñadores y a veces apasionados de una guitarra. Todo se encuentra iluminado por el tenue brillo de un par de antorchas humeantes que han sido amarradas a los postes de la tienda…”


“Continúo mi caminata nocturna y encuentro a los mexicanos sentados, silenciosos, alrededor de las fogatas parpadeantes que arden frente a sus tiendas, aunque los enojados perros me hacen el paseo tan difícil que abandono mi caminar por Nogales y me siento en el suelo frente a la pequeña estación de madera del tren, ya que adentro no hay ni sillas ni mesas. Absorto en mis pensamientos, observo el paso de las estrellas a lo largo de las obscuras siluetas del cerro cercano hasta que llega la hora de abordar el tren que me llevará a Hermosillo…”

Obviamente, el “cerro cercano” era el acantilado de la calle Elías, y Tate se refiere a la primera estación ferroviaria que tuvo Nogales: un pequeño cuarto de madera, situado a unos metros más al Sur de donde la vía del tren cruza la frontera.

Pero no fue esa la única ocasión en que Kate pasó por Nogales. Meses después volvió, ahora de regreso de Hermosillo rumbo a Arizona, y de éste suceso también nos heredó otra mención que por lo somera nos deja con más dudas que respuestas: “El 9 de abril parto de Hermosillo por tren y en la siguiente mañana, doce horas más tarde me bajo en la estación fronteriza en Calabazas.”

Así, surge espontánea la pregunta: ¿Por qué menciona Kate la estación fronteriza de Calabazas y no la de Nogales? Las posibilidades son muchas. De cualquier manera, lo que había aquí a su regreso no mereció un comentario del antropólogo. En el próximo artículo escribiré sobre la fundación de Nogales, el 11 de julio de 1884, es decir, al año siguiente de los hechos narrados en este texto.

Sunday, May 27, 2012

La inauguración del Ferrocarril de Sonora en Nogales


En el artículo anterior de esta serie leíamos cómo se construyó el Ferrocarril de Sonora. Estando cerca su conclusión se decidió realizar la ceremonia de inauguración el 25 de octubre de 1882. Al llegar ese día… pero mejor acudamos a la crónica de lo sucedido realizada por Agnes Cleveland Morley, una niña entonces, hija del Ingeniero constructor de la vía, Willam Randolph Morley:


“recuerdo a mi madre con sus voluminosas faldas de seda y un pequeño sombrero adornado con flores…. Todos se encuentran a bordo. La locomotora está adornada desde el vagón del carbón hasta la chimenea que tiene forma de hongo con listones color rojo, blanco y azul. Pequeñas banderas estadounidenses se mueven con la brisa. Lentamente, tañendo las campanas y lanzando silbatazos, el tren llega a campo abierto y se detiene. Todos se amontonan al salir de sus carros. Allí, frente a nosotros, a unos pasos se encuentra otra locomotora que encabeza a otra hilera de carros de los que igualmente desciende la gente. Este otro tren también se encuentra adornado, aunque con el rojo, blanco y verde, que son los colores nacionales del Viejo México.  Veo a mi padre pero apenas lo reconozco. Viste un largo frac y un sombrero de copa alta hecho de seda con los que no se ve natural ni a gusto, lo rodean otros hombres que igualmente usan sombreros de copa alta y bastones… Los trabajadores han colocado un durmiente pulido, de caoba, que se ve distinto a los demás, sus amigos plebeyos. 


La clavija mencionada en el texto
Un trabajador trae consigo un marrito con cabeza de hule y otro una cajita de palo de rosa. Los hombres empiezan a pronunciar discursos … luego la gente da un paso atrás mientras que mi madre da un paso hacia adelante. De la cajita de palo de rosa, un caballero toma una clavija de plata que lleva una plaquita de oro en la que se han inscrito datos apropiados para la ocasión. La clavija es colocada en un agujero que ya ha sido perforado en el durmiente de caoba y mi madre le da el último golpe femenino para que la clavija final del ferrocarril Nogales-Guaymas quede clavada. Luego las dos locomotoras se aproximan más, y cuando ambas se tocan, surge un grito de la multitud mientras que la esposa de un dignatario mexicano rompe una botella de champagne sobre la unión.”

Prof. Enrique Quijada
Y hasta aquí la crónica de la ceremonia según la recordaría la hija del Ingeniero constructor del Ferrocarril de Sonora, aunque al acudir a otras fuentes de información de la época encontramos además que representando a México en ese acto estuvo el profesor Enrique Quijada, un historiador y poeta sonorense de renombre nacional. Seguramente, aunque su discurso se ha perdido para la historia, éste debió ser muy interesante.   El administrador de la Aduana, Jacobo Andonaegui, posiblemente no estuvo en esa ceremonia ya que unos días antes había sido cambiado a Baja California.

Además del discurso del Profesor Quijada, otro más fue leído en ambos idiomas y que había sido enviado por el Gobernador del Territorio de Arizona, Frederick Trittle, en el que congratulaba a los habitantes de la región, ya que gracias al ferrocarril se celebraba, decía, “que el océano ha contraído matrimonio con las llanuras, y que esta unión que ha sido efectuada de una manera tan completa produzca sus frutos adecuados: amistades cementadas, un enorme comercio e incremento de riquezas.” Y después, habiendo concluido la ceremonia, los 75 asistentes a la inauguración subieron nuevamente a sus trenes para acudir a un banquete que se realizó en el recién inaugurado hotel de ladrillo de dos pisos, Santa Rita, ubicado en Calabazas, en el actual Río Rico.

Esto se debía a que para entonces Calabazas alcanzaba una población de unas 150 almas, contaba con cinco tiendas, dos salones de baile y 16 cantinas, mientras que aquí, en Nogales, no existía aún ningún edificio adecuado para el evento. Tan sólo se contaba con 18 tiendas de campaña en donde los trabajadores de la vía comían y se divertían, las que se pensaba que serían desmanteladas tras la conclusión de la construcción ferroviaria. Sin embargo, estos pronósticos fueron erróneos, ya que algunos negocios fueron conservados y aún mejorados para atender a los viajeros que, unos yendo en las líneas de diligencias y otros como pasajeros del ferrocarril, continuaron pasando por el lugar.

Cabe agregar que la nota roja del momento surgió el mismo día de la inauguración, cuando John Brickwood, dueño del bar principal del lugar, ubicado del lado estadounidense, inmediato a la frontera, en donde hoy se encuentra el monumento internacional No. 122, mató a Barry Sutton, aunque en el juicio subsecuente se dictaminó que había sido un homicidio justificado, por lo que fue declarado inocente.

Sunday, May 20, 2012

Del establecimiento de la aduana en Nogales a la construcción del Ferrocarril de Sonora

En el artículo anterior en esta serie escribía acerca de la conjunción de factores tanto regionales como nacionales e internacionales que llevaron al establecimiento de aduanas fronterizas en agosto de 1880 entre Sonora y Arizona, no únicamente  en el entonces abandonado rancho los Nogales sino también en Palominas, Sásabe y Quitovaquita. La razón principal para establecer estas aduanas fue la necesidad de controlar la frontera, en especial el contrabando que entraba a Sonora debido a la construcción del ferrocarril que atravesaba de Oeste a Este por el sur del entonces Territorio de Arizona, y que para marzo de 1880 había llegado hasta Tucsón desde Yuma.

La mojonera internacional erigida en 1855
El primer administrador de la aduana de Los Nogales, Jacobo Andonaegui, llegaba por barco a Guaymas a finales de ese año de 1880, y tomó posesión de su puesto el 11 de octubre. Por entonces, los adobes de las vacías casas del desierto rancho Los Nogales, situadas en el actual Nogales, Arizona, en inmediaciones de donde parte hoy la carretera rumbo a Patagonia, gradualmente regresaban a la tierra de la que habían sido formados,  mientras que en el centro de nuestra actual ciudad fronteriza sonorense únicamente una mojonera de piedras, erigida en mayo de 1855 a la sombra del acantilado que hoy se encuentra la calle Elías, definía una frontera que únicamente lo era de nombre. Por eso el nuevo administrador de la aduana y sus empleados fiscales tuvieron que instalarse en carpas, y tal vez debido a la existencia de una región pantanosa en las inmediaciones de la frontera, éstas no fueron levantadas cerca de esta mojonera sino un poco más hacia el sur, probablemente en o cerca del Puerto de Encinas, desde donde podrían controlar todo el comercio regional.

La soledad de la cañada únicamente se veía interrumpida por las diligencias que aprovechaban el paso de la cañada y cruzaban por aquí hacia el otro país. Como vimos en el artículo anterior, las líneas de diligencias sonorenses se habían multiplicado, mientras que por el lado de Arizona, diariamente partía una a las 7 AM de Tucsón y pasaba por Calabazas (actual Río Rico)hasta llegar a la “línea de nogales Sonora,” hasta donde costaba $6.50.

Mientras sucedía todo ésto en el ámbito local, en el internacional la compañía Atchison, Topeka & Santa Fe competía por entonces con la Southern Pacific para construir una línea férrea trascontinental en el Sur de la Unión Americana que quedara libre de las nieves invernales. Obviamente, mientras más hacia el Sur fuera construida, más probabilidades tendría de evitar nevadas.  Así, la Atchison se hizo de una antigua concesión para construir una vía férrea que partía de Guaymas y se dirigía directamente al Paso, sin pasar obviamente por Los Nogales, por lo que a partir de 1879 empezaron a llegar los materiales al puerto sonorense y el 17 de noviembre, a las 4 PM, se dejaba oir el silbato de la primera locomotora en Sonora.



El ingeniero encargado de la obra en Sonora era William R. Morley, mientras que el Ing. Antonio Moreno  fue nombrado por nuestro gobierno como Inspector General. Para enero de 1880 habían sido tendidos los primeros 10 kilómetros de vía desde Guaymas, y en noviembre llegaba a Hermosillo. Se planeaba que después se dirigiera de allí al Paso a través de la ruta Ures, Río Sonora, El Paso, aunque el Ing. Leopoldo Zamora, quien para entonces había sustituido a Moreno, encontró que si se cambiaba la ruta por otra que fuera hasta Magdalena y de allí al Paso, se disminuiría el costo de la construcción en casi la mitad, y ya después, en Magdalena, el Ing. Morley encontró a su vez que si la ruta se hacía pasar por el Paso Los Nogales, se ahorraría distancia para conectarlo con la línea ya construida en Arizona, que para entonces había pasado por Tucsón y llegaba a Benson.

Carlos Ortiz Retes
Hubo ciertas disputas sobre este nuevo cambio, y no fue sino hasta el 16 de diciembre de 1881 que el gobierno de México autorizaba el nuevo cambio de ruta para que pasara por Los Nogales. Para entonces, el administrador original de la aduana en Los Nogales había sido sustituido por el contador, Francisco A. Gea.

Sería muy largo hablar aquí de las peripecias, de los incidentes por los que pasaron los constructores de la línea, tanto en Sonora como en Arizona, ya que era tendida la vía desde ambos extremos. Entre otras estuvo la caída del gobernador Carlos Ortiz Retes, hecho que ocasionó un retraso en la construcción del lado sonorense. Para el 23 de septiembre de 1882 la cama de la vía llegaba por el lado sonorense 15 kilómetros al norte de Magdalena, mientras que del lado arizonense había sido tendida hasta 5 kilómetros de la frontera y se planeaba inaugurarla el mes próximo.  Pero el espacio se me agota, por lo que en el próximo continuaré con esta crónica.

Sunday, May 13, 2012

La Aduana de Nogales

Pocos lo saben, pero el establecimiento de la aduana en Nogales, antes de que surgiera esta población, fue resultado de una pinza de factores de alcance no únicamente local o regional sino nacional e internacional que incidieron sobre esta región durante la segunda mitad del siglo XIX: a México le preocupaba la posibilidad de perder aún más territorio después de lo sucedido a mediados del siglo XIX con las consecuencias de los tatados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla, aunque la sociedad fronteriza incrementaba espontáneamente el comercio internacional al concluir los problemas que habían regido casi todo el siglo XIX y culminado con el imperio de Maximiliano.

Debido a que la nueva frontera establecida por el Tratado de la Mesilla no se encontraba poblada aún a mediados de ese siglo, el gobierno federal estableció aduanas mexicanas en poblaciones cercanas a la misma, como Magdalena, Altar y Fronteras, en Sonora. La de Magdalena, por ejemplo, controlaba el comercio que pasaba la nueva frontera procedente de los ríos Asunción y en menor grado del Santa Cruz. Además, las autoridades mexicanas locales intentaban obtener información sobre las intenciones estadounidenses, como en 1857, cuando el Comandante Militar de Santa Cruz enviaba periódicamente a soldados vestidos de civil a Arizona, a Calabazas y a Tucsón, a “que se mezclen con el pueblo y reporten sobre la llegada y movimientos de americanos en la región,” y también les pidió que se disfrazaran de vecinos de los ranchos aledaños a la nueva frontera, Los Nogales o Calabazas (actual Río Rico, Arizona) para que investigaran movimientos estadounidenses en la región.

A su vez, los Estados Unidos establecieron un fuerte militar, Camp Moore, en 1856, cerca de Calabazas, para controlar el comercio procedente de los ríos Santa Cruz y Asunción, y poco después abrieron  una aduana en Calabazas. Consultando sus registros, vemos que entonces, por ejemplo, Santiago Campillo, de Magdalena, llevaba frijol, azúcar, harina y centeno a Arizona, mientras que Nicolás Soto, de Ures, llevaba panocha, jabón, naranjas y quesos.





Los empleados aduanales no fueron bien recibidos ni por los pequeños comerciantes ni por los dueños de minas de Arizona, y pronto aprendieron todos a evadir el pago de impuestos, además que quienes llevaban sus productos a Arizona regresaban cargados de ropa y telas para vender en Sonora. De esta manera, el prefecto del Distrito de San Ignacio, José Elías, dueño del rancho Los Nogales, se quejaba en 1856 de la aparición, esa década, del contrabando en Sonora, y que los comerciantes “abrieron tiendas en Tucsón y Calabazas, desde los que envían cargamentos de ropa a los pueblos del Estado.” Urgía además a las autoridades de México a que establecieran aduanas en la frontera misma para evitar ese contrabando.

La década de 1860, Guillermo Barnett, un inglés que había llegado a Sonora la anterior, adquiría y se cambiaba al antiguo Real de la Arizona, fundando un rancho con el mismo nombre, algunos de cuyos productos eran exportados a Arizona, y al terminar la Guerra Civil estadounidense los molinos de harina del Norte de Sonora, como el de Don José Pierson, dueño del de Terrenate, pasaron por una bonanza. En 1873, Pierson exportaba trenes de mulas cargados de harina a Tucsón, mientras que el enorme incremento de este nuevo comercio llevó a que  el cónsul estadounidense en Guaymas, John Willard, estimara que tan sólo en 1870 entre medio y tres cuartos de millón de dólares en mercancía habían pasado por Sonora, rumbo a Arizona. Sin embargo, el sentido de este comercio pronto cambió, ya que para 1879 se calculaba que cuatro de cada diez piezas de ropa de algodón usadas en Sonora habían sido introducidas de contrabando al Estado, lo que llevó al gobierno estatal a promulgar una ley que penaba con largas condenas a los contrabandistas, aunque esta disposición no resolvió el problema.

Ahora bien, en relación con el transporte de personas, en 1869 Miguel Pompa tenía una línea de diligencias entre Altar y Tucsón, mientras que el 71, Alfonso Coindreau inauguraba la primera línea entre Hermosillo y Tucsón, y para 1877 proliferaron las líneas de diligencias, como la de Antonio Varela que cubría de Hermosillo a Tucsón, aunque al terminar el año avisaba que la suspendería debido a que el Congreso del Estado no aprobó una ley concediéndole un subsidio. Y cuando la clausuró, inmediatamente surgieron otras, como la de José Pierson, de Magdalena a Tucsón, y poco después Juan Moreno establecía otra más entre Hermosillo y Magdalena, mientras que simultáneamente era inaugurada otra línea entre Hermosillo y Altar, lo que llevó a que el Congreso de Sonora promulgara, en noviembre de 1879, una Ley de Subvención de diligencias entre Hermosillo y Magdalena. Así surgió un enorme crecimiento en el número de diligencias que pasaban por el Arroyo Los Nogales y utilizaban las casas del rancho como estación de remuda.

Todo lo anterior llevó a que el gobierno federal decidiera finalmente enfrentar de lleno esta situación, y el 2 de agosto de 1880 estableció cuatro aduanas a lo largo de la frontera sonorense, en Quitovaquita, Sásabe, Los Nogales y Palominas, aunque el nuevo administrador de la de Nogales no llegaría al despoblado rancho sino hasta finales de ese año.