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Sunday, July 28, 2013

El comienzo del Rancho Los Nogales

Con este artículo inicio una serie acerca de la historia del punto más estratégico de Nogales, el más importante de la región fronteriza de este lugar, el ubicado alrededor de la mojonera, actual obelisco limítrofe número 122 entre México y los Estados Unidos. Este lugar, esta cañada, desde siempre, tuvo un papel estratégico importantísimo en el comercio. Inicialmente, hace ya varios milenios y debido a que era comunicación entre los ríos Asunción y Santa Cruz, por cañadas como ésta entró al norte el conocimiento de la agricultura o de la cerámica que nacieron en Mesoamérica. Después, ya durante la colonia y los inicios de nustra nación, sería vena comunicante y de abastecimiento de los asentamientos hispanos situados más al Norte y hoy lo es de productos internacionales.

Corría el año de 1841. La de Nogales era entonces una cañada vacía, aún despoblada de mestizos o europeos. Y aunque sí conservamos nombres de algunos de los poblados prehispanos que hubo en las márgenes del  río Santa Cruz al este de Nogales, lugares tales como Bacuacucan que Kino rebautizaría como San Luis Bacoancos y donde hoy se encuentra el pueblo de Mascareñas, o bien Comacavitcam cerca de o donde hoy está el pueblo de Los Picos, por otro lado no se han conservado los nombres de los poblados que debió haber en la cañada nogalense, que por sus restos sabemos que sí los tuvo.

El paso de los siglos no había logrado aún mermar el silencio de la cañada.  México se extendía por entonces hacia el Norte en la región Oeste del continente americano hasta Oregón, ya que los Estados Unidos no lograban aún salir al Océano Pacífico. Ese año, José Elías Redondo, nieto del Capitán Francisco Elías González, quien a su vez fuera el fundador de esa familia en el actual Estado de Sonora, pedía la remedición del rancho que su familia había poseído para entonces ya por alrededor de unos 90 años, el antiguo Cucurisulaqui y que ahora se llamaba Casita. Además, solicitaba “la mensura de los huecos y valdíos (sic) que necesitamos,” y aunque se midió Casita, también se ordenó que fuera integrado un expediente por separado para los baldíos que se denunciaban, mismos que con el tiempo se convertirían en el rancho Los Nogales de Elías. 

El primer paso de este proceso fue la medición de los límites de la nueva superficie de tierra que se denunciaba, los que quedarían entre los terrenos de Casita  misma por el Sur y de la misión de Tumacácori hacia el Norte, tarea que le fue encomendada a Don Francisco Navamuel, quien era una especie de notario, vocación a la que había pertenecido su familia por varias generaciones. 

Navamuel a su vez nombró a varios habitantes de la región, gente con apellidos que aún hoy reconocemos en el Norte de Sonora y Sur de Arizona, fueron Angel Olave y Miguel Apodaca como cordeleros, José Fraijo como contador y José Gallegos como encargado de la brújula. Se preparó, midiéndolo, un cordel de 50 varas (casi 42 metros) al que se le anudó un poste a cada lado para, a caballo, irse turnando cada jinete cordelero y así, contando los cordeles, ir midiendo ese baldío.


LÍMITES DEL RANCHO LOS NOGALES
Iniciando en la mojonera que marcaba el límite norte de Casita, que se encontraba ubicada en el Puerto de Encinas, lugar situado al Sur del actual Nogales, donde la carretera pasa hoy por encima de la vía férrea, se fue recorriendo toda la extensión del entonces despoblado Valle de Los Nogales desde el  Sur hacia el Norte, se pasó por la actual frontera que entonces no existía porque toda Arizona pertenecía aún a México, y se continuó la medición hasta completar 340 cordeles (14,205 m), en un punto situado “por el camino que va al Norte al Presidio de Tubac, las cuales terminaron en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito.”  Era la confluencia de las avenidas Mariposa y carretera antigua a Tucsón en el actual Nogales, Arizona, cerca de donde se encuentra el edificio del Condado de Santa Cruz, y allí se colocó la mojonera norte.

(El siguiente mapa es interactivo. Puedes acercarte y alejarte, lo mismo que cambiar el tipo de información mostrada, como por ejemplo, vista satelital, mapa, etcétera.)



 Además, se agregó en la bitácora de la medición que “...la mojonera de Calabazas está a unos mil pasos más allá, en una loma alta, que cae del otro lado del cañón (o sea en la falda del actualmente llamado Mt. Benedict).” En seguida se midieron 22 cuerdas (919 m) al este y 200 cuerdas (8,356 m) al oeste desde los extremos norte y sur, para obtener una superficie de 7 y medio sitios de terreno con dos caballerías (alrededor de 13,200 Has.), los que fueron tasados en $113 con 1 real y 10 granos.

El 7 de enero de 1843 Elías los compraba y se le concedió el título del ya rancho Los Nogales que, ya lo sabemos, debió su nombre a la existencia de árboles de nogal que crecían en las márgenes del arroyo y cuyas nueces han servido de alimento lo mismo al ser humano que a animales desde tiempos inmemoriales. Después, Elías construiría las casas del rancho en inmediaciones del actual paso a desnivel del camino a Patagonia, dentro del actual Nogales, Arizona.

Sunday, April 14, 2013

Inicio de la manufactura en Nogales


En el artículo anterior de esta serie vimos cómo la industria manufacturera en nuestra región antecede en muchísimo tiempo al advenimiento de las maquiladoras, ya que sus inicios se pierden en la bruma de los tiempos. Los habitantes nativos de esta región, antes de la llegada del hombre europeo, manufacturaban joyería con las conchas marinas que se extraían del Golfo de California, así como también comerciaban con aves de plumaje vistoso procedentes del sur  de nuestro país; igualmente comerciaban, y fabricaban copias tal vez de objetos de cerámica con estilos chihuahuenses, la que era y es aún muy valiosa debido a  su riqueza estilística y de calidad. Pero aún este comercio era ya antiguo durante los siglos en que tuvo su preponderancia, la segunda mitad del segundo milenio después de Cristo. Esto se debía a que muchos siglos antes, por cañadas como la de Nogales, procedente del centro del actual México había llegado la agricultura al Suroeste del actual Estados Unidos, lo mismo que el conocimiento de la cerámica y otras manifestaciones culturales que desde entonces cambiaron el estilo y forma de vivir del ser humano de entonces.

Pues bien, pasó el tiempo; transcurrieron los siglos, las décadas, los años, y después de las épocas problemáticas de incertidumbre social y política que sufrió nuestro país a mediados del siglo XIX, y con el advenimiento de la paz porfiriana, surgió el comercio de productos estadounidenses introducidos en forma de contrabando a Sonora, como lo atestiguaba a mediados de la década de 1870 el cónsul estadounidense en Guaymas, Frederick Simpich, al informar a sus superiores que a través de Sonora, el “consumo de bienes manufacturados estadounidenses ahora excede al de los bienes europeos, mientras que hace diez años los bienes de algodón y lana que se consumían aquí eran casi todos importados de Europa.”

Por eso fue que, intentando controlar el crecimiento de este contrabando, el gobierno federal de México estableció cuatro aduanas en la frontera de Sonora con Arizona a finales del año de 1880: en Palominas cerca del actual Agua Prieta, en el entonces rancho Los Nogales, en Sásabe y en Quitovaquita cerca del actual Sonoyta, y a esas aduanas le siguió la inauguración, el 25 de octubre de 1882, del Ferrocarril de Sonora, una vía férrea que, procedente de Hermosillo, seguía y aún sigue la cañada donde hoy se asienta esta ciudad para pasar por un lado del monumento de piedras que había sido erigido en 1855 bajo el acantilado de la actual Calle Elías para marcar la frontera, y de esta manera cruzar después al entonces Territorio de Arizona.

En respuesta a estos incentivos, además de que como indico antes, esta cañada siempre fue el paso natural entre Sonora y Arizona,  empezó entonces a crecer un campamento entre los cerros aledaños a la frontera  el que, poco a poco, fue logrando permanencia con casas de madera, aprovechando el pequeño llanito adyacente a la frontera, hasta que, finalmente, en julio de 1884 a través del decreto Número 29, el gobierno del Estado fundó la población y municipio de Nogales, y así fue cómo nació esta hoy pujante ciudad.

Por entonces, las principales actividades económicas de esta región eran la ganadería y agricultura, aunque ya desde entonces aún a los productos del agro se les daba valor agregado a través de la industria manufacturera. Por ejemplo, el rancho La Arizona, situado al suroeste de Nogales, producía vegetales, pieles curtidas, jabón y fruta enlatada, y para 1895 se anunciaba la producción, allí, de 3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de pera, además de leche condensada enlatada.

Pero eso no fue todo, en el renglón económico del comercio regional internacional, en 1896 daba inicio una actividad que en años por venir se convertiría en fundamental no únicamente para la economía local sino la de toda la de la Costa del Pacífico mexicano: esa primavera, E. Luketich y Compañía, de Hermosillo, empezaron a enviar por esta cañada, utilizando al ferrocarril,  tomate cultivado en Sonora y lo exportaban rumbo hacia el Sur de California y Arizona.

Y además de ello, dentro de la población de Nogales mismo también inició por entonces la industria manufacturera urbana como un importante renglón económico local. Por ejemplo, desde sus inicios fueron establecidos los habituales comercios dedicados a venderle a los nogalenses zapatos, de los que había varias fábricas, o bien ropa, actividad de la que también había varias sastrerías, o dentro de la infraestructura social  igualmente fueron inauguradas varias obras como la Compañía de Luz Eléctrica iniciada en 1887; la Compañía Abastecedora de Agua, S.A. en 1895; o bien  la compañía telefónica en 1897, sino que también habían sido establecidas en Nogales otras actividades manufactureras como la Imprenta El Estado de Sonora en 1895 cuyo dueño era Simón Montaño; la Imprenta El Eco de Nogales establecida en 1902 cuyo dueño era Cirilo Rochín; amén de carpinterías, herrerías, carrocerías, hojalaterías, talabarterías, etc.

Todas estas actividades pueden explicarse como resultado natural de la creciente urbanización sonorense. Pero además, entre ellas también surgió por entonces una fábrica de máquinas Singer establecida en esta ciudad fronteriza en 1895; una fábrica de bebidas gaseosas que fuera inaugurada en 1899 y cuyo dueño era León Dennis, una fábrica de cigarros bajo la razón social El Negrito Poeta que había sido establecida en 1896 por Miguel Castelán, amén de otra más cuyo dueño era Luis Fleischer, de la que aún queda la figura de un puro marcado sobre una de las antiguas banquetas nogalenses, ya a caballo de siglo entre el XIX y XX.

Sin embargo, el espacio se me agota, aunque les prometo que en el próximo artículo me extenderé más sobre el tema de los inicios de la industria manufacturera fronteriza nogalense.

Sunday, November 18, 2012

Los inicios de la mina de Cananea


Y así llegamos a la historia del mineral de Cananea. Y para comprenderla, es necesario entender la geología que le dio lugar a este tipo de yacimientos de los que tanto Sonora (con Cananea, Nacozari, etcétera) como Arizona (con Ajo, Morenci, Jerome, Sierrita, y otros) son famosos mundialmente. Estos yacimientos se encuentran en la geografía actual de Sonora y Arizona a lo largo de un cinturón que va de Noroeste a Suroeste de ambos Estados, y se formaron después de que un proceso geológico llamado Orogenia Laramide (que inició hace unos 80 millones de años y concluyó hace unos 40) formó una cadena de volcanes en la costa de lo que era entonces Sonora y Arizona. La lava que afloraba entonces empezó a interactuar con las rocas preexistentes, acumulando distintos minerales en la zona de contacto, dependiendo del tipo de roca preexistente. Posteriormente, esos minerales, cobre, plata y otros  fueron “lavados” por el agua del subsuelo, la que los concentró en distintas capas, y así es como se produjeron zonas con alta concentración de minerales y otras con concentraciones mucho menores.

Mina de tajo abierto en Rusia
Ahora bien, durante los inicios de la explotación minera en Sonora y Arizona se extraían los metales como plata y oro por túneles que iban dirigidos a las zonas de alta concentración de minerales. Después, durante los inicios del siglo XX, con el surgimiento del uso de la electricidad la demanda mundial del cobre también despegó y se desarrollaron nuevas tecnologías mineras como la de tajo abierto en la que ya no se acudió tanto a los túneles sino que la capa del suelo que cubre esos yacimientos es removida totalmente para facilitar la extracción de los metales que se encuentran en concentraciones menores. Este es un bosquejo de la historia geológica de Cananea y de la minería asociada; veamos ahora su historia.

Después del misionero Eusebio Francisco Kino, quien como ya vimos fue el primero que mencionó a Cananea, el siguiente que habla del lugar fue el misionero también Jesuita, Ignacio Pfefferkorn, quien describió una visita al lugar a mediados del siglo dieciocho: “cuando uno penetraba en la mina de plata de Cananea, a unas dos o tres brazas de profundidad, se veía con asombro, ayudado por la luz de la lámpara qué grande y qué maravillosa es la naturaleza en ese estrato subterráneo. Imagínese un salón cubierto con tapices entretejidos con plata arriba y abajo, en tal forma que por todos lados estaba vetado con plata pura.” Obviamente, era una mina dirigida a una de las zonas de alta mineralización.

Para marzo de 1762 el Gobernador Interino de las Provincias de Sonora y Sinaloa, José Tienda de Cuervo le escribía al Virrey, diciéndole que parecía que había mucha plata alrededor de Cananea, aunque la gente no tenía dinero para explotar esos yacimientos, y pocos meses después le informaba de “un paraje llamado La Cananea, donde por sus proporciones me parece preciso fundar un Real que sirva de beneficio de metales.” Pero tampoco nada resultó, ya que en el reporte que escribió el misionero Juan Nentvig, decía:  “Al norte de Arizpe está el real de Bacanutzi [Bacanuchi], poco menos, y de éste al norueste, el de la Cananea, despoblado del todo el año del 63.”

La siguiente mención de Cananea ocurre a principios del siglo XIX, cuando  el minero y comerciante chihuahuense, Francisco Manuel de Elguea, quien había comprado en 1804 el llamado “Criadero de Santa Rita del Cobre” en el entonces Chihuahua también adquirió la mina de Cananea. Elguea había conseguido un contrato para abastecer al gobierno de Chihuahua con cobre de Santa Rita para la manufactura de monedas, y algunos sostienen que hizo lo mismo con la producción de Cananea. De cualquier manera, lo aislado del mineral de Cananea y los constantes ataques de los Apaches le impidieron desarrollarla totalmente.

Así pasó el tiempo, y el 9 de junio de 1822 Gabriel Romo, apoderado de "Don José María y Nepomuceno Arballo vecinos del Real de la Cananea,” pagaba 498 pesos, cuatro reales y cinco granos a la Tesorería, para adquirir “siete sitios de tierras realengas para cría de ganado mayor y tres caballerías de pan llevar que comprehenden los parages nombrados Los Nogales, ojo de agua y otros valdíos;” el ojo de agua al que se refería era el actualmente llamado Ojo de Agua de Arvayo en las afueras de Cananea, mientras que  Los Nogales es un lugar diferente a esta población fronteriza.

Arvayo también se asoció con don José Pérez y con su hijo, el Teniente Coronel Ignacio Pérez, y establecieron una hacienda de beneficio en la falda Noreste de la sierra de Cananea, en la que producían lingotes con plomo, cobre, plata y oro, los que eran llevados en burro hasta Guaymas en donde eran embarcados a Gales, en la isla británica, a ser fundidos, aunque ahora el levantamiento Apache que empezó en 1831 y duraría hasta mediados de siglo forzó el abandono de esas nuevas operaciones.

Monday, November 5, 2012

La Cananea de Brasil


En el artículo anterior mencionaba cómo el nombre de Cananea, Sonora, se relaciona con el de Cananea, Brasil. Ahora bien, el nombre de Cananea es muy antiguo en la región brasileña y aparece ya en los primeros planos hechos de América del Sur. Entre otros, mencionaría el de Pedro Reinel II (1503-1504) o el de Nicolo Caveri (1503-1504), o aún el del famosísimo Martin Waldseemüller (1507), quien también le diera el nombre de América a nuestro continente  (en seguida muestro el mapa completo de Waldseenuller, así como un acercamiento a Cananea, que aparece como río).

Mapa de Waldseemüller

Acercamiento al mapa. En la parte inferior aparece rio de Cananea
Sin embargo, debo agregar que no son éstos los únicos casos de personajes notables de la historia mundial que hayan mencionado a la Cananea brasileña, ya que el mismo Leonardo de Vinci, amigo de Américo Vespucio, también fue autor de un mapa que existe en la Colección Windsor, de Inglaterra, en el que el pintor ubica precisamente a Cananea en la costa del que con el tiempo sería Brasil.

Así que no hay duda sobre la Cananea brasileña y de su origen que se remonta al inicio de la penetración exploratoria europea del Brasil.
Una característica digna de mencionar del Cananea brasileño es que allí fue lugar de adquisición de mano de obra “barata,” como lo atestigua la declaración de Casimiro Noremberger, gentilhombre de la expedición de Cabot de 1526-1530: “Preguntado que cosa traen en aquesta nao… dijo que cincuenta esclavos que hobieron en el puerto de San Vicente, ques en los términos de Portugal, que los compraron la gente que viene en esta dicha nao… fiados a pagar acá en España, e otros compraron de otros portugueses e se los pagaron en cosas de rescates que llevaban particulares…” San Vicente es el actual Sao Paulo, ubicado a unos 200 kilómetros de Cananea, Brasil, además de que, ¡Atención!: al ser frontera esa región americana entre las posesiones españolas y portuguesas, como lo prueba el que se adquirieron esclavos de españoles y portugueses, las prohibiciones nacionales contra su compra se diluían.

Por otro lado, tenemos la idea errónea de que los exploradores europeos llegaban sin ninguna información sobre las regiones que exploraban para abandonarlas luego sin dejar huella de su paso; ésto lo prueba el caso de los llamados “degredados,” término aplicado a los desertores o bien que habían sido dejados allí por alguna expedición como castigo o aún hasta a náufragos de alguna expedición, como el  caso notorio en nuestra región de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, quien naufragó en Florida y tardó ocho años en atravesar todo Norteamérica para llegar a Sonora y Sinaloa. Ellos funcionaron como fuente y enlace de conocimiento de las regiones y de las poblaciones indígenas con los exploradores europeos.

Ya el mismo Américo Vespucio se relacionó con los “degredados” cuando en su viaje de descubrimiento de las costas de Brasil en 1501-1502, recogió a dos de ellos que habían sido abandonados en la costa por la expedición de Juan Cabral, del año anterior. Además, en la Memoria del explorador Diego García de Moguer, quien en 1527-1530 hizo un viaje exploratorio al río de la Plata se menciona cómo en diciembre de 1527 éste llegó al Puerto de San Vicente en donde “vive un bachiller e unos yernos suyos mucho tiempo ha…” Esta es una de las menciones existentes de un legendario bachiller posiblemente dejado allí por el mismo Vespucio, figura que forma parte de la tradición histórica de los inicios de Brasil y a quien se le conoce como “el bachiller de la Cananea.” Y a propósito, el término de “bachiller” tenía entonces un significado diferente al actual, que se relaciona con el grado de estudios del  individuo, ya que se aplicaba entonces a alguien que hablaba mucho, por lo que es posible que en el caso del personaje de nuestro artículo se le haya aplicado el castigo de dejarlo, proscrito, en la isla de Cananea debido a su hábito de hablar demasiado.

Además, y en relación con este personaje, en mi artículo anterior también mencionaba la expedición de Alonso de Sousa quien en 1531 descubrió para Portugal la isla de Cananea, cercana a San Vicente (actual Sao Paulo, y situada a unos 200 Kilómetros de ésta). Pues bien, también Sousa conoció a este mismo bachiller, como aparece en el diario expedicionario: “Jueves 17 de agosto. Vino el piloto Pedro Anes en el bergantín y con él vinieron Francisco de Chavez y el bachiller y cinco o seis castellanos. Este bachiller hacía treinta años que estaba proscrito en esta tierra…

En resumen, la isla de Cananea, donde vivía proscrito este bachiller, recibió ese nombre por razones hoy desconocidas desde los inicios de la penetración europea a Sudamérica, aunque es notable que fuera frontera al pasar por allí el límite entre las posesiones americanas de España y de Portugal según lo estableciera el Tratado de Tordesillas, como ya expliqué en mi artículo anterior, y además era región de compra de esclavos. Ahora sólo me queda relacionarlo con el Cananea del actual Estado de Sonora, a lo que dedicaré mi próximo artículo.

Sunday, October 28, 2012

El origen del nombre Cananea


Y así llegamos a la mina símbolo de esta actividad en Sonora, al ícono minero por excelencia en México, a Cananea.

El mapa de Kino de 1696-1697, con la ubicación de Cananea 
Este espacio no me permite extenderme sobre el tema y en consecuencia lo comprimiré en varios artículos. La primera mención con que contamos en donde aparezca el nombre de Cananea, la sonorense, se muestra en un mapa del misionero jesuita de la Pimería Alta, Eusebio Francisco Kino,  realizado entre 1696-1697. Allí se lee, junto a la imagen del misionero mártir Francisco Xavier Saeta, el nombre de Cananea, hacia el Norte del río Sonora en su nacimiento, al Norte de Bacoachi y Mututicachi y al Este del Real de Bacanuchi. Es decir, donde se encuentra el mineral objeto de este artículo. Esta fue, curiosamente, la primera y única mención del lugar hecha por el misionero .

Ahora bien, hay varias versiones acerca del origen del nombre de Cananea. Una de ellas sostiene que se deriva del lenguaje Apache, y que quiere decir “carne de caballo;” así que intentando conocer la opinión sobre este asunto de un historiador amigo, cananense por excelencia, el Ingeniero Humberto de Hoyos, le hablé y pregunté al respecto. Su respuesta fue: “tengo aquí lo que significa carne de caballo en los tres idiomas apaches y en nada se parece a Cananea.  Para mí que viene de la mujer de Canán. Yo considero que es de origen religioso, porque también hay una Cananea en Brasil, en donde no hay Apaches.” 

Que Cananea no es un nombre exclusivo de nuestra región lo prueba la isla de Cananea (Cananeia en portugués), en Brasil, lugar y nombre que menciona ya el Español Alvar Núñez Cabeza de Vaca después de su odisea norteamericana entre 1528 y 1536, en la que atravesó nuestra región de Sonora y Arizona. 

Cabeza de Vaca estuvo después en América del Sur y en su Relación General de 1545 describe cómo le tocó tomar posesión de la isla de Cananea por parte de España, es decir, siglo y medio antes que Kino: “tomé la posesión en nonbre de Su Magestad en la Cananea que está en veynte e çinco grados poco más o menos en la dicha costa de Brasil. Este puerto de la Cananea está çinquenta leguas de la dicha ysla de Santa Catalina.”  Y aquí cabe que agregue que la posición geográfica exacta de la capital de esta isla, con una población actual de poco más de 12 mil habitantes, es precisamente 25 grados Sur, y 47° 56’ Oeste, en el Estado de Sao Paulo, Brasil. Es una región que se encuentra orgullosa del hecho de haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias a su enorme diversidad biológica.



El obelisco en la plaza de Cananea, Brasil
Sin embargo, en la plaza principal de la capital municipal de Cananea, Brasil, hay un obelisco que recuerda su fundación por el portugués Alonso de Sousa o Pero Lobo en 1531. Esta nota se basa en el diario del explorador portugués, que reza así: “Sábado. 12 del mes de agosto [1531], con viento noreste, navegábamos con rumbo oeste-suroeste y al mediodía vimos tierra … yendo así costeando, el capitán mi hermano [Martím Afonso de Sousa] ordenó que nos acercáramos a tierra … y yendo en dirección suroeste, topamos con una isla … y reconocimos que era la isla de Cananea, surgimos entre ella y la tierra en un fondo de siete brazas. ”

En otras palabras, a lo que quiero llegar es que no hay duda de lo antiguo del nombre de Cananea, aplicado a esa región de Brasil, y que tanto Brasil como España se disputaron su posesión.

La razón de estas pugnas entre España y Portugal por su posesión se debe a que esa isla se encontraba ubicada precisamente en la región fronteriza entre España y Portugal, ya que allí se situó la frontera entre las posesiones americanas de ambas naciones a través del Tratado de Tordesillas. Esto lo prueba “La Argentina,” obra escrita por Ruy Díaz de Guzmán en 1612, que dice: “Los castellanos [que vivían en la isla de Cananea] respondieron que no conocían ser aquella tierra de la Corona de Portugal, sino de Castilla… De estas demandas y respuestas vino a resultar muy gran desconformidad entre los unos y los otros…”

Ahora bien, cuando surge la pregunta: ¿Porqué se le puso a nuestro lugar sonorense el nombre de Cananea? Encontramos la respuesta en el significado ideológico que debió tener Cananea en aquel entonces, derivado de que al igual como sucedía con el Cananea de Brasil, también nuestra Cananea fue una región fronteriza. Fronteriza en lo cultural y lo geográfico-hidrológico.

En lo primero, según un libro publicado por el INAH en 1984, y cuyo autor es el ahora Doctor en Historia, Ismael Valencia Ortega, "la región de Cananea fue históricamente zona de iinfluencia de los grupos Opatas, Pimas y, más tardíamente, Apaches. Así, Cananea se convierte prácticamente en un punto fronterizo entre estos grupos..."

Y en lo geográfico-hidráulico, en Cananea se encuentra el parteaguas entre las cuencas de los ríos Sonora hacia el Sur y el San Pedro hacia el Norte. Es decir, entre la Sonora explorada hacia el Sur y las regiones desconocidas hacia el Norte.

Esas son las dos razones por las que, al igual que el Cananea de Brasil, el de Sonora se encontraba en una región fronteriza, y probablemente por eso mismo Kino ya no vuelvió a incluir a Cananea en sus mapas posteriores, porque él había recorrido la frontera de lo conocido hacia más allá.

Sunday, September 23, 2012

Planchas de Plata


Muy pocos lo saben, pero Arizona, Estado de la Unión Americana vecino de Nogales, le debe su nombre a lo sucedido en un lugar ubicado a unos 25 kilómetros al Suroeste de esta población y dentro de nuestro municipio. Para llegar allí, se toma el camino del Sáric desde el Sur de Nogales, y después de remontar una sierra por un camino de terracería, uno baja al valle del Arroyo La Arizona, recorriéndolo hasta su confluencia con el Arroyo de las Planchas.

Su fama comenzó hace ya cerca de trescientos años, un día de noviembre de 1736, cuando “un indizuelo tontillo de Tubutama descubrió un pedazo de plata y no conociendo lo que era la enseñó al indio que ahora llaman el descubridor, y preguntándole lo que era le respondió no servía aquello y después investigó del lugar donde la había hallado.” Así fue cómo Bartolillo, que así se llamaba el descubridor, acudió con Antonio Siraumea, nombre del segundo indígena de esta historia, minero de afición como lo eran tantos entonces, quien de inmediato reconoció que se trataba de un trozo de plata y averiguó el lugar del descubrimiento: cerca del Real de la Arizona, en las faldas de la llamada Sierra de San Antonio, más bien conocida actualmente como  Sierra del Guacomea. La noticia del descubrimiento corrió como reguero de pólvora, primero al cercano valle del río Santa Cruz, a Santa Bárbara de los Romero; al río Sonora con los Pérez Serrano en Tetuachi y al cercano Motepore; en resumen a una larga lista de lugares, y de inmediato el lugar se vio invadido por españoles que buscaban hacer fortuna.


El Capitán Juan Bautista de Anza padre, en su función de Justicia Mayor, acudió desde el Presidio de Codoréhuachi (Fronteras) donde vivía, y estableció su base de operaciones en un lugar que también hoy se puede reconocer y que llevaba el pomposo nombre de Real de Nuestra Señora de la limpia Concepción de la Agua Caliente, sitio ubicado un poco más al oeste de la confluencia del Arroyo La Arizona con el de Planchas de Plata, y que hoy es únicamente un pequeño manantial de agua templada que nadie reconocería como que alguna vez tuvo importancia.

Allí, el escribano Manuel José de Sosa, amigo y pariente político de Anza, quien había estado ocupado en el caso de la reciente expulsión del Padre Agustín de Campos de San Ignacio, tema que no le toca a este artículo, firmó con su elegante caligrafía todas las declaraciones que Anza les hizo tomar a los involucrados en el descubrimiento de la plata, agregando que estas declaraciones se realizaban en la Arizona, y así fue cómo este nombre se incorporó a la historia.

Para dar una idea del tamaño del hallazgo, baste leer este párrafo de una declaración: “estaban enterradas en la tierra una cuarta y media vara [a menos de un metro de profundidad], y la más grande de las planchas descubierta por Joseph Fermín de Almazán que con lo que se le ha quitado y lo que está en ser para partir y poder cargarse para sacar donde conviniere, tendría el peso de cien arrobas [poco más de una tonelada] y es tan macisa que parece fundida y en el centro tan blanca como otra cualquiera plata purificada...”

Así, Anza ordenó embargar toda la plata porque si se trataba de un tesoro escondido le pertenecía en su totalidad al Rey, mientras que si era un yacimiento natural se debía pagar el impuesto correspondiente a la Corona, el Quinto Real, aunque se podía explotar. Anza sería muerto el 9 de mayo de 1940 por los Apaches cerca de Santa Cruz, y en 1774 su hijo, del mismo nombre, en el diario de la expedición que realizó para comunicar por tierra a Sonora con California, escribió:

“Dista de este Pueblo [Saric] siete a ocho leguas al nordeste el paraje de la Arizona, o las volas, celebre por las que de plata virgen se hallaron el año de mil setecientos treinta y seis, hasta el peso de Ciento y Cinquenta arrobas (o sea más de 1,700 kilogramos) cuias particularidades se ha dudado; pero es tan cierto que viven muchos de los que las poseyeron, de lo que puedo dar igualmente documentos que lo acrediten, como que mi padre con dictamen de sujetos peritos en Leyes las embargo, por parecerle pertenecian á S.M. cuya conducta aunque no se le aprobo enteramente por el acuerdo de la Ciudad de Mexico, si por el Consejo Real de Castilla.” 

Y así fue cómo La Arizona se incorporó a la leyenda  y a la historia. El embargo ordenado de la plata encontrada, los ataques continuos de los Apaches, la imposibilidad de explotar lo que había allí, alimentaron, todos, la sed natural humana por encontrar algún tesoro escondido. Pero el espacio se me agota en esta ocasión, así que continuaré el tema en otro artículo.

Sunday, August 19, 2012

Los ranchos del Municipio de Nogales


A todo mundo le gusta andar a caballo, ya sea recorrer velozmente los paisajes sonorenses a galope o bien a paso lento de la cabalgadura ir deteniéndose a cada oportunidad que ofrece el cambiante paisaje, pero desde siempre el caballo ha constituido uno de los mayores placeres que puede ofrecer Sonora a quien se aleje de nuestras ciudades y se sumerja en el silencio de nuestras regiones rurales. De esta tradición ecuestre de Sonora se deriva, precisamente, otro de los más importantes temas que podemos tocar acerca de la historia de nuestra entidad, aunque en este caso únicamente hablaré de la región de Nogales: sus ranchos; y es que en la historia de este municipio tuvo una importancia primordial la historia de sus ranchos antes de, durante el Porfirismo y en la época contemporánea.

Como ya sabemos, el antiguo rancho de Los Nogales de Elías, donde surgiría esta población, fue adquirido por José Elías Redondo en 1843, y comprendía una franja de unas 13,200 hectáreas que se extendía de Sur a Norte a lo largo del Arroyo Los Nogales, atravesando una frontera que aún no existía, desde el Puerto de Encinas por el Sur, hasta la cañada de Mariposa por el Norte, situada en el actual Nogales, Arizona.

Vendría después la adquisición de territorio mexicano por los Estados Unidos, y entre ellos el Tratado de la Mesilla que originalmente dividió al rancho Los Nogales en dos naciones, donde después surgirían dos poblaciones, la mexicana y la estadounidense. Y para inicios del siglo XX, cuando nadie se imaginaba que ocurriría el movimiento armado de la revolución mexicana, el municipio de Nogales, Sonora, que había sido fundado en 1884, contaba con las siguientes haciendas: sobre las márgenes del río Santa Cruz se encontraban Santa Bárbara y Buenavista, adquiridas por Manuel Mascareñas Porras a mediados de la década de 1880. Buenavista había surgido como rancho que adquiriera en 1758 la madre de Juan Bautista de Anza, Rosa Becerra Nieto, mientras que Santa Bárbara había sido establecida en 1720 por Diego Romero. Así fue cómo Manuel Mascareñas se convirtió en dueño de una superficie de 36,460 hectáreas.

Además de estas haciendas sobre el río Santa Cruz estaba también,  situada en el suroeste de Nogales, en la confluencia del arroyo Planchas de Plata con el de la Arizona,  la hacienda de La Arizona, misma que surgiera alrededor de 1740 cuando el descubrimiento de las famosísimas Planchas de Plata. Por aquel entonces era un rancho del Barón Gabriel Prudhón de Heider y Múgica, Alcalde Mayor de Sonora. Pasó el tiempo, y  en la década de 1850 o 1860, La Arizona fue adquirida por Guillermo Barnett, con una superficie de aproximadamente 50 mil hectáreas que crecería eventualmente hasta alrededor de 100 mil.

Finalmente, hacia el Sur del actual Nogales se encontraba Cíbuta, hacienda que originalmente surgiera como un rancho ganadero establecido por el misionero Jesuita, Eusebio Francisco Kino, y cuyo dueño para la época que nos ocupa, finales del siglo XIX  y principios del XX, era José Pierson, quien también poseía otras propiedades cerca de Imuris. Además de estas haciendas, el municipio de Nogales contaba con los ranchos de Agua Zarca y Destiladera, y los minerales de Promontorios, Viacrucis y Planchas de Plata.

Todas estas haciendas y ranchos del municipio eran empresas ganaderas, además de tener producción agrícola: Buenavista y Santa Bárbara se centraban antes de la revolución mexicana en la producción de pastura, cereales y vegetales, mientras que La Arizona producía principalmente frutas. Hay, por ejemplo, una noticia periodística que nos informa que en La Arizona se producían a finales del siglo XIX vegetales, pieles curtidas, jabón y fruta enlatada (3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras, además de una cantidad no especificada de leche condensada enlatada). Más hacia el sur, Cíbuta también producía verduras y cereales. En total, estos ranchos empleaban a unos 100 jornaleros con sueldos de $1.50 diarios, sueldos que confirmaría la revolución mexicana.

Hasta hace poco, gran parte de estas haciendas y ranchos habían sido disgregados y convertidos en ejidos como consecuencia de la revolución, aunque como resultado de las reformas al Artículo 27 de la Constitución en 1992, el agro se encuentra actualmente inmerso en un proceso de cambio en el régimen de tenencia de la tierra. De esta manera, el día de hoy, el visitante a aquellos antiguos lugares puede encontrar, junto con la posesión ejidal de la tierra, a la reserva territorial para el crecimiento urbano nogalense, al nuevamente creciente rancho ganadero o bien a la casa suburbana de alguna familia nogalense que es dueña de un pequeño pedazo de tierra en donde esa familia pasa los fines de semana trabajando la tierra, regresando al ancestral pasatiempo sonorense de arañarla para hacerla producir, o lo que es lo mismo, trabajando mientras se convive con el silencio del campo.

Sunday, June 10, 2012

Nogales es fundado


La mojonera limítrofe, erigida en 1855
Y así llegamos al momento de la fundación de Nogales, aunque antes debo explicar sus antecedentes: el incremento del comercio internacional por la cañada del rancho del mismo nombre  gracias a la paz porfiriana había llevado al establecimiento de aduanas fronterizas como la de Nogales y a la inauguración del Ferrocarril de Sonora en esta cañada empezando la década de 1880, a un lado de la mojonera de piedras que marcaba la frontera establecida por el Tratado de la Mesilla. Mojonera que había sido erigida en mayo de 1855 y que dividía en dos naciones el terreno del rancho Los Nogales, que databa de 1841.

Límites del Rancho Los Nogales
Este rancho abarcaba desde el actual puente sobre el ferrocarril del Puerto de Encinas, ubacado al Sur del actual Nogales, Sonora, hasta terminar por el Norte “por el camino que va… al Presidio de Tubac… en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito". Es decir, en el actual Nogales, Arizona, en la confluencia de las avenidas Grand y Mariposa, cerca del edificio del complejo del Condado de Santa Cruz, ninguno de los cuales existía obviamente entonces, y en territorio que aún le pertenecía a México.

Después de la inauguración del ferrocarril, terminando diciembre de 1882 había sido concluido el edificio más notable hasta entonces del lugar, la estación ferroviaria. Era una construcción de madera de dos niveles situada exactamente sobre la frontera a un lado de la vía férrea, parte del edificio en México y parte en los Estados Unidos. Además, adosado a su extremo sur fue construido otro más de madera, mucho más pequeño y que constituía la aduana de Nogales, Sonora.

El año siguiente, 1883, el terreno en donde surgiría esta población era todavía un rancho cuya dueña era Ana Salazar, para entonces viuda del denunciante original, José Elías, además de sus hijos y descendientes y de otros condueños, José Camou y José Pierson, quienes habían adquirido partes indivisas del rancho Los Nogales, mientras que parte del rancho que se encontraba en Estados Unidos había sido adquirido por Frank Ely y George Howard. Fue entonces cuando, además de los terrenos en Sonora que ya había adquirido el ferrocarril, alrededor de esa mojonera de piedras se fue estableciendo, como vimos en el artículo anterior, gente que vivía en “pequeños jacales” según ellos mismos los describieron cuando le pidieron ayuda al gobierno del Estado para poder adquirir “un pedazo de tierra” en el lugar, ya que consideraban “que al Estado en particular y al país en general, les es de todo punto indispensable tener en este lugar una población respetable, por ser este en el que está la línea divisoria entre las dos naciones.” 

En respuesta a esta petición que, como vemos únicamente fue para poder comprar los terrenos para hacer sus casas, el Congreso del Estado aprobó el día 9 de julio de 1884 el Decreto No. 29, mismo que fue firmado por el Gobernador Luis Emeterio Torres un día después y publicado en el periódico oficial el día 11, y que tenía dos artículos. El primero, el más importante, le daba existencia legal a la entidad nogalense al erigirla como municipalidad, mientras que el segundo respondía a la petición de poder adquirir terrenos, ya que facultaba al Ejecutivo para que arreglara con los dueños del rancho “la adquisición de solares y de todas las ventajas que sean necesarias para facilitar el progreso de la expresada municipalidad.”

Debo agregar que por entonces, en el actual Nogales, Arizona, no había nada. En 1880, al mismo tiempo que era inaugurada la aduana del lado mexicano de la frontera, Jacobo Isaacson había establecido una agencia postal en el lado estadounidense, de donde algunos creen erróneamente que es el origen del Nogales arizonense, aunque una estación postal no es una población.

El proyecto de Calabazas de Sykes
Al mismo tiempo, el dueño de Calabazas (actual Río Rico), C. P. Sykes,  tenía la esperanza de que la aduana estadounidense fuera ubicada en Calabazas para beneficiar el desarrollo de esa región que era de su propiedad, aunque al final Nogales ganó ya que estaba ubicado sobre la frontera misma. Para dar una idea de su proyecto,acudamos a un sardónico artículo ttitulado Clásicos de Calabazas que apareció en el periódico Tombstone Epitaph: "Lleno de magníficos dibujos que representaban al rugiente río Santa Cruz en crecida, con barcos de vapor y pesados botes en los muelles descargando, mientras que en la distancia se alcanza a divisar el humo de una docena de hornos con vivaces locomotoras acarreando [mineral?] a los numerosos molinos."

Por otro lado, la Municipalidad de Nogales Arizona tendría que esperar al 21 de julio de 1893 para ser establecida, aún cuando para entonces se habían erigido múltiples construcciones en el poblado arizonense, a pesar de que los dueños del terreno, Frank Ely, Juan Pedro Camou y George Howard, acudieron a los tribunales estadounidenses reclamando el reconocimiento legal de su posesión,  y no fue sino hasta que la Suprema Corte de Justicia estadounidense declaró inválida esa reclamación el 2 de marzo de 1896 que se pudieron ya vender y comprar legalmente lotes en el poblado arizonense.

Sunday, April 29, 2012

La Colonización de Sonora


Todos reconocemos el pasado. Sin embargo, es poco lo que en realidad sabemos acerca de cómo se realizó la penetración hispana a nuestro Estado de Sonora. Por eso es que, intentando resolver esta situación, escribo ahora estas líneas.

Después de la caída del Imperio Azteca en 1521 ante las armas de Hernán Cortés, a finales de ese mismo siglo los españoles ya habían penetrado hasta el actual Estado de Sinaloa. Por entonces, el motor de las conquistas eran las empresas o expediciones privadas, financiadas por alguien que conseguía el permiso para penetrar a lo desconocido y alimentadas por la esperanza de, al igual que como había sucedido en el altiplano central, también aquí encontraran enormes riquezas.

El primer europeo en cruzar Sonora fue Alvar Núñez Cabeza de Vaca, un náufrago de la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida quien después de ocho años de épico viaje, en 1536 llegaba a Sinaloa, la región más norteña conquistada hasta entonces por los españoles, después de pasar, parece ser, por el actual Estado de Sonora. Se deduce que pasó por Sonora debido a las descripciones del medio natural que hizo, así como por su mención de un lugar en donde le dieron "seiscientos corazones" de venado para comer. Acompañándolo iba un morisco, de nombre Estebanico.

Su regreso provocó que el Virrey de Nueva España enviara ahora al fraile Marcos de Niza a investigar la región, y para guiarlo fue escogido Estebanico. Este sería muerto por los indígenas, aunque al regreso de Fray Marcos, narró haber visto grandes ciudades desde la distancia, lo que generó un enorme entusiasmo.

El Virrey, Antonio de Mendoza, organizó entonces otra expedición, encabezada ahora por Francisco Vázquez de Coronado, y como guía fue escogido el mismo Fray Marcos. Esta expedición cruzó también el territorio sonorense, y en o cerca del lugar en donde le habían dado los corazones de venado a Cabeza de Vaca, fundó el pueblo de San Gerónimo. Y aunque llegó hasta el territorio del actual Nebraska, no logró encontrar  ningún tesoro. El desaliento provocado por la falta de noticias positivas ocasionó que el financiamiento privado de nuevas expediciones se secara, y no fue sino hasta que la Corona Española y la Iglesia llegaron  a un acuerdo entre sí, a través del cual la Corona financiaría a misioneros que realizaran la conquista pacífica de los territorios desconocidos, que se reanudó el esfuerzo de penetración español  al noroeste novohispano.

Y aquí es necesaria una pequeña disgresión explicatoria. Debemos agregar que los misioneros no tenían una perspectiva localista, ya que no veían a los pueblos aislados, individuales, sino en relación con su pertenencia a regiones, o Rectorados como les llamaron.

Así, las primeras entradas misionales a Sonora se originaron desde Sinaloa: para 1614 los misioneros Jesuitas habían penetrado al delta del río Mayo y para 1619 al del Yaqui y dos años después fundaban las misiones de Tecoripa y Cumuripa, mientras que para 1622 las de Macoyahui, Onavas, Movas y Nuri y para 1627 llegaban a Sahuaripa, Bacanora y Avivechi , y un año después a Tónichi. De esta manera surgieron los Rectorados de Nuestro Padre San Ignacio de los Ríos Yaqui y Mayo (1 en el mapa adjunto), y el Rectorado de San Francisco de Borja (2 en el mapa adjunto).

En 1629 fundaban las misiones de Mátape, Nácori y Batuc, y para el 36 llegaban a Tepache, así como al río de Sonora, ya que ese mismo año fundaron Ures. Para 1638 habían penetrado al río San Miguel y fundaron Nacameri (actual Rayón), aunque sobrevino en seguida una pugna con un grupo de Franciscanos que habían sido llevados por Pedro de Perea al río de Sonora.

En 1644 los Jesuitas fundaban Oposura y Cumpas, para penetrar aceleradamente después a lo largo de ese río, ya que un año después habían fundado Huásabas, Óputo (actual Villa Hidalgo), Techicadéguachi, Bacerac, Bavispe, Huachinera, Nácori y Bacadéhuachi. Así surgió el Rectorado de los Santos Mártires de Japón, en el Noreste del actual Sonora (3 en el mapa adjunto).

Habiéndose aclarado la pugna con Pedro de Perea acerca de las misiones de los ríos de Sonora y San Miguel, en 1646 los Jesuitas fundaban Sinoquipe y un año después entraban al río San Miguel, a la región donde viviera Perea, y fundaron las misiones de Cucurpe y Tuape. Así nació el Rectorado de San Francisco Xavier en los ríos de Sonora y San Miguel (4 en el mapa adjunto). Estas misiones por muchos años fueron la frontera no sólo de la Opatería sino de la penetración europea al noroeste de Sonora. En seguida, el esfuerzo de penetración Jesuita se dirigió a reforzar lo conquistado en la región serrana sonorense, y en 1654 fundaron las misiones de Cuquiárachi, Cuchuta, Teuricachi y Tevidéhuachi; mientras que veinte años después las de Yécora y Rebeico.

No fue sino hasta 1687 cuando llegaba el misionero Eusebio Francisco Kino en que nuevamente revivió, con toda fuerza, el esfuerzo misional, ahora dirigido hacia el noroeste del actual Sonora, con la fundación de unas 26 misiones en la Pimería Alta y el nacimiento del último, Rectorado de Nuestra Señora de los Dolores (5 en el mapa adjunto).

Sin embargo, en 1767 fueron expulsados los Jesuitas de todos los dominios españoles, y un año después llegaron los Franciscanos a reemplazarlos. El sistema misional, sin embargo, había cambiado para entonces, ya que la orientación del gobierno español no era conservar el modo de vida indígena, sino incorporarlos al sistema establecido por los europeos, y en consecuencia los privilegios de los Franciscanos eran menores que los que habían tenido loe Jesuitas. Así, los  nuevos misioneros se dedicaron principalmente a construir y reconstruir los templos misionales, que son las antiguas iglesias que actualmente encuentra el viajero.

Con el advenimiento del siglo XIX, la secularización del sistema misional se dio en épocas distintas para diferentes regiones de Sonora, aunque acompañado del movimiento de Independencia de nuestro país.  Vendría después hasta mediados de ese siglo XIX un periodo de guerras intestinas en Sonora, como la guerra de castas, y después sobrevendría la intervención europea. No fue sino hasta el Porfirismo, a finales de ese siglo XIX, que Sonora despertó como una fuerza económica, y su desarrollo estuvo basado en la minería y ferrocarriles.

Sobrevendría después la revolución, que se tradujo en la nacionalización de lo construido durante el Porfirismo, y actualmente vivimos el periodo posrevolucionario, cuando nuevamente surge la empresa privada como agente principal de cambio.

Sunday, April 1, 2012

Mátape

Al fin puedo atender peticiones, por lo que cubro el siguiente tema: Mátape, un pequeño poblado ubicado en el centro de Sonora; lugar donde confluyen las regiones situadas más al Sur con los asentamientos de los ríos San Miguel y Sonora hacia el norte; sitio que formó parte de una antiquísima ruta comercial que en la década de 1530 seguiría Cabeza de Vaca en su odisea para regresar al mundo colonizado por los europeos; región que conocimos como Opatería, palabra que no existió en su lenguaje nativo, aunque a finales del siglo XVII los españoles decidieron catalogar así a los diversos grupos humanos de esa zona: Teguimas, Eudeves y otros.

El Padre Andrés Pérez de Rivas escribió de memoria, 20 años después de los hechos, un libro titulado “Historia de los Triunfos de la Santa Fe.” En él menciona a un cacique de Sahuaripa, Sisibotari, a quien actualmente se le ha intentado atribuir una influencia regional, extendiéndola por toda la Opatería y aún hasta el río de Sonora; recordemos, sin embargo, que los nativos no tuvieron una identidad política y en consecuencia el área de influencia de estos caciques no se extendía más allá de su inmediatez geográfica.

El Padre Pedro Bueno, quien probablemente llegó a Mátape en la década de 1630,  terminó un templo en 1646 que 30 años después era descrito como “una de las iglesias más hermosas y espaciosas de la provincia, un edificio con tres naves y varios altares. Posee finas obras de arte, sus ornamentos son de los más ricos y sus cálices y adornos del altar principal son de plata forjada.” Además, durante su administración fue establecida una pequeña escuela en el lugar.

Bueno sería sucedido por Daniel Angelo Marras en 1656, y bajo él la escuela alcanzó el rango de un colegio incoado; es decir, un centro de enseñanza al que algo le faltaba para ser colegio completo. No se conocen sus planes de estudios aunque se enseñaba allí a leer y escribir, a tocar instrumentos musicales como el arpa y guitarra, actividades manuales como carpintería, sastrería, zapatería o la curtiduría de pieles, además de hilar y tejer; y aunque erróneamente se piensa que fue el único, la verdad es que en Oposura fue establecido otro colegio en 1680.

Por entonces, la misión de Mátape era de las principales del actual Sonora. El Padre Marras explotaba la agricultura regional y a él se debe la introducción de la ganadería masiva a Sonora ya que incrementó el hato ganadero de su misión de unas 600 cabezas que había a su llegada a unas 50,000 cuando partió; como manifestación de la riqueza de su misión, estableció una corrida anual de unas 5,000 cabezas de ganado que eran llevadas a Sinaloa para embarcarlas y venderlas en la ciudad de México. Además, esclavos no indígenas le ayudaron a formar un monopolio de venta de productos agrícolas, ya que sus precios eran más bajos que los de sus competidores españoles, y además llegó a poseer dos minas y una refinería de metales, aún en contra de los preceptos jesuíticos bajo el argumento de la necesidad de sostener el Colegio.

Para 1678 le asistía Juan Osorio, quien en 1683 se convirtió en rector del colegio y misionero del distrito, y de allí en adelante Mátape requirió de dos ministros, uno para la misión y sus visitas, y otro para el colegio; mientras, la fundición no duró mucho, ya que los superiores jesuitas ordenaron en 1695 cerrarla.
Alrededor de 1726 llegaba Cayetano Guerrero quien construyó una hermosa iglesia a la Virgen de Loreto, adjunta al templo principal, y su sucesor, Guillermo Borio, quien serviría allí hasta su muerte en 1763, adornó profusamente tanto al templo como la capilla con costosas pinturas, decoraciones de plata y cálices de oro. Mientras, los métodos de financiamiento de sus misioneros continuaron siendo atacados porque tenían una tienda que ofrecía productos a precios más bajos que los importados por los europeos. Esta situación duró hasta que sus últimos jesuitas, Miguel Almela y Jacobo Sedelmayr, recibieron la prohibición expresa de operarla.

Al recibirse el Real Decreto de expulsión, 51 jesuitas fueron reunidos en Mátape, se les leyó la orden de exilio de los dominios españoles, fueron puestos en prisión y enviados a Guaymas para embarcarlos a Europa. Y a diferencia de las misiones de la Pimería, allí no serían reemplazados por Franciscanos sino que la antigua misión fue secularizada. Por entonces, Mátape poseía una extensa biblioteca que desafortunadamente desapareció durante la revolución mexicana.

Continuaría la influencia de la Ilustración, y en 1867 a Mátape se le cambió el nombre por el de Villa Pesqueira; de cualquier manera, la tradición educativa del lugar se conservó a través del tiempo: el año pasado de 2011 su escuela primaria, Benito Juárez y sus 76 alumnos, fue calificada como la mejor de Sonora.

Sunday, February 5, 2012

Arizona hasta el Tratado de la Mesilla


Las reformas borbónicas en Arizona, que todavía pertenecía a finales del siglo XVIII a Sonora, resultaron en una pinza de castigos y premios para los apaches, de ataques contra los rebeldes e incentivos para que se asentaran en los presidios (fuertes militares) donde les daba comida y lo necesario para su subsistencia. Así se acogieron éstos en Bacoachi, Arizpe, Fronteras, Santa Cruz y, en la década de 1790, en Tucsón. Además, se ordenó repartir cuatro sitios de terreno en cada presidio a los colonos para promover la economía individual. El resultado fue que en 1804 había 37 colonos no indígenas y más de 200 indígenas viviendo en Tucsón, y en el cercano Tubac, fundado como presidio en 1752, ocurría algo parecido.

Simultáneamente, la estructura misional, ahora a cargo de los Franciscanos, realizaba un ambicioso programa de edificación de nuevos templos en todo Sonora para reemplazar a los construidos por los jesuitas. El más notable fue erigido en San Xavier del Bac (haz click aquí para verlo) y dedicado en 1797, mientras que el de Tumacácori (haz click aquí para verlo), que nunca fue concluido, fue iniciado en 1800.

Al sobrevenir la guerra de independencia, Sonora participó con sus soldados en las batallas de la Costa del Pacífico. La paz indígena llevó a que también muchos de los colonos y militares criollos adquirieran mercedes de terrenos que dedicaron a la ganadería.

El espacio no permite una lista exhaustiva de esos ranchos ni hablar de su historia, aunque no puedo dejar de mencionar que el primero documentado, o sea sobre el que existan actualmente los títulos originales, en el actual Arizona se había otorgado en 1789 a Toribio Otero, en Tubac, y para la década de 1830, aledaños a la frontera actual, a lo largo del río Santa Cruz estaban los hermanos Ortiz en Arivaca y Canoa; más al Sur los Juvera en Buenavista (actual Mascareñas) extendiéndose a ambos lados de la frontera actual; los Romero desarrollaban San Rafael de la Zanja al Norte de Santa Cruz, en el nacimiento del río. Por otro lado, al Norte del actual Patagonia la familia de León Herreras vivía en San José de Sonoita y, más al Este, en el río San Pedro se diseminaban los de la numerosa familia Elías, entre otros San Ignacio del Babocómari, San Juan de las Boquillas, Nogales (sobre el río San Pedro), San Pedro y San Rafael del Valle, así como Agua Prieta. Y en el extremo sureste de Arizona, la familia Pérez hacía lo propio con San Bernardino. Entre todos estos ranchos se encontraba Los Nogales de Elías, en donde actualmente se extiende la principal ciudad fronteriza de Sonora y Arizona y que abarcaba desde el Puerto de Encinas en Sonora hasta cerca de Mariposa Road en Nogales, Arizona, actual.

Todo este desarrollo se derrumbó a partir de 1831 al terminarse los incentivos para mantener a los apaches en los presidios y éstos reanudaron sus ataques. Administrativamente, Arizona había sido incorporado en 1824 al Estado Interno de Occidente, que comprendía desde Sinaloa hasta Arizona, el que fue subdividido en 1830 en Sinaloa y Sonora, con Arizona bajo la jurisdicción de Sonora.

La guerra de Estados Unidos de 1846-1848 contra México, impulsada por su expansionismo y la meta de construir una vía férrea que atravesara a la nación vecina que no bloquearan las nieves de invierno, concluyó con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo por el que Estados Unidos adquirió, entre otros, el Norte de Arizona hasta el cauce del río Gila, donde actualmente se encuentra Phoenix, región que puso bajo la administración de Nuevo México. Sin embargo, este tratado no fue suficiente para esas ambiciones, y en 1854 el Tratado de la Mesilla recorría la frontera hasta la actual mediante el pago de 10 millones. Originalmente, se planeaba establecerla más hacia el Sur, aunque debido a la oposición de los negociadores mexicanos se adoptó la que conocemos y que permite la comunicación por tierra con California. (Si deseas conocer más sobre este tema, encontrará esa información haciendo click aquí). 

De esta manera, el ingeniero estadounidense, William Emory, delimitó la nueva frontera y en mayo de 1855 la estableció en Los Nogales, mientras que los soldados mexicanos dejaron Tucsón el 10 de marzo siguiente, y para noviembre llegaba allí un destacamento estadounidense.

Los únicos poblados del terreno recién adquirido eran entonces Tubac, con unos 300 habitantes, y Tucsón, que ya llegaba a 650; Arizona a su vez alcanzaba unos 5,300, de los que 2,400 eran blancos, la mayoría mexicanos,  4,000 indígenas y unos 20 afroamericanos. Es decir, mientras que la población de Sonora para entonces ya se dividía por la mitad entre indígenas y blancos, en Arizona aún preponderaban los indígenas.

Y en relación con el gobierno del territorio recién adquirido, la lejanía del centro de gobierno, en Nuevo México, llevó a que el 29 de agosto de 1856 se reunieran en Tucsón anglos y mexicanos y le enviaran un memorial al Congreso estadounidense pidiendo que Arizona, como le llamaron a esa región en honor a la fama del lugar del que hablamos anteriormente y aledaño al actual Nogales, fuera organizado como  Territorio, separado de Nuevo México.

Sunday, January 29, 2012

La Epoca de la Colonia en Arizona

En 1521 caía Tenochtitlán bajo las armas Españolas, diez años después los conquistadores inauguraban una estación en el actual Sinaloa y la siguiente década la región del actual Arizona fue atravesada por primera vez por no indígenas. Probablemente el primero de éstos haya sido un esclavo, Estebanico, africano o árabe quien, acompañando primero a Cabeza de Vaca y después a Fray Marcos de Niza, atravesó dos veces al actual Estado de Arizona a finales de la década de 1530. Luego, Fray Marcos regresaría contando haber divisado, desde lejos, ciudades llenas de riquezas.

Como respuesta, en 1540 se organizaba una gran expedición privada al mando de Francisco Vázquez de Coronado. Con 225 caballeros, 60 de infantería, aproximadamente un millar de indígenas, media docena de cañones y miles de animales para alimento de la expedición, los exploradores atravesaron Sonora, posiblemente siguiendo el Río de Sonora, luego la región Este de Arizona, en seguida Nuevo México, y llegaron hasta el actual Kansas sin encontrar las fabulosas riquezas que supuestamente hallarían.

La desilusión que ocasionó el no haber encontrado las riquezas esperadas, secó el financiamiento a posteriores exploraciones privadas en busca de tesoros y, en su lugar, el gobierno Español llegó a un acuerdo con la Iglesia para cambiar el método de colonización. Ya no serían el conquistador y sus armas sino el misionero y la cruz el encargado de penetrar a las regiones desconocidas del Norte. Así, escogiendo la región central de la Nueva España y hacia el Norte, los Franciscanos entraron por Chihuahua a los actuales Nuevo México y Este de Arizona, y a ellos les tocó contribuir con los mártires iniciales de la región: el primero fue Francisco de Porras, y después, durante la gran rebelión de los indios Pueblo en 1680, sobrevino el martirio de once de un total de 33 misioneros franciscanos, entre ellos, en Arizona, José de Figueroa, José de Trujillo y José de Espeleta, además de unos 400 colonos.

En respuesta se cambió más al oeste el impulso de penetración europeo hacia el Norte, y en 1687 llegó el misionero Jesuita, Eusebio Francisco Kino a la Pimería Alta, en la frontera de los actuales Estados de Sonora y Arizona. En Arizona fundó sus primeras misiones en 1691, Guevavi, Tumacácori, y un año después San Xavier del Bac. Su meta era convertir la Pimería Alta en puente entre Asia y Europa, aunque su herencia tangible fue que México no aceptó la frontera propuesta siglo y medio más tarde por los Estados Unidos durante las negociaciones del Tratado de la Mesilla, frontera que habría dejado incomunicada a Baja California por tierra con Sonora; en cambio se permitió una lengua de tierra como puente entre la península califórnica y el resto de México, que es la frontera que conocemos actualmente, pero eso lo veremos después…



Tras morir Kino, el entonces ignoto nombre de Arizona logró renombre mundial en un evento que adorna las páginas del mundo de la leyenda. En 1736, en un lugar situado 25 Km al suroeste del actual Nogales y aledaño al puesto ya conocido como La Arizona, un indio Yaqui descubrió enormes losas de plata pura a flor de tierra; entre ellas, un pedazo de más de una tonelada que a hachazos fue cortado para arrastrarlo con bueyes. El lugar, bautizado como Planchas de Plata de la Arizona, se vio invadido por miles de gambusinos, el gobierno ordenó realizar una investigación y el embargo de la plata encontrada. Esto se debía a que si se trataba de un tesoro escondido le pertenecía por completo al Rey, y si era yacimiento natural, debía pagar la quinta parte de impuestos.

Así pasaron los años, y el agotamiento del mineral superficial y el acoso constante de los Apaches imposibilitaron la explotación de esas legendarias riquezas, aunque su fama se fue extendiendo a toda la región ubicada al Norte de las misiones establecidas por Kino, hasta heredarle su nombre a toda, Arizona.

Seguirían distintos intentos para abrir una ruta por tierra con California, por un lado el misional que resultó en el martirio en Yuma de Fr. Francisco Garcés, y el laico con las dos expediciones del Cap. Juan Bautista de Anza (hijo) que abrieron una ruta por tierra entre Sonora y California.

Además, la reorganización administrativa borbónica del Gobierno Español inauguró la Comandancia de las Provincias Internas de Occidente, con base en Arizpe, Sonora, y jurisdicción sobre California, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo México (Arizona incluido), Coahuila, Texas, etc. y se establecieron varios Presidios (o fuertes militares) de protección contra los apaches; así el de Tubac en 1751, que fue cambiado a Tucsón en 1775.

Sin embargo, estas reformas fueron tardías; sobrevino una época de ataques apaches generalizados, asociados con el decaimiento de la hegemonía española, tanto mundial como local, que desembocaron poco después, al iniciar el siglo XIX, en la guerra de Independencia.

Este es un bosquejo de la Colonia en Arizona necesariamente austero por restricción de espacio, pero a fin de cuentas nos da una imagen general de cómo se desarrolló esta época en esa región que, hasta mediados del siglo XIX, formaba parte de México.