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Sunday, August 18, 2013

La frontera nogalense durante la revolución

Ya vimos en esta serie de artículos que escribo, dedicados al 95 aniversario de la gesta heroica del 27 de agosto, cómo se desarrolló la región fronteriza de Nogales durante el porfiriato.  Ahora cubriré cómo era Nogales al iniciar la revolución mexicana, un poblado que se extendía, a lo largo de la cañada, hasta la entrada de la actual Cañada Héroes.

La Calle Internacional de Nogales
Por entonces no había ninguna restricción al cruce de la frontera. Las únicas mnifestaciones visibles que había una frontera internacional allí eran lo ancho de la Calle Internacional, por un lado, y la existencia de varios monumentos internacionales a lo largo de la línea fronteriza, de los que el número 122 destacaba por entonces (éste se encuentra en el centro mismo de la foto a la derecha, en donde Sonora está a la izquierda y  Arizona a la derecha). Y un poco más allá, a un lado de la vía férrea que como hoy, también entonces cruzaba la frontera, la estación del ferrocarril de Sonora (son los edificios obscuros en el centro de la fotografía, uno a cada lado de la misma y que, por cierto, se puede apreciar un ferrocarril que va cruzando la frontera), y más al Sur el edificio de la aduana (apenas se distingue una pequeña cúpula en la imagen), y enseguida de éste, hacia el Norte, la Plaza 13 de Julio con su quiosco (la pequeña zona arbolada a la izquierda de la imagen). Al poniente de la plaza, las distintas residencias de la élite nogalense de entonces se extendían a lo largo de la Calle Pesqueira, mientras que junto a la frontera estaba la residencia del principal agente aduanal nogalense, Próspero Sandoval.

Por otro lado, la calle comercial de Nogales era entonces la Elías, que en Arizona se convierte en Morley después de pasar uno a un lado del Monumento Internacional 122. En la Calle Elías podían encontrarse desde restaurantes como el Cazabón (un edificio que aún existe y cuya fotografía aparece a la izquierda), que ofrecía a los comensales ostiones que recibía diariamente por ferrocarril desde Guaymas, o bien hoteles como el Escobosa, situado en el extremo Norte de la Calle Elías, al Sur del Monumento 122 y frente al edificio del Cazabón, o bien tiendas como la de Lelevier, en donde se ofrecían los mejores artículos de vestir europeos.

Ese fue el escenario bajo el que se desarrolló la revolución mexicana cuyo primer periodo, el maderismo, no tuvo repercusiones locales. Las complicaciones surgieron después del cuartelazo de Huerta y del asesinato de Madero.

Seguiría el pronunciamiento de Venustiano Carranza y, aquí en Sonora, el levantamiento de las fuerzas de Alvaro Obregón que escogió a Nogales para realizar su primera acción de armas con la toma de esta población, y de esa manera convirtió a Nogales en la base inicial del movimiento revolucionario.

Vendrían después las pugnas entre Plutarco Elías Calles y el gobernador con licencia, José María Maytorena, las que llevaron a una reunión el 28 de julio de ese año de 1913 aquí en Nogales, entre las distintas facciones, aunque sin ningún avance. Pero otorguémosle la voz a Don José Vasconcelos, uno de los grandes filósofos de América, quien visitó a esta población por entonces:

“Llegamos a Nogales horas después de la Junta que absolvió a Maytorena de los cargos de sus enemigos y lo confirmó en el mando. Para asistir a dicha Junta, habían venido desde el sur a Nogales, muchos jefes. Entre todos, el que más pesaba era Obregón. A tal punto, que bastó con que él asumiera la defensa del Gobernador para que la discusión terminase y se disolviese la Asamblea al grito de ¡Viva Maytorena! … En Nogales me tocó alojarme en la misma alcoba con Miguel Alessio Robles.”

El edificio de este hospedaje compartido por Vasconcelos fue el hotel Escobosa, una construcción de piedra de dos niveles edificado a finales del Porfirismo y por lo tanto con sabor francés que, afortunadamente, continúa en pie, aunque dedicado a otros fines. Pero regresemos con Vasconcelos:

“Nos despertaron de mañana las cornetas de una compañía de yaquis que pernoctaba en los bajos del hotel. La impresión fue magnífica. Ya no éramos los perseguidos que despiertan sobresaltados. La fuerza que tocaba dianas estaba al servicio de la justicia y amparaba a los hombres honrados… la noche anterior, había llegado tarde y no ví nada del pueblo. En vano buscaba las nogaleras que sin duda le habían dado nombre. Apenas uno que otro árbol en calles apartadas y el centro una fealdad sin alivio, casas pequeñas, de ladrillo, interiores sórdidos, polvo en todas partes, descuido, y no por pobreza, por incultura.”

Pasaron nuevamente los meses y Don Venustiano Carranza también escogería a Nogales como base de operaciones del movimiento armado, y llegó a esta frontera a finales de ese año de 1913. Pero otorguémosle ahora la palabra a Martin Luis Guzman, quien nos ofrece una crónica del Nogales de entonces:

Martín Luis Guzmán
“Ya había anochecido cuando Alberto J. Pani y yo llegamos a Nogales. En la estación –feo cobertizo semejante a los que acabábamos de ver en el largo trayecto arizonense, sólo que aquí con la peculiar pátina mexicana- nos esperaban varios amigos y amigos de amigos… atravesamos una calle y caminamos un tramo de otra: ya estábamos en el hotel. La puerta daba a un pasillo que se convertía, por el fondo, en escalera… Una figura conocida apareció en lo alto y se mantuvo allá… era Isidro Fabela... se fueron abriendo las puertas de los cuartos y empezaron a salir por ellas hombres de la Revolución: salió Adolfo de la Huerta; salió Lucio Blanco; salieron Ramón Puente, Salvador Martínez Alomía, Miguel Alessio Robles y otros muchos…”

Después de dejar sus cosas y arreglarse en el Hotel Escobosa, los viajeros fueron a hablar con Carranza, al cercano edificio de la Presidencia Municipal, que se encontraba situado entonces en la esquina de Campillo y Juárez y frente al de la Aduana. Ese era el Nogales donde inició la revolución mexicana, a unos pasos del Monumento Internacional número 122.

Sunday, August 11, 2013

La región fronteriza de Nogales durante el porfiriato

La mojonera internacional en 1864
Después de la erección de la mojonera internacional en la cañada de Los Nogales en 1855, el rancho sufrió algunos cambios. Parte del mismo fue vendido a José Pierson, de Terrenate, y una mitad indivisa del terreno restante a Juan Pedro Camou; eran los años posteriores al periodo aciago de las Guerras de Reforma y de la intervención francesa; era cuando iniciaba el desarrollo económico de México y de Sonora; cuando en el Territorio de Arizona se construía un ferrocarril que lo atravesaba y que en marzo de 1880 fue inaugurado en Tucsón.

Este ferrocarril, a su vez, ocasionó un enorme crecimiento del contrabando hacia Sonora, el que sería cansado extenderme; aunque en respuesta  el gobierno federal mexicano estableció, el 2 de agosto de 1880, cuatro aduanas para resguardar la frontera sonorense con Arizona, en Quitovaquito, Sásabe, en Los Nogales y San Pedro Palominas (En este enlace puedes ver su ubicación e historia).  Dos años después era inaugurado en Los Nogales el Ferrocarril de Sonora a un lado de la mojonera de piedras que definía la frontera. Y aunque los condueños del rancho intentaron denunciar por entonces las demasías del mismo, la solicitud les fue negada, primero debido a que Pierson no era ciudadano mexicano y después porque el Juez de Distrito ordenó suspender “la adjudicación hasta que se sepa si perjudica o no a la creciente población de Nogales.”

Esto se debía a que el crecimiento del comercio internacional había llevado a que el 11 de julio de 1884 el gobierno del Estado fundara a la Población y al Municipio de Nogales, el que en su segundo artículo autorizaba al ejecutivo “para que arregle con los dueños del terreno … la adquisición de solares y de todas las ventajas que sean necesarias para facilitar el progreso de la expresada municipalidad.” 

Así fue cómo el 28 de agosto siguiente se celebraba en Hermosillo un contrato entre el Gobernador de Sonora y los condueños del terreno para que éstos cedieran “para el establecimiento del fundo legal un cuadrado de un mil doscientas varas por lado, hacia el Sur de la línea divisoria con los Estados Unidos,” aunque se reservaron algunos lotes para ellos mismos. Así fue cómo surgió la población de Nogales, no como alguien ha intentado decirnos debido al establecimiento de la aduana local ni al ferrocarril, sino al incremento del comercio internacional.

La mojonera internacional y la cantina de Brickwood
Pasaron los años, y durante los inicios de la entonces Villa de Nogales y para separar las poblaciones sonorense y arizonense únicamente del lado mexicano una calle, la actual Internacional que entonces se llamaba Camou, separaba los territorios de ambas naciones, mientras que del lado estadounidense las construcciones se aglomeraban sobre la frontera misma al grado de que alguien con sentido del humor llegó a decir que la pintura de sus paredes se encontraba en México; mientras, la mojonera de piedras erigida en 1855 había ido quedando cada vez más relegada y ahora se recargaba sobre una pared de la cantina de Brickwood que también estaba sobre la frontera misma, aunque en Arizona. En otras palabras, la pared Sur de la cantina corría a lo largo de la frontera misma, como se ve en la imagen adjunta en la que Sonora aparece a la derecha, y de esta manera la caja de cigarros que también aparece en la imagen, se encontraba colocada en el porche o cobertizo que ya estaba en México; en ella, el dueño de la cantina guardaba su producto y lo vendía, y de esta manera evadía el pago de impuestos estadounidenses.

El Monumento 122 recien instalado
Entre 1891 y 1896, debido a que las mojoneras construidas por Emory en la divisoria se encontraban ya muy dañadas, los Ing. J. W Barlow y Jacobo Blanco, de la Comisión Internacional de Límites, las renovaron. Las 52 mojoneras de piedras originales fueron reemplazadas por 258 obeliscos metálicos que son los que aún hoy persisten, y entre ellos estuvo el número 122 que reemplazó a aquella mojonera recargada sobre la cantina de Brickwood, a la que se le construyó un nicho en la pared del edificio para protegerlo, aunque de cualquier manera ese obelisco únicamente funcionaba como delimitante de los territorios de ambas naciones sin alcanzar a tener otra función,  ya que por entonces no existía ninguna restricción al cruce de la frontera por los ciudadanos de ambas naciones.

La Estación del Ferrocarril sobre la frontera misma
La ausencia de calle internacional en la ciudad vecina, sin embargo, no duró mucho, ya que el 25 de junio de 1897 el presidente estadounidense, William McKinley, ordenaba la demolición de todos los edificios en una franja de 60 pies del lado estadounidense como reserva pública, tanto al este como al oeste del recién establecido Monumento No. 122.  Entre las construcciones afectadas estuvo la estación del ferrocarril, una edificación de madera que atravesaba la frontera, parte de la misma en México y parte en Estados Unidos, la que fue dividida en dos y cada sección recorrida hacia su nación para dejar libre la franja fronteriza; simultáneamente,  la cantina de Brickwood, sobre cuya pared se había alojado la mojonera internacional y en donde, en 1895, Clegg y Sheeline habían realizado las primeras exhibiciones nogalenses del kinetoscopio, antecesor del cinematógrafo, también desapareció.

Las dos Calles Internacionales en Nogales en la década de 1930
Así fue cómo la Villa de Nogales desde entonces contó con una calle Internacional del lado estadounidense, separada de la Internacional sonorense  por el monumento 122 (que en la imagen de la izquierda no se alcanza a ver, por estar obstruido por la garita que aparece en el centro de la fotografía), un obelisco que atestiguaba el crecimiento y prosperidad promovidos por el comercio internacional que siempre utilizó a esta localidad; era una Villa que inmediatamente empezó a crecer en población e importancia para Sonora, y para 1910 alcanzaba una población cercana a los 4,000 nogalenses.

Sunday, August 4, 2013

La medición de la frontera en Los Nogales

En el artículo anterior de esta serie leíamos acerca de los orígenes del rancho Los Nogales en 1843, aunque no fue ésta la última ocasión en que su dueño, José Elías, acudió a las autoridades en relación con éste, ya que el 12 de octubre de 1854 nuevamente pedía a la Tesorería Departamental una constancia de la legalidad de su posesión, debido a que “…mis papeles del Rancho de La Casita tienen los requisitos que requiere el Artículo 6 de el reciente Tratado de la Mesilla para que el gobierno norteamericano respete los que queden dentro del territorio que le ha cedido nuestro gobierno. Y como pueda ser que mi relacionado rancho sea de los comprendidos en esa línea  por estar situado poco más o menos en el grado 31 de latitud Norte, quiero, para evitar enteramente todo motivo de cuestión, tener una constancia de que está registrado o anotado en uno de los archivos de tierras de la República, como lo es el que existe a cargo de esa Tesorería…” 

Ya conocemos la historia del Tratado de la Mesilla por lo que no me extenderé en esta ocasión sobre ésta; también sabemos que Casita no fue afectado por los límites establecidos por el Tratado de La Mesilla, aunque Los Nogales sí lo fue, ya que la frontera en esta región, definida por el Artículo 1 de este Tratado, dividió en dos al rancho (En el artículo anterior de esta serie aparece un mapa interactivo del rancho junto con la frontera. Puedes hacer click aquí para leerlo).

De cualquier manera, el gobierno de México le entregó a Elías copia de los expedientes que solicitaba. Para entonces, José Elías había casado con Ana Salazar, nacida en La Cieneguilla, Sonora e hija de un rico minero, Teodoro Salazar, descubridor de los famosos placeres de oro de Santo Domingo en esa misma región en 1803. No quiero cansar la atención del lector y extenderme sobre el tema de genealogías, pero no puedo dejar de mencionar que entre los hijos de este matrimonio estuvo Guilebaldo Elías Salazar, quien vivió en Magdalena y fue padre, entre otros, de otro Guilebaldo y de Carlos, a su vez padres respectivamente de Leopoldo Elías Romero, quien fuera Alcalde de Nogales y de Ernesto Elías Cañedo, destacado hombre de negocios nogalense y abuelo de la actual Primera Dama de Nogales. Pero regresemos a nuestra crónica…

El Tratado de la Mesilla (puedes hacer aquí click para leer sobre los Tratados Internacionales entre Estados Unidos y México) estipulaba que la frontera de México en esta región de Sonora quedaría delimitada por el paralelo 31° 20” hasta el meridiano 111°, de donde partiría la sección azimutal rumbo al río Colorado, por lo que únicamente faltaba marcarla sobre el terreno.

Para realizar esta tarea fueron nombrados dos Comisionados de Límites, William Emory por los Estados Unidos y José Salazar Ylarregui por México, aunque las convulsiones políticas que azotaban a nuestro país llevaron a que José Salazar fuera arrestado y por eso no pudo realizar su tarea. Emory, por su lado, inició él sólo su labor de marcar la frontera partiendo de El Paso del Norte en Febrero de 1855, y en mayo de ese año llegaba a las casas del rancho Los Nogales, situadas dentro del actual Nogales, Arizona, en la salida de la carretera a Patagonia. Allí se dedicó a medir astronómicamente la ubicación del lugar y encontró por un lado que el meridiano 111° se encontraba a unos 12 Km más hacia el Oeste, y que el paralelo 31° 20,” o sea la frontera, cruzaba al Arroyo Los Nogales un poco más hacia el Sur de las casas del rancho, lugar en donde ordenó que fuera colocada una mojonera de piedras.




Esa mojonera internacional, a unos pasos de la actual garita de la calle Elías, lugar que por supuesto estaba totalmente despoblado entonces, al igual que hoy se encontraba amparada por el acantilado que forma el cerro de la hoy calle Elías. A un lado pasaba el camino de herradura que comunicaba al Norte de Sonora, Imuris y Magdalena hacia el Sur, con los asentamientos situados más hacia el Norte, como Tubac y Tucsón; además, un matorral de carrizos intentaba ocultar al arroyo. Sabemos todo ésto porque junto con sus mediciones, uno de los expedicionarios, John E. Weyss, dibujó varios paisajes del valle de Los Nogales que se han conservado.

Pasaron unos días y la sección mexicana, encabezada por el Cap. Francisco Jiménez, venía realizando las mediciones desde el Oeste y llegó también a Nogales. Allí, Jiménez le dijo a Emory que el acuerdo era que ambas Comisiones debían determinar, en forma independiente, la confluencia del meridiano 111° con el paralelo 31° 20”, a lo que Emory le respondió que él ya la había determinado y que si creía que la sección estadounidense sería capaz de intentar engañarle, a lo que Jiménez respondió que nadie podría intentar realizar un fraude que le costara su propia reputación, por lo que accedió a las mediciones realizadas y puntos ubicados por Emory.

Después, ambos comisionados abandonaron la cañada de Los Nogales y regresaron a sus respectivas capitales nacionales a escribir sus informes. Mientras, la cañada de Los Nogales regresó al silencio de los siglos que únicamente duraría pocos  años más; dejaban atrás aquella mojonera de piedras que marcaba una nueva frontera internacional, una mojonera de la que tal vez nadie, por entonces, percibía su importancia.

Sunday, July 28, 2013

El comienzo del Rancho Los Nogales

Con este artículo inicio una serie acerca de la historia del punto más estratégico de Nogales, el más importante de la región fronteriza de este lugar, el ubicado alrededor de la mojonera, actual obelisco limítrofe número 122 entre México y los Estados Unidos. Este lugar, esta cañada, desde siempre, tuvo un papel estratégico importantísimo en el comercio. Inicialmente, hace ya varios milenios y debido a que era comunicación entre los ríos Asunción y Santa Cruz, por cañadas como ésta entró al norte el conocimiento de la agricultura o de la cerámica que nacieron en Mesoamérica. Después, ya durante la colonia y los inicios de nustra nación, sería vena comunicante y de abastecimiento de los asentamientos hispanos situados más al Norte y hoy lo es de productos internacionales.

Corría el año de 1841. La de Nogales era entonces una cañada vacía, aún despoblada de mestizos o europeos. Y aunque sí conservamos nombres de algunos de los poblados prehispanos que hubo en las márgenes del  río Santa Cruz al este de Nogales, lugares tales como Bacuacucan que Kino rebautizaría como San Luis Bacoancos y donde hoy se encuentra el pueblo de Mascareñas, o bien Comacavitcam cerca de o donde hoy está el pueblo de Los Picos, por otro lado no se han conservado los nombres de los poblados que debió haber en la cañada nogalense, que por sus restos sabemos que sí los tuvo.

El paso de los siglos no había logrado aún mermar el silencio de la cañada.  México se extendía por entonces hacia el Norte en la región Oeste del continente americano hasta Oregón, ya que los Estados Unidos no lograban aún salir al Océano Pacífico. Ese año, José Elías Redondo, nieto del Capitán Francisco Elías González, quien a su vez fuera el fundador de esa familia en el actual Estado de Sonora, pedía la remedición del rancho que su familia había poseído para entonces ya por alrededor de unos 90 años, el antiguo Cucurisulaqui y que ahora se llamaba Casita. Además, solicitaba “la mensura de los huecos y valdíos (sic) que necesitamos,” y aunque se midió Casita, también se ordenó que fuera integrado un expediente por separado para los baldíos que se denunciaban, mismos que con el tiempo se convertirían en el rancho Los Nogales de Elías. 

El primer paso de este proceso fue la medición de los límites de la nueva superficie de tierra que se denunciaba, los que quedarían entre los terrenos de Casita  misma por el Sur y de la misión de Tumacácori hacia el Norte, tarea que le fue encomendada a Don Francisco Navamuel, quien era una especie de notario, vocación a la que había pertenecido su familia por varias generaciones. 

Navamuel a su vez nombró a varios habitantes de la región, gente con apellidos que aún hoy reconocemos en el Norte de Sonora y Sur de Arizona, fueron Angel Olave y Miguel Apodaca como cordeleros, José Fraijo como contador y José Gallegos como encargado de la brújula. Se preparó, midiéndolo, un cordel de 50 varas (casi 42 metros) al que se le anudó un poste a cada lado para, a caballo, irse turnando cada jinete cordelero y así, contando los cordeles, ir midiendo ese baldío.


LÍMITES DEL RANCHO LOS NOGALES
Iniciando en la mojonera que marcaba el límite norte de Casita, que se encontraba ubicada en el Puerto de Encinas, lugar situado al Sur del actual Nogales, donde la carretera pasa hoy por encima de la vía férrea, se fue recorriendo toda la extensión del entonces despoblado Valle de Los Nogales desde el  Sur hacia el Norte, se pasó por la actual frontera que entonces no existía porque toda Arizona pertenecía aún a México, y se continuó la medición hasta completar 340 cordeles (14,205 m), en un punto situado “por el camino que va al Norte al Presidio de Tubac, las cuales terminaron en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito.”  Era la confluencia de las avenidas Mariposa y carretera antigua a Tucsón en el actual Nogales, Arizona, cerca de donde se encuentra el edificio del Condado de Santa Cruz, y allí se colocó la mojonera norte.

(El siguiente mapa es interactivo. Puedes acercarte y alejarte, lo mismo que cambiar el tipo de información mostrada, como por ejemplo, vista satelital, mapa, etcétera.)



 Además, se agregó en la bitácora de la medición que “...la mojonera de Calabazas está a unos mil pasos más allá, en una loma alta, que cae del otro lado del cañón (o sea en la falda del actualmente llamado Mt. Benedict).” En seguida se midieron 22 cuerdas (919 m) al este y 200 cuerdas (8,356 m) al oeste desde los extremos norte y sur, para obtener una superficie de 7 y medio sitios de terreno con dos caballerías (alrededor de 13,200 Has.), los que fueron tasados en $113 con 1 real y 10 granos.

El 7 de enero de 1843 Elías los compraba y se le concedió el título del ya rancho Los Nogales que, ya lo sabemos, debió su nombre a la existencia de árboles de nogal que crecían en las márgenes del arroyo y cuyas nueces han servido de alimento lo mismo al ser humano que a animales desde tiempos inmemoriales. Después, Elías construiría las casas del rancho en inmediaciones del actual paso a desnivel del camino a Patagonia, dentro del actual Nogales, Arizona.

Sunday, October 21, 2012

De las acciones filibusteras al inicio del rancho La Arizona y Planchas de Plata

Como lo anticipaba en el artículo anterior de esta serie y sabemos los sonorenses, Gastón Raousset Boulbon atacó Guaymas en 1854 aunque fue rechazado y derrotado el 13 de julio por las fuerzas nacionales que encabezaba el Gral. José María Yañez. Esta batalla no es el tema central de este artículo aunque, como ya se sabe, fue una victoria que llevó a que Raousset fuera fusilado el 12 de agosto siguiente y Guaymas declarada ciudad heroica. Esta fue una prueba de que se había equivocado al creer que los sonorenses lo apoyarían para “liberarse de su gobierno opresor” cuando la realidad fue que no aceptaron ambiciones territoriales disfrazadas.

Para entonces, ya había ocurrido la venta de la Mesilla a través de la cual México le vendió a Estados Unidos la región Sur del actual Arizona, la situada entre la frontera y el actual Phoenix, aunque tampoco esta venta ni ninguno de estos actos satisfizo la sed de aventureros por hacerse de más territorio mexicano.

Por ejemplo, Jean Napoleon Zerman intentó tomar La Paz, Baja California, en noviembre de 1855 y fracasó. A esta expedición le seguiría la dirigida por Henry Alexander Crabb, que entró a Sonora y atacó Caborca en 1857 con el resultado de que también falló y perdió la vida, aunque a la vez esta victoria convirtió también a Caborca en heroica. La meta de Crabb, sin duda, había sido hacerse de las míticas minas de Planchas de Plata como antesala para apoderarse de todo Sonora. Así, la región de Planchas de Plata y de La Arizona fue el imán de ambiciones territoriales manifiestas a mediados del siglo XIX.

Vendría después el imperio de Maximiliano en México, y al ser derrotado éste en 1867, empezó la recuperación económica y social del país bajo cuya égida también ocurrió el renacimiento de La Arizona y Planchas de Plata. Y aquí debo mencionar que lo curioso del caso haya sido que el agente de este renacimiento fue precisamente un extranjero, Guillermo Barnett (bisabuelo del autor de estas notas), quien llegó a Sonora procedente, en algunas versiones se dice que de Inglaterra o de Estados Unidos durante la década de 1860. En otras palabras, después de todas las invasiones filibusteras que ya he mencionado, después de todos estos antecedentes, es muy extraño que el gobierno de México y de Sonora le hayan permitido a un extranjero llevar a cabo el desarrollo de la misma región que había despertado todas esas ambiciones extranjeras apenas unos años antes.

Es curioso, también, que Guillermo Barnett no se haya dedicado a la minería como sería natural dada la fama de Planchas de Plata, que se encuentra situada dentro del antiguo rancho de La Arizona, sino a otras actividades económicas como la ganadería y agricultura. Lo único indudable históricamente es que a él le tocó desarrollar el rancho de La Arizona.

Para finales de la década de 1860, Guillermo Barnett  se había casado con una sonorense, Juana Sánchez  e iniciado la formación de una familia aquí. Según la tradición familiar, él le había salvado la vida a Ramón Corral durante su época de periodista lo que llevó a que, en agradecimiento, éste le hubiera facilitado la posesión de La Arizona.

Cualquiera que haya sido lo que sucedió para permitirle a Barnett ser dueño de La Arizona, para fines de la década de 1860 éste era dueño de casas en Villa de Seris y en Hermosillo, además de un rancho en el Distrito de Altar, o sea el mismo lugar que es motivo de estos artículos.

El rancho de La Arizona, 24 sitios de terreno (alrededor de 42 mil hectáreas), había sido denunciado en 1850 por Juan Bautista Gándara, Rafael Buelna, Manuel Monteverde, Florencio Monteverde y Celedonio Ortiz, todos personajes estatales tanto política como económicamente de aquellas épocas, aunque indudablemente este denuncio nunca evolucionó a una posesión real, debido a los factores que ya he mencionado anteriormente.


Además, es indudable que la superficie que terminó siendo de Barnett fue mayor que la de este denuncio, ya que con el transcurso del tiempo fue adquiriendo diversos ranchos aledaños a La Arizona, como por ejemplo Corral Quemado, Jotaiquí, La Plomosa, el Viacrucis, etcétera.

Guillermo Barnett formaría en La Arizona un rancho que era autosuficiente en casi todo. Producía, además del usual ganado y granos, caña de azúcar a pesar de las heladas invernales, había un molino de harina y enlataba fruta y otros productos que se vendían tanto en Sonora como en el entonces territorio de Arizona. Por ejemplo, de acuerdo con un periódico de Nogales, Arizona, en 1895 se habían producido en el rancho 3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras. Además, se preparaba para producir leche enlatada condensada, la que vendería bajo la marca del nombre del rancho.


Y en cuanto a Planchas de Plata, por entonces había renacido como mineral, ya que años antes de que surgiera Nogales, en 1872 Remigio Rivera y Francisco Gastelum descubrieron una nueva veta en el lugar, descubrimiento que ocasionó que se empezara a poblar el mineral al grado que se eligió con un ayuntamiento propio, poblado que, sin embargo, al igual a como había sucedido durante la colonia, tampoco duró mucho.


Sunday, October 14, 2012

Entre Dos Expediciones Filibusteras


En la primavera de 1853 eran expulsados de Sonora los filibusteros franceses que había dirigido Gastón de Raousset-Boulbon para atacar Hermosillo y enviados a San Francisco, según vimos anteriormente. Habían buscado proteger la mina Planchas de Plata, al suroeste de Nogales, población que todavía no existía, para poder explotarla.

México acababa de pasar por una revolución que llevó a la renuncia del Presidente Arista, y en marzo de ese 1853 asumía nuevamente el poder Santa Anna. De inmediato, en vez de adoptar el sistema federal disolvió al Congreso Nacional, abolió las legislaturas estatales reduciendo a los Estados a Departamentos y adoptó el sistema centralista. Durante esos mismos meses, una combinación de hechos marcó para siempre la historia de nuestro país. Todos fueron simultáneos aunque sólo puedo presentarlos uno después de otro.

El más importante fue la negociación del Tratado de la Mesilla (conocido como Gadsden en los Estados Unidos), negociación iniciada también en 1853, y que fue firmado el 30 de diciembre, y cuyas principales cláusulas fueron la abrogación del artículo del Tratado de Guadalupe-Hidalgo que hacía responsables a los Estados Unidos de las tropelías que causaran en México los Apaches que vivían en la nación vecina, y la venta a Estados Unidos del territorio situado al Sur del Río Gila. Y a pesar que se piensa que la iniciativa de vender ese territorio partió de Santa Anna, en realidad éste se negó a vender y únicamente aceptó la opción donde vendería el menor territorio posible después de recibir varias amenazas que de cualquier manera México perdería. (Se puede ver más detalles en el siguiente artículo)

En Sonora, Manuel María Gándara había sido electo gobernador en diciembre de 1852 y nombrado Comandante General poco después. Mientras, se recrudecían los asaltos Apaches y continuaba el interés por los minerales de La Arizona; en diciembre de 1852 el periódico Alta California decía: “Un rico espécimen de plata de la Mina de La Arizona   ha sido mostrada al Editor…. Es casi pura y habla muy a favor de la riqueza de esas minas;” además, el gobernador interino de Sonora dirigió un plan para explotar las minas de La Arizona, aunque su expedición fracasó.

Gastón de Raousset había recibido un salvoconducto para ir de San Francisco a México a entrevistarse con un Santa Anna que se debatía entre la duda de colonizar la frontera con gente que no fuera anglosajona para evitar repetir el error por el que se había perdido Texas, o no hacer nada. Raousset primero le propuso traer seis mil hombres a Sonora dentro de seis años para que la colonizaran, aunque cuando notó que a Santa Anna no le gustaba esa oferta, propuso traer una fuerza de quinientos hombres armados, equipados y organizados militarmente para expulsar a los temibles Apaches dentro de un periodo de dos años. En septiembre el Ministro de Guerra le preguntaba al gobernador Gándara su opinión sobre las propuestas de Raousset, y cuando éste respondió recordando la invasión filibustera de 1852, y que no era necesario conseguir más tropas, ya que con los soldados mexicanos existentes se podía defender el territorio, Santa Anna decidió rechazar la oferta de Raousset y éste regresó con las manos vacías a San Francisco.

William Walker
Pero eso no era todo, además poco antes de la firma del  Tratado de La Mesilla, otro aventurero más, William Walker, había llegado a Guaymas, y el 17 de octubre de 1853, en la fragata “Carolina” perteneciente al cónsul estadounidense en Guaymas, Juan Alfredo Robinson, Walker y 45 hombres se hicieron a la mar; en La Paz, Baja California, detuvieron al gobernador de la península y proclamaron la independencia de Baja California, aunque tampoco tuvieron éxito. El único resultado de esta expedición fue que el gobierno estadounidense le quitó el consulado estadounidense en Guaymas a Juan Alfredo Robinson por haberse involucrado en esa aventura filibustera mientras se negociaba el Tratado de la Mesilla.

Raousset
Pasaron los días y Santa Anna, preocupado por la posibilidad de que se formaran otras expediciones angloamericanas como la de Walker, el 31 de enero de 1854 invitaba a extranjeros que no fuesen angloamericanos a entrar al servicio militar en México por un año y, terminado este periodo, podrían continuar en el ejército o convertirse en colonos. Esta noticia fue bienvenida por Raousset, quien para entonces había regresado a San Francisco y estaba pendiente de alguna novedad. Al recibir esa información, reunió a más de trescientos hombres y se preparó a venir al Estado.

El 25 de junio de 1854 partía de San Francisco, cinco días antes de que entrara en efecto el Tratado de la Mesilla. De esta manera, Raousset desembarcaría en un Sonora ya legalmente partido en dos el 1 de julio, aunque todavía soñaba, según lo mencionara en dos cartas que les envió a sus correligionarios, en hacerse justicia, buscar la libertad de los sonorenses de su gobierno, y conseguir la riqueza de La Arizona para sus hombres.

Sunday, October 7, 2012

Primera expedicion filibustera de Raousset



En el artículo anterior veíamos cómo la compañía Jecker-Torre formó la “Restauradora de La Arizona” para recuperar los antiguos minerales de Planchas de Plata, lugar situado a unos 25 Km. al suroeste del actual Nogales, que había adquirido. Así, el Conde Gastón Raousset-Boulbon firmaba el 7 de abril de 1852 en la Ciudad de México un contrato con Jecker para organizar una fuerza armada que protegiera a la Restauradora y “defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.” Mientras, otra compañía, la Barrón-Forbes, organizaba a otra, la “Sociedad Esploradora [sic] de Metales de Sonora,” con casi las mismas características que la Restauradora aunque sin incluir colonos extranjeros, y un agente suyo, Adrian Daste, fue enviado a buscar minerales a Sonora en abril y mayo acompañando a una expedición punitiva al mando del General Miguel Blanco, Comandante Militar de la Frontera. Además, la posesión de La Arizona llegó a los tribunales sonorenses, porque Barrón-Forbes reclamaba derechos previos sobre ella.

Así fue cómo, el 1 de junio, al mando de una fuerza de unos 250 colonos-soldados armados, dos cañones y en formación militar, Raousset desembarcaba en Guaymas en un acto violatorio a la ley de Sonora que prohibía manifestaciones castrenses, por lo que de inmediato recibió una reprimenda del Gobierno del Estado. Raousset, que  tenía experiencia política europea al haber sido candidato en Francia a la Asamblea Legislativa, no pudo dejar de percibir que sus exhibiciones marciales no eran bien recibidas por nadie aquí, aunque prefirió continuarlas.




El 28 de junio, y obedeciendo órdenes del gobierno de Sonora, el grupo dirigido por Raousset y el Coronel María Jiménez, representante mexicano de la compañía, partieron rumbo a Hermosillo, a donde llegaron haciendo nuevamente ostentación de sus armas en contravención de las órdenes recibidas. En Hermosillo, Raousset rehusó dar cuenta de $30,000 pesos que Jiménez le había entregado para abastecer la expedición y  le pidió más dinero, petición que Jiménez rechazó al principio aunque al final lo pagó.

Luego, Raousset rehusó obedecer la orden de Blanco de que Jiménez y Raousset permitieran que la fuerza de franceses fueran a Sáric mientras ellos irían a Arizpe a entrevistarse con él. En vez de ello, decidió acompañar al grupo a Sáric mientras que Jiménez fue a Arizpe a la entrevista  con Blanco. Esta y otras acciones de Raousset que sería largo enumerar aquí, llevaron al General Blanco a ir a Ures, capital entonces de Sonora, a preparar una expedición punitiva contra el francés. Además, el 8 y 9 de septiembre, Jiménez mismo apeló en repetidas ocasiones al Conde, haciéndolo responsable de lo que sucediera si no se sometía, y agregó que el Ministro francés en México, André Le Vasseur, le había dicho que los intereses de la Restauradora y la Exploradora habían sido consolidados, por lo que ya no había disputa entre ellas; esperó una semana y al no recibir respuesta, inició su regreso a México.

En septiembre 24, Blanco le escribió nuevamente a Raousset con una oferta final, pidiéndole que únicamente abandonara su organización y equipo militares. Sin embargo, ya para entonces Raousset había iniciado las hostilidades: cerca de Sáric se apoderó de un cargamento de dinero y abastecimientos destinados a Daste, y a fines de septiembre acampó en las afueras de Magdalena en anticipación de las fiestas anuales a San Francisco para hablar con los notables de Sonora que asistían para convencerlos de unírsele. Además, el 5 de octubre escribió al Gobernador Cubillas, diciéndole que éste sería culpable de las consecuencias de cualquier demostración de fuerza de parte del Gobierno de Sonora en su contra. Allí, en Magdalena permanecieron del 1 al 6, estancia que aprovechó el Conde para tener un affaire amoroso con María Antonia, hija del Prefecto de Altar.

El gobierno de Sonora pensaba que los franceses se dirigirían a atacar la capital, Ures, aunque el objetivo de éstos fue Hermosillo, ciudad que tomaron por las armas en una victoria pírrica, ya que no obtuvieron el apoyo que buscaban y muchos enfermaron. Luego decidieron ir a Guaymas para esperar la llegada de más refuerzos por barco, aunque la salud de Raousset agravó y se vió a las puertas de la muerte. En Guaymas ofreció rendirse, y el 4 de noviembre se firmó el acuerdo de paz. Todos los franceses fueron embarcados para San Francisco, pagando el viaje los sonorenses, ya que la compañía Jecker-Torre los había desconocido.

No existe un testimonio escrito de ello, pero un hecho que corrobora que los franceses estuvieron en La Arizona y Planchas de Plata es que a su regreso a San Francisco algunos llevaban pedazos de plata que habían conseguido durante su estancia en Sonora, mismos que servirían para alimentar la leyenda de La Arizona. Así terminó esa primera etapa de la aventura de Raousset en Sonora. En la siguiente continuaré con la segunda.

Sunday, August 19, 2012

Los ranchos del Municipio de Nogales


A todo mundo le gusta andar a caballo, ya sea recorrer velozmente los paisajes sonorenses a galope o bien a paso lento de la cabalgadura ir deteniéndose a cada oportunidad que ofrece el cambiante paisaje, pero desde siempre el caballo ha constituido uno de los mayores placeres que puede ofrecer Sonora a quien se aleje de nuestras ciudades y se sumerja en el silencio de nuestras regiones rurales. De esta tradición ecuestre de Sonora se deriva, precisamente, otro de los más importantes temas que podemos tocar acerca de la historia de nuestra entidad, aunque en este caso únicamente hablaré de la región de Nogales: sus ranchos; y es que en la historia de este municipio tuvo una importancia primordial la historia de sus ranchos antes de, durante el Porfirismo y en la época contemporánea.

Como ya sabemos, el antiguo rancho de Los Nogales de Elías, donde surgiría esta población, fue adquirido por José Elías Redondo en 1843, y comprendía una franja de unas 13,200 hectáreas que se extendía de Sur a Norte a lo largo del Arroyo Los Nogales, atravesando una frontera que aún no existía, desde el Puerto de Encinas por el Sur, hasta la cañada de Mariposa por el Norte, situada en el actual Nogales, Arizona.

Vendría después la adquisición de territorio mexicano por los Estados Unidos, y entre ellos el Tratado de la Mesilla que originalmente dividió al rancho Los Nogales en dos naciones, donde después surgirían dos poblaciones, la mexicana y la estadounidense. Y para inicios del siglo XX, cuando nadie se imaginaba que ocurriría el movimiento armado de la revolución mexicana, el municipio de Nogales, Sonora, que había sido fundado en 1884, contaba con las siguientes haciendas: sobre las márgenes del río Santa Cruz se encontraban Santa Bárbara y Buenavista, adquiridas por Manuel Mascareñas Porras a mediados de la década de 1880. Buenavista había surgido como rancho que adquiriera en 1758 la madre de Juan Bautista de Anza, Rosa Becerra Nieto, mientras que Santa Bárbara había sido establecida en 1720 por Diego Romero. Así fue cómo Manuel Mascareñas se convirtió en dueño de una superficie de 36,460 hectáreas.

Además de estas haciendas sobre el río Santa Cruz estaba también,  situada en el suroeste de Nogales, en la confluencia del arroyo Planchas de Plata con el de la Arizona,  la hacienda de La Arizona, misma que surgiera alrededor de 1740 cuando el descubrimiento de las famosísimas Planchas de Plata. Por aquel entonces era un rancho del Barón Gabriel Prudhón de Heider y Múgica, Alcalde Mayor de Sonora. Pasó el tiempo, y  en la década de 1850 o 1860, La Arizona fue adquirida por Guillermo Barnett, con una superficie de aproximadamente 50 mil hectáreas que crecería eventualmente hasta alrededor de 100 mil.

Finalmente, hacia el Sur del actual Nogales se encontraba Cíbuta, hacienda que originalmente surgiera como un rancho ganadero establecido por el misionero Jesuita, Eusebio Francisco Kino, y cuyo dueño para la época que nos ocupa, finales del siglo XIX  y principios del XX, era José Pierson, quien también poseía otras propiedades cerca de Imuris. Además de estas haciendas, el municipio de Nogales contaba con los ranchos de Agua Zarca y Destiladera, y los minerales de Promontorios, Viacrucis y Planchas de Plata.

Todas estas haciendas y ranchos del municipio eran empresas ganaderas, además de tener producción agrícola: Buenavista y Santa Bárbara se centraban antes de la revolución mexicana en la producción de pastura, cereales y vegetales, mientras que La Arizona producía principalmente frutas. Hay, por ejemplo, una noticia periodística que nos informa que en La Arizona se producían a finales del siglo XIX vegetales, pieles curtidas, jabón y fruta enlatada (3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras, además de una cantidad no especificada de leche condensada enlatada). Más hacia el sur, Cíbuta también producía verduras y cereales. En total, estos ranchos empleaban a unos 100 jornaleros con sueldos de $1.50 diarios, sueldos que confirmaría la revolución mexicana.

Hasta hace poco, gran parte de estas haciendas y ranchos habían sido disgregados y convertidos en ejidos como consecuencia de la revolución, aunque como resultado de las reformas al Artículo 27 de la Constitución en 1992, el agro se encuentra actualmente inmerso en un proceso de cambio en el régimen de tenencia de la tierra. De esta manera, el día de hoy, el visitante a aquellos antiguos lugares puede encontrar, junto con la posesión ejidal de la tierra, a la reserva territorial para el crecimiento urbano nogalense, al nuevamente creciente rancho ganadero o bien a la casa suburbana de alguna familia nogalense que es dueña de un pequeño pedazo de tierra en donde esa familia pasa los fines de semana trabajando la tierra, regresando al ancestral pasatiempo sonorense de arañarla para hacerla producir, o lo que es lo mismo, trabajando mientras se convive con el silencio del campo.

Sunday, August 5, 2012

Como era Nogales en sus inicios


Me han preguntado sobre cómo era Nogales al terminar el siglo XIX, así que para responder interrumpo mi serie sobre la minería. Este artículo lo dedicaré al tema de los inicios de Nogales, aunque prometo volver a las minas, así como tocar el tema de la agricultura y ganadería locales en algún artículo futuro.

Como ya sabemos, Nogales, Sonora, nació en 1884, después de que en agosto, pero de 1880, fueran establecidas las aduanas de Palominas, Los Nogales, Sásabe y Quitovaquita. Para 1890, el lado sonorense tenía unos 2,500 habitantes  y para 1900 ya superábamos los 5,700.  Esto mientras que nuestra población hermana, siempre menor, en 1900 alcanzaba los 1,200 habitantes.  La actividad económica en Ambos Nogales era complementaria entre ambas poblaciones: los diversos productos se podían adquirir o bien del lado sonorense o del arizonense.

La Aduana de Nogales, Sonora
El paisaje nogalense estaba dominado por el imponente edificio de la aduana de Nogales, Sonora, construido en 1887, y del lado arizonense el templo másónico, terminado en 1897, hacía lo mismo. Había además cuatro templos religiosos del lado estadounidense: el católico, el Congregacional, el Metodista Americano y el Metodista Mexicano, mientras que en el lado sonorense estaba el templo católico. Había, además, una escuela básica en cada lado de la frontera.

Templo masónico en Nogales, Arizona
Aunque el espacio no me alcanza para mencionar todas las actividades económicas de ambos Nogales, no puedo dejar de mencionar que las agencias aduanales fueron la principal actividad económica local, y de ellas la primera fue la de de Próspero y Aurelio Sandoval, inaugurada en diciembre de 1884. Próspero era también el Agente del Timbre Fiscal, mientras que su hermano era el Delegado de la Secretaría de Obras Públicas, funciones que les facilitaban enormemente la realización exitosa de sus trámites. Pero esta agencia no era la única. La segunda establecida en esta frontera, de Cirilo Ramírez, había sido establecida en 1886, mientras que la de Alejandro Joffroy iniciaría operaciones el último año del siglo XIX.

Entre los principales agentes mineros, además de la Casa Sandoval,  estaban Willis P. Harlow y John A. Gowan, quienes administraban la mina Santa Rosalía, cercana a Arizpe, y El Socorro, del Distrito de Ures. Además, en Nogales, Arizona estaban las oficinas de muchas minas sonorenses, como las de Santa Elena, cercana a Banámichi, administrada por el Capitán Leander Mix, concuño del Gobernador Ramón Corral.


El comercio de Ambos Nogales era muy diferente al actual. La colonia francesa dominaba en la población sonorense, encabezada por los hermanos Donnadieu, quienes habían inaugurado “La Ciudad de México” en 1892; vendían desde telas hasta vinos, licores y cigarros, así como alimentos enlatados importados de Estados Unidos y Europa. También estaba “La Moda,” de Leon Horvilleur, dueño además de “Las Ciudades de Francia” en Guaymas y “La Ciudad de París” en Hermosillo. El edificio local de “La Moda” aún hoy subsiste sobre la Calle Ruiz Cortines (y cuya imagen muestro adjunta), es una construcción de ladrillo de dos pisos, inaugurado en mayo de 1897, y se especializaba en muebles y ropa. Por otro lado, la tienda más importante de Nogales, Arizona, era “Escalada Hermanos,” españoles que inauguraron su negocio en  1892, dedicándose a la venta de artículos comestibles y para ranchos. Además, estaba el Banco Internacional de Nogales, establecido en 1892 en la población arizonense.

Antiguo Hotel Cazabón
Aledaño a la frontera, del lado sonorense, el Hotel Cazabón, establecido en 1886 en un edificio de dos pisos que se encuentra hoy aledaño a la frontera, entre calles Elías y Ruiz Cortínez (entonces Colón), se preciaba de ser el mejor de ambas poblados, ya que diariamente ofrecía ostiones traídos por tren desde Guaymas en su restaurante, aunque competía con el Hotel Montezuma, un edificio de tres niveles ubicado frente a la placita de Nogales, Arizona, cuyo dueño era Robert Williams. Adjunto se encontraba el establo de Arturo Peck, negocio fundado en 1891 después de que el Apache Gerónimo matara a toda la familia de Peck al Norte de Nogales en 1886. Finalmente, la maderería y ferretería de William Roy y Edward Titcomb, ubicada frente a donde actualmente se encuentra la antigua escuela High School de Nogales, Arizona, incluía una fábrica de hielo y había generado desde 1887 energía eléctrica para Ambos Nogales, y de agua potable desde 1895.

Finalmente, y para dar una idea de los afanes culturales de entonces, no puedo dejar de mencionar la Sonora News Company, librería que iniciara operaciones en esta frontera en 1885, y que vendía, además de los principales periódicos del mundo, los locales de Nogales, Arizona The Oasis, y The Border Vidette, o los del lado sonorense, el semanario El Eco de la Frontera; El Monitor y El Tráfico, que fuera cambiado a Nogales, Sonora, en 1896 desde su inicio en Guaymas.

Además, Nogales, Arizona, se preciaba de contar con la Opera House donde se realizaban actuaciones de la Dramatic Association, o los bailes realizados periódicamente en la aduana mexicana por lo más selecto de los notables locales. Eran dos ciudades gemelas que habían nacido y prosperado al amparo de las políticas de aliento económico del Porfirismo, aunque a fin de cuentas el cambio generado por la revolución, en vez de frenarlos, incrementó su crecimiento.

Sunday, June 24, 2012

Nogales y sus calles


Una de las ventajas que los habitantes de la región lograron de inmediato, gracias a la comunicación que ofreció el ferrocarril, fue que ya se podían comprar, desde Hermosillo hasta Tucsón, ostiones recién extraídos del Golfo de California en Guaymas. Y aunque originalmente se creyó que las líneas de diligencias serían reemplazadas por el tren, en realidad no sucedió así, ya que el ferrocarril cobraba más del doble. Un boleto en diligencia desde Tucsón hasta la frontera costaba $7 dlls, aunque muchos de los pasajeros preferían pagar $6 y detenerse en el nuevo hotel Santa Rita, de Calabazas (actual Río Rico), donde por algunos meses estuvo la aduana estadounidense y allí comer para luego hospedarse en uno de los cuartos de esa construcción de ladrillo de dos niveles, maravillándose con las comodidades que ofrecía la modernidad como agua corriente y timbres eléctricos en cada habitación. Y en sentido contrario, diariamente partía de Guaymas un tren que de inmediato fue bautizado como El Emigrante, el que después de cruzar la frontera, llegaba a la aduana estadounidense en Calabazas, para luego continuar a Benson, Arizona, en donde los pasajeros transbordaban a otro para dirigirse ya fuera al Este, al Paso, y de allí ir también por ferrocarril al centro de México, o bien al Oeste, a Tucsón o San Francisco.

El impacto que trajo el ferrocarril sobre la fauna nativa fue enorme. Las noticias abundaban de osos que huían al sentir que se aproximaba el tren, y de la misma manera se multiplicaron los casos de oseznos que fueron atrapados y conservados como mascotas, ya fuera en Nogales o en Tucsón.

Plano de Nogales de 1884
Nogales, para entonces, era un dinámico asentamiento de más de cien carpas. El plano original de Ambos Nogales, como ya vimos en el artículo anterior, fue realizado en 1884 por los ingenieros Ignacio Bonillas y Chas Herbert para acompañar al contrato de adquisición del terreno que establecía el fundo legal de la población fronteriza sonorense. Al verlo, de inmediato salta a la vista que los ingenieros intentaron acomodar las dos nuevas poblaciones alrededor de los terrenos que ya había adquirido el ferrocarril, cuya línea había sido inaugurada dos años antes, en 1882; una vía férrea que corre a lo largo de la cañada de Los Nogales, en Sonora en una dirección general de Sur a Norte, aunque unos metros antes de alcanzar la frontera tuerce hacia el Noreste para continuar en Arizona la cañada que sigue con ese mismo rumbo.

Las calles que fueron diseñadas de Sur a Norte en ambas poblaciones, según el plano continuarían ininterrumpidas a través de la frontera, como si la orografía no se interpusiera en su trazo ni existiera la línea como se le llamaba en Sonora o “the line” en Arizona. Así, se diseñaron calles que separarían cuadras que a su vez se hallaban partidas en dos por callejones de servicio. Cabe agregar que los nombres adoptados entonces para la población del lado sonorense resultaron ser los definitivos, mientras que los de sus continuaciones en Arizona, aunque conservaron el trazo definido en ese plano, cambiaron de nombre poco después.

Así, en la población sonorense, como principales calles de Sur a Norte tenemos a la Calle de los Ingenieros, la de Arizpe (cuyo nombre le fue cambiado por el de Obregón después del asesinato del presidente electo), la calle de Juárez y la de Pesqueira, mientras que sus continuaciones del lado arizonense recibieron los de Nelson, Hampson y Early, las que poco después fueron cambiadas por West, Sonoita y Terrace.

Además, se planeó una calle principal que atravesaría toda la población de Sur a Norte, al Este de la vía férrea, que llevaría el nombre de Calle de Elías del lado sonorense y Calle Morley en el arizonense. Pero la orografía y demás condiciones locales se impusieron al final, ya que en Nogales, Sonora, el nombre de calle de Elías le fue asignado únicamente a la callecita que aún hoy lleva ese nombre.

Cantina de Brickwood y la mojonera de piedras
Por otro lado, a lo largo de la frontera, del lado sonorense, se encontraba la Calle Camou (actual Internacional) que separaba a los edificios sonorenses de la frontera misma, mientras que en el lado arizonense aún no había calle Internacional por lo que sus construcciones se aglomeraban sobre la frontera misma, a tal grado que se decía que la pintura de sus paredes se encontraba en México.

Se dio el caso, por ejemplo, que la cantina de Brickwood tuviera una caja colgada del corredor, que estaba ya en Sonora, y así su dueño podía evadir el pago de impuestos sobre los cigarros que Brickwood vendía en su negocio, situado en Arizona. Esta cantina tenía también un nicho para acomodar la mojonera de piedras erigida en 1855 para definir la línea, mojonera que hoy corresponde al Monumento Internacional Número 122, situado unos pasos al Oeste de la garita peatonal, del callejón Elías.

Sunday, June 17, 2012

El Contrato del Fundo Legal de Nogales


Según vimos en el artículo anterior de esta serie, la ley No 29, publicada el 11 de julio de 1884, fundó a nuestra población y Municipio de Nogales, y en su segunda cláusula facultaba al Gobernador del Estado “para que arregle” con los dueños del rancho Los Nogales la adquisición del terreno necesario “para facilitar el progreso de la citada municipalidad.”  Los ingenieros Ignacio Bonillas y Charles Herbert fueron contratados para que diseñaran el plano de ambas poblaciones hermanas, Nogales, Sonora, y Nogales, Arizona, divididas por la frontera internacional, y el día 28 de agosto de ese mismo año acudía Conrado Aguirre desde Magdalena, donde vivía, al Palacio de Gobierno del Estado, en Hermosillo, a reunirse con el Gobernador del Estado, y allí se encontró también con el Sr. José Camou, quien vivía en Hermosillo. Aguirre iba en representación de los condueños de la mitad del terreno de Los Nogales: Ana Salazar vda. de Elías, Carmen Elías su mujer, su cuñado Antonio Campillo y Don José Pierson; mientras que Camou representaba la otra mitad, que le pertenecía.

Ya en la reunión con el Ejecutivo del Estado acordaron que los condueños harían “cesión perpetua e irrevocable al gobierno del Estado de Sonora de un terreno cuadrado de mil doscientas varas por lado … para el fundo legal de la población…” aunque se reservaron algunos lotes que ya habían vendido a diversas personas, así como otros más que conservarían para sí mismos en la población nogalense.  Por otro lado, y para compensar el terreno que los condueños le habían vendido ya al ferrocarril, se estipuló que se tomaría “además del cuadrado de 1,200 varas por lado, 100 varas más, por alguno de los lados y en todo el largo de éste, pudiendo el Ayuntamiento tomarlas por el que estime conveniente.” Posteriormente, siguiendo esta estipulación, fueron medidas 100 varas más del lado sur del terreno con lo que el Fundo Legal quedó finalmente delimitado en forma de rectángulo que iba desde la frontera hasta el actual callejón Ramos.



Nogales, Arizona, por otro lado, no contaba por entonces con la certeza jurídica de la posesión del terreno en que se asentaría esa población arizonense, debido a que Don José Camou y demás dueños, que para entonces habían comprado ese terreno, apelaron ante la justicia estadounidense su pertenencia en Arizona del Rancho Los Nogales. De cualquier manera, el 21 de julio de 1893 la Mesa de Supervisores del Condado de Pima, ya que aún no nacía el Condado de Santa Cruz, firmaron los papeles para incorporar Nogales, Arizona, aunque una de las acostumbradas tormentas veraniegas de esta región causó una inundación que impidió que los nuevos Nogalenses de Arizona pudieran asistir a la ceremonia que se realizó en Tucsón.  Esta tormenta, sin embargo, no fue un impedimento para que participaran en la ceremonia, ya que  los Supervisores la repitieron el día siguiente, cuando el río Santa Cruz había bajado, y así la fecha oficial del nacimiento de la municipalidad de Nogales, Arizona, quedó para la posteridad como el día 22. Tres años después la Suprema Corte de Justicia de los EEUU invalidaba la reclamación de Camou, y así la vecina población pudo tener posesión del terreno en que se asentaba esa población. El Condado de Santa Cruz, por otro lado, nacería al ser segregado del de Pima el 15 de marzo de 1899.

Nogales, Sonora, tuvo desde su nacimiento un enorme crecimiento. En diciembre de ese mismo año de 1884 era fundada  la primera agencia aduanal nogalense, de Próspero Sandoval, y el año siguiente, Manuel Mascareñas adquiría la cercana Hacienda de Santa Bárbara, en las márgenes del río Santa Cruz, al Este de la nueva población, la que de esta manera se agregó a las otras dos que ya existían en el Municipio, Cíbuta de Don José Pierson, y La Arizona de Guillermo Barnett.

Para inicios de 1887, Nogales, Sonora, alcanzaba 886 habitantes, mientras que en el Municipio se llegaba a 1,484, a la vez que nuestra población hermana tenía 400 habitantes. Diez años después eran 1,296 los nogalenses del poblado sonorense, y 1,810 los habitantes del municipio (puedes ver la historia del crecimiento en población de Nogales, aquí). Este era un anticipo del enorme crecimiento que tendría en adelante Nogales hasta llegar a ser lo que es hoy: el principal puerto internacional de Sonora.

Sin embargo, ese verano de 1884, al ser rubricado el Contrato para establecer el Fundo Legal de Nogales, Sonora, nadie podía prever lo que traería el futuro. Así fue cómo, después de haber firmado los documentos necesarios de cesión del terreno para establecer el Fundo Legal de la nueva población sonorense, Conrado Aguirre regresó a Magdalena a darle la noticia a su esposa, Carmen Elías, así como a su suegra, Ana Salazar, entonces ya viuda de José Elías, quien fuera el denunciante original del rancho, y a los demás condueños, de que nacía un poblado en la cañada que atraviesa la frontera, poblado que al igual que el antiguo rancho del lugar, también se llamaría Nogales.


Sunday, June 10, 2012

Nogales es fundado


La mojonera limítrofe, erigida en 1855
Y así llegamos al momento de la fundación de Nogales, aunque antes debo explicar sus antecedentes: el incremento del comercio internacional por la cañada del rancho del mismo nombre  gracias a la paz porfiriana había llevado al establecimiento de aduanas fronterizas como la de Nogales y a la inauguración del Ferrocarril de Sonora en esta cañada empezando la década de 1880, a un lado de la mojonera de piedras que marcaba la frontera establecida por el Tratado de la Mesilla. Mojonera que había sido erigida en mayo de 1855 y que dividía en dos naciones el terreno del rancho Los Nogales, que databa de 1841.

Límites del Rancho Los Nogales
Este rancho abarcaba desde el actual puente sobre el ferrocarril del Puerto de Encinas, ubacado al Sur del actual Nogales, Sonora, hasta terminar por el Norte “por el camino que va… al Presidio de Tubac… en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito". Es decir, en el actual Nogales, Arizona, en la confluencia de las avenidas Grand y Mariposa, cerca del edificio del complejo del Condado de Santa Cruz, ninguno de los cuales existía obviamente entonces, y en territorio que aún le pertenecía a México.

Después de la inauguración del ferrocarril, terminando diciembre de 1882 había sido concluido el edificio más notable hasta entonces del lugar, la estación ferroviaria. Era una construcción de madera de dos niveles situada exactamente sobre la frontera a un lado de la vía férrea, parte del edificio en México y parte en los Estados Unidos. Además, adosado a su extremo sur fue construido otro más de madera, mucho más pequeño y que constituía la aduana de Nogales, Sonora.

El año siguiente, 1883, el terreno en donde surgiría esta población era todavía un rancho cuya dueña era Ana Salazar, para entonces viuda del denunciante original, José Elías, además de sus hijos y descendientes y de otros condueños, José Camou y José Pierson, quienes habían adquirido partes indivisas del rancho Los Nogales, mientras que parte del rancho que se encontraba en Estados Unidos había sido adquirido por Frank Ely y George Howard. Fue entonces cuando, además de los terrenos en Sonora que ya había adquirido el ferrocarril, alrededor de esa mojonera de piedras se fue estableciendo, como vimos en el artículo anterior, gente que vivía en “pequeños jacales” según ellos mismos los describieron cuando le pidieron ayuda al gobierno del Estado para poder adquirir “un pedazo de tierra” en el lugar, ya que consideraban “que al Estado en particular y al país en general, les es de todo punto indispensable tener en este lugar una población respetable, por ser este en el que está la línea divisoria entre las dos naciones.” 

En respuesta a esta petición que, como vemos únicamente fue para poder comprar los terrenos para hacer sus casas, el Congreso del Estado aprobó el día 9 de julio de 1884 el Decreto No. 29, mismo que fue firmado por el Gobernador Luis Emeterio Torres un día después y publicado en el periódico oficial el día 11, y que tenía dos artículos. El primero, el más importante, le daba existencia legal a la entidad nogalense al erigirla como municipalidad, mientras que el segundo respondía a la petición de poder adquirir terrenos, ya que facultaba al Ejecutivo para que arreglara con los dueños del rancho “la adquisición de solares y de todas las ventajas que sean necesarias para facilitar el progreso de la expresada municipalidad.”

Debo agregar que por entonces, en el actual Nogales, Arizona, no había nada. En 1880, al mismo tiempo que era inaugurada la aduana del lado mexicano de la frontera, Jacobo Isaacson había establecido una agencia postal en el lado estadounidense, de donde algunos creen erróneamente que es el origen del Nogales arizonense, aunque una estación postal no es una población.

El proyecto de Calabazas de Sykes
Al mismo tiempo, el dueño de Calabazas (actual Río Rico), C. P. Sykes,  tenía la esperanza de que la aduana estadounidense fuera ubicada en Calabazas para beneficiar el desarrollo de esa región que era de su propiedad, aunque al final Nogales ganó ya que estaba ubicado sobre la frontera misma. Para dar una idea de su proyecto,acudamos a un sardónico artículo ttitulado Clásicos de Calabazas que apareció en el periódico Tombstone Epitaph: "Lleno de magníficos dibujos que representaban al rugiente río Santa Cruz en crecida, con barcos de vapor y pesados botes en los muelles descargando, mientras que en la distancia se alcanza a divisar el humo de una docena de hornos con vivaces locomotoras acarreando [mineral?] a los numerosos molinos."

Por otro lado, la Municipalidad de Nogales Arizona tendría que esperar al 21 de julio de 1893 para ser establecida, aún cuando para entonces se habían erigido múltiples construcciones en el poblado arizonense, a pesar de que los dueños del terreno, Frank Ely, Juan Pedro Camou y George Howard, acudieron a los tribunales estadounidenses reclamando el reconocimiento legal de su posesión,  y no fue sino hasta que la Suprema Corte de Justicia estadounidense declaró inválida esa reclamación el 2 de marzo de 1896 que se pudieron ya vender y comprar legalmente lotes en el poblado arizonense.

Sunday, June 3, 2012

En Vísperas de la fundación de Nogales


En el artículo anterior de esta serie cubrimos la inauguración del Ferrocarril de Sonora en el entonces rancho de Los Nogales. Eso me lleva a explicar que a pesar de que se sostenga que Nogales tuvo su origen ya sea el 2 de agosto de 1880 al establecerse la aduana, o bien el 25 de octubre de 1882 al inaugurarse el ferrocarril, en verdad ninguna de esas fechas corresponde a la fundación de la población de Nogales, como se demuestra  en este artículo.

Días antes de la inauguración del ferrocarril, el 12 de octubre de 1882 el Cónsul de México en Tucsón informaba que en la frontera, en el punto en que el tren aún hoy la cruza, había surgido un campamento formado por sus trabajadores, "el que indudablemente van a abandonar tan pronto como termine el trabajo,” y hasta explicaba el porqué: no había agua en el lugar, ya que la que se consumía localmente era llevada por tren o extraída de algunos pozos locales. Era un campamento de 18 carpas que se extendía de Este a Oeste desde la vía férrea hasta la actual calle Obregón, y de poco más al Norte de la frontera hasta tal vez el callejón Ochoa por el Sur. Obvia decir que estas calles aún no existían y sólo las menciono como referencia.

Además, gracias a la descripción de un antropólogo holandés, Herman Ten Kate, quien visitó poco después el Sur de Arizona y Norte de Sonora, podemos saber cómo era Nogales entonces. Después de visitar Tucsón y la iglesia de San Xavier del Bac, Kate tomó el ferrocarril para dirigirse a Sonora y llegó a Los Nogales a las 9 de la noche del 10 de enero de 1883. Su sombría descripción del lugar indudablemente fue influenciada por la luna nueva de esa noche, a la tenue luminosidad de las lámparas de petróleo de las tiendas de campaña que apenas lograba romper la obscuridad de la cañada nogalense y al impacto que debió causarle el percibir una cultura diferente a la propia, delimitada por una línea entonces invisible, la frontera. Así escribió:

“Siguiendo el reflejo de las tiendas iluminadas que veo desde una corta distancia de la estación, me dirijo hacia allá y en un corto tiempo estoy sentado para tener una frugal cena que me pone enfrente un tipo al que le cuelga, despeinado, el cabello. Luego de cenar me fijo mejor en el sitio y veo que Nogales consiste únicamente en un grupo de tiendas de lona, la mitad de las cuales son bares y “restaurantes.” Entro después a una de esas carpas para ver más de cerca. Aproximadamente veinte hombres bronceados con rasgos salvajes, con sombreros de ala ancha en sus cabezas y arropados en sus coloridos sarapes se encuentran de pie o sentados alrededor de las mesas de juego. Otros, sentados en banquitos o barriles vacíos fuman sus cigarros, mientras que otros más beben mescal o whiskey que les ofrece el cantinero y escuchan los acordes, a veces soñadores y a veces apasionados de una guitarra. Todo se encuentra iluminado por el tenue brillo de un par de antorchas humeantes que han sido amarradas a los postes de la tienda…”


“Continúo mi caminata nocturna y encuentro a los mexicanos sentados, silenciosos, alrededor de las fogatas parpadeantes que arden frente a sus tiendas, aunque los enojados perros me hacen el paseo tan difícil que abandono mi caminar por Nogales y me siento en el suelo frente a la pequeña estación de madera del tren, ya que adentro no hay ni sillas ni mesas. Absorto en mis pensamientos, observo el paso de las estrellas a lo largo de las obscuras siluetas del cerro cercano hasta que llega la hora de abordar el tren que me llevará a Hermosillo…”

Obviamente, el “cerro cercano” era el acantilado de la calle Elías, y Tate se refiere a la primera estación ferroviaria que tuvo Nogales: un pequeño cuarto de madera, situado a unos metros más al Sur de donde la vía del tren cruza la frontera.

Pero no fue esa la única ocasión en que Kate pasó por Nogales. Meses después volvió, ahora de regreso de Hermosillo rumbo a Arizona, y de éste suceso también nos heredó otra mención que por lo somera nos deja con más dudas que respuestas: “El 9 de abril parto de Hermosillo por tren y en la siguiente mañana, doce horas más tarde me bajo en la estación fronteriza en Calabazas.”

Así, surge espontánea la pregunta: ¿Por qué menciona Kate la estación fronteriza de Calabazas y no la de Nogales? Las posibilidades son muchas. De cualquier manera, lo que había aquí a su regreso no mereció un comentario del antropólogo. En el próximo artículo escribiré sobre la fundación de Nogales, el 11 de julio de 1884, es decir, al año siguiente de los hechos narrados en este texto.

Sunday, May 27, 2012

La inauguración del Ferrocarril de Sonora en Nogales


En el artículo anterior de esta serie leíamos cómo se construyó el Ferrocarril de Sonora. Estando cerca su conclusión se decidió realizar la ceremonia de inauguración el 25 de octubre de 1882. Al llegar ese día… pero mejor acudamos a la crónica de lo sucedido realizada por Agnes Cleveland Morley, una niña entonces, hija del Ingeniero constructor de la vía, Willam Randolph Morley:


“recuerdo a mi madre con sus voluminosas faldas de seda y un pequeño sombrero adornado con flores…. Todos se encuentran a bordo. La locomotora está adornada desde el vagón del carbón hasta la chimenea que tiene forma de hongo con listones color rojo, blanco y azul. Pequeñas banderas estadounidenses se mueven con la brisa. Lentamente, tañendo las campanas y lanzando silbatazos, el tren llega a campo abierto y se detiene. Todos se amontonan al salir de sus carros. Allí, frente a nosotros, a unos pasos se encuentra otra locomotora que encabeza a otra hilera de carros de los que igualmente desciende la gente. Este otro tren también se encuentra adornado, aunque con el rojo, blanco y verde, que son los colores nacionales del Viejo México.  Veo a mi padre pero apenas lo reconozco. Viste un largo frac y un sombrero de copa alta hecho de seda con los que no se ve natural ni a gusto, lo rodean otros hombres que igualmente usan sombreros de copa alta y bastones… Los trabajadores han colocado un durmiente pulido, de caoba, que se ve distinto a los demás, sus amigos plebeyos. 


La clavija mencionada en el texto
Un trabajador trae consigo un marrito con cabeza de hule y otro una cajita de palo de rosa. Los hombres empiezan a pronunciar discursos … luego la gente da un paso atrás mientras que mi madre da un paso hacia adelante. De la cajita de palo de rosa, un caballero toma una clavija de plata que lleva una plaquita de oro en la que se han inscrito datos apropiados para la ocasión. La clavija es colocada en un agujero que ya ha sido perforado en el durmiente de caoba y mi madre le da el último golpe femenino para que la clavija final del ferrocarril Nogales-Guaymas quede clavada. Luego las dos locomotoras se aproximan más, y cuando ambas se tocan, surge un grito de la multitud mientras que la esposa de un dignatario mexicano rompe una botella de champagne sobre la unión.”

Prof. Enrique Quijada
Y hasta aquí la crónica de la ceremonia según la recordaría la hija del Ingeniero constructor del Ferrocarril de Sonora, aunque al acudir a otras fuentes de información de la época encontramos además que representando a México en ese acto estuvo el profesor Enrique Quijada, un historiador y poeta sonorense de renombre nacional. Seguramente, aunque su discurso se ha perdido para la historia, éste debió ser muy interesante.   El administrador de la Aduana, Jacobo Andonaegui, posiblemente no estuvo en esa ceremonia ya que unos días antes había sido cambiado a Baja California.

Además del discurso del Profesor Quijada, otro más fue leído en ambos idiomas y que había sido enviado por el Gobernador del Territorio de Arizona, Frederick Trittle, en el que congratulaba a los habitantes de la región, ya que gracias al ferrocarril se celebraba, decía, “que el océano ha contraído matrimonio con las llanuras, y que esta unión que ha sido efectuada de una manera tan completa produzca sus frutos adecuados: amistades cementadas, un enorme comercio e incremento de riquezas.” Y después, habiendo concluido la ceremonia, los 75 asistentes a la inauguración subieron nuevamente a sus trenes para acudir a un banquete que se realizó en el recién inaugurado hotel de ladrillo de dos pisos, Santa Rita, ubicado en Calabazas, en el actual Río Rico.

Esto se debía a que para entonces Calabazas alcanzaba una población de unas 150 almas, contaba con cinco tiendas, dos salones de baile y 16 cantinas, mientras que aquí, en Nogales, no existía aún ningún edificio adecuado para el evento. Tan sólo se contaba con 18 tiendas de campaña en donde los trabajadores de la vía comían y se divertían, las que se pensaba que serían desmanteladas tras la conclusión de la construcción ferroviaria. Sin embargo, estos pronósticos fueron erróneos, ya que algunos negocios fueron conservados y aún mejorados para atender a los viajeros que, unos yendo en las líneas de diligencias y otros como pasajeros del ferrocarril, continuaron pasando por el lugar.

Cabe agregar que la nota roja del momento surgió el mismo día de la inauguración, cuando John Brickwood, dueño del bar principal del lugar, ubicado del lado estadounidense, inmediato a la frontera, en donde hoy se encuentra el monumento internacional No. 122, mató a Barry Sutton, aunque en el juicio subsecuente se dictaminó que había sido un homicidio justificado, por lo que fue declarado inocente.

Sunday, May 20, 2012

Del establecimiento de la aduana en Nogales a la construcción del Ferrocarril de Sonora

En el artículo anterior en esta serie escribía acerca de la conjunción de factores tanto regionales como nacionales e internacionales que llevaron al establecimiento de aduanas fronterizas en agosto de 1880 entre Sonora y Arizona, no únicamente  en el entonces abandonado rancho los Nogales sino también en Palominas, Sásabe y Quitovaquita. La razón principal para establecer estas aduanas fue la necesidad de controlar la frontera, en especial el contrabando que entraba a Sonora debido a la construcción del ferrocarril que atravesaba de Oeste a Este por el sur del entonces Territorio de Arizona, y que para marzo de 1880 había llegado hasta Tucsón desde Yuma.

La mojonera internacional erigida en 1855
El primer administrador de la aduana de Los Nogales, Jacobo Andonaegui, llegaba por barco a Guaymas a finales de ese año de 1880, y tomó posesión de su puesto el 11 de octubre. Por entonces, los adobes de las vacías casas del desierto rancho Los Nogales, situadas en el actual Nogales, Arizona, en inmediaciones de donde parte hoy la carretera rumbo a Patagonia, gradualmente regresaban a la tierra de la que habían sido formados,  mientras que en el centro de nuestra actual ciudad fronteriza sonorense únicamente una mojonera de piedras, erigida en mayo de 1855 a la sombra del acantilado que hoy se encuentra la calle Elías, definía una frontera que únicamente lo era de nombre. Por eso el nuevo administrador de la aduana y sus empleados fiscales tuvieron que instalarse en carpas, y tal vez debido a la existencia de una región pantanosa en las inmediaciones de la frontera, éstas no fueron levantadas cerca de esta mojonera sino un poco más hacia el sur, probablemente en o cerca del Puerto de Encinas, desde donde podrían controlar todo el comercio regional.

La soledad de la cañada únicamente se veía interrumpida por las diligencias que aprovechaban el paso de la cañada y cruzaban por aquí hacia el otro país. Como vimos en el artículo anterior, las líneas de diligencias sonorenses se habían multiplicado, mientras que por el lado de Arizona, diariamente partía una a las 7 AM de Tucsón y pasaba por Calabazas (actual Río Rico)hasta llegar a la “línea de nogales Sonora,” hasta donde costaba $6.50.

Mientras sucedía todo ésto en el ámbito local, en el internacional la compañía Atchison, Topeka & Santa Fe competía por entonces con la Southern Pacific para construir una línea férrea trascontinental en el Sur de la Unión Americana que quedara libre de las nieves invernales. Obviamente, mientras más hacia el Sur fuera construida, más probabilidades tendría de evitar nevadas.  Así, la Atchison se hizo de una antigua concesión para construir una vía férrea que partía de Guaymas y se dirigía directamente al Paso, sin pasar obviamente por Los Nogales, por lo que a partir de 1879 empezaron a llegar los materiales al puerto sonorense y el 17 de noviembre, a las 4 PM, se dejaba oir el silbato de la primera locomotora en Sonora.



El ingeniero encargado de la obra en Sonora era William R. Morley, mientras que el Ing. Antonio Moreno  fue nombrado por nuestro gobierno como Inspector General. Para enero de 1880 habían sido tendidos los primeros 10 kilómetros de vía desde Guaymas, y en noviembre llegaba a Hermosillo. Se planeaba que después se dirigiera de allí al Paso a través de la ruta Ures, Río Sonora, El Paso, aunque el Ing. Leopoldo Zamora, quien para entonces había sustituido a Moreno, encontró que si se cambiaba la ruta por otra que fuera hasta Magdalena y de allí al Paso, se disminuiría el costo de la construcción en casi la mitad, y ya después, en Magdalena, el Ing. Morley encontró a su vez que si la ruta se hacía pasar por el Paso Los Nogales, se ahorraría distancia para conectarlo con la línea ya construida en Arizona, que para entonces había pasado por Tucsón y llegaba a Benson.

Carlos Ortiz Retes
Hubo ciertas disputas sobre este nuevo cambio, y no fue sino hasta el 16 de diciembre de 1881 que el gobierno de México autorizaba el nuevo cambio de ruta para que pasara por Los Nogales. Para entonces, el administrador original de la aduana en Los Nogales había sido sustituido por el contador, Francisco A. Gea.

Sería muy largo hablar aquí de las peripecias, de los incidentes por los que pasaron los constructores de la línea, tanto en Sonora como en Arizona, ya que era tendida la vía desde ambos extremos. Entre otras estuvo la caída del gobernador Carlos Ortiz Retes, hecho que ocasionó un retraso en la construcción del lado sonorense. Para el 23 de septiembre de 1882 la cama de la vía llegaba por el lado sonorense 15 kilómetros al norte de Magdalena, mientras que del lado arizonense había sido tendida hasta 5 kilómetros de la frontera y se planeaba inaugurarla el mes próximo.  Pero el espacio se me agota, por lo que en el próximo continuaré con esta crónica.