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Monday, April 29, 2013

La Economía y lo social en Nogales durante el porfiriato


Ya describí ejemplos de la industria manufacturera en esta región en los inicios de Nogales, es decir, durante los años del porfiriato. Indudablemente, por entonces la producción agraria rebasaba no únicamente en Nogales sino en todo México, y  con mucho, a la producción en otras actividades económicas como fábricas, servicios, etcétera. Sin embargo, el espacio de estos artículos me encamina a limitarme: únicamente cubriré en éste la dimensión social entonces, aunque con pequeñas referencias a la actividad económica, para poner lo económico dentro del contexto social.

En cuanto a la producción agraria, en el municipio de Nogales, en 1902, se produjeron en la Hacienda La Arizona, dos toneladas de manzana, una de pera y dos de durazno. Esto mientras que las otras haciendas del municipio no reportaron producción frutícola ese año. De cualquier manera, el  principal productor agrario del consumo regional era el municipio de Magdalena, en donde se cultivaba la mayoría de los vegetales y frutas.

Ahora bien, en las haciendas del municipio había el siguiente ganado en 1910: Santa Bárbara y Buenavista, de Manuel Mascareñas, con 5,000 cabezas; La Arizona, de herederos de Guillermo Barnett, con 2,000 cabezas; Cíbuta, de José Pierson, con 1,000 cabezas; rancho de Camou con 500 cabezas, y Agua Zarca, de Luis Carrillo, con 150 cabezas.

Sin embargo, la principal actividad  en este municipio ya desde entonces era el comercio internacional, el cual tuvo un crecimiento  impresionante en los años iniciales de la aduana nogalense, aunque ya para 1900 se había estabilizado. Veámoslo con números: si en 1881 se habían exportado por Nogales cerca de 6 mil pesos, para 1910 se habían alcanzado poco más de 10 millones de pesos. Eso mientras que las importaciones por Nogales durante ese 1910 fueron de poco más de 5 millones de pesos. Y si comparamos  las exportaciones por Guaymas durante ese mismo 1910, que fueron de casi un millón de pesos, o sus importaciones que fueron de cerca de cinco, logramos una idea de la preponderancia que tuvo ya desde entonces Nogales como puerto internacional, así como de las características del comercio aduanal e internacional sonorense: por Nogales se exportaba y por Guaymas se importaba. Y aquí cabe que agregue que el peso valía entonces alrededor de 50 centavos de dólar.

Por entonces, Nogales contaba con una población de 2,500 habitantes dividida en 700 hombres, 800 mujeres, 575 niñas y 425 niños. De ellos, 128 varones y 112 niñas asistían a la escuela. Había 24 kilómetros de calles y 20 de callejones, ninguno pavimentado. La población contaba con 600 residencias, y aunque había electricidad pública y agua, no había ni bomberos ni tranvías o periódicos. La compañía de teléfonos contaba con 34 subscriptores mientras que el Banco de Sonora se encargaba de proporcionar los servicios pecuniarios.

Había, además, varias agencias aduanales de las que la más antigua era la de los hermanos Sandoval y tres hoteles cubrían las necesidades del viajero: el Moderno, el París y el Sonora. Para el relajamiento se encontraban el Club Internacional o bien el Teatro Ramírez, orgullo nogalense por ser el mejor del Estado, y que recientemente había sido construido al estilo Luis XIV. se encontraba ubicado donde hoy se encuentra el Edificio del Estado, tenía una capacidad de 1,200 espectadores y 225 lámparas incandescentes que podían simular cualquier efecto luminoso. Su capacidad y requisitos de mantenimiento probablemente se encontraban por encima de lo local, ya que casi de inmediato se sumergió en problemas financieros, a pesar de que su dueño era un pariente cercano del Gobernador del Estado, José María Maytorena.

La principal fábrica de la población era la de máquinas de coser Singer, establecida en 1895, que alcanzaba una producción anual de 5,000 máquinas y en la que los obreros ganaban entre 2 y 3 pesos diarios; este salario se encontraba por encima de lo normal para Sonora y para México, que era alrededor de 1.50. Sin embargo, estas cifras salariales no nos muestran toda la realidad social existente. Esta era que la mujer recibía la mitad del salario del hombre, mientras que los niños la cuarta parte.  En el Distrito de Magdalena, al que pertenecía Nogales, la cantidad de obreros industriales más aproximada que he encontrado corresponde a 1908, cuando se empleaban 167 hombres y 130 mujeres, y aproximadamente 10 niños.

Nogales era un lugar privilegiado en cuanto al progreso que había experimentado. El ser frontera le hacía disfrutar  de bienes, recursos y formas de vida que no eran comunes en el resto del país. De cualquier manera, los desajustes sociales asociados con el rápido crecimiento económico, no únicamente en esta frontera sino en todo el Estado y país, la creciente urbanización y en consecuencia la mayor interacción humana, la necesaria adaptación a métodos novedosos de producción, la imposición política que intentaba conservar el control social mexicano, las crecientes esperanzas de mejoramiento económico, la filtración hacia la cotidianeidad local de las noticias mundiales que anunciaban ya un siglo XX de un creciente igualitarismo social contribuyeron, todos, a dirigir al país al movimiento social que vería México durante los siguientes años, y en el que esta frontera jugaría un papel tan importante.

Sunday, October 14, 2012

Entre Dos Expediciones Filibusteras


En la primavera de 1853 eran expulsados de Sonora los filibusteros franceses que había dirigido Gastón de Raousset-Boulbon para atacar Hermosillo y enviados a San Francisco, según vimos anteriormente. Habían buscado proteger la mina Planchas de Plata, al suroeste de Nogales, población que todavía no existía, para poder explotarla.

México acababa de pasar por una revolución que llevó a la renuncia del Presidente Arista, y en marzo de ese 1853 asumía nuevamente el poder Santa Anna. De inmediato, en vez de adoptar el sistema federal disolvió al Congreso Nacional, abolió las legislaturas estatales reduciendo a los Estados a Departamentos y adoptó el sistema centralista. Durante esos mismos meses, una combinación de hechos marcó para siempre la historia de nuestro país. Todos fueron simultáneos aunque sólo puedo presentarlos uno después de otro.

El más importante fue la negociación del Tratado de la Mesilla (conocido como Gadsden en los Estados Unidos), negociación iniciada también en 1853, y que fue firmado el 30 de diciembre, y cuyas principales cláusulas fueron la abrogación del artículo del Tratado de Guadalupe-Hidalgo que hacía responsables a los Estados Unidos de las tropelías que causaran en México los Apaches que vivían en la nación vecina, y la venta a Estados Unidos del territorio situado al Sur del Río Gila. Y a pesar que se piensa que la iniciativa de vender ese territorio partió de Santa Anna, en realidad éste se negó a vender y únicamente aceptó la opción donde vendería el menor territorio posible después de recibir varias amenazas que de cualquier manera México perdería. (Se puede ver más detalles en el siguiente artículo)

En Sonora, Manuel María Gándara había sido electo gobernador en diciembre de 1852 y nombrado Comandante General poco después. Mientras, se recrudecían los asaltos Apaches y continuaba el interés por los minerales de La Arizona; en diciembre de 1852 el periódico Alta California decía: “Un rico espécimen de plata de la Mina de La Arizona   ha sido mostrada al Editor…. Es casi pura y habla muy a favor de la riqueza de esas minas;” además, el gobernador interino de Sonora dirigió un plan para explotar las minas de La Arizona, aunque su expedición fracasó.

Gastón de Raousset había recibido un salvoconducto para ir de San Francisco a México a entrevistarse con un Santa Anna que se debatía entre la duda de colonizar la frontera con gente que no fuera anglosajona para evitar repetir el error por el que se había perdido Texas, o no hacer nada. Raousset primero le propuso traer seis mil hombres a Sonora dentro de seis años para que la colonizaran, aunque cuando notó que a Santa Anna no le gustaba esa oferta, propuso traer una fuerza de quinientos hombres armados, equipados y organizados militarmente para expulsar a los temibles Apaches dentro de un periodo de dos años. En septiembre el Ministro de Guerra le preguntaba al gobernador Gándara su opinión sobre las propuestas de Raousset, y cuando éste respondió recordando la invasión filibustera de 1852, y que no era necesario conseguir más tropas, ya que con los soldados mexicanos existentes se podía defender el territorio, Santa Anna decidió rechazar la oferta de Raousset y éste regresó con las manos vacías a San Francisco.

William Walker
Pero eso no era todo, además poco antes de la firma del  Tratado de La Mesilla, otro aventurero más, William Walker, había llegado a Guaymas, y el 17 de octubre de 1853, en la fragata “Carolina” perteneciente al cónsul estadounidense en Guaymas, Juan Alfredo Robinson, Walker y 45 hombres se hicieron a la mar; en La Paz, Baja California, detuvieron al gobernador de la península y proclamaron la independencia de Baja California, aunque tampoco tuvieron éxito. El único resultado de esta expedición fue que el gobierno estadounidense le quitó el consulado estadounidense en Guaymas a Juan Alfredo Robinson por haberse involucrado en esa aventura filibustera mientras se negociaba el Tratado de la Mesilla.

Raousset
Pasaron los días y Santa Anna, preocupado por la posibilidad de que se formaran otras expediciones angloamericanas como la de Walker, el 31 de enero de 1854 invitaba a extranjeros que no fuesen angloamericanos a entrar al servicio militar en México por un año y, terminado este periodo, podrían continuar en el ejército o convertirse en colonos. Esta noticia fue bienvenida por Raousset, quien para entonces había regresado a San Francisco y estaba pendiente de alguna novedad. Al recibir esa información, reunió a más de trescientos hombres y se preparó a venir al Estado.

El 25 de junio de 1854 partía de San Francisco, cinco días antes de que entrara en efecto el Tratado de la Mesilla. De esta manera, Raousset desembarcaría en un Sonora ya legalmente partido en dos el 1 de julio, aunque todavía soñaba, según lo mencionara en dos cartas que les envió a sus correligionarios, en hacerse justicia, buscar la libertad de los sonorenses de su gobierno, y conseguir la riqueza de La Arizona para sus hombres.

Sunday, October 7, 2012

Primera expedicion filibustera de Raousset



En el artículo anterior veíamos cómo la compañía Jecker-Torre formó la “Restauradora de La Arizona” para recuperar los antiguos minerales de Planchas de Plata, lugar situado a unos 25 Km. al suroeste del actual Nogales, que había adquirido. Así, el Conde Gastón Raousset-Boulbon firmaba el 7 de abril de 1852 en la Ciudad de México un contrato con Jecker para organizar una fuerza armada que protegiera a la Restauradora y “defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.” Mientras, otra compañía, la Barrón-Forbes, organizaba a otra, la “Sociedad Esploradora [sic] de Metales de Sonora,” con casi las mismas características que la Restauradora aunque sin incluir colonos extranjeros, y un agente suyo, Adrian Daste, fue enviado a buscar minerales a Sonora en abril y mayo acompañando a una expedición punitiva al mando del General Miguel Blanco, Comandante Militar de la Frontera. Además, la posesión de La Arizona llegó a los tribunales sonorenses, porque Barrón-Forbes reclamaba derechos previos sobre ella.

Así fue cómo, el 1 de junio, al mando de una fuerza de unos 250 colonos-soldados armados, dos cañones y en formación militar, Raousset desembarcaba en Guaymas en un acto violatorio a la ley de Sonora que prohibía manifestaciones castrenses, por lo que de inmediato recibió una reprimenda del Gobierno del Estado. Raousset, que  tenía experiencia política europea al haber sido candidato en Francia a la Asamblea Legislativa, no pudo dejar de percibir que sus exhibiciones marciales no eran bien recibidas por nadie aquí, aunque prefirió continuarlas.




El 28 de junio, y obedeciendo órdenes del gobierno de Sonora, el grupo dirigido por Raousset y el Coronel María Jiménez, representante mexicano de la compañía, partieron rumbo a Hermosillo, a donde llegaron haciendo nuevamente ostentación de sus armas en contravención de las órdenes recibidas. En Hermosillo, Raousset rehusó dar cuenta de $30,000 pesos que Jiménez le había entregado para abastecer la expedición y  le pidió más dinero, petición que Jiménez rechazó al principio aunque al final lo pagó.

Luego, Raousset rehusó obedecer la orden de Blanco de que Jiménez y Raousset permitieran que la fuerza de franceses fueran a Sáric mientras ellos irían a Arizpe a entrevistarse con él. En vez de ello, decidió acompañar al grupo a Sáric mientras que Jiménez fue a Arizpe a la entrevista  con Blanco. Esta y otras acciones de Raousset que sería largo enumerar aquí, llevaron al General Blanco a ir a Ures, capital entonces de Sonora, a preparar una expedición punitiva contra el francés. Además, el 8 y 9 de septiembre, Jiménez mismo apeló en repetidas ocasiones al Conde, haciéndolo responsable de lo que sucediera si no se sometía, y agregó que el Ministro francés en México, André Le Vasseur, le había dicho que los intereses de la Restauradora y la Exploradora habían sido consolidados, por lo que ya no había disputa entre ellas; esperó una semana y al no recibir respuesta, inició su regreso a México.

En septiembre 24, Blanco le escribió nuevamente a Raousset con una oferta final, pidiéndole que únicamente abandonara su organización y equipo militares. Sin embargo, ya para entonces Raousset había iniciado las hostilidades: cerca de Sáric se apoderó de un cargamento de dinero y abastecimientos destinados a Daste, y a fines de septiembre acampó en las afueras de Magdalena en anticipación de las fiestas anuales a San Francisco para hablar con los notables de Sonora que asistían para convencerlos de unírsele. Además, el 5 de octubre escribió al Gobernador Cubillas, diciéndole que éste sería culpable de las consecuencias de cualquier demostración de fuerza de parte del Gobierno de Sonora en su contra. Allí, en Magdalena permanecieron del 1 al 6, estancia que aprovechó el Conde para tener un affaire amoroso con María Antonia, hija del Prefecto de Altar.

El gobierno de Sonora pensaba que los franceses se dirigirían a atacar la capital, Ures, aunque el objetivo de éstos fue Hermosillo, ciudad que tomaron por las armas en una victoria pírrica, ya que no obtuvieron el apoyo que buscaban y muchos enfermaron. Luego decidieron ir a Guaymas para esperar la llegada de más refuerzos por barco, aunque la salud de Raousset agravó y se vió a las puertas de la muerte. En Guaymas ofreció rendirse, y el 4 de noviembre se firmó el acuerdo de paz. Todos los franceses fueron embarcados para San Francisco, pagando el viaje los sonorenses, ya que la compañía Jecker-Torre los había desconocido.

No existe un testimonio escrito de ello, pero un hecho que corrobora que los franceses estuvieron en La Arizona y Planchas de Plata es que a su regreso a San Francisco algunos llevaban pedazos de plata que habían conseguido durante su estancia en Sonora, mismos que servirían para alimentar la leyenda de La Arizona. Así terminó esa primera etapa de la aventura de Raousset en Sonora. En la siguiente continuaré con la segunda.

Sunday, September 30, 2012

Planchas de Plata y los franceses


En el artículo anterior leíamos acerca del descubrimiento de las fabulosas Planchas de Plata de La Arizona en 1736, a unos 25 Km al suroeste del actual Nogales, dentro de este municipio, y de cómo se ordenó que los tesoros hallados fueran confiscados. Pasaron los años y esa región quedó abandonada aunque la leyenda del lugar y aquel hallazgo fue alimentándose, expandiéndose, al mismo tiempo que el temor a los asaltos apaches impedía que llegaran mas mineros al lugar.

En 1817, Dionisio Robles, de Nacameri (actual Rayón), al mando de unos 200 hombres armados llegaron al sitio, excavaron donde pensaron que podría haber plata y encontraron muy poca, aunque no pudieron permanecer por temor a los apaches. Seguirían otras expediciones que tampoco pudieron hallar el gran tesoro que le había dado fama a la región, por lo que el fracaso de las expediciones y el temor a los apaches fueron alimentando la leyenda de la existencia de un gran tesoro enterrado en esa región.

Después de la independencia de México, exploradores europeos que posteriormente escribirían sobre Sonora lo recorrieron e incluyeron a nuestra región en sus novelas. Así Gabriel Ferry, Gustave Aimard,  Lucien Briart entre otros, contribuyeron a despertar el espíritu aventurero de los franceses de la época, curiosidad literaria dirigida a esta región que “logró dar vida a los personajes o tipos que poblaron en la imaginación francesa el septentrión mexicano.” Era una región habitada por “héroes salvajes como la naturaleza que los rodea,”  región que “encerraba las minas más ricas del mundo.”

Gabriel Ferry
Gabriel Ferry, por ejemplo, fue el seudónimo de Eugene Louis Gabriel Ferry de Bellemare (Noviembre 1809, Grenoble - Enero 3, 1852). Había pasado 10 años de su juventud en México durante los cuales visitó Sonora y conoció Guaymas, Hermosillo, Bacoachi, etcétera, así como a personajes históricos de nuestro país, a los que posteriormente mezcló con seres legendarios, tales como el cazador de osos de Bacoachi o los jugadores de naipes, y logró descripciones de esta región que despertaron el interés de la juventud francesa por conocer a Sonora y sus leyendas.

Y mientras surgía y se alimentaba el espíritu romántico francés, compañías como la Casa Jecker, Torre y Compañía, integrada por capital hispano-francés, también empezaron a invertir en nuestro país. Y poco después, como resultado del inicio de la fiebre de Oro de California, gran cantidad de sonorenses se dirigieron a California a la bonanza por lo que Sonora se despobló, lo que llevó al gobernador, José de Aguilar, a promulgar una ley en 1850 que daba facilidades a los colonos que llegaran a la región norteña de Sonora, con la intención de que funcionaran como amortiguadores contra la penetración anglosajona.

Al recibir la noticia de la promulgación de esta ley, de inmediato, la Casa Jecker, Torre y Cía presentó una propuesta pidiendo en propiedad todos los baldíos, minas y placeres entre el paralelo 31 y la frontera Norte, a cambio de un 10% de ganancias para Sonora y la obligación de colonizar la región, aunque la propuesta fue rechazada de inmediato por abusiva contra México y la ley correspondiente derogada por ser anticonstitucional. Sin embargo, el Crnl. Manuel María Jiménez y Francisco María Lombardo habían registrado, el 19 de mayo de 1851 en San Ignacio, Sonora, la mina La Arizona. Era la legendaria Planchas de Plata que para entonces ya había transformado su nombre al más pintoresco de La Arizona, y poco después se presentaban jiménez y Lombardo en las oficinas de Jecker, pidiéndole ayuda para financiar la empresa que intentaba explotar la mina de La Arizona, invitación que éste aceptó gustoso, ya que así lograba recuperar la concesión que acababa de perder. De inmediato se formó la Compañía Restauradora de La Arizona y a ésta se le incorporaron el embajador de Francia en México, André Levasseur, el mismo Presidente de la república, Mariano Arista, así como el gobernador de Sonora, José de Aguilar y el Vicecónsul Francés en Guaymas, José Calvo.

Fotografía de un dibujo de Raousset
Como ya dije, por entonces San Francisco sufría la fiebre del oro y era invadido por gente procedente de todo el mundo, y  entre ellos no pocos eran franceses que llegaban atraídos por las novelas que habían leído sobre las riquezas de esta región.  Entre éstos, el 22 de agosto de 1850 arribaba a San Francisco el joven conde Gastón de Raousset-Boulbon (ningún parentesco con el nombre parecido de la familia Borbón), quien después de despilfarrar su fortuna en Francia venía buscando renovarla en América.

En San Francisco, el Cónsul francés, Partice Dillon, lo invitó a formar una expedición de colonos franceses que colonizaran Sonora, y así fue cómo firmó Raousset, en México, un contrato con la compañía Jecker, Torre, por el que se comprometía a integrar una fuerza expedicionaria de 150 hombres en San Francisco para venir a  Sonora a explorar “los parajes conocidos con el nombre de La Arizona, así como las sierras vecinas, descubrir en ellas las minas y placeres y tomar posesión ... así como defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.”

Este fue el inicio de la intentona francesa por hacerse de la legendaria Planchas de Plata y que a su vez provocaría la posterior expedición filibustera de Raousset. Pero el espacio se me agota por lo que continuaré en la próxima.

Sunday, June 24, 2012

Nogales y sus calles


Una de las ventajas que los habitantes de la región lograron de inmediato, gracias a la comunicación que ofreció el ferrocarril, fue que ya se podían comprar, desde Hermosillo hasta Tucsón, ostiones recién extraídos del Golfo de California en Guaymas. Y aunque originalmente se creyó que las líneas de diligencias serían reemplazadas por el tren, en realidad no sucedió así, ya que el ferrocarril cobraba más del doble. Un boleto en diligencia desde Tucsón hasta la frontera costaba $7 dlls, aunque muchos de los pasajeros preferían pagar $6 y detenerse en el nuevo hotel Santa Rita, de Calabazas (actual Río Rico), donde por algunos meses estuvo la aduana estadounidense y allí comer para luego hospedarse en uno de los cuartos de esa construcción de ladrillo de dos niveles, maravillándose con las comodidades que ofrecía la modernidad como agua corriente y timbres eléctricos en cada habitación. Y en sentido contrario, diariamente partía de Guaymas un tren que de inmediato fue bautizado como El Emigrante, el que después de cruzar la frontera, llegaba a la aduana estadounidense en Calabazas, para luego continuar a Benson, Arizona, en donde los pasajeros transbordaban a otro para dirigirse ya fuera al Este, al Paso, y de allí ir también por ferrocarril al centro de México, o bien al Oeste, a Tucsón o San Francisco.

El impacto que trajo el ferrocarril sobre la fauna nativa fue enorme. Las noticias abundaban de osos que huían al sentir que se aproximaba el tren, y de la misma manera se multiplicaron los casos de oseznos que fueron atrapados y conservados como mascotas, ya fuera en Nogales o en Tucsón.

Plano de Nogales de 1884
Nogales, para entonces, era un dinámico asentamiento de más de cien carpas. El plano original de Ambos Nogales, como ya vimos en el artículo anterior, fue realizado en 1884 por los ingenieros Ignacio Bonillas y Chas Herbert para acompañar al contrato de adquisición del terreno que establecía el fundo legal de la población fronteriza sonorense. Al verlo, de inmediato salta a la vista que los ingenieros intentaron acomodar las dos nuevas poblaciones alrededor de los terrenos que ya había adquirido el ferrocarril, cuya línea había sido inaugurada dos años antes, en 1882; una vía férrea que corre a lo largo de la cañada de Los Nogales, en Sonora en una dirección general de Sur a Norte, aunque unos metros antes de alcanzar la frontera tuerce hacia el Noreste para continuar en Arizona la cañada que sigue con ese mismo rumbo.

Las calles que fueron diseñadas de Sur a Norte en ambas poblaciones, según el plano continuarían ininterrumpidas a través de la frontera, como si la orografía no se interpusiera en su trazo ni existiera la línea como se le llamaba en Sonora o “the line” en Arizona. Así, se diseñaron calles que separarían cuadras que a su vez se hallaban partidas en dos por callejones de servicio. Cabe agregar que los nombres adoptados entonces para la población del lado sonorense resultaron ser los definitivos, mientras que los de sus continuaciones en Arizona, aunque conservaron el trazo definido en ese plano, cambiaron de nombre poco después.

Así, en la población sonorense, como principales calles de Sur a Norte tenemos a la Calle de los Ingenieros, la de Arizpe (cuyo nombre le fue cambiado por el de Obregón después del asesinato del presidente electo), la calle de Juárez y la de Pesqueira, mientras que sus continuaciones del lado arizonense recibieron los de Nelson, Hampson y Early, las que poco después fueron cambiadas por West, Sonoita y Terrace.

Además, se planeó una calle principal que atravesaría toda la población de Sur a Norte, al Este de la vía férrea, que llevaría el nombre de Calle de Elías del lado sonorense y Calle Morley en el arizonense. Pero la orografía y demás condiciones locales se impusieron al final, ya que en Nogales, Sonora, el nombre de calle de Elías le fue asignado únicamente a la callecita que aún hoy lleva ese nombre.

Cantina de Brickwood y la mojonera de piedras
Por otro lado, a lo largo de la frontera, del lado sonorense, se encontraba la Calle Camou (actual Internacional) que separaba a los edificios sonorenses de la frontera misma, mientras que en el lado arizonense aún no había calle Internacional por lo que sus construcciones se aglomeraban sobre la frontera misma, a tal grado que se decía que la pintura de sus paredes se encontraba en México.

Se dio el caso, por ejemplo, que la cantina de Brickwood tuviera una caja colgada del corredor, que estaba ya en Sonora, y así su dueño podía evadir el pago de impuestos sobre los cigarros que Brickwood vendía en su negocio, situado en Arizona. Esta cantina tenía también un nicho para acomodar la mojonera de piedras erigida en 1855 para definir la línea, mojonera que hoy corresponde al Monumento Internacional Número 122, situado unos pasos al Oeste de la garita peatonal, del callejón Elías.

Sunday, June 3, 2012

En Vísperas de la fundación de Nogales


En el artículo anterior de esta serie cubrimos la inauguración del Ferrocarril de Sonora en el entonces rancho de Los Nogales. Eso me lleva a explicar que a pesar de que se sostenga que Nogales tuvo su origen ya sea el 2 de agosto de 1880 al establecerse la aduana, o bien el 25 de octubre de 1882 al inaugurarse el ferrocarril, en verdad ninguna de esas fechas corresponde a la fundación de la población de Nogales, como se demuestra  en este artículo.

Días antes de la inauguración del ferrocarril, el 12 de octubre de 1882 el Cónsul de México en Tucsón informaba que en la frontera, en el punto en que el tren aún hoy la cruza, había surgido un campamento formado por sus trabajadores, "el que indudablemente van a abandonar tan pronto como termine el trabajo,” y hasta explicaba el porqué: no había agua en el lugar, ya que la que se consumía localmente era llevada por tren o extraída de algunos pozos locales. Era un campamento de 18 carpas que se extendía de Este a Oeste desde la vía férrea hasta la actual calle Obregón, y de poco más al Norte de la frontera hasta tal vez el callejón Ochoa por el Sur. Obvia decir que estas calles aún no existían y sólo las menciono como referencia.

Además, gracias a la descripción de un antropólogo holandés, Herman Ten Kate, quien visitó poco después el Sur de Arizona y Norte de Sonora, podemos saber cómo era Nogales entonces. Después de visitar Tucsón y la iglesia de San Xavier del Bac, Kate tomó el ferrocarril para dirigirse a Sonora y llegó a Los Nogales a las 9 de la noche del 10 de enero de 1883. Su sombría descripción del lugar indudablemente fue influenciada por la luna nueva de esa noche, a la tenue luminosidad de las lámparas de petróleo de las tiendas de campaña que apenas lograba romper la obscuridad de la cañada nogalense y al impacto que debió causarle el percibir una cultura diferente a la propia, delimitada por una línea entonces invisible, la frontera. Así escribió:

“Siguiendo el reflejo de las tiendas iluminadas que veo desde una corta distancia de la estación, me dirijo hacia allá y en un corto tiempo estoy sentado para tener una frugal cena que me pone enfrente un tipo al que le cuelga, despeinado, el cabello. Luego de cenar me fijo mejor en el sitio y veo que Nogales consiste únicamente en un grupo de tiendas de lona, la mitad de las cuales son bares y “restaurantes.” Entro después a una de esas carpas para ver más de cerca. Aproximadamente veinte hombres bronceados con rasgos salvajes, con sombreros de ala ancha en sus cabezas y arropados en sus coloridos sarapes se encuentran de pie o sentados alrededor de las mesas de juego. Otros, sentados en banquitos o barriles vacíos fuman sus cigarros, mientras que otros más beben mescal o whiskey que les ofrece el cantinero y escuchan los acordes, a veces soñadores y a veces apasionados de una guitarra. Todo se encuentra iluminado por el tenue brillo de un par de antorchas humeantes que han sido amarradas a los postes de la tienda…”


“Continúo mi caminata nocturna y encuentro a los mexicanos sentados, silenciosos, alrededor de las fogatas parpadeantes que arden frente a sus tiendas, aunque los enojados perros me hacen el paseo tan difícil que abandono mi caminar por Nogales y me siento en el suelo frente a la pequeña estación de madera del tren, ya que adentro no hay ni sillas ni mesas. Absorto en mis pensamientos, observo el paso de las estrellas a lo largo de las obscuras siluetas del cerro cercano hasta que llega la hora de abordar el tren que me llevará a Hermosillo…”

Obviamente, el “cerro cercano” era el acantilado de la calle Elías, y Tate se refiere a la primera estación ferroviaria que tuvo Nogales: un pequeño cuarto de madera, situado a unos metros más al Sur de donde la vía del tren cruza la frontera.

Pero no fue esa la única ocasión en que Kate pasó por Nogales. Meses después volvió, ahora de regreso de Hermosillo rumbo a Arizona, y de éste suceso también nos heredó otra mención que por lo somera nos deja con más dudas que respuestas: “El 9 de abril parto de Hermosillo por tren y en la siguiente mañana, doce horas más tarde me bajo en la estación fronteriza en Calabazas.”

Así, surge espontánea la pregunta: ¿Por qué menciona Kate la estación fronteriza de Calabazas y no la de Nogales? Las posibilidades son muchas. De cualquier manera, lo que había aquí a su regreso no mereció un comentario del antropólogo. En el próximo artículo escribiré sobre la fundación de Nogales, el 11 de julio de 1884, es decir, al año siguiente de los hechos narrados en este texto.

Sunday, May 27, 2012

La inauguración del Ferrocarril de Sonora en Nogales


En el artículo anterior de esta serie leíamos cómo se construyó el Ferrocarril de Sonora. Estando cerca su conclusión se decidió realizar la ceremonia de inauguración el 25 de octubre de 1882. Al llegar ese día… pero mejor acudamos a la crónica de lo sucedido realizada por Agnes Cleveland Morley, una niña entonces, hija del Ingeniero constructor de la vía, Willam Randolph Morley:


“recuerdo a mi madre con sus voluminosas faldas de seda y un pequeño sombrero adornado con flores…. Todos se encuentran a bordo. La locomotora está adornada desde el vagón del carbón hasta la chimenea que tiene forma de hongo con listones color rojo, blanco y azul. Pequeñas banderas estadounidenses se mueven con la brisa. Lentamente, tañendo las campanas y lanzando silbatazos, el tren llega a campo abierto y se detiene. Todos se amontonan al salir de sus carros. Allí, frente a nosotros, a unos pasos se encuentra otra locomotora que encabeza a otra hilera de carros de los que igualmente desciende la gente. Este otro tren también se encuentra adornado, aunque con el rojo, blanco y verde, que son los colores nacionales del Viejo México.  Veo a mi padre pero apenas lo reconozco. Viste un largo frac y un sombrero de copa alta hecho de seda con los que no se ve natural ni a gusto, lo rodean otros hombres que igualmente usan sombreros de copa alta y bastones… Los trabajadores han colocado un durmiente pulido, de caoba, que se ve distinto a los demás, sus amigos plebeyos. 


La clavija mencionada en el texto
Un trabajador trae consigo un marrito con cabeza de hule y otro una cajita de palo de rosa. Los hombres empiezan a pronunciar discursos … luego la gente da un paso atrás mientras que mi madre da un paso hacia adelante. De la cajita de palo de rosa, un caballero toma una clavija de plata que lleva una plaquita de oro en la que se han inscrito datos apropiados para la ocasión. La clavija es colocada en un agujero que ya ha sido perforado en el durmiente de caoba y mi madre le da el último golpe femenino para que la clavija final del ferrocarril Nogales-Guaymas quede clavada. Luego las dos locomotoras se aproximan más, y cuando ambas se tocan, surge un grito de la multitud mientras que la esposa de un dignatario mexicano rompe una botella de champagne sobre la unión.”

Prof. Enrique Quijada
Y hasta aquí la crónica de la ceremonia según la recordaría la hija del Ingeniero constructor del Ferrocarril de Sonora, aunque al acudir a otras fuentes de información de la época encontramos además que representando a México en ese acto estuvo el profesor Enrique Quijada, un historiador y poeta sonorense de renombre nacional. Seguramente, aunque su discurso se ha perdido para la historia, éste debió ser muy interesante.   El administrador de la Aduana, Jacobo Andonaegui, posiblemente no estuvo en esa ceremonia ya que unos días antes había sido cambiado a Baja California.

Además del discurso del Profesor Quijada, otro más fue leído en ambos idiomas y que había sido enviado por el Gobernador del Territorio de Arizona, Frederick Trittle, en el que congratulaba a los habitantes de la región, ya que gracias al ferrocarril se celebraba, decía, “que el océano ha contraído matrimonio con las llanuras, y que esta unión que ha sido efectuada de una manera tan completa produzca sus frutos adecuados: amistades cementadas, un enorme comercio e incremento de riquezas.” Y después, habiendo concluido la ceremonia, los 75 asistentes a la inauguración subieron nuevamente a sus trenes para acudir a un banquete que se realizó en el recién inaugurado hotel de ladrillo de dos pisos, Santa Rita, ubicado en Calabazas, en el actual Río Rico.

Esto se debía a que para entonces Calabazas alcanzaba una población de unas 150 almas, contaba con cinco tiendas, dos salones de baile y 16 cantinas, mientras que aquí, en Nogales, no existía aún ningún edificio adecuado para el evento. Tan sólo se contaba con 18 tiendas de campaña en donde los trabajadores de la vía comían y se divertían, las que se pensaba que serían desmanteladas tras la conclusión de la construcción ferroviaria. Sin embargo, estos pronósticos fueron erróneos, ya que algunos negocios fueron conservados y aún mejorados para atender a los viajeros que, unos yendo en las líneas de diligencias y otros como pasajeros del ferrocarril, continuaron pasando por el lugar.

Cabe agregar que la nota roja del momento surgió el mismo día de la inauguración, cuando John Brickwood, dueño del bar principal del lugar, ubicado del lado estadounidense, inmediato a la frontera, en donde hoy se encuentra el monumento internacional No. 122, mató a Barry Sutton, aunque en el juicio subsecuente se dictaminó que había sido un homicidio justificado, por lo que fue declarado inocente.

Sunday, May 20, 2012

Del establecimiento de la aduana en Nogales a la construcción del Ferrocarril de Sonora

En el artículo anterior en esta serie escribía acerca de la conjunción de factores tanto regionales como nacionales e internacionales que llevaron al establecimiento de aduanas fronterizas en agosto de 1880 entre Sonora y Arizona, no únicamente  en el entonces abandonado rancho los Nogales sino también en Palominas, Sásabe y Quitovaquita. La razón principal para establecer estas aduanas fue la necesidad de controlar la frontera, en especial el contrabando que entraba a Sonora debido a la construcción del ferrocarril que atravesaba de Oeste a Este por el sur del entonces Territorio de Arizona, y que para marzo de 1880 había llegado hasta Tucsón desde Yuma.

La mojonera internacional erigida en 1855
El primer administrador de la aduana de Los Nogales, Jacobo Andonaegui, llegaba por barco a Guaymas a finales de ese año de 1880, y tomó posesión de su puesto el 11 de octubre. Por entonces, los adobes de las vacías casas del desierto rancho Los Nogales, situadas en el actual Nogales, Arizona, en inmediaciones de donde parte hoy la carretera rumbo a Patagonia, gradualmente regresaban a la tierra de la que habían sido formados,  mientras que en el centro de nuestra actual ciudad fronteriza sonorense únicamente una mojonera de piedras, erigida en mayo de 1855 a la sombra del acantilado que hoy se encuentra la calle Elías, definía una frontera que únicamente lo era de nombre. Por eso el nuevo administrador de la aduana y sus empleados fiscales tuvieron que instalarse en carpas, y tal vez debido a la existencia de una región pantanosa en las inmediaciones de la frontera, éstas no fueron levantadas cerca de esta mojonera sino un poco más hacia el sur, probablemente en o cerca del Puerto de Encinas, desde donde podrían controlar todo el comercio regional.

La soledad de la cañada únicamente se veía interrumpida por las diligencias que aprovechaban el paso de la cañada y cruzaban por aquí hacia el otro país. Como vimos en el artículo anterior, las líneas de diligencias sonorenses se habían multiplicado, mientras que por el lado de Arizona, diariamente partía una a las 7 AM de Tucsón y pasaba por Calabazas (actual Río Rico)hasta llegar a la “línea de nogales Sonora,” hasta donde costaba $6.50.

Mientras sucedía todo ésto en el ámbito local, en el internacional la compañía Atchison, Topeka & Santa Fe competía por entonces con la Southern Pacific para construir una línea férrea trascontinental en el Sur de la Unión Americana que quedara libre de las nieves invernales. Obviamente, mientras más hacia el Sur fuera construida, más probabilidades tendría de evitar nevadas.  Así, la Atchison se hizo de una antigua concesión para construir una vía férrea que partía de Guaymas y se dirigía directamente al Paso, sin pasar obviamente por Los Nogales, por lo que a partir de 1879 empezaron a llegar los materiales al puerto sonorense y el 17 de noviembre, a las 4 PM, se dejaba oir el silbato de la primera locomotora en Sonora.



El ingeniero encargado de la obra en Sonora era William R. Morley, mientras que el Ing. Antonio Moreno  fue nombrado por nuestro gobierno como Inspector General. Para enero de 1880 habían sido tendidos los primeros 10 kilómetros de vía desde Guaymas, y en noviembre llegaba a Hermosillo. Se planeaba que después se dirigiera de allí al Paso a través de la ruta Ures, Río Sonora, El Paso, aunque el Ing. Leopoldo Zamora, quien para entonces había sustituido a Moreno, encontró que si se cambiaba la ruta por otra que fuera hasta Magdalena y de allí al Paso, se disminuiría el costo de la construcción en casi la mitad, y ya después, en Magdalena, el Ing. Morley encontró a su vez que si la ruta se hacía pasar por el Paso Los Nogales, se ahorraría distancia para conectarlo con la línea ya construida en Arizona, que para entonces había pasado por Tucsón y llegaba a Benson.

Carlos Ortiz Retes
Hubo ciertas disputas sobre este nuevo cambio, y no fue sino hasta el 16 de diciembre de 1881 que el gobierno de México autorizaba el nuevo cambio de ruta para que pasara por Los Nogales. Para entonces, el administrador original de la aduana en Los Nogales había sido sustituido por el contador, Francisco A. Gea.

Sería muy largo hablar aquí de las peripecias, de los incidentes por los que pasaron los constructores de la línea, tanto en Sonora como en Arizona, ya que era tendida la vía desde ambos extremos. Entre otras estuvo la caída del gobernador Carlos Ortiz Retes, hecho que ocasionó un retraso en la construcción del lado sonorense. Para el 23 de septiembre de 1882 la cama de la vía llegaba por el lado sonorense 15 kilómetros al norte de Magdalena, mientras que del lado arizonense había sido tendida hasta 5 kilómetros de la frontera y se planeaba inaugurarla el mes próximo.  Pero el espacio se me agota, por lo que en el próximo continuaré con esta crónica.