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Sunday, October 14, 2012

Entre Dos Expediciones Filibusteras


En la primavera de 1853 eran expulsados de Sonora los filibusteros franceses que había dirigido Gastón de Raousset-Boulbon para atacar Hermosillo y enviados a San Francisco, según vimos anteriormente. Habían buscado proteger la mina Planchas de Plata, al suroeste de Nogales, población que todavía no existía, para poder explotarla.

México acababa de pasar por una revolución que llevó a la renuncia del Presidente Arista, y en marzo de ese 1853 asumía nuevamente el poder Santa Anna. De inmediato, en vez de adoptar el sistema federal disolvió al Congreso Nacional, abolió las legislaturas estatales reduciendo a los Estados a Departamentos y adoptó el sistema centralista. Durante esos mismos meses, una combinación de hechos marcó para siempre la historia de nuestro país. Todos fueron simultáneos aunque sólo puedo presentarlos uno después de otro.

El más importante fue la negociación del Tratado de la Mesilla (conocido como Gadsden en los Estados Unidos), negociación iniciada también en 1853, y que fue firmado el 30 de diciembre, y cuyas principales cláusulas fueron la abrogación del artículo del Tratado de Guadalupe-Hidalgo que hacía responsables a los Estados Unidos de las tropelías que causaran en México los Apaches que vivían en la nación vecina, y la venta a Estados Unidos del territorio situado al Sur del Río Gila. Y a pesar que se piensa que la iniciativa de vender ese territorio partió de Santa Anna, en realidad éste se negó a vender y únicamente aceptó la opción donde vendería el menor territorio posible después de recibir varias amenazas que de cualquier manera México perdería. (Se puede ver más detalles en el siguiente artículo)

En Sonora, Manuel María Gándara había sido electo gobernador en diciembre de 1852 y nombrado Comandante General poco después. Mientras, se recrudecían los asaltos Apaches y continuaba el interés por los minerales de La Arizona; en diciembre de 1852 el periódico Alta California decía: “Un rico espécimen de plata de la Mina de La Arizona   ha sido mostrada al Editor…. Es casi pura y habla muy a favor de la riqueza de esas minas;” además, el gobernador interino de Sonora dirigió un plan para explotar las minas de La Arizona, aunque su expedición fracasó.

Gastón de Raousset había recibido un salvoconducto para ir de San Francisco a México a entrevistarse con un Santa Anna que se debatía entre la duda de colonizar la frontera con gente que no fuera anglosajona para evitar repetir el error por el que se había perdido Texas, o no hacer nada. Raousset primero le propuso traer seis mil hombres a Sonora dentro de seis años para que la colonizaran, aunque cuando notó que a Santa Anna no le gustaba esa oferta, propuso traer una fuerza de quinientos hombres armados, equipados y organizados militarmente para expulsar a los temibles Apaches dentro de un periodo de dos años. En septiembre el Ministro de Guerra le preguntaba al gobernador Gándara su opinión sobre las propuestas de Raousset, y cuando éste respondió recordando la invasión filibustera de 1852, y que no era necesario conseguir más tropas, ya que con los soldados mexicanos existentes se podía defender el territorio, Santa Anna decidió rechazar la oferta de Raousset y éste regresó con las manos vacías a San Francisco.

William Walker
Pero eso no era todo, además poco antes de la firma del  Tratado de La Mesilla, otro aventurero más, William Walker, había llegado a Guaymas, y el 17 de octubre de 1853, en la fragata “Carolina” perteneciente al cónsul estadounidense en Guaymas, Juan Alfredo Robinson, Walker y 45 hombres se hicieron a la mar; en La Paz, Baja California, detuvieron al gobernador de la península y proclamaron la independencia de Baja California, aunque tampoco tuvieron éxito. El único resultado de esta expedición fue que el gobierno estadounidense le quitó el consulado estadounidense en Guaymas a Juan Alfredo Robinson por haberse involucrado en esa aventura filibustera mientras se negociaba el Tratado de la Mesilla.

Raousset
Pasaron los días y Santa Anna, preocupado por la posibilidad de que se formaran otras expediciones angloamericanas como la de Walker, el 31 de enero de 1854 invitaba a extranjeros que no fuesen angloamericanos a entrar al servicio militar en México por un año y, terminado este periodo, podrían continuar en el ejército o convertirse en colonos. Esta noticia fue bienvenida por Raousset, quien para entonces había regresado a San Francisco y estaba pendiente de alguna novedad. Al recibir esa información, reunió a más de trescientos hombres y se preparó a venir al Estado.

El 25 de junio de 1854 partía de San Francisco, cinco días antes de que entrara en efecto el Tratado de la Mesilla. De esta manera, Raousset desembarcaría en un Sonora ya legalmente partido en dos el 1 de julio, aunque todavía soñaba, según lo mencionara en dos cartas que les envió a sus correligionarios, en hacerse justicia, buscar la libertad de los sonorenses de su gobierno, y conseguir la riqueza de La Arizona para sus hombres.

Sunday, October 7, 2012

Primera expedicion filibustera de Raousset



En el artículo anterior veíamos cómo la compañía Jecker-Torre formó la “Restauradora de La Arizona” para recuperar los antiguos minerales de Planchas de Plata, lugar situado a unos 25 Km. al suroeste del actual Nogales, que había adquirido. Así, el Conde Gastón Raousset-Boulbon firmaba el 7 de abril de 1852 en la Ciudad de México un contrato con Jecker para organizar una fuerza armada que protegiera a la Restauradora y “defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.” Mientras, otra compañía, la Barrón-Forbes, organizaba a otra, la “Sociedad Esploradora [sic] de Metales de Sonora,” con casi las mismas características que la Restauradora aunque sin incluir colonos extranjeros, y un agente suyo, Adrian Daste, fue enviado a buscar minerales a Sonora en abril y mayo acompañando a una expedición punitiva al mando del General Miguel Blanco, Comandante Militar de la Frontera. Además, la posesión de La Arizona llegó a los tribunales sonorenses, porque Barrón-Forbes reclamaba derechos previos sobre ella.

Así fue cómo, el 1 de junio, al mando de una fuerza de unos 250 colonos-soldados armados, dos cañones y en formación militar, Raousset desembarcaba en Guaymas en un acto violatorio a la ley de Sonora que prohibía manifestaciones castrenses, por lo que de inmediato recibió una reprimenda del Gobierno del Estado. Raousset, que  tenía experiencia política europea al haber sido candidato en Francia a la Asamblea Legislativa, no pudo dejar de percibir que sus exhibiciones marciales no eran bien recibidas por nadie aquí, aunque prefirió continuarlas.




El 28 de junio, y obedeciendo órdenes del gobierno de Sonora, el grupo dirigido por Raousset y el Coronel María Jiménez, representante mexicano de la compañía, partieron rumbo a Hermosillo, a donde llegaron haciendo nuevamente ostentación de sus armas en contravención de las órdenes recibidas. En Hermosillo, Raousset rehusó dar cuenta de $30,000 pesos que Jiménez le había entregado para abastecer la expedición y  le pidió más dinero, petición que Jiménez rechazó al principio aunque al final lo pagó.

Luego, Raousset rehusó obedecer la orden de Blanco de que Jiménez y Raousset permitieran que la fuerza de franceses fueran a Sáric mientras ellos irían a Arizpe a entrevistarse con él. En vez de ello, decidió acompañar al grupo a Sáric mientras que Jiménez fue a Arizpe a la entrevista  con Blanco. Esta y otras acciones de Raousset que sería largo enumerar aquí, llevaron al General Blanco a ir a Ures, capital entonces de Sonora, a preparar una expedición punitiva contra el francés. Además, el 8 y 9 de septiembre, Jiménez mismo apeló en repetidas ocasiones al Conde, haciéndolo responsable de lo que sucediera si no se sometía, y agregó que el Ministro francés en México, André Le Vasseur, le había dicho que los intereses de la Restauradora y la Exploradora habían sido consolidados, por lo que ya no había disputa entre ellas; esperó una semana y al no recibir respuesta, inició su regreso a México.

En septiembre 24, Blanco le escribió nuevamente a Raousset con una oferta final, pidiéndole que únicamente abandonara su organización y equipo militares. Sin embargo, ya para entonces Raousset había iniciado las hostilidades: cerca de Sáric se apoderó de un cargamento de dinero y abastecimientos destinados a Daste, y a fines de septiembre acampó en las afueras de Magdalena en anticipación de las fiestas anuales a San Francisco para hablar con los notables de Sonora que asistían para convencerlos de unírsele. Además, el 5 de octubre escribió al Gobernador Cubillas, diciéndole que éste sería culpable de las consecuencias de cualquier demostración de fuerza de parte del Gobierno de Sonora en su contra. Allí, en Magdalena permanecieron del 1 al 6, estancia que aprovechó el Conde para tener un affaire amoroso con María Antonia, hija del Prefecto de Altar.

El gobierno de Sonora pensaba que los franceses se dirigirían a atacar la capital, Ures, aunque el objetivo de éstos fue Hermosillo, ciudad que tomaron por las armas en una victoria pírrica, ya que no obtuvieron el apoyo que buscaban y muchos enfermaron. Luego decidieron ir a Guaymas para esperar la llegada de más refuerzos por barco, aunque la salud de Raousset agravó y se vió a las puertas de la muerte. En Guaymas ofreció rendirse, y el 4 de noviembre se firmó el acuerdo de paz. Todos los franceses fueron embarcados para San Francisco, pagando el viaje los sonorenses, ya que la compañía Jecker-Torre los había desconocido.

No existe un testimonio escrito de ello, pero un hecho que corrobora que los franceses estuvieron en La Arizona y Planchas de Plata es que a su regreso a San Francisco algunos llevaban pedazos de plata que habían conseguido durante su estancia en Sonora, mismos que servirían para alimentar la leyenda de La Arizona. Así terminó esa primera etapa de la aventura de Raousset en Sonora. En la siguiente continuaré con la segunda.

Sunday, June 10, 2012

Nogales es fundado


La mojonera limítrofe, erigida en 1855
Y así llegamos al momento de la fundación de Nogales, aunque antes debo explicar sus antecedentes: el incremento del comercio internacional por la cañada del rancho del mismo nombre  gracias a la paz porfiriana había llevado al establecimiento de aduanas fronterizas como la de Nogales y a la inauguración del Ferrocarril de Sonora en esta cañada empezando la década de 1880, a un lado de la mojonera de piedras que marcaba la frontera establecida por el Tratado de la Mesilla. Mojonera que había sido erigida en mayo de 1855 y que dividía en dos naciones el terreno del rancho Los Nogales, que databa de 1841.

Límites del Rancho Los Nogales
Este rancho abarcaba desde el actual puente sobre el ferrocarril del Puerto de Encinas, ubacado al Sur del actual Nogales, Sonora, hasta terminar por el Norte “por el camino que va… al Presidio de Tubac… en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito". Es decir, en el actual Nogales, Arizona, en la confluencia de las avenidas Grand y Mariposa, cerca del edificio del complejo del Condado de Santa Cruz, ninguno de los cuales existía obviamente entonces, y en territorio que aún le pertenecía a México.

Después de la inauguración del ferrocarril, terminando diciembre de 1882 había sido concluido el edificio más notable hasta entonces del lugar, la estación ferroviaria. Era una construcción de madera de dos niveles situada exactamente sobre la frontera a un lado de la vía férrea, parte del edificio en México y parte en los Estados Unidos. Además, adosado a su extremo sur fue construido otro más de madera, mucho más pequeño y que constituía la aduana de Nogales, Sonora.

El año siguiente, 1883, el terreno en donde surgiría esta población era todavía un rancho cuya dueña era Ana Salazar, para entonces viuda del denunciante original, José Elías, además de sus hijos y descendientes y de otros condueños, José Camou y José Pierson, quienes habían adquirido partes indivisas del rancho Los Nogales, mientras que parte del rancho que se encontraba en Estados Unidos había sido adquirido por Frank Ely y George Howard. Fue entonces cuando, además de los terrenos en Sonora que ya había adquirido el ferrocarril, alrededor de esa mojonera de piedras se fue estableciendo, como vimos en el artículo anterior, gente que vivía en “pequeños jacales” según ellos mismos los describieron cuando le pidieron ayuda al gobierno del Estado para poder adquirir “un pedazo de tierra” en el lugar, ya que consideraban “que al Estado en particular y al país en general, les es de todo punto indispensable tener en este lugar una población respetable, por ser este en el que está la línea divisoria entre las dos naciones.” 

En respuesta a esta petición que, como vemos únicamente fue para poder comprar los terrenos para hacer sus casas, el Congreso del Estado aprobó el día 9 de julio de 1884 el Decreto No. 29, mismo que fue firmado por el Gobernador Luis Emeterio Torres un día después y publicado en el periódico oficial el día 11, y que tenía dos artículos. El primero, el más importante, le daba existencia legal a la entidad nogalense al erigirla como municipalidad, mientras que el segundo respondía a la petición de poder adquirir terrenos, ya que facultaba al Ejecutivo para que arreglara con los dueños del rancho “la adquisición de solares y de todas las ventajas que sean necesarias para facilitar el progreso de la expresada municipalidad.”

Debo agregar que por entonces, en el actual Nogales, Arizona, no había nada. En 1880, al mismo tiempo que era inaugurada la aduana del lado mexicano de la frontera, Jacobo Isaacson había establecido una agencia postal en el lado estadounidense, de donde algunos creen erróneamente que es el origen del Nogales arizonense, aunque una estación postal no es una población.

El proyecto de Calabazas de Sykes
Al mismo tiempo, el dueño de Calabazas (actual Río Rico), C. P. Sykes,  tenía la esperanza de que la aduana estadounidense fuera ubicada en Calabazas para beneficiar el desarrollo de esa región que era de su propiedad, aunque al final Nogales ganó ya que estaba ubicado sobre la frontera misma. Para dar una idea de su proyecto,acudamos a un sardónico artículo ttitulado Clásicos de Calabazas que apareció en el periódico Tombstone Epitaph: "Lleno de magníficos dibujos que representaban al rugiente río Santa Cruz en crecida, con barcos de vapor y pesados botes en los muelles descargando, mientras que en la distancia se alcanza a divisar el humo de una docena de hornos con vivaces locomotoras acarreando [mineral?] a los numerosos molinos."

Por otro lado, la Municipalidad de Nogales Arizona tendría que esperar al 21 de julio de 1893 para ser establecida, aún cuando para entonces se habían erigido múltiples construcciones en el poblado arizonense, a pesar de que los dueños del terreno, Frank Ely, Juan Pedro Camou y George Howard, acudieron a los tribunales estadounidenses reclamando el reconocimiento legal de su posesión,  y no fue sino hasta que la Suprema Corte de Justicia estadounidense declaró inválida esa reclamación el 2 de marzo de 1896 que se pudieron ya vender y comprar legalmente lotes en el poblado arizonense.

Sunday, May 20, 2012

Del establecimiento de la aduana en Nogales a la construcción del Ferrocarril de Sonora

En el artículo anterior en esta serie escribía acerca de la conjunción de factores tanto regionales como nacionales e internacionales que llevaron al establecimiento de aduanas fronterizas en agosto de 1880 entre Sonora y Arizona, no únicamente  en el entonces abandonado rancho los Nogales sino también en Palominas, Sásabe y Quitovaquita. La razón principal para establecer estas aduanas fue la necesidad de controlar la frontera, en especial el contrabando que entraba a Sonora debido a la construcción del ferrocarril que atravesaba de Oeste a Este por el sur del entonces Territorio de Arizona, y que para marzo de 1880 había llegado hasta Tucsón desde Yuma.

La mojonera internacional erigida en 1855
El primer administrador de la aduana de Los Nogales, Jacobo Andonaegui, llegaba por barco a Guaymas a finales de ese año de 1880, y tomó posesión de su puesto el 11 de octubre. Por entonces, los adobes de las vacías casas del desierto rancho Los Nogales, situadas en el actual Nogales, Arizona, en inmediaciones de donde parte hoy la carretera rumbo a Patagonia, gradualmente regresaban a la tierra de la que habían sido formados,  mientras que en el centro de nuestra actual ciudad fronteriza sonorense únicamente una mojonera de piedras, erigida en mayo de 1855 a la sombra del acantilado que hoy se encuentra la calle Elías, definía una frontera que únicamente lo era de nombre. Por eso el nuevo administrador de la aduana y sus empleados fiscales tuvieron que instalarse en carpas, y tal vez debido a la existencia de una región pantanosa en las inmediaciones de la frontera, éstas no fueron levantadas cerca de esta mojonera sino un poco más hacia el sur, probablemente en o cerca del Puerto de Encinas, desde donde podrían controlar todo el comercio regional.

La soledad de la cañada únicamente se veía interrumpida por las diligencias que aprovechaban el paso de la cañada y cruzaban por aquí hacia el otro país. Como vimos en el artículo anterior, las líneas de diligencias sonorenses se habían multiplicado, mientras que por el lado de Arizona, diariamente partía una a las 7 AM de Tucsón y pasaba por Calabazas (actual Río Rico)hasta llegar a la “línea de nogales Sonora,” hasta donde costaba $6.50.

Mientras sucedía todo ésto en el ámbito local, en el internacional la compañía Atchison, Topeka & Santa Fe competía por entonces con la Southern Pacific para construir una línea férrea trascontinental en el Sur de la Unión Americana que quedara libre de las nieves invernales. Obviamente, mientras más hacia el Sur fuera construida, más probabilidades tendría de evitar nevadas.  Así, la Atchison se hizo de una antigua concesión para construir una vía férrea que partía de Guaymas y se dirigía directamente al Paso, sin pasar obviamente por Los Nogales, por lo que a partir de 1879 empezaron a llegar los materiales al puerto sonorense y el 17 de noviembre, a las 4 PM, se dejaba oir el silbato de la primera locomotora en Sonora.



El ingeniero encargado de la obra en Sonora era William R. Morley, mientras que el Ing. Antonio Moreno  fue nombrado por nuestro gobierno como Inspector General. Para enero de 1880 habían sido tendidos los primeros 10 kilómetros de vía desde Guaymas, y en noviembre llegaba a Hermosillo. Se planeaba que después se dirigiera de allí al Paso a través de la ruta Ures, Río Sonora, El Paso, aunque el Ing. Leopoldo Zamora, quien para entonces había sustituido a Moreno, encontró que si se cambiaba la ruta por otra que fuera hasta Magdalena y de allí al Paso, se disminuiría el costo de la construcción en casi la mitad, y ya después, en Magdalena, el Ing. Morley encontró a su vez que si la ruta se hacía pasar por el Paso Los Nogales, se ahorraría distancia para conectarlo con la línea ya construida en Arizona, que para entonces había pasado por Tucsón y llegaba a Benson.

Carlos Ortiz Retes
Hubo ciertas disputas sobre este nuevo cambio, y no fue sino hasta el 16 de diciembre de 1881 que el gobierno de México autorizaba el nuevo cambio de ruta para que pasara por Los Nogales. Para entonces, el administrador original de la aduana en Los Nogales había sido sustituido por el contador, Francisco A. Gea.

Sería muy largo hablar aquí de las peripecias, de los incidentes por los que pasaron los constructores de la línea, tanto en Sonora como en Arizona, ya que era tendida la vía desde ambos extremos. Entre otras estuvo la caída del gobernador Carlos Ortiz Retes, hecho que ocasionó un retraso en la construcción del lado sonorense. Para el 23 de septiembre de 1882 la cama de la vía llegaba por el lado sonorense 15 kilómetros al norte de Magdalena, mientras que del lado arizonense había sido tendida hasta 5 kilómetros de la frontera y se planeaba inaugurarla el mes próximo.  Pero el espacio se me agota, por lo que en el próximo continuaré con esta crónica.

Sunday, May 13, 2012

La Aduana de Nogales

Pocos lo saben, pero el establecimiento de la aduana en Nogales, antes de que surgiera esta población, fue resultado de una pinza de factores de alcance no únicamente local o regional sino nacional e internacional que incidieron sobre esta región durante la segunda mitad del siglo XIX: a México le preocupaba la posibilidad de perder aún más territorio después de lo sucedido a mediados del siglo XIX con las consecuencias de los tatados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla, aunque la sociedad fronteriza incrementaba espontáneamente el comercio internacional al concluir los problemas que habían regido casi todo el siglo XIX y culminado con el imperio de Maximiliano.

Debido a que la nueva frontera establecida por el Tratado de la Mesilla no se encontraba poblada aún a mediados de ese siglo, el gobierno federal estableció aduanas mexicanas en poblaciones cercanas a la misma, como Magdalena, Altar y Fronteras, en Sonora. La de Magdalena, por ejemplo, controlaba el comercio que pasaba la nueva frontera procedente de los ríos Asunción y en menor grado del Santa Cruz. Además, las autoridades mexicanas locales intentaban obtener información sobre las intenciones estadounidenses, como en 1857, cuando el Comandante Militar de Santa Cruz enviaba periódicamente a soldados vestidos de civil a Arizona, a Calabazas y a Tucsón, a “que se mezclen con el pueblo y reporten sobre la llegada y movimientos de americanos en la región,” y también les pidió que se disfrazaran de vecinos de los ranchos aledaños a la nueva frontera, Los Nogales o Calabazas (actual Río Rico, Arizona) para que investigaran movimientos estadounidenses en la región.

A su vez, los Estados Unidos establecieron un fuerte militar, Camp Moore, en 1856, cerca de Calabazas, para controlar el comercio procedente de los ríos Santa Cruz y Asunción, y poco después abrieron  una aduana en Calabazas. Consultando sus registros, vemos que entonces, por ejemplo, Santiago Campillo, de Magdalena, llevaba frijol, azúcar, harina y centeno a Arizona, mientras que Nicolás Soto, de Ures, llevaba panocha, jabón, naranjas y quesos.





Los empleados aduanales no fueron bien recibidos ni por los pequeños comerciantes ni por los dueños de minas de Arizona, y pronto aprendieron todos a evadir el pago de impuestos, además que quienes llevaban sus productos a Arizona regresaban cargados de ropa y telas para vender en Sonora. De esta manera, el prefecto del Distrito de San Ignacio, José Elías, dueño del rancho Los Nogales, se quejaba en 1856 de la aparición, esa década, del contrabando en Sonora, y que los comerciantes “abrieron tiendas en Tucsón y Calabazas, desde los que envían cargamentos de ropa a los pueblos del Estado.” Urgía además a las autoridades de México a que establecieran aduanas en la frontera misma para evitar ese contrabando.

La década de 1860, Guillermo Barnett, un inglés que había llegado a Sonora la anterior, adquiría y se cambiaba al antiguo Real de la Arizona, fundando un rancho con el mismo nombre, algunos de cuyos productos eran exportados a Arizona, y al terminar la Guerra Civil estadounidense los molinos de harina del Norte de Sonora, como el de Don José Pierson, dueño del de Terrenate, pasaron por una bonanza. En 1873, Pierson exportaba trenes de mulas cargados de harina a Tucsón, mientras que el enorme incremento de este nuevo comercio llevó a que  el cónsul estadounidense en Guaymas, John Willard, estimara que tan sólo en 1870 entre medio y tres cuartos de millón de dólares en mercancía habían pasado por Sonora, rumbo a Arizona. Sin embargo, el sentido de este comercio pronto cambió, ya que para 1879 se calculaba que cuatro de cada diez piezas de ropa de algodón usadas en Sonora habían sido introducidas de contrabando al Estado, lo que llevó al gobierno estatal a promulgar una ley que penaba con largas condenas a los contrabandistas, aunque esta disposición no resolvió el problema.

Ahora bien, en relación con el transporte de personas, en 1869 Miguel Pompa tenía una línea de diligencias entre Altar y Tucsón, mientras que el 71, Alfonso Coindreau inauguraba la primera línea entre Hermosillo y Tucsón, y para 1877 proliferaron las líneas de diligencias, como la de Antonio Varela que cubría de Hermosillo a Tucsón, aunque al terminar el año avisaba que la suspendería debido a que el Congreso del Estado no aprobó una ley concediéndole un subsidio. Y cuando la clausuró, inmediatamente surgieron otras, como la de José Pierson, de Magdalena a Tucsón, y poco después Juan Moreno establecía otra más entre Hermosillo y Magdalena, mientras que simultáneamente era inaugurada otra línea entre Hermosillo y Altar, lo que llevó a que el Congreso de Sonora promulgara, en noviembre de 1879, una Ley de Subvención de diligencias entre Hermosillo y Magdalena. Así surgió un enorme crecimiento en el número de diligencias que pasaban por el Arroyo Los Nogales y utilizaban las casas del rancho como estación de remuda.

Todo lo anterior llevó a que el gobierno federal decidiera finalmente enfrentar de lleno esta situación, y el 2 de agosto de 1880 estableció cuatro aduanas a lo largo de la frontera sonorense, en Quitovaquita, Sásabe, Los Nogales y Palominas, aunque el nuevo administrador de la de Nogales no llegaría al despoblado rancho sino hasta finales de ese año.

Sunday, May 6, 2012

Orígenes de Nogales


Entre las más frecuentes preguntas que me hacen durante las conferencias que realizo están aquellas sobre el origen de la población de Nogales. Que si porqué los nogalenses nos llamamos así, que si cuándo y porqué fue fundada esta hoy ciudad.

Juglans major
En cuanto a la primera, la respuesta es que Nogales debe su nombre precisamente al nogal, que es un gran y hermoso árbol que crece nativo en los arroyos de nuestra región. Para los científicos es el “juglans major,” cuyo fruto es una nuez con cáscara extremadamente dura. Y aunque ya son pocos los ejemplares que pueden encontrarse en este arroyo, de cualquier manera se conservó el nombre de la cañada en esta población que cubre dos naciones.

Luego, ya habiendo adquirido confianza, quienes hacen esas preguntas aventuran también respuestas sobre las causas que llevaron a que aquí surgiera Nogales: algunos opinan que fue el ferrocarril y otros que la aduana los que originaron a esta población.

Esqueleto de guacamaya encontrada en Nogales
Sin embargo, la realidad es que esta zona, desde siempre, ha estado dedicada al comercio. Mucho antes de la llegada de los europeos a América, por cañadas como ésta donde hoy se encuentra la ciudad de Nogales pasó, hará unos 3 mil años, el conocimiento de la agricultura del maíz, del tomate, del frijol y de otros, procedente del centro del actual México, que fue transmitido a los pobladores de más hacia el Norte.

Y ya en la era cristiana, también pasaron por aquí los indígenas que traían productos como papagayos, cuyas plumas eran muy preciadas como adorno, para cambiarlos por turquesa y cerámica de los actuales estados de Colorado o de aún más al Norte. ¿Qué cómo sabemos eso? Pues porque en una investigación arqueológica realizada recientemente en un sitio dentro del actual Nogales, Arizona, se encontró el esqueleto de una guacamaya recién nacida, de una especie que nunca ha vivido en el actual Sonora. Y al igual que ese esqueleto, también aquí han sido encontradas conchas marinas y otros artículos que eran fabricados en otras regiones.

La razón detrás de que esta región tenga una vocación comercial se debe a que el arroyo de Nogales sirvió de camino a los indígenas que, procedentes del Sur del actual Sonora, se dirigían con sus productos a regiones como Arizona, a Colorado, y a otras más. Así, primero seguían el río Magdalena para luego pasar al río Santa Cruz a través de arroyos como Los Nogales; corrientes donde había agua para beber todo el año.

Y pasó el tiempo, y después de la llegada de los españoles, durante la Colonia y aún posteriormente, por aquí también se realizó el comercio de la harina producida en lugares como Magdalena, que era cambiada por diversos productos de Arizona. Y siguió el paso de los años, y poco antes de la fundación de Nogales, también por aquí pasaba el contrabando que se introducía a Sonora, por lo que el gobierno federal estableció, en 1880, las aduanas de Palominas, Los Nogales, Sásabe y Quitovaquita, y dos años después fue inaugurado el ferrocarril en la aún despoblada cañada. Y finalmente, el 11 de julio de 1884 fue publicado el decreto fundacional de la población y municipio de Nogales, y de inmediato empezó a crecer un poblado a la sombra del acantilado que hoy se encuentra a un lado de la calle Elías, a un lado de la mojonera que definía una frontera internacional y que actualmente ha sido cambiada por un obelisco, el  número122.

Vino después la revolución, y al concluir ésta, en la década de 1960 se inició el programa de industrialización fronterizo, y con él surgió el programa de maquiladoras. Con ellas llegó más gente a Nogales y acompañándola, también llegaron mercados, escuelas, pavimentaciones y otros servicios sociales, y allí nos encontramos hoy.

Así que no fue ni la aduana ni el ferrocarril los que llevaron al nacimiento de Nogales. La realidad es que esta región desde tiempos inmemoriales ha tenido vocación para el comercio; éste provocó el nacimiento y crecimiento de esta población, como también es el comercio el que ha llevado a que actualmente Nogales se encuentre en pleno proceso de expansión.


Sunday, March 4, 2012

El ser Nogalense


Saturno, según Goya

La historia de México siempre ha sido la de Saturno: el Dios que devora a su progenie para seguir viviendo; o vista desde la visión mexica, la de Huitzilopochtli: el que exige el sacrificio humano para que el sol salga el día siguiente.

Desde la visión de Saturno, nuestros próceres han sido generalmente reemplazados por otros que les niegan validez tanto a ellos como a la fórmula anterior, aunque también ellos serán sustituidos por otros que nuevamente  repetirán esa fórmula. O desde la perspectiva de Huitzilopochtli, el nuevo orden sacrifica al viejo, negándole validez.

Se atribuye a Sebastián Lerdo de Tejada la aparente lapidaria frase: “Hay que cultivar el desierto entre México y los Estados Unidos,” propuesta aparentemente eterna que dictaría para siempre el desarrollo futuro de México, tesis definida por las mutilaciones que sufriera nuestro país a mediados del siglo XIX. Y sin embargo, esta frase de antes del inicio del Porfirismo, de antes del nacimiento de Nogales, anterior a esta hoy ciudad que surgiera como principal símbolo en Sonora de Díaz, fue derrotada por la necesidad de desarrollo económico, por la urgencia de modernizar a la sociedad mexicana.
Huitzilopochtli

Si bien hasta entonces Sonora, eminentemente rural, había estado comunicada por Guaymas hacia el exterior, y el comercio sonorense se realizaba principalmente con Europa y con el California que tras el Tratado de Guadalupe-Hidalgo se hizo estadounidense, vino después el ferrocarril de Sonora, inaugurado en Los Nogales en 1882, antes del nacimiento de esta población, y con esa inauguración fue formado un nuevo eje de comercio de Sonora, un eje ya no rural sino urbano que integraría económicamente a la costa del Pacífico de México, pero que además comunicó, apenas unos 30 años después de las acosadas filibusteras que sufriera nuestro Estado, con los Estados Unidos, y así quedó atrás el principio de Lerdo de Tejada.

Para 1884, el nacimiento de esta población fronteriza había alterado para siempre la geografía del comercio de nuestro Estado. Era el presentimiento de la conversión de esta hoy ciudad en la capital estratégica del Norte de Sonora, el lugar donde lo rural aprende a ser urbano, aunque más profundamente y desde la mentalidad del ciudadano futuro, el laboratorio de fórmulas de convivencia social, tanto en lo interno como en lo externo y no únicamente con vigencia local sino nacional.

Carranza en Nogales
Y después vendría la revolución, y como augurio de lo que se avecinaba fue precisamente en Nogales en donde Venustiano Carranza organizó ese gobierno que intentaba establecer en la nación la nueva fórmula, y también desde aquí, desde Nogales partió Alvaro Obregón dirigiendo la campaña militar que primero recuperaría y después reorientaría el rumbo que adoptó nuestra nación durante el siglo XX bajo una nueva manera de hacer las cosas, es decir con raíces fronterizas.

Siguió en 1928 la campaña de Vasconcelos, que intentó establecer el civilismo en el gobierno nacional, y también fue precisamente aquí, en Nogales, en donde éste proclamó “la revolución necesita, por fin, llegar a los espíritus,” aunque esta arenga resultó prematura ya que fue acallada por la fuerza de las mismas armas que intentaba reemplazar.

Calles y Obregón en 1924, en la toma de posesión del primero
Vendría después el turno de otro de los líderes revolucionarios con raíces formativas en esta frontera, y Plutarco Elías Calles buscó y en parte logró conformar la fórmula social e ideológica del México del siglo XX. Su falla estuvo en la orientación que siguió para darle solución a otro de los problemas eternos de México: lo centrífugo contra lo centrípeta; se inclinó por  lo segundo al intentar darle forma a un Estado infalible, todopoderoso, aunque al mismo tiempo le negaba validez a la opinión libre del ciudadano, la que interpretaba como anarquista, apátrida, centrífuga, y así transcurrió el resto del siglo XX.

Hoy, en la infancia del siglo XXI, la incertidumbre impera soberana sobre fórmulas globales que también se creyó que serían eternas; el mundo se debate entre inseguridades energéticas y hegemónicas,  informáticas y políticas, económicas y sociales, mientras que nuestra comunidad nogalense aún busca lo mismo que antes: la solución, tal vez utópica, a la problemática del ser. Utilizando los principios del trabajo y de la superación personal en esta ciudad que nació para la faena diaria por lo que alguien dijera de ella que nadie descansa afuera de sus casas, el nogalense se manifiesta también bajo una aparente atomización social que, en el fondo, no es sino la expresión de nuestro conflicto identitario, de nuestra fórmula fronteriza de coexistencia de lo propio con lo extraño, del constante intento de ser homo laborabilis en un medio de homo urbanus.

Nuestra permanente búsqueda de la adaptación, nuestro cotidiano pragmatismo se debe a que diariamente nos enfrentamos a la continua redefinición identitaria de lo que somos y lo que queremos ser. En los ritmos públicos cotidianos del levantarnos, del comer, del diario transcurrir o del relacionarnos con los demás, asistimos a la neofrontera geográfica y cultural del ser mexicano en este confín nacional llamado Nogales, al mismo tiempo que intentamos darle forma a un nuevo ser mexicano en medio del diario atestiguar la situación de la potencia mundial vecina en grave crisis, en medio de la cotidiana certeza epistemológica de que vivimos el final de la vigencia del Racionalismo, aunque al mismo tiempo nos lastima nuestro analfabetismo del lenguaje orgánico del futuro.

Sunday, February 26, 2012

hacia el Arizona actual

La minería había sido la principal actividad económica de Arizona hasta entonces, aunque gradualmente su influencia como fuente de empleos decayó a pesar de que hoy produce poco más de la mitad de todo el cobre que se extrae en los Estados Unidos. Ello, debido a los procesos de automatización productiva que reducen el empleo e incrementan la producción cuprífera.

Así, al pasar el tiempo, la economía arizonense se fue diversificando y una de las primeras actividades hacia donde lo hizo fue hacia la manufactura. En 1939 había 313 fábricas en el Estado que utilizaban a 7,996 obreros, aunque estas cifras aumentaron enormemente en años venideros. La consecuencia fue una creciente urbanización de ciudades como Phoenix o Tucsón, promovidas por la abundancia de sol; las desventajas, el calor veraniego y la falta de agua.

Para resolver el primer problema, Motorola fue pionera en la instalación de aires acondicionados a los que para 1960 había agregado una división de Sistemas Sólidos y otra de Semiconductores en Phoenix, convirtiendo a Motorola, con sus 5,000 empleados, en la principal empleadora de la capital arizonense, mientras que en Tucsón se abrió una enorme fábrica de misiles de la compañía Hughes en 1951. Así, el empleo estatal entre 1950 y 1960 creció, en manufactura de 17,000 a 49,300; en minería de 11,300 a 15,200; y en agricultura de 35,100 a 36,200. Es decir, la manufactura se llevó, con mucho, la delantera.

Obviamente, este crecimiento de empleo trajo consigo el incremento en población del Estado a través de una cada vez mayor inmigración y crecimiento urbano. En 1940 había medio millón de habitantes en Arizona y para 2010 había poco más de seis millones, mientras que Tucsón pasó durante el mismo periodo de 37,000 a medio millón, y Phoenix de 65,000 a millón y medio.

Esta sociedad aspiraba a vivir en una casa familiar con aire acondicionado y un mínimo de dos autos, con céspedes de prado y albercas de ser posible, además de camellones urbanos provistos de vegetación tropical húmeda, todo promovido por créditos baratísimos. Acompañando a esta urbanización surgieron los centros comerciales. Así, en Phoenix nacieron Town and Country en 1956, Park Central el 57, Tower Plaza el 58 y Curtis Town el 51; mientras que en Tucsón fueron construidos el Park Mall el 57, El Con el 60 y Tucsón Mall el 80.

Además, poco después los habitantes de las crecientes ciudades arizonenses empezaron a intentar regresar a una vida semirural, produciendo el éxodo hacia las montañas arizonenses facilitado por la pavimentación de la carretera 58. De la noche a la mañana antiguos poblados madereros como Payson o la región de White Mountains se convirtieron en activos centros comerciales que abastecían a una creciente población que buscaba escapar del calor urbano y regresar a un ambiente semirural. 

De cualquier manera, los mexicanos fueron excluidos de este crecimiento; si bien durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra de Corea, habían abastecido de una preciada mano de obra, para 1954 el Border Patrol lanzó la Operación Espalda Mojada (Wetback), que expulsó a miles de mexicanos y hasta por error a estadounidenses, y en 1964 terminaba el programa bracero. Estos fueron augurios de intentos para controlar el crecimiento de la población hispana arizonense.

El otro problema, fundamental para el desarrollo futuro arizonense, era resolver el acceso al agua en una región tan desértica como esa, ya que alcanza un promedio de precipitación anual de unos 30 cm en promedio en Tucson aunque con una mayor evaporación solar, mientras que en Phoenix, que supera a Tucsón en su evaporación, la precipitación es apenas unos 17 cm. Así se ideó el Proyecto Central de Arizona, destinado a llevar agua del río Colorado a esas ciudades arizonenses.

Sin embargo, debido a la enorme variación del flujo de este río, surgió una disputa sobre cuánta agua le tocaría a cada uno de los Estados de la cuenca baja del Colorado: Arizona California, Nevada, cuánta a los Estados de la parte Norte de la cuenca, cuánta a las naciones indígenas y cuánta a México, y a pesar de una larga serie de decisiones de la Suprema Corte de Justicia estadounidense no se ha logrado resolver el problema. Todo ésto es un indicativo de que el recurso agua es decisivo para el crecimiento futuro de esta región.

Actualmente, después de los problemas económicos estadounidenses, asociados a su vez con la crisis financiera mundial, y de que no se ha logrado resolver el problema del agua, los arizonenses buscan gradualmente nuevos modelos de vida, aunque inmersos en pugnas intestinas.

Por ejemplo, en 1980 se decretó la Ley de Administración de Aguas Subterráneas de Arizona, aunque en un reporte más reciente se decía: “hay agua suficiente para cubrir varios siglos de la región de Phoenix y 700 de Tucsón,” lo cual, a todas luces, no es cierto. De esta manera, el acceso al recurso agua va a dictar el crecimiento futuro del Estado de Arizona, ese Estado que recibió su nombre del lugar aledaño a Nogales, lugar que alcanzara fama mundial durante la colonia.

Sunday, February 19, 2012

Arizona durante la primera mitad del Siglo XX

Este próximo día 24 de febrero celebraremos en México a nuestro símbolo nacional, la bandera mexicana, festividad que se realiza en el aniversario de la firma del Plan de Iguala por Agustín de Iturbide, y que constituye uno de nuestros máximos iconos de identidad, aunque el tema de este artículo es la continuación de la serie que escribo en conmemoración del centenario del establecimiento de Arizona como Estado de la Unión Americana.

En 1889 su legislatura había decretado que Phoenix fuera la capital del Territorio de Arizona en substitución de Tucsón. Sin embargo, la década siguiente la naturaleza se portó inclemente como un augurio de que el agua sería un factor determinante para el crecimiento futuro de toda esta región.  Los inviernos llegaron con inundaciones que amenazaban la nueva capital territorial, mientras que los veranos fueron de sequías que ocasionaron innumerables demandas de los rancheros que se disputaban el escaso líquido en existencia. El resultado fue una caída en la producción agrícola de aproximadamente la tercera parte desde los más o menos 200,000 acres que había en producción al inicio del periodo.

El 14 de febrero de 1914
Bajo estas condiciones inició su vida el Estado de Arizona. A las diez de la mañana del día 14 de febrero de 1912 se recibía en Phoenix un telegrama que anunciaba que el Presidente estadounidense, William Howard Taft, había firmado el decreto que convertía a Arizona en el Estado número 48. Al recibirlo, el previamente electo Gobernador, George W. P. Hunt, quien había llegado de su nativo Missouri en 1881, se dirigió a la ceremonia oficial. En total, le tocaría ser reelecto el mayor número de veces hasta el día de hoy en la historia de Arizona, siete.

Vendría después la Primera Guerra Mundial y el surgimiento del cultivo del algodón en Arizona, auspiciado por la demanda de este producto para el esfuerzo bélico. En 1916, únicamente se habían plantado 7,600 acres con algodón, mientras que en 1919 la superficie subió a 82,000, y su precio subió en el mismo periodo de $223 a $406 por paca. Sin embargo, al concluir la guerra, en 1920 la libra de algodón, que costaba 65 centavos para producir, apenas alcanzaba un precio de 28 centavos. El resultado fue la bancarrota generalizada, aunque el mayor impacto lo sufrieron los pizcadores, la mayoría mexicanos.

En 1917, el Congreso estadounidense había proclamado la Ley de Inmigración que establecía un impuesto de 8 dlls. por cada inmigrante y la prueba de no ser analfabeta. La demanda de trabajadores por el algodón, sin embargo, hizo que los arizonenses buscaran, sin éxito, derogarla, aunque lograron que entre 1917 y 1922 entraran legalmente a Arizona más de 72,000 mexicanos a trabajar en los campos arizonenses. Vivían en condiciones paupérrimas y les pagaban de 1.5 a 2 centavos por libra pizcada, con lo que una familia entera apenas alcanzaba a ganar un máximo de $18 a la semana, aunque dado que la mitad era destinada a pagar sus adeudos, no les quedaba nada.

Sin embargo, durante el invierno de 1920-1921, al derrumbarse la producción algodonera, 10 mil trabajadores mexicanos quedaron sin empleo en Arizona ni recursos para regresar a México, y los afortunados fueron acarreados a Nogales en camiones de carga. La superficie dedicada al cultivo de algodón cayó de 200,000 acres a 9,000 entre 1920 y 1924.

Para 1924 surgía otra corriente de xenofobia que llevó a la aprobación de la Ley de Cuotas de 1924, que estableció otro impuesto adicional de 10 dlls, además de los 8 que ya pagaban los inmigrantes, y un año después era creada la Patrulla Fronteriza. Así quedaba probado que el acceso a la mano de obra mexicana barata no era impedimento para el desarrollo económico futuro de Arizona.

El obstáculo real era, y es, el acceso al agua, por lo que la atención estadounidense se dirigió a aprovechar la del Río Colorado, que cruza varios Estados, además de desembocar al Golfo de California, ya en México. Siguieron años de luchas por la cuota de agua que le tocaría a cada Estado, y no fue sino hasta fines de 1938 cuando el Presidente Coolidge firmó la ley que autorizaba la construcción de la Presa Hoover, aunque el problema de a qué Estado le tocaría el agua del Colorado no fue resuelto por varios años.

Sin embargo, la construcción de esta presa sobre el Colorado, en la frontera entre Arizona y Nevada, no fue la panacea que se esperaba, y después de la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, en 1946 el Senador Carl Hayden, de Arizona, empezó a promover un proyecto para llevar agua del río Colorado al centro de Arizona, el que recibió el nombre de Asociación del Proyecto Central de Arizona. Además, también se empezó a desarrollar el turismo arizonense como fuente importante de ingresos.


Sunday, February 12, 2012

Arizona durante la segunda mitad del siglo XIX

Después de la adquisición de Arizona por Estados Unidos a mediados del siglo XIX con los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y de La Mesilla, la nación vecina se dio a la tarea de desarrollar esa región, y para lograrlo, primero fue necesario realizar expediciones exploratorias a lo largo de dos corredores: el Paralelo 35° y el 32.° Era una Arizona esencialmente despoblada, donde los únicos poblados, aunque pequeños, eran Tucsón y Tubac.


Poco después se iniciaba una contienda entre distintas compañías ferroviarias para atravesar la región, siguiendo esas mismas rutas. A lo largo del paralelo 35,° la Atlantic & Pacific, que partía de San Francisco en California, entraba a Arizona por la esquina actual entre Arizona, California y Nevada para después atravesarla por el Norte y dirigirse a Santa Fe, Nuevo México; mientras que siguiendo el paralelo 32° competían la Southern Pacific y la Atchison, Topeka & Santa Fe. Esta línea entraba a Arizona por Yuma, seguía en general el curso del río Gila para después, cerca del actual Phoenix, que había sido fundado en 1865, pasaba al río Santa Cruz hasta Tucsón, y posteriormente hacia el Este hasta El Paso.

El otro problema, de los indígenas, fue resuelto de una manera diferente que en México. En Arizona se fueron estableciendo diversas reservaciones  indígenas;  la primera fue la Comunidad Indígena del  Río Gila, establecida en 1859, hasta completar las 21 que existen hoy. Este programa fue acompañado por la Ley General de Asignación (General Allotment Act) de 1887, que estableció la división de las reservaciones en lotes individuales para transferirlos a familias que los trabajaran, mientras que el resto de las tierras era transferido a no indígenas.  Además, se formaron escuelas en las que los niños eran arrancados de sus familias y sometidos a una rígida disciplina militar en la que se les prohibía hablar su idioma nativo, se les cortaba el cabello y eran vestidos a la usanza europea. La meta era que olvidaran su cultura y se incorporaran al nuevo estilo de vida.

Con la llegada de los ferrocarriles surgió también en gran escala la minería auspiciada por capitales del Este de la Unión Americana. Esta se había desarrollado originalmente con la extracción de oro, para ser seguida por la de la plata a partir de la década de 1870, cuyo principal pueblo minero fue Tombstone, fundado en 1881 y que alcanzó una población de unos 4,000 habitantes, convirtiéndose brevemente en la principal población de Arizona. Después, con el advenimiento de la electricidad de corriente alterna, se incrementó la demanda del cobre y surgieron las minas de ese metal a partir de la década de 1890, aunque ya para entonces habían sido fundados algunos pueblos mineros cupríferos como Clifton, Morenci o Bisbee.

Y mientras se desarrollaba la minería esencialmente en la parte Sur de Arizona, en el Norte del Territorio se iniciaba la explotación maderera, facilitada por el ferrocarril, y así surgieron poblaciones como Fagstaff, Williams, Payson o Snowflake. En 1878 el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Corte Maderero (Timber Cutting Act), que les daba a los colonos el derecho de “cortar y remover madera del dominio público para propósitos de minería y domésticos,” y ese mismo año la Ley de Madera y Piedra (Timber and Stone Act) permitió la venta de terrenos con bosques a $2.50 el acre en parcelas de 160 acres; y aunque la intención de esta ley era promover la colonización, lo que sucedió en realidad fue que las grandes compañías madereras adquirieron cientos de miles de acres a través de prestanombres y se presentó la sobreexplotación de los bosques.

De cualquier manera, al inicio del siglo XX, de los cerca de 123,000 arizonenses que había, todavía el 84% vivía  en regiones rurales, mientras que la principal ciudad y capital territorial hasta 1877 era Tucsón, que alcanzaba apenas los 7,531 habitantes; Phoenix, que seguiría a Tucsón como capital, tenía entonces 5,540; mientras que las poblaciones fronterizas hermanas de Ambos Nogales, que habían surgido en 1884, contaban al empezar el siglo XX con unos 1,500 habitantes del lado sonorense y 1,200 en Arizona.

Por otro lado, el lugar que le había heredado su nombre a Arizona, que para entonces era un rancho situado 25 Kilómetros al suroeste de Nogales, y que había adquirido por la década de 1860 Guillermo Barnett, bisabuelo del autor de estas líneas, producía, según descripción de un periódico de la época “3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras. Además, se  prepara para  producir leche condensada y pronto la pondrá en venta como "Rancho La Arizona."

En Sonora, el despegue económico arizonense había cruzado la frontera y, asociado con el desarrollo porfirista, llevó al nacimiento de pueblos mineros como Cananea o Nacozari, o la construcción del Ferrocarril de Sonora, resultado de la contienda entre las compañías que construían a lo largo del paralelo 32°.

Sunday, February 5, 2012

Arizona hasta el Tratado de la Mesilla


Las reformas borbónicas en Arizona, que todavía pertenecía a finales del siglo XVIII a Sonora, resultaron en una pinza de castigos y premios para los apaches, de ataques contra los rebeldes e incentivos para que se asentaran en los presidios (fuertes militares) donde les daba comida y lo necesario para su subsistencia. Así se acogieron éstos en Bacoachi, Arizpe, Fronteras, Santa Cruz y, en la década de 1790, en Tucsón. Además, se ordenó repartir cuatro sitios de terreno en cada presidio a los colonos para promover la economía individual. El resultado fue que en 1804 había 37 colonos no indígenas y más de 200 indígenas viviendo en Tucsón, y en el cercano Tubac, fundado como presidio en 1752, ocurría algo parecido.

Simultáneamente, la estructura misional, ahora a cargo de los Franciscanos, realizaba un ambicioso programa de edificación de nuevos templos en todo Sonora para reemplazar a los construidos por los jesuitas. El más notable fue erigido en San Xavier del Bac (haz click aquí para verlo) y dedicado en 1797, mientras que el de Tumacácori (haz click aquí para verlo), que nunca fue concluido, fue iniciado en 1800.

Al sobrevenir la guerra de independencia, Sonora participó con sus soldados en las batallas de la Costa del Pacífico. La paz indígena llevó a que también muchos de los colonos y militares criollos adquirieran mercedes de terrenos que dedicaron a la ganadería.

El espacio no permite una lista exhaustiva de esos ranchos ni hablar de su historia, aunque no puedo dejar de mencionar que el primero documentado, o sea sobre el que existan actualmente los títulos originales, en el actual Arizona se había otorgado en 1789 a Toribio Otero, en Tubac, y para la década de 1830, aledaños a la frontera actual, a lo largo del río Santa Cruz estaban los hermanos Ortiz en Arivaca y Canoa; más al Sur los Juvera en Buenavista (actual Mascareñas) extendiéndose a ambos lados de la frontera actual; los Romero desarrollaban San Rafael de la Zanja al Norte de Santa Cruz, en el nacimiento del río. Por otro lado, al Norte del actual Patagonia la familia de León Herreras vivía en San José de Sonoita y, más al Este, en el río San Pedro se diseminaban los de la numerosa familia Elías, entre otros San Ignacio del Babocómari, San Juan de las Boquillas, Nogales (sobre el río San Pedro), San Pedro y San Rafael del Valle, así como Agua Prieta. Y en el extremo sureste de Arizona, la familia Pérez hacía lo propio con San Bernardino. Entre todos estos ranchos se encontraba Los Nogales de Elías, en donde actualmente se extiende la principal ciudad fronteriza de Sonora y Arizona y que abarcaba desde el Puerto de Encinas en Sonora hasta cerca de Mariposa Road en Nogales, Arizona, actual.

Todo este desarrollo se derrumbó a partir de 1831 al terminarse los incentivos para mantener a los apaches en los presidios y éstos reanudaron sus ataques. Administrativamente, Arizona había sido incorporado en 1824 al Estado Interno de Occidente, que comprendía desde Sinaloa hasta Arizona, el que fue subdividido en 1830 en Sinaloa y Sonora, con Arizona bajo la jurisdicción de Sonora.

La guerra de Estados Unidos de 1846-1848 contra México, impulsada por su expansionismo y la meta de construir una vía férrea que atravesara a la nación vecina que no bloquearan las nieves de invierno, concluyó con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo por el que Estados Unidos adquirió, entre otros, el Norte de Arizona hasta el cauce del río Gila, donde actualmente se encuentra Phoenix, región que puso bajo la administración de Nuevo México. Sin embargo, este tratado no fue suficiente para esas ambiciones, y en 1854 el Tratado de la Mesilla recorría la frontera hasta la actual mediante el pago de 10 millones. Originalmente, se planeaba establecerla más hacia el Sur, aunque debido a la oposición de los negociadores mexicanos se adoptó la que conocemos y que permite la comunicación por tierra con California. (Si deseas conocer más sobre este tema, encontrará esa información haciendo click aquí). 

De esta manera, el ingeniero estadounidense, William Emory, delimitó la nueva frontera y en mayo de 1855 la estableció en Los Nogales, mientras que los soldados mexicanos dejaron Tucsón el 10 de marzo siguiente, y para noviembre llegaba allí un destacamento estadounidense.

Los únicos poblados del terreno recién adquirido eran entonces Tubac, con unos 300 habitantes, y Tucsón, que ya llegaba a 650; Arizona a su vez alcanzaba unos 5,300, de los que 2,400 eran blancos, la mayoría mexicanos,  4,000 indígenas y unos 20 afroamericanos. Es decir, mientras que la población de Sonora para entonces ya se dividía por la mitad entre indígenas y blancos, en Arizona aún preponderaban los indígenas.

Y en relación con el gobierno del territorio recién adquirido, la lejanía del centro de gobierno, en Nuevo México, llevó a que el 29 de agosto de 1856 se reunieran en Tucsón anglos y mexicanos y le enviaran un memorial al Congreso estadounidense pidiendo que Arizona, como le llamaron a esa región en honor a la fama del lugar del que hablamos anteriormente y aledaño al actual Nogales, fuera organizado como  Territorio, separado de Nuevo México.