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Sunday, August 18, 2013

La frontera nogalense durante la revolución

Ya vimos en esta serie de artículos que escribo, dedicados al 95 aniversario de la gesta heroica del 27 de agosto, cómo se desarrolló la región fronteriza de Nogales durante el porfiriato.  Ahora cubriré cómo era Nogales al iniciar la revolución mexicana, un poblado que se extendía, a lo largo de la cañada, hasta la entrada de la actual Cañada Héroes.

La Calle Internacional de Nogales
Por entonces no había ninguna restricción al cruce de la frontera. Las únicas mnifestaciones visibles que había una frontera internacional allí eran lo ancho de la Calle Internacional, por un lado, y la existencia de varios monumentos internacionales a lo largo de la línea fronteriza, de los que el número 122 destacaba por entonces (éste se encuentra en el centro mismo de la foto a la derecha, en donde Sonora está a la izquierda y  Arizona a la derecha). Y un poco más allá, a un lado de la vía férrea que como hoy, también entonces cruzaba la frontera, la estación del ferrocarril de Sonora (son los edificios obscuros en el centro de la fotografía, uno a cada lado de la misma y que, por cierto, se puede apreciar un ferrocarril que va cruzando la frontera), y más al Sur el edificio de la aduana (apenas se distingue una pequeña cúpula en la imagen), y enseguida de éste, hacia el Norte, la Plaza 13 de Julio con su quiosco (la pequeña zona arbolada a la izquierda de la imagen). Al poniente de la plaza, las distintas residencias de la élite nogalense de entonces se extendían a lo largo de la Calle Pesqueira, mientras que junto a la frontera estaba la residencia del principal agente aduanal nogalense, Próspero Sandoval.

Por otro lado, la calle comercial de Nogales era entonces la Elías, que en Arizona se convierte en Morley después de pasar uno a un lado del Monumento Internacional 122. En la Calle Elías podían encontrarse desde restaurantes como el Cazabón (un edificio que aún existe y cuya fotografía aparece a la izquierda), que ofrecía a los comensales ostiones que recibía diariamente por ferrocarril desde Guaymas, o bien hoteles como el Escobosa, situado en el extremo Norte de la Calle Elías, al Sur del Monumento 122 y frente al edificio del Cazabón, o bien tiendas como la de Lelevier, en donde se ofrecían los mejores artículos de vestir europeos.

Ese fue el escenario bajo el que se desarrolló la revolución mexicana cuyo primer periodo, el maderismo, no tuvo repercusiones locales. Las complicaciones surgieron después del cuartelazo de Huerta y del asesinato de Madero.

Seguiría el pronunciamiento de Venustiano Carranza y, aquí en Sonora, el levantamiento de las fuerzas de Alvaro Obregón que escogió a Nogales para realizar su primera acción de armas con la toma de esta población, y de esa manera convirtió a Nogales en la base inicial del movimiento revolucionario.

Vendrían después las pugnas entre Plutarco Elías Calles y el gobernador con licencia, José María Maytorena, las que llevaron a una reunión el 28 de julio de ese año de 1913 aquí en Nogales, entre las distintas facciones, aunque sin ningún avance. Pero otorguémosle la voz a Don José Vasconcelos, uno de los grandes filósofos de América, quien visitó a esta población por entonces:

“Llegamos a Nogales horas después de la Junta que absolvió a Maytorena de los cargos de sus enemigos y lo confirmó en el mando. Para asistir a dicha Junta, habían venido desde el sur a Nogales, muchos jefes. Entre todos, el que más pesaba era Obregón. A tal punto, que bastó con que él asumiera la defensa del Gobernador para que la discusión terminase y se disolviese la Asamblea al grito de ¡Viva Maytorena! … En Nogales me tocó alojarme en la misma alcoba con Miguel Alessio Robles.”

El edificio de este hospedaje compartido por Vasconcelos fue el hotel Escobosa, una construcción de piedra de dos niveles edificado a finales del Porfirismo y por lo tanto con sabor francés que, afortunadamente, continúa en pie, aunque dedicado a otros fines. Pero regresemos con Vasconcelos:

“Nos despertaron de mañana las cornetas de una compañía de yaquis que pernoctaba en los bajos del hotel. La impresión fue magnífica. Ya no éramos los perseguidos que despiertan sobresaltados. La fuerza que tocaba dianas estaba al servicio de la justicia y amparaba a los hombres honrados… la noche anterior, había llegado tarde y no ví nada del pueblo. En vano buscaba las nogaleras que sin duda le habían dado nombre. Apenas uno que otro árbol en calles apartadas y el centro una fealdad sin alivio, casas pequeñas, de ladrillo, interiores sórdidos, polvo en todas partes, descuido, y no por pobreza, por incultura.”

Pasaron nuevamente los meses y Don Venustiano Carranza también escogería a Nogales como base de operaciones del movimiento armado, y llegó a esta frontera a finales de ese año de 1913. Pero otorguémosle ahora la palabra a Martin Luis Guzman, quien nos ofrece una crónica del Nogales de entonces:

Martín Luis Guzmán
“Ya había anochecido cuando Alberto J. Pani y yo llegamos a Nogales. En la estación –feo cobertizo semejante a los que acabábamos de ver en el largo trayecto arizonense, sólo que aquí con la peculiar pátina mexicana- nos esperaban varios amigos y amigos de amigos… atravesamos una calle y caminamos un tramo de otra: ya estábamos en el hotel. La puerta daba a un pasillo que se convertía, por el fondo, en escalera… Una figura conocida apareció en lo alto y se mantuvo allá… era Isidro Fabela... se fueron abriendo las puertas de los cuartos y empezaron a salir por ellas hombres de la Revolución: salió Adolfo de la Huerta; salió Lucio Blanco; salieron Ramón Puente, Salvador Martínez Alomía, Miguel Alessio Robles y otros muchos…”

Después de dejar sus cosas y arreglarse en el Hotel Escobosa, los viajeros fueron a hablar con Carranza, al cercano edificio de la Presidencia Municipal, que se encontraba situado entonces en la esquina de Campillo y Juárez y frente al de la Aduana. Ese era el Nogales donde inició la revolución mexicana, a unos pasos del Monumento Internacional número 122.

Monday, April 29, 2013

La Economía y lo social en Nogales durante el porfiriato


Ya describí ejemplos de la industria manufacturera en esta región en los inicios de Nogales, es decir, durante los años del porfiriato. Indudablemente, por entonces la producción agraria rebasaba no únicamente en Nogales sino en todo México, y  con mucho, a la producción en otras actividades económicas como fábricas, servicios, etcétera. Sin embargo, el espacio de estos artículos me encamina a limitarme: únicamente cubriré en éste la dimensión social entonces, aunque con pequeñas referencias a la actividad económica, para poner lo económico dentro del contexto social.

En cuanto a la producción agraria, en el municipio de Nogales, en 1902, se produjeron en la Hacienda La Arizona, dos toneladas de manzana, una de pera y dos de durazno. Esto mientras que las otras haciendas del municipio no reportaron producción frutícola ese año. De cualquier manera, el  principal productor agrario del consumo regional era el municipio de Magdalena, en donde se cultivaba la mayoría de los vegetales y frutas.

Ahora bien, en las haciendas del municipio había el siguiente ganado en 1910: Santa Bárbara y Buenavista, de Manuel Mascareñas, con 5,000 cabezas; La Arizona, de herederos de Guillermo Barnett, con 2,000 cabezas; Cíbuta, de José Pierson, con 1,000 cabezas; rancho de Camou con 500 cabezas, y Agua Zarca, de Luis Carrillo, con 150 cabezas.

Sin embargo, la principal actividad  en este municipio ya desde entonces era el comercio internacional, el cual tuvo un crecimiento  impresionante en los años iniciales de la aduana nogalense, aunque ya para 1900 se había estabilizado. Veámoslo con números: si en 1881 se habían exportado por Nogales cerca de 6 mil pesos, para 1910 se habían alcanzado poco más de 10 millones de pesos. Eso mientras que las importaciones por Nogales durante ese 1910 fueron de poco más de 5 millones de pesos. Y si comparamos  las exportaciones por Guaymas durante ese mismo 1910, que fueron de casi un millón de pesos, o sus importaciones que fueron de cerca de cinco, logramos una idea de la preponderancia que tuvo ya desde entonces Nogales como puerto internacional, así como de las características del comercio aduanal e internacional sonorense: por Nogales se exportaba y por Guaymas se importaba. Y aquí cabe que agregue que el peso valía entonces alrededor de 50 centavos de dólar.

Por entonces, Nogales contaba con una población de 2,500 habitantes dividida en 700 hombres, 800 mujeres, 575 niñas y 425 niños. De ellos, 128 varones y 112 niñas asistían a la escuela. Había 24 kilómetros de calles y 20 de callejones, ninguno pavimentado. La población contaba con 600 residencias, y aunque había electricidad pública y agua, no había ni bomberos ni tranvías o periódicos. La compañía de teléfonos contaba con 34 subscriptores mientras que el Banco de Sonora se encargaba de proporcionar los servicios pecuniarios.

Había, además, varias agencias aduanales de las que la más antigua era la de los hermanos Sandoval y tres hoteles cubrían las necesidades del viajero: el Moderno, el París y el Sonora. Para el relajamiento se encontraban el Club Internacional o bien el Teatro Ramírez, orgullo nogalense por ser el mejor del Estado, y que recientemente había sido construido al estilo Luis XIV. se encontraba ubicado donde hoy se encuentra el Edificio del Estado, tenía una capacidad de 1,200 espectadores y 225 lámparas incandescentes que podían simular cualquier efecto luminoso. Su capacidad y requisitos de mantenimiento probablemente se encontraban por encima de lo local, ya que casi de inmediato se sumergió en problemas financieros, a pesar de que su dueño era un pariente cercano del Gobernador del Estado, José María Maytorena.

La principal fábrica de la población era la de máquinas de coser Singer, establecida en 1895, que alcanzaba una producción anual de 5,000 máquinas y en la que los obreros ganaban entre 2 y 3 pesos diarios; este salario se encontraba por encima de lo normal para Sonora y para México, que era alrededor de 1.50. Sin embargo, estas cifras salariales no nos muestran toda la realidad social existente. Esta era que la mujer recibía la mitad del salario del hombre, mientras que los niños la cuarta parte.  En el Distrito de Magdalena, al que pertenecía Nogales, la cantidad de obreros industriales más aproximada que he encontrado corresponde a 1908, cuando se empleaban 167 hombres y 130 mujeres, y aproximadamente 10 niños.

Nogales era un lugar privilegiado en cuanto al progreso que había experimentado. El ser frontera le hacía disfrutar  de bienes, recursos y formas de vida que no eran comunes en el resto del país. De cualquier manera, los desajustes sociales asociados con el rápido crecimiento económico, no únicamente en esta frontera sino en todo el Estado y país, la creciente urbanización y en consecuencia la mayor interacción humana, la necesaria adaptación a métodos novedosos de producción, la imposición política que intentaba conservar el control social mexicano, las crecientes esperanzas de mejoramiento económico, la filtración hacia la cotidianeidad local de las noticias mundiales que anunciaban ya un siglo XX de un creciente igualitarismo social contribuyeron, todos, a dirigir al país al movimiento social que vería México durante los siguientes años, y en el que esta frontera jugaría un papel tan importante.

Sunday, April 14, 2013

Inicio de la manufactura en Nogales


En el artículo anterior de esta serie vimos cómo la industria manufacturera en nuestra región antecede en muchísimo tiempo al advenimiento de las maquiladoras, ya que sus inicios se pierden en la bruma de los tiempos. Los habitantes nativos de esta región, antes de la llegada del hombre europeo, manufacturaban joyería con las conchas marinas que se extraían del Golfo de California, así como también comerciaban con aves de plumaje vistoso procedentes del sur  de nuestro país; igualmente comerciaban, y fabricaban copias tal vez de objetos de cerámica con estilos chihuahuenses, la que era y es aún muy valiosa debido a  su riqueza estilística y de calidad. Pero aún este comercio era ya antiguo durante los siglos en que tuvo su preponderancia, la segunda mitad del segundo milenio después de Cristo. Esto se debía a que muchos siglos antes, por cañadas como la de Nogales, procedente del centro del actual México había llegado la agricultura al Suroeste del actual Estados Unidos, lo mismo que el conocimiento de la cerámica y otras manifestaciones culturales que desde entonces cambiaron el estilo y forma de vivir del ser humano de entonces.

Pues bien, pasó el tiempo; transcurrieron los siglos, las décadas, los años, y después de las épocas problemáticas de incertidumbre social y política que sufrió nuestro país a mediados del siglo XIX, y con el advenimiento de la paz porfiriana, surgió el comercio de productos estadounidenses introducidos en forma de contrabando a Sonora, como lo atestiguaba a mediados de la década de 1870 el cónsul estadounidense en Guaymas, Frederick Simpich, al informar a sus superiores que a través de Sonora, el “consumo de bienes manufacturados estadounidenses ahora excede al de los bienes europeos, mientras que hace diez años los bienes de algodón y lana que se consumían aquí eran casi todos importados de Europa.”

Por eso fue que, intentando controlar el crecimiento de este contrabando, el gobierno federal de México estableció cuatro aduanas en la frontera de Sonora con Arizona a finales del año de 1880: en Palominas cerca del actual Agua Prieta, en el entonces rancho Los Nogales, en Sásabe y en Quitovaquita cerca del actual Sonoyta, y a esas aduanas le siguió la inauguración, el 25 de octubre de 1882, del Ferrocarril de Sonora, una vía férrea que, procedente de Hermosillo, seguía y aún sigue la cañada donde hoy se asienta esta ciudad para pasar por un lado del monumento de piedras que había sido erigido en 1855 bajo el acantilado de la actual Calle Elías para marcar la frontera, y de esta manera cruzar después al entonces Territorio de Arizona.

En respuesta a estos incentivos, además de que como indico antes, esta cañada siempre fue el paso natural entre Sonora y Arizona,  empezó entonces a crecer un campamento entre los cerros aledaños a la frontera  el que, poco a poco, fue logrando permanencia con casas de madera, aprovechando el pequeño llanito adyacente a la frontera, hasta que, finalmente, en julio de 1884 a través del decreto Número 29, el gobierno del Estado fundó la población y municipio de Nogales, y así fue cómo nació esta hoy pujante ciudad.

Por entonces, las principales actividades económicas de esta región eran la ganadería y agricultura, aunque ya desde entonces aún a los productos del agro se les daba valor agregado a través de la industria manufacturera. Por ejemplo, el rancho La Arizona, situado al suroeste de Nogales, producía vegetales, pieles curtidas, jabón y fruta enlatada, y para 1895 se anunciaba la producción, allí, de 3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de pera, además de leche condensada enlatada.

Pero eso no fue todo, en el renglón económico del comercio regional internacional, en 1896 daba inicio una actividad que en años por venir se convertiría en fundamental no únicamente para la economía local sino la de toda la de la Costa del Pacífico mexicano: esa primavera, E. Luketich y Compañía, de Hermosillo, empezaron a enviar por esta cañada, utilizando al ferrocarril,  tomate cultivado en Sonora y lo exportaban rumbo hacia el Sur de California y Arizona.

Y además de ello, dentro de la población de Nogales mismo también inició por entonces la industria manufacturera urbana como un importante renglón económico local. Por ejemplo, desde sus inicios fueron establecidos los habituales comercios dedicados a venderle a los nogalenses zapatos, de los que había varias fábricas, o bien ropa, actividad de la que también había varias sastrerías, o dentro de la infraestructura social  igualmente fueron inauguradas varias obras como la Compañía de Luz Eléctrica iniciada en 1887; la Compañía Abastecedora de Agua, S.A. en 1895; o bien  la compañía telefónica en 1897, sino que también habían sido establecidas en Nogales otras actividades manufactureras como la Imprenta El Estado de Sonora en 1895 cuyo dueño era Simón Montaño; la Imprenta El Eco de Nogales establecida en 1902 cuyo dueño era Cirilo Rochín; amén de carpinterías, herrerías, carrocerías, hojalaterías, talabarterías, etc.

Todas estas actividades pueden explicarse como resultado natural de la creciente urbanización sonorense. Pero además, entre ellas también surgió por entonces una fábrica de máquinas Singer establecida en esta ciudad fronteriza en 1895; una fábrica de bebidas gaseosas que fuera inaugurada en 1899 y cuyo dueño era León Dennis, una fábrica de cigarros bajo la razón social El Negrito Poeta que había sido establecida en 1896 por Miguel Castelán, amén de otra más cuyo dueño era Luis Fleischer, de la que aún queda la figura de un puro marcado sobre una de las antiguas banquetas nogalenses, ya a caballo de siglo entre el XIX y XX.

Sin embargo, el espacio se me agota, aunque les prometo que en el próximo artículo me extenderé más sobre el tema de los inicios de la industria manufacturera fronteriza nogalense.

Sunday, February 10, 2013

El Inicio de la Revolución Mexicana y Cananea

La pérdida del control económico por Greene de Cananea fue una especie de aviso de lo que pronto afloraría en lo social en nuestro país, una ansia de modernidad que no lograría expresarse clara y precisa debido a que había por entonces, en abierta contienda entre sí, muchos proyectos de modernidad: fuesen éstos los de las clases altas o los de las bajas, de lo naciente urbano o de lo rural, y aún de vertientes nacionales o internacionales de lo que debería ser el México “moderno.”

Abrán Salcido. Foto de cuando estuvo preso en Yuma
Fueron eventos que ya habían sido anunciados no únicamente por la huelga en el mineral sonorense sino por otras manifestaciones de inquietud social que se extendían a lo largo de toda la frontera entre Sonora y Arizona. En otras palabras, las fronteras internacionales no fueron frontera para esas manifestaciones de inquietud.

Así estuvo la huelga en el mineral arizonense de Clifton-Morenci, de 1903, impulsada por mexicanos, muchos de ellos hoy olvidados como Abrán (sic) Salcido, o Wenceslao Loustaunau.  Por ejemplo, cuando Salcido participó en Morenci ya era un avezado luchador social que a los 22 años de edad había participado en el ataque a la aduana de Nogales del 12 de agosto de 1896, asalto realizado por seguidores de Teresa Urrea.

Y ya después de la huelga, en el mineral se escuchaban rumores de que Salcido, recién salido de la prisión de Yuma debido a su liderazgo de la huelga del mineral arizonense, planeaba “marchar a Sonora y levantar la bandera de la insurrección,” rumores que llevaron a que fuera arrestado, ahora en México, y confinado en San Juan de Ulúa, aunque su arresto tampoco logró acallar los tambores de guerra.

Para 1910, los rumores de insurrección ya se habían extendido por toda la región. Para entonces, un personaje que en forma casi desconocida recorría todo el país en una quijotesca campaña en la que contendía por la presidencia de la república contra Díaz, y que se llamaba Francisco Ignacio Madero, acababa de visitar Hermosillo en su campaña y planeaba llegar al mineral de Cananea para realizar allí otro mítin, aunque le advirtieron que se preparaban algunos actos violentos para recibirle en el mineral y fue por eso que en forma incógnita, el 13 de enero de ese 1910 llegó a esta frontera y por aquí, por Nogales, cruzó la frontera internacional y de aquí se dirigió por tren a Ciudad Juárez para regresar al centro del país.

De esta manera transcurrieron los meses de ese 1910, e iniciando el verano todo era un hervidero de rumores de que toda la región entre Douglas y Nogales, pasando por Cananea, sería atacada por los sublevados que preparaban una gran insurrección. Fue una inquietud alimentada poco después por el llamado que hiciera Madero al levantamiento armado para noviembre de ese 1910 cuando le fue arrebatada la Presidencia en las elecciones.  Para entonces, no únicamente esta región fronteriza estaba llena de inestabilidades, sino también la rural de Sonora y Chihuahua a través de la insurrección promovida por Pascual Orozco en los pueblos mineros de Chihuahua, inestabilidad  que se extendería al Noreste de Sonora con ataques como el de José de la Luz Blanco al mineral del Tigre, o aún en abril 13 de 1911, cuando Red López tomó Agua Prieta para después desaparecer sin dejar huellas de su paso: algunos de sus seguidores se refugiarían en la Sierra de los Ajos frente a Cananea, otros cruzarían la frontera, pero lo asombroso fue que no dejaron huella detrás de ellos: era como si la tierra se los hubiera tragado.

Un mes después, Juan Cabral, un sonorense nativo de Minas Prietas  que había estudiado primero en el Colegio de Sonora y luego en la Universidad de Arizona, se presentaba procedente de Arizona  acompañado de una pequeña fuerza armada ante el mineral de Cananea y exigió su rendimiento, y después de algunas negociaciones entró al poblado el 12 de mayo, tomándola sin realizar un sólo disparo, en un  evento que describiría el periódico arizonense “Douglas Daily International:” Cabral “fue casi arrancado de su caballo por sus admiradores, los que le colgaron al cuello guirnaldas de flores,” mientras que para los empresarios de la mina, la toma de Cananea se había realizado “de la forma más ordenada y legal posible.”

Días después, el 21 de mayo el para entonces líder del movimiento insurreccionista mexicano, Francisco Ignacio Madero, tomaba Ciudad Juárez, y en Sonora nombraba a José María Maytorena como Gobernador del Estado y a Agua Prieta como la capital provisional del Estado. Y el  25 de mayo, Porfirio Díaz renunciaba a la Presidencia de la República, renuncia que sería seguida por elecciones en el país para escoger un nuevo presidente, y Madero resultó electo. Todo mundo pensaba que con esa elección la inquietud social en México había terminado. Lo que no sabían era que esto era apenas el comienzo de un movimiento revolucionario que estremecería al país por más de un lustro.


Sunday, February 3, 2013

El Final de Greene en Cananea


La huelga de Cananea define el inicio del final del imperio minero de William Cornell Greene. Durante el movimiento huelguístico, el patio maderero había sido incendiado con una pérdida de $350 mil dólares, que la compañía aseguradora no cubrió. Además, la salud de Greene ya no era la de antes, las presiones emocionales y excesos le habían provocado una angina que le obligaba cada vez más a descansar.

Por otro lado, la interconexión financiera entre sus múltiples empresas debilitaban la estructura del castillo que había formado, ya que bastaba con que a una empresa le fuese mal para que todas las demás sufrieran las consecuencias. El precio del cobre era alto por entonces, lo que producía un margen de ganancias suficiente, aunque el mineral que se extraía contenía cada vez menos cobre, un promedio de 3.5% y más azufre, lo que obligaba al uso de quemadores y de una mayor capacidad reverberadora del mineral; es decir, era más caro y requería de más trabajo para producirlo, y en consecuencia se necesitaba más capital para invertir en desarrollo, aunque por otro lado, para el año fiscal que terminó en julio de 1906, de un total de 2.8 millones de dólares en ganancias producidas por la mina, apenas unos 70 mil dólares habían quedado para reinvertir en mejoramiento de la infraestructura. En otras palabras, era necesario conseguir más capital en algún lugar para realizar esas mejoras.

El error de Greene fue buscar el dinero necesario para las mejoras requeridas en la mina de Cananea con Thomas F. Cole, detrás de quien se encontraba en realidad John D. Ryan, quien el año anterior había sido Presidente de la compañía Anaconda, y ambos eran miembros del Complejo Cuprífero Amalgamado (Amalgamated Copper Complex); es decir, un rival de Greene. Así fue cómo los periódicos informaron a finales de Julio de ese 1906 que Greene se había asociado con Cole, y que juntos habían formado una nueva corporación, la Cananea Central Copper Company, a cambio de 2 millones que recibió Greene en acciones de la Cananea Central.

Posiblemente Greene calculaba que esta operación era meramente una compra de tiempo  y que podría conservar el control de la compañía, como ya le había sucedido a inicios de su carrera, mediante la ayuda de algún otro capitalista. Sin embargo, el 15 de febrero de 1907, en una sesión de accionistas de la compañía, todos los funcionarios leales a Greene fueron reemplazados por otros, leales a los recién llegados. Y aunque el precio del cobre continuó subiendo durante esos meses, ya que por ejemplo alcanzó los 25 centavos de dólar la libra en mayo, en vez de prepararse para alguna crisis financiera futura, Greene invertía su capital recién adquirido en el desarrollo de otras empresas, como minas de oro en Chihuahua, compañías madereras en el mismo Estado, y vías férreas para comunicarlas entre sí y con Sonora.

El problema surgió al ocurrir la crisis económica mundial de 1907, depresión que ocasionó el derrumbe en el precio del cobre.  La primera caída ocurrió en marzo, seguida por otras más, y para septiembre el precio de la libra de cobre llegaba a 15.5 centavos, mientras que el nuevo administrador de la mina tuvo que anunciar que para noviembre cerrarían las minas de Cananea. Además de ello, también por entonces Cole decidió romper su asociación con Greene, lo que llevó a que todos los capitalistas que podían haber invertido en Cananea huyeran, temerosos de inyectarle capital a una compañía que a cada momento se hundía en la bancarrota, y así fue cómo Greene perdió el control de los destinos de la mina de Cananea.



Greene conservaría sus ranchos ganaderos en la región Norte de Sonora y Sur de Arizona y viviría por temporadas en Cananea hasta su fallecimiento el 5 de agosto de 1911 como consecuencia de una caída de su carruaje en el poblado. Para entonces, ya la revolución mexicana había explotado, aunque todavía el movimiento que hiciera estremecer al país no había fructificado en la promulgación de una nueva Constitución, lo que sucedió estos mismos días hace noventa y seis años.

Las deliberaciones para construir esa constitución se llevarían a cabo en el teatro Iturbide, de Querétaro;  iniciaron el 1 de diciembre de 1916 (diez años después de la huelga de Cananea) para concluir las deliberaciones el 31 de enero de 1917. Y finalmente, el 5 de febrero de 1917 fue promulgada la nueva Constitución con el nombre “Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 5 de febrero de 1857.”

Esta constitución entraría en vigor el 1 de mayo de ese mismo año, y fue publicada ese mismo día  en el Diario Oficial de la Federación. En ella, en particular en su artículo número 123, se adoptaron la jornada de trabajo máxima de 8 horas, y el reconocimiento de la libertad de asociación de los trabajadores. Es decir, se plasmaban en papel y como obligación en México, como derechos de los trabajadores, muchos de los mismos ideales que habían sido motivo de la huelga de Cananea. Sin embargo, ésto ya no lo vio William Cornell Greene.

Monday, January 14, 2013

Quien organizó la huelga de Cananea


Es una idea común que la huelga de Cananea fue un movimiento autónomo, sin relación con ninguna organización ya fuera nacional o extranjera. Sin embargo ésto no fue así. La historia del Partido Liberal Mexicano no es el tema de este artículo, aunque estuvo íntimamente relacionada con el desarrollo de la huelga, además de que organizaciones mineras estadounidenses que tenían presencia en el Sur de Arizona influyeron sobre lo sucedido en Cananea.  Así estuvieron la Western Federation of Miners o la International Workers of the World. Por ejemplo, la Western Federation of Miners, algunos de cuyos miembros trabajaban en las minas arizonenses de Metcalf, Bisbee, Mowry, Clifton, Morenci y Douglas, en Arizona, intervino apoyando a los mineros de Cananea.

La agitación antiporfirista en Sonora tenía raíces que se remontaban al inicio del porfiriato mismo. Por ejemplo, algunos miembros del Partido Liberal Mexicano como Abraham Salcido habían participado ya desde 1896 en la toma de la aduana de Nogales realizada por seguidores de Teresa Urrea. Y después, ya trabajando como minero en 1903, Salcido participaría en una huelga de mineros en Morenci, por cuya participación fue apresado en Estados Unidos, y cuando lo liberaron en 1906 se fue a Cananea y allí participó en la huelga.

Otros más no pertenecían a ninguna organización, ya que fue trabajando como mineros cuando se afiliaron a alguna. Ese fue el caso de Plácido Ríos, nativo de Chihuahua, quien a finales del siglo XIX llegó a Hermosillo y allí apoyó la candidatura a la presidencia municipal de Dionisio González en oposición del candidato oficial, Vicente Vélez Escalante, suegro de Ramón Corral.  Ese apoyo le costó la cárcel, aunque por intervención de Corral fue liberado con la condición de que abandonara la capital del Estado. Así se cambió a Cananea en donde trabajó en la mina Veta Grande y en la concentradora, y fue allí donde empezó a leer el periódico Regeneración, del Partido Liberal, y se afilió a la Unión Liberal Humanidad y posteriormente participaría en el desarrollo de la huelga.

Otro participante en la huelga, aunque con una biografía distinta a la de los anteriores, fue Gabriel Rubio, sonorense que muy joven se fue a vivir a los Estados Unidos en donde trabajó como panadero. Ya en 1905, viviendo en Douglas, Arizona, ciudad cercana a Cananea, inició una relación epistolar con Ricardo Flores Magón, misma que fue el inicio de su incorporación al Partido Liberal, y en 1906 se cambió a Cananea donde participó en actividades contra el gobierno de Díaz.

Sin embargo, a pesar de lo aquí expuesto, de ninguna manera intento probar que la huelga de Cananea fue el resultado de una planeación específica del Partido Liberal Mexicano o de alguno de los muchos organismos similares que había entonces. Como prueba de ello está la declaración de Esteban Baca Calderón, quien fuera un destacado miembro del Partido Liberal y a la vez organizador dentro de la huelga, quien años después de los hechos, cuando ya no afectaba para bien o para mal el sostener que el Partido Liberal hubiera o no apoyado al movimiento huelguístico, sostuvo que ninguno de los numerosos clubes obreros existentes entonces en Cananea tuvieron como misión la organización de la huelga. Además, Calderón diría que los miembros del Partido Liberal, es decir el mismo Partido del que él formaba parte, decidieron al fin prestarle su apoyo a la huelga porque sabían que sin una organización adecuada, y finanzas, ésta no podría triunfar.

Sin embargo, aunque no se puede sostener que el Partido Liberal fue el organizador de la huelga, lo innegable fue que gracias al poder organizativo que éste le prestó al movimiento obrero, la huelga pudo alcanzar la dimensión que logró.

Así, estuvo el caso de la Unión Liberal Humanidad, que había sido integrada por Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón en Cananea en enero de 1906 como un club secreto dependiente del Partido Liberal Mexicano. Pero se enfrentaba a un problema. Por un lado era un organismo secreto que por su naturaleza no podía realizar acciones públicas, aunque por otro lado su meta era la acción política de organización obrera. Para resolver este problema, la Unión intentaría infructuosamente reunir a los mineros de México bajo una Liga Minera de los Estados Unidos Mexicanos.

Y sin embargo, estas propuestas de la Unión Liberal para organizar otros clubes no tuvieron eco entre la organización del Partido Liberal, por lo que sus miembros llevaron  a cabo en forma independienteesas acciones de organización de otros clubes que, ellos sí, podrían realizar acciones políticas de protesta. En otras palabras, la inercia de la oposición contra Díaz fue el motor de la huelga, y organizaciones como el Partido Liberal serían las que: “pusieron en movimiento fuerzas que no pudieron ser controladas por los Liberales” mismos.

Sunday, December 23, 2012

Años de bonanza en Cananea


El mineral de Cananea sería desarrollado y en enero de 1901, gracias a la conclusión de un horno, de inmediato se incrementó la producción de cobre. Al mismo tiempo nacía el poblado de Cananea, no siguiendo la tradición histórica mexicana de establecer un Fundo Legal, territorio público que sirviera para que allí se estableciera la población, sino como una propiedad privada perteneciente a Greene.

George Perkins
En 1885, el Senador de California, George C. Perkins, y otros, habían comprado un millón de hectáreas en esa región con la intención de dedicarlas a la ganadería, aunque nunca las trabajaron, y empezando 1901 Greene adquirió esa posesión.

Por entonces había dos poblados allí: Cananea Vieja y El Ronquillo y ambos tenían una población total de unos 3,500 habitantes, aunque gracias al desarrollo que había traído la minería, la primavera de 1902 se alcanzaban 12,000. El problema que tenían era que estaban ubicados sobre terreno quebrado, y además dentro del terreno de la compañía minera.

Para resolver esa situación, Greene ordenó trazar las calles de un nuevo poblado sobre la mesa norte, como se le llama, que es una planicie elevada que se extiende hacia el Este de la fundición, y así alejarlo del quebrado terreno del Ronquillo y Cananea Vieja, y el Congreso de Sonora decretó su fundación el 13 de octubre de 1901.

El poblado inicial de Cananea sobre una imagen actual
Era un poblado “privado” en terrenos de William Cornell Greene, quien donó los lotes necesarios para construir la infraestructura social y que el municipio tuviera para vender.

El resto lo conservó Greene como propiedad privada y allí construyó su mansión en el extremo oeste de la mesa, en la orilla que dominaba la cañada del Ronquillo y Cananea Vieja, este último poblado que fue obligado a ser desmantelado ya que ocupaba terrenos de la compañía.

El banco de Cananea fue inaugurado en enero de 1902, el hospital y el hotel Sonora en septiembre, los bomberos en noviembre y el rastro en diciembre.  Los acompañaría la tienda de la compañía, el hospital y la escuela con 246 alumnos, así como el cementerio, la cárcel y la presidencia municipal.

Sin embargo, el mecanismo diseñado para la asignación de lotes, alejado de la tradición histórica y cultural mexicana, causó fricciones de inmediato, como lo apreciamos en la queja de algunos cananenses en 1902: La compañía “ha puesto cercos en todas direcciones, obstruyendo calles y avenidas … dejando a cientos de miles de almas [cifra exagerada, sin duda] sin medio de comunicación, o de entrar o salir de sus propias casas;”  además, la fuerza pública se encargaba de hacer cumplir esos límites y expulsaba a quien no los obedeciera.

Y por otro lado, la tendencia a la eficiencia y simplificación administrativa estadounidense llevó a que los pequeños comerciantes que, acostumbrados al sistema mexicano de libre comercio, y que se veían ahora bloqueados, interpretaban esos ataques como intentos de la compañía para apoderarse de su actividad económica. Así sucedió, por ejemplo, con el monopolio del rastro de ganado, compañía de Greene que penalizaba el sacrificio ganadero por quien no perteneciera a la compañía. Ese problema hizo surgir, ya desde mayo de 1902, la semilla del descontento, por ejemplo en la queja de unos cananenses: “¿Porqué toleran los mexicanos ser tratados como bestias y ser expulsados de su propia tierra como si fueran extranjeros?”

Y mientras nacía el poblado de Cananea, al mismo tiempo la bonanza del cobre llevaba a los inversionistas a llenarle las bolsas a Greene, dinero que era invertido en la construcción del poblado y en un ferrocarril que comunicara a Cananea con Naco. Pero además, Greene compró el rancho Palominas del lado arizonense de la frontera y se convirtió en dueño binacional ganadero, ya que poseía toda esa planicie que va desde Cananea y cruza la frontera hasta Arizona, y para criar ganado en esa región, organizó la Greene Cattle Company en Arizona, seguida de la Cananea Cattle Company en Sonora. A la compañía sonorense le asignó la marca RO mientras que a la arizonense la OR.



En el mapa adjunto se muestran en forma aproximada las posesiones de Greene

Y para explotar los minerales de oro y plata en Sonora y Chihuahua también creó la Greene Gold-Silver Company, además de que su incursión en Chihuahua lo llevó a adquirir grandes extensiones de bosques chihuahuenses para explotar su madera, y así formó la Sierra Madre Land and Lumber Company. Y como fuente energética para hacer funcionar toda esa actividad económica logró una concesión para construir una presa hidroeléctrica sobre el río Aros. Finalmente, como conclusión de ello, para conectar todas estas posesiones compró el Ferrocarril Rio Grande, Sierra Madre y Pacífico con la idea de construir una red ferroviaria que conectara a Cananea con Guaymas y Nogales en Sonora, así como con todo Chihuahua y Nuevo México.

No todo era miel sobre hojuelas, sin embargo. También surgieron problemas por diferencias en las tradiciones legales de México y los Estados Unidos, como la posesión indivisa de terrenos que contemplaba la ley en México. Eso pasó, por ejemplo, cuando Greene quiso hacerse de los terrenos del Ojo de Agua, aledaño a Cananea, y se topó con que había siete herederos de Arvallo, cada uno con demandas diferentes, y que además eran dueños “indivisos” de esos terrenos, o sea que su posesión por ley no estaba dividida de las demás y no importaba qué tan pequeña fuera ésta, ellos podían hacer uso de toda la superficie de esa posesión.

Sunday, October 21, 2012

De las acciones filibusteras al inicio del rancho La Arizona y Planchas de Plata

Como lo anticipaba en el artículo anterior de esta serie y sabemos los sonorenses, Gastón Raousset Boulbon atacó Guaymas en 1854 aunque fue rechazado y derrotado el 13 de julio por las fuerzas nacionales que encabezaba el Gral. José María Yañez. Esta batalla no es el tema central de este artículo aunque, como ya se sabe, fue una victoria que llevó a que Raousset fuera fusilado el 12 de agosto siguiente y Guaymas declarada ciudad heroica. Esta fue una prueba de que se había equivocado al creer que los sonorenses lo apoyarían para “liberarse de su gobierno opresor” cuando la realidad fue que no aceptaron ambiciones territoriales disfrazadas.

Para entonces, ya había ocurrido la venta de la Mesilla a través de la cual México le vendió a Estados Unidos la región Sur del actual Arizona, la situada entre la frontera y el actual Phoenix, aunque tampoco esta venta ni ninguno de estos actos satisfizo la sed de aventureros por hacerse de más territorio mexicano.

Por ejemplo, Jean Napoleon Zerman intentó tomar La Paz, Baja California, en noviembre de 1855 y fracasó. A esta expedición le seguiría la dirigida por Henry Alexander Crabb, que entró a Sonora y atacó Caborca en 1857 con el resultado de que también falló y perdió la vida, aunque a la vez esta victoria convirtió también a Caborca en heroica. La meta de Crabb, sin duda, había sido hacerse de las míticas minas de Planchas de Plata como antesala para apoderarse de todo Sonora. Así, la región de Planchas de Plata y de La Arizona fue el imán de ambiciones territoriales manifiestas a mediados del siglo XIX.

Vendría después el imperio de Maximiliano en México, y al ser derrotado éste en 1867, empezó la recuperación económica y social del país bajo cuya égida también ocurrió el renacimiento de La Arizona y Planchas de Plata. Y aquí debo mencionar que lo curioso del caso haya sido que el agente de este renacimiento fue precisamente un extranjero, Guillermo Barnett (bisabuelo del autor de estas notas), quien llegó a Sonora procedente, en algunas versiones se dice que de Inglaterra o de Estados Unidos durante la década de 1860. En otras palabras, después de todas las invasiones filibusteras que ya he mencionado, después de todos estos antecedentes, es muy extraño que el gobierno de México y de Sonora le hayan permitido a un extranjero llevar a cabo el desarrollo de la misma región que había despertado todas esas ambiciones extranjeras apenas unos años antes.

Es curioso, también, que Guillermo Barnett no se haya dedicado a la minería como sería natural dada la fama de Planchas de Plata, que se encuentra situada dentro del antiguo rancho de La Arizona, sino a otras actividades económicas como la ganadería y agricultura. Lo único indudable históricamente es que a él le tocó desarrollar el rancho de La Arizona.

Para finales de la década de 1860, Guillermo Barnett  se había casado con una sonorense, Juana Sánchez  e iniciado la formación de una familia aquí. Según la tradición familiar, él le había salvado la vida a Ramón Corral durante su época de periodista lo que llevó a que, en agradecimiento, éste le hubiera facilitado la posesión de La Arizona.

Cualquiera que haya sido lo que sucedió para permitirle a Barnett ser dueño de La Arizona, para fines de la década de 1860 éste era dueño de casas en Villa de Seris y en Hermosillo, además de un rancho en el Distrito de Altar, o sea el mismo lugar que es motivo de estos artículos.

El rancho de La Arizona, 24 sitios de terreno (alrededor de 42 mil hectáreas), había sido denunciado en 1850 por Juan Bautista Gándara, Rafael Buelna, Manuel Monteverde, Florencio Monteverde y Celedonio Ortiz, todos personajes estatales tanto política como económicamente de aquellas épocas, aunque indudablemente este denuncio nunca evolucionó a una posesión real, debido a los factores que ya he mencionado anteriormente.


Además, es indudable que la superficie que terminó siendo de Barnett fue mayor que la de este denuncio, ya que con el transcurso del tiempo fue adquiriendo diversos ranchos aledaños a La Arizona, como por ejemplo Corral Quemado, Jotaiquí, La Plomosa, el Viacrucis, etcétera.

Guillermo Barnett formaría en La Arizona un rancho que era autosuficiente en casi todo. Producía, además del usual ganado y granos, caña de azúcar a pesar de las heladas invernales, había un molino de harina y enlataba fruta y otros productos que se vendían tanto en Sonora como en el entonces territorio de Arizona. Por ejemplo, de acuerdo con un periódico de Nogales, Arizona, en 1895 se habían producido en el rancho 3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras. Además, se preparaba para producir leche enlatada condensada, la que vendería bajo la marca del nombre del rancho.


Y en cuanto a Planchas de Plata, por entonces había renacido como mineral, ya que años antes de que surgiera Nogales, en 1872 Remigio Rivera y Francisco Gastelum descubrieron una nueva veta en el lugar, descubrimiento que ocasionó que se empezara a poblar el mineral al grado que se eligió con un ayuntamiento propio, poblado que, sin embargo, al igual a como había sucedido durante la colonia, tampoco duró mucho.


Sunday, August 19, 2012

Los ranchos del Municipio de Nogales


A todo mundo le gusta andar a caballo, ya sea recorrer velozmente los paisajes sonorenses a galope o bien a paso lento de la cabalgadura ir deteniéndose a cada oportunidad que ofrece el cambiante paisaje, pero desde siempre el caballo ha constituido uno de los mayores placeres que puede ofrecer Sonora a quien se aleje de nuestras ciudades y se sumerja en el silencio de nuestras regiones rurales. De esta tradición ecuestre de Sonora se deriva, precisamente, otro de los más importantes temas que podemos tocar acerca de la historia de nuestra entidad, aunque en este caso únicamente hablaré de la región de Nogales: sus ranchos; y es que en la historia de este municipio tuvo una importancia primordial la historia de sus ranchos antes de, durante el Porfirismo y en la época contemporánea.

Como ya sabemos, el antiguo rancho de Los Nogales de Elías, donde surgiría esta población, fue adquirido por José Elías Redondo en 1843, y comprendía una franja de unas 13,200 hectáreas que se extendía de Sur a Norte a lo largo del Arroyo Los Nogales, atravesando una frontera que aún no existía, desde el Puerto de Encinas por el Sur, hasta la cañada de Mariposa por el Norte, situada en el actual Nogales, Arizona.

Vendría después la adquisición de territorio mexicano por los Estados Unidos, y entre ellos el Tratado de la Mesilla que originalmente dividió al rancho Los Nogales en dos naciones, donde después surgirían dos poblaciones, la mexicana y la estadounidense. Y para inicios del siglo XX, cuando nadie se imaginaba que ocurriría el movimiento armado de la revolución mexicana, el municipio de Nogales, Sonora, que había sido fundado en 1884, contaba con las siguientes haciendas: sobre las márgenes del río Santa Cruz se encontraban Santa Bárbara y Buenavista, adquiridas por Manuel Mascareñas Porras a mediados de la década de 1880. Buenavista había surgido como rancho que adquiriera en 1758 la madre de Juan Bautista de Anza, Rosa Becerra Nieto, mientras que Santa Bárbara había sido establecida en 1720 por Diego Romero. Así fue cómo Manuel Mascareñas se convirtió en dueño de una superficie de 36,460 hectáreas.

Además de estas haciendas sobre el río Santa Cruz estaba también,  situada en el suroeste de Nogales, en la confluencia del arroyo Planchas de Plata con el de la Arizona,  la hacienda de La Arizona, misma que surgiera alrededor de 1740 cuando el descubrimiento de las famosísimas Planchas de Plata. Por aquel entonces era un rancho del Barón Gabriel Prudhón de Heider y Múgica, Alcalde Mayor de Sonora. Pasó el tiempo, y  en la década de 1850 o 1860, La Arizona fue adquirida por Guillermo Barnett, con una superficie de aproximadamente 50 mil hectáreas que crecería eventualmente hasta alrededor de 100 mil.

Finalmente, hacia el Sur del actual Nogales se encontraba Cíbuta, hacienda que originalmente surgiera como un rancho ganadero establecido por el misionero Jesuita, Eusebio Francisco Kino, y cuyo dueño para la época que nos ocupa, finales del siglo XIX  y principios del XX, era José Pierson, quien también poseía otras propiedades cerca de Imuris. Además de estas haciendas, el municipio de Nogales contaba con los ranchos de Agua Zarca y Destiladera, y los minerales de Promontorios, Viacrucis y Planchas de Plata.

Todas estas haciendas y ranchos del municipio eran empresas ganaderas, además de tener producción agrícola: Buenavista y Santa Bárbara se centraban antes de la revolución mexicana en la producción de pastura, cereales y vegetales, mientras que La Arizona producía principalmente frutas. Hay, por ejemplo, una noticia periodística que nos informa que en La Arizona se producían a finales del siglo XIX vegetales, pieles curtidas, jabón y fruta enlatada (3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras, además de una cantidad no especificada de leche condensada enlatada). Más hacia el sur, Cíbuta también producía verduras y cereales. En total, estos ranchos empleaban a unos 100 jornaleros con sueldos de $1.50 diarios, sueldos que confirmaría la revolución mexicana.

Hasta hace poco, gran parte de estas haciendas y ranchos habían sido disgregados y convertidos en ejidos como consecuencia de la revolución, aunque como resultado de las reformas al Artículo 27 de la Constitución en 1992, el agro se encuentra actualmente inmerso en un proceso de cambio en el régimen de tenencia de la tierra. De esta manera, el día de hoy, el visitante a aquellos antiguos lugares puede encontrar, junto con la posesión ejidal de la tierra, a la reserva territorial para el crecimiento urbano nogalense, al nuevamente creciente rancho ganadero o bien a la casa suburbana de alguna familia nogalense que es dueña de un pequeño pedazo de tierra en donde esa familia pasa los fines de semana trabajando la tierra, regresando al ancestral pasatiempo sonorense de arañarla para hacerla producir, o lo que es lo mismo, trabajando mientras se convive con el silencio del campo.

Sunday, August 5, 2012

Como era Nogales en sus inicios


Me han preguntado sobre cómo era Nogales al terminar el siglo XIX, así que para responder interrumpo mi serie sobre la minería. Este artículo lo dedicaré al tema de los inicios de Nogales, aunque prometo volver a las minas, así como tocar el tema de la agricultura y ganadería locales en algún artículo futuro.

Como ya sabemos, Nogales, Sonora, nació en 1884, después de que en agosto, pero de 1880, fueran establecidas las aduanas de Palominas, Los Nogales, Sásabe y Quitovaquita. Para 1890, el lado sonorense tenía unos 2,500 habitantes  y para 1900 ya superábamos los 5,700.  Esto mientras que nuestra población hermana, siempre menor, en 1900 alcanzaba los 1,200 habitantes.  La actividad económica en Ambos Nogales era complementaria entre ambas poblaciones: los diversos productos se podían adquirir o bien del lado sonorense o del arizonense.

La Aduana de Nogales, Sonora
El paisaje nogalense estaba dominado por el imponente edificio de la aduana de Nogales, Sonora, construido en 1887, y del lado arizonense el templo másónico, terminado en 1897, hacía lo mismo. Había además cuatro templos religiosos del lado estadounidense: el católico, el Congregacional, el Metodista Americano y el Metodista Mexicano, mientras que en el lado sonorense estaba el templo católico. Había, además, una escuela básica en cada lado de la frontera.

Templo masónico en Nogales, Arizona
Aunque el espacio no me alcanza para mencionar todas las actividades económicas de ambos Nogales, no puedo dejar de mencionar que las agencias aduanales fueron la principal actividad económica local, y de ellas la primera fue la de de Próspero y Aurelio Sandoval, inaugurada en diciembre de 1884. Próspero era también el Agente del Timbre Fiscal, mientras que su hermano era el Delegado de la Secretaría de Obras Públicas, funciones que les facilitaban enormemente la realización exitosa de sus trámites. Pero esta agencia no era la única. La segunda establecida en esta frontera, de Cirilo Ramírez, había sido establecida en 1886, mientras que la de Alejandro Joffroy iniciaría operaciones el último año del siglo XIX.

Entre los principales agentes mineros, además de la Casa Sandoval,  estaban Willis P. Harlow y John A. Gowan, quienes administraban la mina Santa Rosalía, cercana a Arizpe, y El Socorro, del Distrito de Ures. Además, en Nogales, Arizona estaban las oficinas de muchas minas sonorenses, como las de Santa Elena, cercana a Banámichi, administrada por el Capitán Leander Mix, concuño del Gobernador Ramón Corral.


El comercio de Ambos Nogales era muy diferente al actual. La colonia francesa dominaba en la población sonorense, encabezada por los hermanos Donnadieu, quienes habían inaugurado “La Ciudad de México” en 1892; vendían desde telas hasta vinos, licores y cigarros, así como alimentos enlatados importados de Estados Unidos y Europa. También estaba “La Moda,” de Leon Horvilleur, dueño además de “Las Ciudades de Francia” en Guaymas y “La Ciudad de París” en Hermosillo. El edificio local de “La Moda” aún hoy subsiste sobre la Calle Ruiz Cortines (y cuya imagen muestro adjunta), es una construcción de ladrillo de dos pisos, inaugurado en mayo de 1897, y se especializaba en muebles y ropa. Por otro lado, la tienda más importante de Nogales, Arizona, era “Escalada Hermanos,” españoles que inauguraron su negocio en  1892, dedicándose a la venta de artículos comestibles y para ranchos. Además, estaba el Banco Internacional de Nogales, establecido en 1892 en la población arizonense.

Antiguo Hotel Cazabón
Aledaño a la frontera, del lado sonorense, el Hotel Cazabón, establecido en 1886 en un edificio de dos pisos que se encuentra hoy aledaño a la frontera, entre calles Elías y Ruiz Cortínez (entonces Colón), se preciaba de ser el mejor de ambas poblados, ya que diariamente ofrecía ostiones traídos por tren desde Guaymas en su restaurante, aunque competía con el Hotel Montezuma, un edificio de tres niveles ubicado frente a la placita de Nogales, Arizona, cuyo dueño era Robert Williams. Adjunto se encontraba el establo de Arturo Peck, negocio fundado en 1891 después de que el Apache Gerónimo matara a toda la familia de Peck al Norte de Nogales en 1886. Finalmente, la maderería y ferretería de William Roy y Edward Titcomb, ubicada frente a donde actualmente se encuentra la antigua escuela High School de Nogales, Arizona, incluía una fábrica de hielo y había generado desde 1887 energía eléctrica para Ambos Nogales, y de agua potable desde 1895.

Finalmente, y para dar una idea de los afanes culturales de entonces, no puedo dejar de mencionar la Sonora News Company, librería que iniciara operaciones en esta frontera en 1885, y que vendía, además de los principales periódicos del mundo, los locales de Nogales, Arizona The Oasis, y The Border Vidette, o los del lado sonorense, el semanario El Eco de la Frontera; El Monitor y El Tráfico, que fuera cambiado a Nogales, Sonora, en 1896 desde su inicio en Guaymas.

Además, Nogales, Arizona, se preciaba de contar con la Opera House donde se realizaban actuaciones de la Dramatic Association, o los bailes realizados periódicamente en la aduana mexicana por lo más selecto de los notables locales. Eran dos ciudades gemelas que habían nacido y prosperado al amparo de las políticas de aliento económico del Porfirismo, aunque a fin de cuentas el cambio generado por la revolución, en vez de frenarlos, incrementó su crecimiento.