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Sunday, August 18, 2013

La frontera nogalense durante la revolución

Ya vimos en esta serie de artículos que escribo, dedicados al 95 aniversario de la gesta heroica del 27 de agosto, cómo se desarrolló la región fronteriza de Nogales durante el porfiriato.  Ahora cubriré cómo era Nogales al iniciar la revolución mexicana, un poblado que se extendía, a lo largo de la cañada, hasta la entrada de la actual Cañada Héroes.

La Calle Internacional de Nogales
Por entonces no había ninguna restricción al cruce de la frontera. Las únicas mnifestaciones visibles que había una frontera internacional allí eran lo ancho de la Calle Internacional, por un lado, y la existencia de varios monumentos internacionales a lo largo de la línea fronteriza, de los que el número 122 destacaba por entonces (éste se encuentra en el centro mismo de la foto a la derecha, en donde Sonora está a la izquierda y  Arizona a la derecha). Y un poco más allá, a un lado de la vía férrea que como hoy, también entonces cruzaba la frontera, la estación del ferrocarril de Sonora (son los edificios obscuros en el centro de la fotografía, uno a cada lado de la misma y que, por cierto, se puede apreciar un ferrocarril que va cruzando la frontera), y más al Sur el edificio de la aduana (apenas se distingue una pequeña cúpula en la imagen), y enseguida de éste, hacia el Norte, la Plaza 13 de Julio con su quiosco (la pequeña zona arbolada a la izquierda de la imagen). Al poniente de la plaza, las distintas residencias de la élite nogalense de entonces se extendían a lo largo de la Calle Pesqueira, mientras que junto a la frontera estaba la residencia del principal agente aduanal nogalense, Próspero Sandoval.

Por otro lado, la calle comercial de Nogales era entonces la Elías, que en Arizona se convierte en Morley después de pasar uno a un lado del Monumento Internacional 122. En la Calle Elías podían encontrarse desde restaurantes como el Cazabón (un edificio que aún existe y cuya fotografía aparece a la izquierda), que ofrecía a los comensales ostiones que recibía diariamente por ferrocarril desde Guaymas, o bien hoteles como el Escobosa, situado en el extremo Norte de la Calle Elías, al Sur del Monumento 122 y frente al edificio del Cazabón, o bien tiendas como la de Lelevier, en donde se ofrecían los mejores artículos de vestir europeos.

Ese fue el escenario bajo el que se desarrolló la revolución mexicana cuyo primer periodo, el maderismo, no tuvo repercusiones locales. Las complicaciones surgieron después del cuartelazo de Huerta y del asesinato de Madero.

Seguiría el pronunciamiento de Venustiano Carranza y, aquí en Sonora, el levantamiento de las fuerzas de Alvaro Obregón que escogió a Nogales para realizar su primera acción de armas con la toma de esta población, y de esa manera convirtió a Nogales en la base inicial del movimiento revolucionario.

Vendrían después las pugnas entre Plutarco Elías Calles y el gobernador con licencia, José María Maytorena, las que llevaron a una reunión el 28 de julio de ese año de 1913 aquí en Nogales, entre las distintas facciones, aunque sin ningún avance. Pero otorguémosle la voz a Don José Vasconcelos, uno de los grandes filósofos de América, quien visitó a esta población por entonces:

“Llegamos a Nogales horas después de la Junta que absolvió a Maytorena de los cargos de sus enemigos y lo confirmó en el mando. Para asistir a dicha Junta, habían venido desde el sur a Nogales, muchos jefes. Entre todos, el que más pesaba era Obregón. A tal punto, que bastó con que él asumiera la defensa del Gobernador para que la discusión terminase y se disolviese la Asamblea al grito de ¡Viva Maytorena! … En Nogales me tocó alojarme en la misma alcoba con Miguel Alessio Robles.”

El edificio de este hospedaje compartido por Vasconcelos fue el hotel Escobosa, una construcción de piedra de dos niveles edificado a finales del Porfirismo y por lo tanto con sabor francés que, afortunadamente, continúa en pie, aunque dedicado a otros fines. Pero regresemos con Vasconcelos:

“Nos despertaron de mañana las cornetas de una compañía de yaquis que pernoctaba en los bajos del hotel. La impresión fue magnífica. Ya no éramos los perseguidos que despiertan sobresaltados. La fuerza que tocaba dianas estaba al servicio de la justicia y amparaba a los hombres honrados… la noche anterior, había llegado tarde y no ví nada del pueblo. En vano buscaba las nogaleras que sin duda le habían dado nombre. Apenas uno que otro árbol en calles apartadas y el centro una fealdad sin alivio, casas pequeñas, de ladrillo, interiores sórdidos, polvo en todas partes, descuido, y no por pobreza, por incultura.”

Pasaron nuevamente los meses y Don Venustiano Carranza también escogería a Nogales como base de operaciones del movimiento armado, y llegó a esta frontera a finales de ese año de 1913. Pero otorguémosle ahora la palabra a Martin Luis Guzman, quien nos ofrece una crónica del Nogales de entonces:

Martín Luis Guzmán
“Ya había anochecido cuando Alberto J. Pani y yo llegamos a Nogales. En la estación –feo cobertizo semejante a los que acabábamos de ver en el largo trayecto arizonense, sólo que aquí con la peculiar pátina mexicana- nos esperaban varios amigos y amigos de amigos… atravesamos una calle y caminamos un tramo de otra: ya estábamos en el hotel. La puerta daba a un pasillo que se convertía, por el fondo, en escalera… Una figura conocida apareció en lo alto y se mantuvo allá… era Isidro Fabela... se fueron abriendo las puertas de los cuartos y empezaron a salir por ellas hombres de la Revolución: salió Adolfo de la Huerta; salió Lucio Blanco; salieron Ramón Puente, Salvador Martínez Alomía, Miguel Alessio Robles y otros muchos…”

Después de dejar sus cosas y arreglarse en el Hotel Escobosa, los viajeros fueron a hablar con Carranza, al cercano edificio de la Presidencia Municipal, que se encontraba situado entonces en la esquina de Campillo y Juárez y frente al de la Aduana. Ese era el Nogales donde inició la revolución mexicana, a unos pasos del Monumento Internacional número 122.

Sunday, April 7, 2013

La minería y la industria manufacturera en Sonora


Este artículo es la conclusión del tema de la historia de algunas minas del norte de Sonora sobre las que me he extendido en artículos recientes, y a la vez el primero del siguiente: historia de la industria fronteriza, por ello se convierte en una recapitulación y un anticipo a la vez.

Potencial minero de Sonora
Intentar cubrir en una publicación como ésta la historia minera de un Estado que tiene manifestaciones tan ricas como las del nuestro, al grado de que es el principal Estado minero de México, sería extremadamente ambicioso de mi parte y a la vez absolutamente irreal.

Son muchísimas las minas y el potencial minero de Sonora. Así, siguiendo una hilera de franjas cuyo tamaño distinto nos indica lo poco que se ha explotado este potencial en Sonora, y se extienden con dirección general Noroeste al Sureste de Sonora, y partiendo desde la esquina Noreste del Estado yendo hacia el Sur, nos encontramos primero con las minas de cal cercanas a Agua Prieta (franja blanca en la esquina superior derecha de la imagen); a éstas les siguen las de cobre que hay en la franja que va de Cananea hasta Nacozari, ya desarrolladas, aunque la franja de yacimientos potenciales se extiende por todo el Estado (franja anaranjada); después vienen los placeres y minas de oro principalmente sobre la región de Altar y el Desierto pero que pasan sobre el Río San Miguel y terminan, desarrollados, ya sobre el de Sonora, aunque al igual que con el cobre, el potencial de yacimientos auríferos se extiende por toda la geografía sonorense (franja amarilla). Después siguen las minas de fierro que hay entre Carbó y Bacanora (pequeña franja roja); luego está la franja que rodea principalmente a Hermosillo y que produce desde cemento, pasando más hacia el Este por carbón hasta barita, aunque también aquí hay importantes extractoras de oro (pequeña franja azul). Y finalmente, ya en el extremo Sur de Sonora encontraremos otras de plata, sal y yeso (pequeña franja blanca en el extremo inferior de la imagen) si no se me escapa alguna otra.

Pero cambiemos al siguiente tema, a la historia de la industria manufacturera en nuestra región fronteriza. Pues bien, para empezar es necesario aclarar que la industria manufacturera aquí no comienza con el programa de las maquiladoras como se supone. Los orígenes de la industria, entendida como la manufactura social en nuestra región, se esconden en la bruma de los tiempos. Así, para el arqueólogo que investiga nuestros sitios prehispanos es lugar común encontrar  o bien conchas marinas extraídas del Golfo de California que fueron trabajadas como joyería ya fuese por la cultura Hohokam del Sur de Arizona, por la Trincheras de Sonora o bien por la Paquimé de Chihuahua; o también puede hallar restos de cerámica polícroma cuyos estilos se encuentran en el actual Estado de Chihuahua. O bien, también diseminada entre los restos de la antigua presencia humana de todo el norte de Sonora y Sur de Arizona se encuentra una lítica de pedernal color rojo obscuro, originada en el puerto que une a Magdalena con Cucurpe. El ojo entrenado del investigador descubre aquí y allá los restos de hornos en los que el hombre primitivo calentaba este pedernal para quebrarlo con calor y hacerlo manejable, para poder fabricar con él puntas de proyectil y otras herramientas que pueden encontrarse también sobre toda nuestra región.

Esqueleto de  un pequeño guacamayo hallado en Nogales
Pero si el lector escéptico aún conserva su incredulidad, para borrarla debe saber que en una de las pocas investigaciones de naturaleza arqueológica que se han realizado dentro de la mancha urbana del Nogales actual, en una que se realizó hace poco en la lomita donde se encuentra el edificio recién construido por el Condado de Santa Cruz, en Nogales, Arizona, fue hallado el esqueleto de un guacamayo joven, de unas ocho semanas de nacido; es una ave que no se encuentra naturalmente en todo Sonora sino que inicia en los terrenos más cálidos del actual Estado de Sinaloa. ¿Quién lo trajo a la actual frontera de Nogales? ¿Formó parte de redes de intercambio como las que existieron en el antiguo Paquimé, actual Casas Grandes, Chihuahua, en donde los arqueólogos encontraron hileras de criaderos de estas aves cuya pluma verde metálica era aprovechada en el preciado arte plumario? ¿Por qué, acompañando a estos criaderos de guacamayas también fueron halladas millones de conchas marinas procedentes del Golfo de California?

Pero el espacio se me termina y debo saltar al inicio de la presencia europea en nuestra región, y así recordar que no es casualidad que el principal logro del preclaro misionero de la Pimería Alta, Eusebio Francisco Kino, fue precisamente darle continuidad a esta concepción fronteriza, frontera entre la forma nativa y la europea de vivir; entre las fórmulas de explotación racional del medio como la ganadería, la agricultura o demás, aunque también más profunda e ideológicamente, reemplazó la costumbre nativa de dividir el tiempo únicamente en cíclicos meses lunares y otros anuales, por otra con ciclos más cortos, por la semana que cuenta los días laborables y los de descanso o de oración.

A donde quiero llegar es que esta región fronteriza fue y continúa siendo una zona donde a través de la industria, la manufactura pues, el habitante desde siempre ha aprendido fórmulas de acción colectiva que lo incorporan dentro de áreas mayores de ideología y de convivir.

Sunday, February 24, 2013

Villa en Cananea


El General Francisco Villa, quien para finales de 1915 había sido desconocido por los Estados Unidos y después de la derrota que sufrió en Agua Prieta llegaba al Norte de Cananea, no tenía ni alimentos ni agua para mantener el  ejército que le quedaba y en consecuencia su principal preocupación era conservar sus fuerzas armadas lo mejor que pudiera. Es posible que con su derrota hubieran brotado las insurrecciones, de otra manera no se pueden entender las acciones que tomó, que le atrajeron la enemistad de los sonorenses, que hasta entonces habían sido encaminadas a sostenerlo.  Así,  para conseguir pertrechos, envió, empezando noviembre de ese año de 1915 a una fuerza de 150 hombres al mando del Coronel Jesús Beltrán a Cananea, seguidos de  algunos millares de soldados; le exigieron a los funcionarios estadounidenses de la mina que les pagaran un impuesto de $25,000 dólares por la producción de la mina aunque, poco después, Villa cambió de parecer y pidió 20,000 sacos de harina, 5 sacos de azúcar, 2 de sal, café, un camión para transportar esa mercancía desde Naco, varios cientos de caballos y ganado; además, el General José Rodríguez entró al Banco Mercantil de Cananea y exigió que le entregaran $50 mil pesos plata del banco y $43 mil de la compañía. Todo ésto lo sabemos porque se ha conservado documentación sobre esos hechos.
El valle de Villa Verde, desde uno de los cerros de la región
Al autor de estas líneas le tocó la fortuna de haber sido guiado por un cananense amante y profundo conocedor de la historia de su región, el Ingenero Humberto de Hoyos, a Villa Verde, situado al noreste de Cananea, lugar donde acampó Villa, y ver allí los restos de las fortificaciones de los villistas.

Es un enorme valle que se extiende más allá de la frontera, cortado por pequeños arroyos que, aquí y allá, también interrumpen algunas lomas en donde aún se pueden ver las trincheras villistas, mezcladas algunas con sitios prehispanos que dejaron los habitantes nativos del valle; son fortificaciones que llevan al visitante actual a preguntarse cómo se explicarían los villistas aquellas trincheras ya existentes allí cuando llegaron ellos y a nosotros a preguntarnos: ¿Cómo sabemos que esas trincheras datan de dos épocas diferentes, del Sonora prehispano y de la época villista? Por los petroglifos y los cartuchos vacíos que han quedado; por la lítica y cerámica indígenos y los viejos rifles que han sido recuperados allí. Pero regresemos a nuestra crónica…

Las trincheras villistas en la falda de una de las lomas.
El día siguiente al de la petición de Villa eran retirados $25,000 dólares del banco de Bisbee y se los entregaron a Villa, quien prometió no saquear a la población de Cananea, en donde entonces vivían unas 15,000 personas, aunque el 16 de noviembre se reportó que las tropas de Villa habían entrado a Cananea y saqueado la población.

Además, dos trenes llenos de botín fueron enviados a Nogales, aunque una de las máquinas, la número 11, se quedó sin combustible, ya que funcionaban con carbón, combustible que no había en existencia en el mineral entonces. Los villistas que iban en el tren intentaron continuar en ella rumbo a Nogales  usando como combustible leña empapada en grasa animal, aunque falló la maniobra y la locomotora con su carga tuvo que ser abandonada en la vía.

El Gral Rodríguez
Villa, por su lado, quien como dije tenía su base de operaciones en Villa Verde, únicamente visitó Cananea por unas horas, aprovechó la oportunidad para dar algunos discursos y finalmente partió del poblado el 20 de noviembre con la intención de atacar y apoderarse de Hermosillo, capital del Estado. En Cananea se quedó la fuerza principal del ejército villista al mando de uno de los fieles villistas, el General José Rodríguez, quien había acordado con Villa reunirse después con él para atacar, juntos, la capital del Estado.

Sin embargo, para entonces las fuerzas constitucionalistas habían rodeado al mineral y al darse cuenta de ello, Rodríguez dividió a sus tropas en grupos pequeños para intentar escapar. Uno se dirigió al Ojo de Agua y por allí se deslizó entre las fuerzas constitucionalistas para escapar a Chihuahua. Otro grupo, que mandaba el Coronel Beltrán se apoderó de dos trenes y se dirigió a Puertecitos con la intención de escapar por allí. Mientras, en Nogales, las tropas villistas que se habían apoderado de la población se dedicaron también a saquearla y quemaron los archivos municipales y del Catastro Municipal, saqueo que duró hasta el día 25, cuando fueron expulsados por las tropas constitucionalistas al mando de Lázaro Cárdenas.

El Gral. Rodríguez cuando Villa era gobernador de Chihuahua
Finalmente, el 28 de noviembre, las tropas de Rodríguez y de Beltrán atacaban Nacozari, para después intentar regresar a Cananea. Sin embargo, fueron rodeados cerca de Fronteras, en donde fueron derrotados el  12 de diciembre por los constitucionalistas. De este escape ha quedado una leyenda en Cananea, de que después del enfrentamiento en Puertecitos, los villistas tuvieron que abandonar o esconder parte de su botín, que permanece escondido en alguna parte de la sierra, cerca de Puertecitos.

Villa, por su parte, atacó Hermosillo sin los refuerzos de Beltrán o Rodríguez y fue derrotado, para después retirarse rumbo a Chihuahua, y ese fue el momento en que ocurrió la conocida como Masacre de San Pedro de la Cueva, cuya descripción no le corresponde a esta crónica. Después, Villa abandonaría definitivamente Sonora y los constitucionalistas quedaron dueños del Estado.

Sunday, October 7, 2012

Primera expedicion filibustera de Raousset



En el artículo anterior veíamos cómo la compañía Jecker-Torre formó la “Restauradora de La Arizona” para recuperar los antiguos minerales de Planchas de Plata, lugar situado a unos 25 Km. al suroeste del actual Nogales, que había adquirido. Así, el Conde Gastón Raousset-Boulbon firmaba el 7 de abril de 1852 en la Ciudad de México un contrato con Jecker para organizar una fuerza armada que protegiera a la Restauradora y “defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.” Mientras, otra compañía, la Barrón-Forbes, organizaba a otra, la “Sociedad Esploradora [sic] de Metales de Sonora,” con casi las mismas características que la Restauradora aunque sin incluir colonos extranjeros, y un agente suyo, Adrian Daste, fue enviado a buscar minerales a Sonora en abril y mayo acompañando a una expedición punitiva al mando del General Miguel Blanco, Comandante Militar de la Frontera. Además, la posesión de La Arizona llegó a los tribunales sonorenses, porque Barrón-Forbes reclamaba derechos previos sobre ella.

Así fue cómo, el 1 de junio, al mando de una fuerza de unos 250 colonos-soldados armados, dos cañones y en formación militar, Raousset desembarcaba en Guaymas en un acto violatorio a la ley de Sonora que prohibía manifestaciones castrenses, por lo que de inmediato recibió una reprimenda del Gobierno del Estado. Raousset, que  tenía experiencia política europea al haber sido candidato en Francia a la Asamblea Legislativa, no pudo dejar de percibir que sus exhibiciones marciales no eran bien recibidas por nadie aquí, aunque prefirió continuarlas.




El 28 de junio, y obedeciendo órdenes del gobierno de Sonora, el grupo dirigido por Raousset y el Coronel María Jiménez, representante mexicano de la compañía, partieron rumbo a Hermosillo, a donde llegaron haciendo nuevamente ostentación de sus armas en contravención de las órdenes recibidas. En Hermosillo, Raousset rehusó dar cuenta de $30,000 pesos que Jiménez le había entregado para abastecer la expedición y  le pidió más dinero, petición que Jiménez rechazó al principio aunque al final lo pagó.

Luego, Raousset rehusó obedecer la orden de Blanco de que Jiménez y Raousset permitieran que la fuerza de franceses fueran a Sáric mientras ellos irían a Arizpe a entrevistarse con él. En vez de ello, decidió acompañar al grupo a Sáric mientras que Jiménez fue a Arizpe a la entrevista  con Blanco. Esta y otras acciones de Raousset que sería largo enumerar aquí, llevaron al General Blanco a ir a Ures, capital entonces de Sonora, a preparar una expedición punitiva contra el francés. Además, el 8 y 9 de septiembre, Jiménez mismo apeló en repetidas ocasiones al Conde, haciéndolo responsable de lo que sucediera si no se sometía, y agregó que el Ministro francés en México, André Le Vasseur, le había dicho que los intereses de la Restauradora y la Exploradora habían sido consolidados, por lo que ya no había disputa entre ellas; esperó una semana y al no recibir respuesta, inició su regreso a México.

En septiembre 24, Blanco le escribió nuevamente a Raousset con una oferta final, pidiéndole que únicamente abandonara su organización y equipo militares. Sin embargo, ya para entonces Raousset había iniciado las hostilidades: cerca de Sáric se apoderó de un cargamento de dinero y abastecimientos destinados a Daste, y a fines de septiembre acampó en las afueras de Magdalena en anticipación de las fiestas anuales a San Francisco para hablar con los notables de Sonora que asistían para convencerlos de unírsele. Además, el 5 de octubre escribió al Gobernador Cubillas, diciéndole que éste sería culpable de las consecuencias de cualquier demostración de fuerza de parte del Gobierno de Sonora en su contra. Allí, en Magdalena permanecieron del 1 al 6, estancia que aprovechó el Conde para tener un affaire amoroso con María Antonia, hija del Prefecto de Altar.

El gobierno de Sonora pensaba que los franceses se dirigirían a atacar la capital, Ures, aunque el objetivo de éstos fue Hermosillo, ciudad que tomaron por las armas en una victoria pírrica, ya que no obtuvieron el apoyo que buscaban y muchos enfermaron. Luego decidieron ir a Guaymas para esperar la llegada de más refuerzos por barco, aunque la salud de Raousset agravó y se vió a las puertas de la muerte. En Guaymas ofreció rendirse, y el 4 de noviembre se firmó el acuerdo de paz. Todos los franceses fueron embarcados para San Francisco, pagando el viaje los sonorenses, ya que la compañía Jecker-Torre los había desconocido.

No existe un testimonio escrito de ello, pero un hecho que corrobora que los franceses estuvieron en La Arizona y Planchas de Plata es que a su regreso a San Francisco algunos llevaban pedazos de plata que habían conseguido durante su estancia en Sonora, mismos que servirían para alimentar la leyenda de La Arizona. Así terminó esa primera etapa de la aventura de Raousset en Sonora. En la siguiente continuaré con la segunda.

Sunday, September 30, 2012

Planchas de Plata y los franceses


En el artículo anterior leíamos acerca del descubrimiento de las fabulosas Planchas de Plata de La Arizona en 1736, a unos 25 Km al suroeste del actual Nogales, dentro de este municipio, y de cómo se ordenó que los tesoros hallados fueran confiscados. Pasaron los años y esa región quedó abandonada aunque la leyenda del lugar y aquel hallazgo fue alimentándose, expandiéndose, al mismo tiempo que el temor a los asaltos apaches impedía que llegaran mas mineros al lugar.

En 1817, Dionisio Robles, de Nacameri (actual Rayón), al mando de unos 200 hombres armados llegaron al sitio, excavaron donde pensaron que podría haber plata y encontraron muy poca, aunque no pudieron permanecer por temor a los apaches. Seguirían otras expediciones que tampoco pudieron hallar el gran tesoro que le había dado fama a la región, por lo que el fracaso de las expediciones y el temor a los apaches fueron alimentando la leyenda de la existencia de un gran tesoro enterrado en esa región.

Después de la independencia de México, exploradores europeos que posteriormente escribirían sobre Sonora lo recorrieron e incluyeron a nuestra región en sus novelas. Así Gabriel Ferry, Gustave Aimard,  Lucien Briart entre otros, contribuyeron a despertar el espíritu aventurero de los franceses de la época, curiosidad literaria dirigida a esta región que “logró dar vida a los personajes o tipos que poblaron en la imaginación francesa el septentrión mexicano.” Era una región habitada por “héroes salvajes como la naturaleza que los rodea,”  región que “encerraba las minas más ricas del mundo.”

Gabriel Ferry
Gabriel Ferry, por ejemplo, fue el seudónimo de Eugene Louis Gabriel Ferry de Bellemare (Noviembre 1809, Grenoble - Enero 3, 1852). Había pasado 10 años de su juventud en México durante los cuales visitó Sonora y conoció Guaymas, Hermosillo, Bacoachi, etcétera, así como a personajes históricos de nuestro país, a los que posteriormente mezcló con seres legendarios, tales como el cazador de osos de Bacoachi o los jugadores de naipes, y logró descripciones de esta región que despertaron el interés de la juventud francesa por conocer a Sonora y sus leyendas.

Y mientras surgía y se alimentaba el espíritu romántico francés, compañías como la Casa Jecker, Torre y Compañía, integrada por capital hispano-francés, también empezaron a invertir en nuestro país. Y poco después, como resultado del inicio de la fiebre de Oro de California, gran cantidad de sonorenses se dirigieron a California a la bonanza por lo que Sonora se despobló, lo que llevó al gobernador, José de Aguilar, a promulgar una ley en 1850 que daba facilidades a los colonos que llegaran a la región norteña de Sonora, con la intención de que funcionaran como amortiguadores contra la penetración anglosajona.

Al recibir la noticia de la promulgación de esta ley, de inmediato, la Casa Jecker, Torre y Cía presentó una propuesta pidiendo en propiedad todos los baldíos, minas y placeres entre el paralelo 31 y la frontera Norte, a cambio de un 10% de ganancias para Sonora y la obligación de colonizar la región, aunque la propuesta fue rechazada de inmediato por abusiva contra México y la ley correspondiente derogada por ser anticonstitucional. Sin embargo, el Crnl. Manuel María Jiménez y Francisco María Lombardo habían registrado, el 19 de mayo de 1851 en San Ignacio, Sonora, la mina La Arizona. Era la legendaria Planchas de Plata que para entonces ya había transformado su nombre al más pintoresco de La Arizona, y poco después se presentaban jiménez y Lombardo en las oficinas de Jecker, pidiéndole ayuda para financiar la empresa que intentaba explotar la mina de La Arizona, invitación que éste aceptó gustoso, ya que así lograba recuperar la concesión que acababa de perder. De inmediato se formó la Compañía Restauradora de La Arizona y a ésta se le incorporaron el embajador de Francia en México, André Levasseur, el mismo Presidente de la república, Mariano Arista, así como el gobernador de Sonora, José de Aguilar y el Vicecónsul Francés en Guaymas, José Calvo.

Fotografía de un dibujo de Raousset
Como ya dije, por entonces San Francisco sufría la fiebre del oro y era invadido por gente procedente de todo el mundo, y  entre ellos no pocos eran franceses que llegaban atraídos por las novelas que habían leído sobre las riquezas de esta región.  Entre éstos, el 22 de agosto de 1850 arribaba a San Francisco el joven conde Gastón de Raousset-Boulbon (ningún parentesco con el nombre parecido de la familia Borbón), quien después de despilfarrar su fortuna en Francia venía buscando renovarla en América.

En San Francisco, el Cónsul francés, Partice Dillon, lo invitó a formar una expedición de colonos franceses que colonizaran Sonora, y así fue cómo firmó Raousset, en México, un contrato con la compañía Jecker, Torre, por el que se comprometía a integrar una fuerza expedicionaria de 150 hombres en San Francisco para venir a  Sonora a explorar “los parajes conocidos con el nombre de La Arizona, así como las sierras vecinas, descubrir en ellas las minas y placeres y tomar posesión ... así como defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.”

Este fue el inicio de la intentona francesa por hacerse de la legendaria Planchas de Plata y que a su vez provocaría la posterior expedición filibustera de Raousset. Pero el espacio se me agota por lo que continuaré en la próxima.