Sunday, October 7, 2012

Primera expedicion filibustera de Raousset



En el artículo anterior veíamos cómo la compañía Jecker-Torre formó la “Restauradora de La Arizona” para recuperar los antiguos minerales de Planchas de Plata, lugar situado a unos 25 Km. al suroeste del actual Nogales, que había adquirido. Así, el Conde Gastón Raousset-Boulbon firmaba el 7 de abril de 1852 en la Ciudad de México un contrato con Jecker para organizar una fuerza armada que protegiera a la Restauradora y “defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.” Mientras, otra compañía, la Barrón-Forbes, organizaba a otra, la “Sociedad Esploradora [sic] de Metales de Sonora,” con casi las mismas características que la Restauradora aunque sin incluir colonos extranjeros, y un agente suyo, Adrian Daste, fue enviado a buscar minerales a Sonora en abril y mayo acompañando a una expedición punitiva al mando del General Miguel Blanco, Comandante Militar de la Frontera. Además, la posesión de La Arizona llegó a los tribunales sonorenses, porque Barrón-Forbes reclamaba derechos previos sobre ella.

Así fue cómo, el 1 de junio, al mando de una fuerza de unos 250 colonos-soldados armados, dos cañones y en formación militar, Raousset desembarcaba en Guaymas en un acto violatorio a la ley de Sonora que prohibía manifestaciones castrenses, por lo que de inmediato recibió una reprimenda del Gobierno del Estado. Raousset, que  tenía experiencia política europea al haber sido candidato en Francia a la Asamblea Legislativa, no pudo dejar de percibir que sus exhibiciones marciales no eran bien recibidas por nadie aquí, aunque prefirió continuarlas.




El 28 de junio, y obedeciendo órdenes del gobierno de Sonora, el grupo dirigido por Raousset y el Coronel María Jiménez, representante mexicano de la compañía, partieron rumbo a Hermosillo, a donde llegaron haciendo nuevamente ostentación de sus armas en contravención de las órdenes recibidas. En Hermosillo, Raousset rehusó dar cuenta de $30,000 pesos que Jiménez le había entregado para abastecer la expedición y  le pidió más dinero, petición que Jiménez rechazó al principio aunque al final lo pagó.

Luego, Raousset rehusó obedecer la orden de Blanco de que Jiménez y Raousset permitieran que la fuerza de franceses fueran a Sáric mientras ellos irían a Arizpe a entrevistarse con él. En vez de ello, decidió acompañar al grupo a Sáric mientras que Jiménez fue a Arizpe a la entrevista  con Blanco. Esta y otras acciones de Raousset que sería largo enumerar aquí, llevaron al General Blanco a ir a Ures, capital entonces de Sonora, a preparar una expedición punitiva contra el francés. Además, el 8 y 9 de septiembre, Jiménez mismo apeló en repetidas ocasiones al Conde, haciéndolo responsable de lo que sucediera si no se sometía, y agregó que el Ministro francés en México, André Le Vasseur, le había dicho que los intereses de la Restauradora y la Exploradora habían sido consolidados, por lo que ya no había disputa entre ellas; esperó una semana y al no recibir respuesta, inició su regreso a México.

En septiembre 24, Blanco le escribió nuevamente a Raousset con una oferta final, pidiéndole que únicamente abandonara su organización y equipo militares. Sin embargo, ya para entonces Raousset había iniciado las hostilidades: cerca de Sáric se apoderó de un cargamento de dinero y abastecimientos destinados a Daste, y a fines de septiembre acampó en las afueras de Magdalena en anticipación de las fiestas anuales a San Francisco para hablar con los notables de Sonora que asistían para convencerlos de unírsele. Además, el 5 de octubre escribió al Gobernador Cubillas, diciéndole que éste sería culpable de las consecuencias de cualquier demostración de fuerza de parte del Gobierno de Sonora en su contra. Allí, en Magdalena permanecieron del 1 al 6, estancia que aprovechó el Conde para tener un affaire amoroso con María Antonia, hija del Prefecto de Altar.

El gobierno de Sonora pensaba que los franceses se dirigirían a atacar la capital, Ures, aunque el objetivo de éstos fue Hermosillo, ciudad que tomaron por las armas en una victoria pírrica, ya que no obtuvieron el apoyo que buscaban y muchos enfermaron. Luego decidieron ir a Guaymas para esperar la llegada de más refuerzos por barco, aunque la salud de Raousset agravó y se vió a las puertas de la muerte. En Guaymas ofreció rendirse, y el 4 de noviembre se firmó el acuerdo de paz. Todos los franceses fueron embarcados para San Francisco, pagando el viaje los sonorenses, ya que la compañía Jecker-Torre los había desconocido.

No existe un testimonio escrito de ello, pero un hecho que corrobora que los franceses estuvieron en La Arizona y Planchas de Plata es que a su regreso a San Francisco algunos llevaban pedazos de plata que habían conseguido durante su estancia en Sonora, mismos que servirían para alimentar la leyenda de La Arizona. Así terminó esa primera etapa de la aventura de Raousset en Sonora. En la siguiente continuaré con la segunda.

Sunday, September 30, 2012

Planchas de Plata y los franceses


En el artículo anterior leíamos acerca del descubrimiento de las fabulosas Planchas de Plata de La Arizona en 1736, a unos 25 Km al suroeste del actual Nogales, dentro de este municipio, y de cómo se ordenó que los tesoros hallados fueran confiscados. Pasaron los años y esa región quedó abandonada aunque la leyenda del lugar y aquel hallazgo fue alimentándose, expandiéndose, al mismo tiempo que el temor a los asaltos apaches impedía que llegaran mas mineros al lugar.

En 1817, Dionisio Robles, de Nacameri (actual Rayón), al mando de unos 200 hombres armados llegaron al sitio, excavaron donde pensaron que podría haber plata y encontraron muy poca, aunque no pudieron permanecer por temor a los apaches. Seguirían otras expediciones que tampoco pudieron hallar el gran tesoro que le había dado fama a la región, por lo que el fracaso de las expediciones y el temor a los apaches fueron alimentando la leyenda de la existencia de un gran tesoro enterrado en esa región.

Después de la independencia de México, exploradores europeos que posteriormente escribirían sobre Sonora lo recorrieron e incluyeron a nuestra región en sus novelas. Así Gabriel Ferry, Gustave Aimard,  Lucien Briart entre otros, contribuyeron a despertar el espíritu aventurero de los franceses de la época, curiosidad literaria dirigida a esta región que “logró dar vida a los personajes o tipos que poblaron en la imaginación francesa el septentrión mexicano.” Era una región habitada por “héroes salvajes como la naturaleza que los rodea,”  región que “encerraba las minas más ricas del mundo.”

Gabriel Ferry
Gabriel Ferry, por ejemplo, fue el seudónimo de Eugene Louis Gabriel Ferry de Bellemare (Noviembre 1809, Grenoble - Enero 3, 1852). Había pasado 10 años de su juventud en México durante los cuales visitó Sonora y conoció Guaymas, Hermosillo, Bacoachi, etcétera, así como a personajes históricos de nuestro país, a los que posteriormente mezcló con seres legendarios, tales como el cazador de osos de Bacoachi o los jugadores de naipes, y logró descripciones de esta región que despertaron el interés de la juventud francesa por conocer a Sonora y sus leyendas.

Y mientras surgía y se alimentaba el espíritu romántico francés, compañías como la Casa Jecker, Torre y Compañía, integrada por capital hispano-francés, también empezaron a invertir en nuestro país. Y poco después, como resultado del inicio de la fiebre de Oro de California, gran cantidad de sonorenses se dirigieron a California a la bonanza por lo que Sonora se despobló, lo que llevó al gobernador, José de Aguilar, a promulgar una ley en 1850 que daba facilidades a los colonos que llegaran a la región norteña de Sonora, con la intención de que funcionaran como amortiguadores contra la penetración anglosajona.

Al recibir la noticia de la promulgación de esta ley, de inmediato, la Casa Jecker, Torre y Cía presentó una propuesta pidiendo en propiedad todos los baldíos, minas y placeres entre el paralelo 31 y la frontera Norte, a cambio de un 10% de ganancias para Sonora y la obligación de colonizar la región, aunque la propuesta fue rechazada de inmediato por abusiva contra México y la ley correspondiente derogada por ser anticonstitucional. Sin embargo, el Crnl. Manuel María Jiménez y Francisco María Lombardo habían registrado, el 19 de mayo de 1851 en San Ignacio, Sonora, la mina La Arizona. Era la legendaria Planchas de Plata que para entonces ya había transformado su nombre al más pintoresco de La Arizona, y poco después se presentaban jiménez y Lombardo en las oficinas de Jecker, pidiéndole ayuda para financiar la empresa que intentaba explotar la mina de La Arizona, invitación que éste aceptó gustoso, ya que así lograba recuperar la concesión que acababa de perder. De inmediato se formó la Compañía Restauradora de La Arizona y a ésta se le incorporaron el embajador de Francia en México, André Levasseur, el mismo Presidente de la república, Mariano Arista, así como el gobernador de Sonora, José de Aguilar y el Vicecónsul Francés en Guaymas, José Calvo.

Fotografía de un dibujo de Raousset
Como ya dije, por entonces San Francisco sufría la fiebre del oro y era invadido por gente procedente de todo el mundo, y  entre ellos no pocos eran franceses que llegaban atraídos por las novelas que habían leído sobre las riquezas de esta región.  Entre éstos, el 22 de agosto de 1850 arribaba a San Francisco el joven conde Gastón de Raousset-Boulbon (ningún parentesco con el nombre parecido de la familia Borbón), quien después de despilfarrar su fortuna en Francia venía buscando renovarla en América.

En San Francisco, el Cónsul francés, Partice Dillon, lo invitó a formar una expedición de colonos franceses que colonizaran Sonora, y así fue cómo firmó Raousset, en México, un contrato con la compañía Jecker, Torre, por el que se comprometía a integrar una fuerza expedicionaria de 150 hombres en San Francisco para venir a  Sonora a explorar “los parajes conocidos con el nombre de La Arizona, así como las sierras vecinas, descubrir en ellas las minas y placeres y tomar posesión ... así como defender hasta donde pueda los terrenos, minas y placeres de la compañía contra cualquiera que atacase la propiedad o la concesión.”

Este fue el inicio de la intentona francesa por hacerse de la legendaria Planchas de Plata y que a su vez provocaría la posterior expedición filibustera de Raousset. Pero el espacio se me agota por lo que continuaré en la próxima.

Sunday, September 23, 2012

Planchas de Plata


Muy pocos lo saben, pero Arizona, Estado de la Unión Americana vecino de Nogales, le debe su nombre a lo sucedido en un lugar ubicado a unos 25 kilómetros al Suroeste de esta población y dentro de nuestro municipio. Para llegar allí, se toma el camino del Sáric desde el Sur de Nogales, y después de remontar una sierra por un camino de terracería, uno baja al valle del Arroyo La Arizona, recorriéndolo hasta su confluencia con el Arroyo de las Planchas.

Su fama comenzó hace ya cerca de trescientos años, un día de noviembre de 1736, cuando “un indizuelo tontillo de Tubutama descubrió un pedazo de plata y no conociendo lo que era la enseñó al indio que ahora llaman el descubridor, y preguntándole lo que era le respondió no servía aquello y después investigó del lugar donde la había hallado.” Así fue cómo Bartolillo, que así se llamaba el descubridor, acudió con Antonio Siraumea, nombre del segundo indígena de esta historia, minero de afición como lo eran tantos entonces, quien de inmediato reconoció que se trataba de un trozo de plata y averiguó el lugar del descubrimiento: cerca del Real de la Arizona, en las faldas de la llamada Sierra de San Antonio, más bien conocida actualmente como  Sierra del Guacomea. La noticia del descubrimiento corrió como reguero de pólvora, primero al cercano valle del río Santa Cruz, a Santa Bárbara de los Romero; al río Sonora con los Pérez Serrano en Tetuachi y al cercano Motepore; en resumen a una larga lista de lugares, y de inmediato el lugar se vio invadido por españoles que buscaban hacer fortuna.


El Capitán Juan Bautista de Anza padre, en su función de Justicia Mayor, acudió desde el Presidio de Codoréhuachi (Fronteras) donde vivía, y estableció su base de operaciones en un lugar que también hoy se puede reconocer y que llevaba el pomposo nombre de Real de Nuestra Señora de la limpia Concepción de la Agua Caliente, sitio ubicado un poco más al oeste de la confluencia del Arroyo La Arizona con el de Planchas de Plata, y que hoy es únicamente un pequeño manantial de agua templada que nadie reconocería como que alguna vez tuvo importancia.

Allí, el escribano Manuel José de Sosa, amigo y pariente político de Anza, quien había estado ocupado en el caso de la reciente expulsión del Padre Agustín de Campos de San Ignacio, tema que no le toca a este artículo, firmó con su elegante caligrafía todas las declaraciones que Anza les hizo tomar a los involucrados en el descubrimiento de la plata, agregando que estas declaraciones se realizaban en la Arizona, y así fue cómo este nombre se incorporó a la historia.

Para dar una idea del tamaño del hallazgo, baste leer este párrafo de una declaración: “estaban enterradas en la tierra una cuarta y media vara [a menos de un metro de profundidad], y la más grande de las planchas descubierta por Joseph Fermín de Almazán que con lo que se le ha quitado y lo que está en ser para partir y poder cargarse para sacar donde conviniere, tendría el peso de cien arrobas [poco más de una tonelada] y es tan macisa que parece fundida y en el centro tan blanca como otra cualquiera plata purificada...”

Así, Anza ordenó embargar toda la plata porque si se trataba de un tesoro escondido le pertenecía en su totalidad al Rey, mientras que si era un yacimiento natural se debía pagar el impuesto correspondiente a la Corona, el Quinto Real, aunque se podía explotar. Anza sería muerto el 9 de mayo de 1940 por los Apaches cerca de Santa Cruz, y en 1774 su hijo, del mismo nombre, en el diario de la expedición que realizó para comunicar por tierra a Sonora con California, escribió:

“Dista de este Pueblo [Saric] siete a ocho leguas al nordeste el paraje de la Arizona, o las volas, celebre por las que de plata virgen se hallaron el año de mil setecientos treinta y seis, hasta el peso de Ciento y Cinquenta arrobas (o sea más de 1,700 kilogramos) cuias particularidades se ha dudado; pero es tan cierto que viven muchos de los que las poseyeron, de lo que puedo dar igualmente documentos que lo acrediten, como que mi padre con dictamen de sujetos peritos en Leyes las embargo, por parecerle pertenecian á S.M. cuya conducta aunque no se le aprobo enteramente por el acuerdo de la Ciudad de Mexico, si por el Consejo Real de Castilla.” 

Y así fue cómo La Arizona se incorporó a la leyenda  y a la historia. El embargo ordenado de la plata encontrada, los ataques continuos de los Apaches, la imposibilidad de explotar lo que había allí, alimentaron, todos, la sed natural humana por encontrar algún tesoro escondido. Pero el espacio se me agota en esta ocasión, así que continuaré el tema en otro artículo.

Sunday, September 16, 2012

El Centenario de la Escuela Pestalozzi


Este día 16 de septiembre se realiza otro cambio más de poderes municipales en Nogales, pero también se cumple el día anterior el centenario de la inauguración de la actual Escuela Pestalozzi.

Nogales había surgido en 1884 auspiciado por la paz porfiriana, y después le seguiría el advenimiento de la revolución maderista en México, período en que Nogales no habría sufrido aún algún estragos ocasionados por esa fase del movimiento armado, sino que pasó por un gran crecimiento en población.  Para 1910 éramos alrededor de 4,000 los nogalenses y la mancha urbana se extendía desde la frontera hasta inmediaciones de la actual Plaza Hidalgo, a la entrada de la actual cañada Héroes que entonces era conocida como del Aguajito y comunicaba con el entonces rancho de Buenavista, hoy Mascareñas.

Esta población contaba por entonces con 600 residencias de distintos materiales y 20 edificios públicos. Para inicios del siglo XX había una sucursal del Banco de Sonora y tres hoteles: El Moderno, El París y El Sonora, además del Club Internacional y fábricas de máquinas de coser, de pastas, fósforos, ropa y calzado y numerosos negocios más pequeños. Por otro lado, en la dimensión de educación contábamos con dos escuelas primarias, situadas por la calle Ingenieros, a un costado del actual Edificio del Estado, en dos edificios contiguos, uno para cada sexo, con 4 maestros en cada una, a la cual asistían 128 niñas y 112 niños. Sin embargo, debido al crecimiento de la población se hizo necesario que el gobierno municipal contemplara la construcción de otro edificio escolar durante esa primera década del siglo veinte.

Para1910 era presidente municipal Alberto Claussen, aunque Claussen renunció el 22 de diciembre de 1910 y quedó como alcalde interino Próspero Sandoval. Pero Sandoval renunciaría también el 2 de junio de 1911, y lo reemplazó el Doctor  Ponciano López, a quien le tocó iniciar las labores de construcción del nuevo edificio.  En agosto, el arquitecto estadounidense, O. J. Omstead, a quien se le había encargado que realizara los planos del edificio escolar, los entregó al gobierno municipal, y el día 30 de ese mismo mes, en sesión de Cabildos, se autorizó al ayuntamiento a gestionar un préstamo por $30,000 para construir la futura escuela.

Se formó una comisión encargada de la obra, integrada por los miembros del Ayuntamiento, aunque no pudieron hacer nada en el mes que les quedaba de funciones. Unicamente pudieron colocar la primera piedra del edificio, misma que se encuentra actualmente en una de las esquinas de la construcción.

La siguiente administración, que era encabezada por Fernando Rodríguez Luján, en sesión de cabildos efectuada el 22 de septiembre de ese 1911, acordó cambiar los miembros de la Comisión a los del nuevo Ayuntamiento, y el 11 de noviembre el nuevo presidente municipal consiguió un préstamo por $30,000 del Banco Nacional de México para la construcción.

Ya iniciado el siguiente año de 1912, el 12 de enero, y debido a que no se contaba con los recursos económicos necesarios, el Ayuntamiento decidió vender los edificios de la cárcel y escuelas, ya que se encontraban muy arruinados y con el producto construir un hospital. En mayo 6, el Gobernador aprobaba la venta y después uno de esos edificios escolares antiguos fue adquirido por el presidente municipal, Fernando Rodríguez (hermano de Abelardo), y el otro por Guillermo Barnett (h). Con ese dinero y un préstamo adicional de $10,000 que hizo una benefactora nogalense, hoy olvidada, la Srita. Rosita Muñoz, se pudo concluir el edificio de la escuela Superior, mismo que fue inaugurado el día 15 de septiembre de 1912, es decir un día antes de que Fernando Rodríguez le entregara las riendas del municipio a su sucesor, Guillermo Barnett hijo.

Sin embargo, al iniciar el funcionamiento de la escuela no se contaba con lo más indispensable para su funcionamiento. En los meses siguientes la situación económica nacional empeoraría con el asesinato del presidente Madero, por lo que la situación del nuevo edificio resultó una carga casi imposible de llevar para las arcas municipales. Así fue como el nuevo presidente municipal, Guillermo Barnett hijo, desembolsó el dinero necesario para instalar un sistema de calefacción central, y se les pidió a los padres de los alumnos que llevaran a la escuela los muebles necesarios para sus hijos. En mi casa aún se conserva la silla de mi madre, que fue alumna por entonces.

El edificio de ladrillo de dos niveles de la entonces Escuela Superior comprendía dos instituciones, la escuela de varones en la planta alta y la de niñas en la baja. En ellos se cursaba hasta el cuarto nivel de primaria.

Es mucho lo que ha avanzado Nogales desde entonces, actualmente esta frontera cuenta con varias universidades, aunque también subsiste como testigo mudo de los avatares de la historia de la educación en nuestra frontera ese edificio escolar que fuera inaugurado, esta fecha, hace exactamente cien años.

Sunday, August 19, 2012

Los ranchos del Municipio de Nogales


A todo mundo le gusta andar a caballo, ya sea recorrer velozmente los paisajes sonorenses a galope o bien a paso lento de la cabalgadura ir deteniéndose a cada oportunidad que ofrece el cambiante paisaje, pero desde siempre el caballo ha constituido uno de los mayores placeres que puede ofrecer Sonora a quien se aleje de nuestras ciudades y se sumerja en el silencio de nuestras regiones rurales. De esta tradición ecuestre de Sonora se deriva, precisamente, otro de los más importantes temas que podemos tocar acerca de la historia de nuestra entidad, aunque en este caso únicamente hablaré de la región de Nogales: sus ranchos; y es que en la historia de este municipio tuvo una importancia primordial la historia de sus ranchos antes de, durante el Porfirismo y en la época contemporánea.

Como ya sabemos, el antiguo rancho de Los Nogales de Elías, donde surgiría esta población, fue adquirido por José Elías Redondo en 1843, y comprendía una franja de unas 13,200 hectáreas que se extendía de Sur a Norte a lo largo del Arroyo Los Nogales, atravesando una frontera que aún no existía, desde el Puerto de Encinas por el Sur, hasta la cañada de Mariposa por el Norte, situada en el actual Nogales, Arizona.

Vendría después la adquisición de territorio mexicano por los Estados Unidos, y entre ellos el Tratado de la Mesilla que originalmente dividió al rancho Los Nogales en dos naciones, donde después surgirían dos poblaciones, la mexicana y la estadounidense. Y para inicios del siglo XX, cuando nadie se imaginaba que ocurriría el movimiento armado de la revolución mexicana, el municipio de Nogales, Sonora, que había sido fundado en 1884, contaba con las siguientes haciendas: sobre las márgenes del río Santa Cruz se encontraban Santa Bárbara y Buenavista, adquiridas por Manuel Mascareñas Porras a mediados de la década de 1880. Buenavista había surgido como rancho que adquiriera en 1758 la madre de Juan Bautista de Anza, Rosa Becerra Nieto, mientras que Santa Bárbara había sido establecida en 1720 por Diego Romero. Así fue cómo Manuel Mascareñas se convirtió en dueño de una superficie de 36,460 hectáreas.

Además de estas haciendas sobre el río Santa Cruz estaba también,  situada en el suroeste de Nogales, en la confluencia del arroyo Planchas de Plata con el de la Arizona,  la hacienda de La Arizona, misma que surgiera alrededor de 1740 cuando el descubrimiento de las famosísimas Planchas de Plata. Por aquel entonces era un rancho del Barón Gabriel Prudhón de Heider y Múgica, Alcalde Mayor de Sonora. Pasó el tiempo, y  en la década de 1850 o 1860, La Arizona fue adquirida por Guillermo Barnett, con una superficie de aproximadamente 50 mil hectáreas que crecería eventualmente hasta alrededor de 100 mil.

Finalmente, hacia el Sur del actual Nogales se encontraba Cíbuta, hacienda que originalmente surgiera como un rancho ganadero establecido por el misionero Jesuita, Eusebio Francisco Kino, y cuyo dueño para la época que nos ocupa, finales del siglo XIX  y principios del XX, era José Pierson, quien también poseía otras propiedades cerca de Imuris. Además de estas haciendas, el municipio de Nogales contaba con los ranchos de Agua Zarca y Destiladera, y los minerales de Promontorios, Viacrucis y Planchas de Plata.

Todas estas haciendas y ranchos del municipio eran empresas ganaderas, además de tener producción agrícola: Buenavista y Santa Bárbara se centraban antes de la revolución mexicana en la producción de pastura, cereales y vegetales, mientras que La Arizona producía principalmente frutas. Hay, por ejemplo, una noticia periodística que nos informa que en La Arizona se producían a finales del siglo XIX vegetales, pieles curtidas, jabón y fruta enlatada (3,500 latas de duraznos, 1,500 de manzanas y 200 de peras, además de una cantidad no especificada de leche condensada enlatada). Más hacia el sur, Cíbuta también producía verduras y cereales. En total, estos ranchos empleaban a unos 100 jornaleros con sueldos de $1.50 diarios, sueldos que confirmaría la revolución mexicana.

Hasta hace poco, gran parte de estas haciendas y ranchos habían sido disgregados y convertidos en ejidos como consecuencia de la revolución, aunque como resultado de las reformas al Artículo 27 de la Constitución en 1992, el agro se encuentra actualmente inmerso en un proceso de cambio en el régimen de tenencia de la tierra. De esta manera, el día de hoy, el visitante a aquellos antiguos lugares puede encontrar, junto con la posesión ejidal de la tierra, a la reserva territorial para el crecimiento urbano nogalense, al nuevamente creciente rancho ganadero o bien a la casa suburbana de alguna familia nogalense que es dueña de un pequeño pedazo de tierra en donde esa familia pasa los fines de semana trabajando la tierra, regresando al ancestral pasatiempo sonorense de arañarla para hacerla producir, o lo que es lo mismo, trabajando mientras se convive con el silencio del campo.

Sunday, August 12, 2012

De visita en los Picachos de Santa Barbara


A unos cuantos minutos del centro de Nogales, siguiendo por  la nueva carretera que comunica con San Lázaro y que actualmente está pavimentada 33 kilómetros, en un recorrido que antes la pensaba uno dos veces para realizarlo por las condiciones del antiguo camino de terracercía conocido como de Mascareñas, en el kilómetro 22 se encuentra el poblado Miguel Cárdenas Valdés, conocido popularmente como Los Picos, a la sombra de los Picachos de Santa Bárbara.

Esa región del río Santa Cruz le habla a uno de historia desde que se baja al valle y pasa por el sitio donde estuviera la antigua hacienda de Buenavista, que le comprara un 28 de octubre de 1756  Doña Rosa Becerra Nieto a su yerno, Don Gabriel de Vildósola; un sitio que si estuviera en otro lugar tuviera un museo.  Allí la visitaba su hijo, el joven Juan Bautista de Anza, antes de que éste soñara con descubrir la ruta por tierra entre Sonora y California; muchos años antes de convertirse en Gobernador de Nuevo México.

Nacho Corona y el zorrito
Allí, en ese valle, en el actual pueblo de Los Picos, lugar que aún ilumina sus noches la lámpara de petróleo y  calienta la estufa de leña esperando la modernidad, un pequeño grupo de gente vive en la antesala de Nogales. Allí podrá, quien los conoce, ir a visitar a los Jilillos y a su madre, doña Zenaida; a los Cuates León o bien a Nacho Corona y a su mujer, Doña Carmen Avechuco quienes ahora se dedican a cuidar al zorrito que rescató un nieto, a quien todos conocen como El Charrito.

Pues bien, entre todos ellos vive también Don Alfonso Cuevas Vargas, quien una tarde sabatina, mientras amenazaba una tormenta veraniega, se puso a contarme su historia; una historia muy similar a la de tantos y tantos nogalenses que piensan que su biografía fue un hecho único, pero que en realidad es una letanía que se repite en muchos hogares de la región. Nativo del Estado de Guanajuato, a los 16 años de edad se vino a la frontera buscando a un tío que se había ido a California; al no encontrarlo, por 1951 se regresó a su Estado natal debido a “que todo se puso aquí muy difícil.” Eran los años de la posguerra.

Don Alfonso Cuevas y uno de sus hijos
Pasó algún tiempo en el centro del país y en 1956 o 1957, después de una inundación que causó muchos estragos en Guanajuato, regresó a Nogales, y aquí encontró a una familia que con la dadivosidad de los nogalenses se convirtió en sus segundos padres: Don Refugio Mendívil y su esposa Enriqueta, en un rancho que tenían en el Puente de Encinas. Otro de los Mendívil, Enrique, le dio unos puerquitos a cuidar, y en un acuerdo verbal le dijo que la ganancia sería, como se acostumbraba entonces: “a medias.”

Luego, Don Alfonso se fue con Adolfo Centeno Ramos quien había sido novio de una tía suya, y según me lo contó con esa afición al diminutivo que uno encuentra en la gente que se formó en el sur del país, “me fui haciendo de animalitos,” así como también creciendo en amistades, conociendo a “nogalenses muy buenos” como Don Joaquín Dicochea, Antonio Dicochea, Jesús Dicochea, a Darío y Alejandro Valenzuela.

Al entonces joven Cuevas le gustaba mucho andar a caballo, pero éste era un lujo que no se podía permitir, aunque afortunadamente un vecino, Don Pancho, tenía una “pista de lazo” en la que pudo satisfacer su afición por la jineteada, y amplió allí sus amistades, entre quienes recuerda al Chicharito Parra.

Pasaron los años, siguió prosperando, logró comprar un terrenito y se casó. Completaba sus ingresos con viajes periódicos a Estados Unidos a trabajar y luego regresaba. Finalmente, en 1987, recuerda, adquirió el derecho a hacerse ejidatario y allí, en Los Picos, construyó su nueva morada. Allí ha visto los cambios que ha traído el tiempo como la pavimentación de la carretera. Y siguió trabajando en Nogales, ahora en el restaurante de Lorenzo Ortiz Tabanico en donde inició como barrendero y llegó hasta administrador.

paisaje en  Los Picos
En seguida, agotado según él el tema de la conversación, comenzó a cambiar de tema en su narración: me habló de la bondad de la gente del ejido, de los cercanos Picachos de Santa Bárbara en una de cuyas cuevas dejó grabado su nombre, y con una mirada de reojo a las crecientes nubes veraniegas que anunciaban la bendita tormenta de esta temporada, también habló del difícil equilibrio entre buscar algunos días de descanso entre las lluvias para poder segar la pastura, aunque al mismo tiempo bendiciendo las ansiadas aguas que alimentan la tierra.

Así, en el valle del río Santa Cruz, entre ruinas de poblados indígenas hoy casi irreconocibles, entre muros de adobe del antiguo y cercano rancho de Santa Bárbara, don Alfonso ha visto pasar el tiempo, atestiguando  cómo ese valle espera despertar a su nueva vocación: lugar de reencuentro de los nogalenses con el Sonora rural.

Sunday, August 5, 2012

Como era Nogales en sus inicios


Me han preguntado sobre cómo era Nogales al terminar el siglo XIX, así que para responder interrumpo mi serie sobre la minería. Este artículo lo dedicaré al tema de los inicios de Nogales, aunque prometo volver a las minas, así como tocar el tema de la agricultura y ganadería locales en algún artículo futuro.

Como ya sabemos, Nogales, Sonora, nació en 1884, después de que en agosto, pero de 1880, fueran establecidas las aduanas de Palominas, Los Nogales, Sásabe y Quitovaquita. Para 1890, el lado sonorense tenía unos 2,500 habitantes  y para 1900 ya superábamos los 5,700.  Esto mientras que nuestra población hermana, siempre menor, en 1900 alcanzaba los 1,200 habitantes.  La actividad económica en Ambos Nogales era complementaria entre ambas poblaciones: los diversos productos se podían adquirir o bien del lado sonorense o del arizonense.

La Aduana de Nogales, Sonora
El paisaje nogalense estaba dominado por el imponente edificio de la aduana de Nogales, Sonora, construido en 1887, y del lado arizonense el templo másónico, terminado en 1897, hacía lo mismo. Había además cuatro templos religiosos del lado estadounidense: el católico, el Congregacional, el Metodista Americano y el Metodista Mexicano, mientras que en el lado sonorense estaba el templo católico. Había, además, una escuela básica en cada lado de la frontera.

Templo masónico en Nogales, Arizona
Aunque el espacio no me alcanza para mencionar todas las actividades económicas de ambos Nogales, no puedo dejar de mencionar que las agencias aduanales fueron la principal actividad económica local, y de ellas la primera fue la de de Próspero y Aurelio Sandoval, inaugurada en diciembre de 1884. Próspero era también el Agente del Timbre Fiscal, mientras que su hermano era el Delegado de la Secretaría de Obras Públicas, funciones que les facilitaban enormemente la realización exitosa de sus trámites. Pero esta agencia no era la única. La segunda establecida en esta frontera, de Cirilo Ramírez, había sido establecida en 1886, mientras que la de Alejandro Joffroy iniciaría operaciones el último año del siglo XIX.

Entre los principales agentes mineros, además de la Casa Sandoval,  estaban Willis P. Harlow y John A. Gowan, quienes administraban la mina Santa Rosalía, cercana a Arizpe, y El Socorro, del Distrito de Ures. Además, en Nogales, Arizona estaban las oficinas de muchas minas sonorenses, como las de Santa Elena, cercana a Banámichi, administrada por el Capitán Leander Mix, concuño del Gobernador Ramón Corral.


El comercio de Ambos Nogales era muy diferente al actual. La colonia francesa dominaba en la población sonorense, encabezada por los hermanos Donnadieu, quienes habían inaugurado “La Ciudad de México” en 1892; vendían desde telas hasta vinos, licores y cigarros, así como alimentos enlatados importados de Estados Unidos y Europa. También estaba “La Moda,” de Leon Horvilleur, dueño además de “Las Ciudades de Francia” en Guaymas y “La Ciudad de París” en Hermosillo. El edificio local de “La Moda” aún hoy subsiste sobre la Calle Ruiz Cortines (y cuya imagen muestro adjunta), es una construcción de ladrillo de dos pisos, inaugurado en mayo de 1897, y se especializaba en muebles y ropa. Por otro lado, la tienda más importante de Nogales, Arizona, era “Escalada Hermanos,” españoles que inauguraron su negocio en  1892, dedicándose a la venta de artículos comestibles y para ranchos. Además, estaba el Banco Internacional de Nogales, establecido en 1892 en la población arizonense.

Antiguo Hotel Cazabón
Aledaño a la frontera, del lado sonorense, el Hotel Cazabón, establecido en 1886 en un edificio de dos pisos que se encuentra hoy aledaño a la frontera, entre calles Elías y Ruiz Cortínez (entonces Colón), se preciaba de ser el mejor de ambas poblados, ya que diariamente ofrecía ostiones traídos por tren desde Guaymas en su restaurante, aunque competía con el Hotel Montezuma, un edificio de tres niveles ubicado frente a la placita de Nogales, Arizona, cuyo dueño era Robert Williams. Adjunto se encontraba el establo de Arturo Peck, negocio fundado en 1891 después de que el Apache Gerónimo matara a toda la familia de Peck al Norte de Nogales en 1886. Finalmente, la maderería y ferretería de William Roy y Edward Titcomb, ubicada frente a donde actualmente se encuentra la antigua escuela High School de Nogales, Arizona, incluía una fábrica de hielo y había generado desde 1887 energía eléctrica para Ambos Nogales, y de agua potable desde 1895.

Finalmente, y para dar una idea de los afanes culturales de entonces, no puedo dejar de mencionar la Sonora News Company, librería que iniciara operaciones en esta frontera en 1885, y que vendía, además de los principales periódicos del mundo, los locales de Nogales, Arizona The Oasis, y The Border Vidette, o los del lado sonorense, el semanario El Eco de la Frontera; El Monitor y El Tráfico, que fuera cambiado a Nogales, Sonora, en 1896 desde su inicio en Guaymas.

Además, Nogales, Arizona, se preciaba de contar con la Opera House donde se realizaban actuaciones de la Dramatic Association, o los bailes realizados periódicamente en la aduana mexicana por lo más selecto de los notables locales. Eran dos ciudades gemelas que habían nacido y prosperado al amparo de las políticas de aliento económico del Porfirismo, aunque a fin de cuentas el cambio generado por la revolución, en vez de frenarlos, incrementó su crecimiento.