Sunday, August 18, 2013

La frontera nogalense durante la revolución

Ya vimos en esta serie de artículos que escribo, dedicados al 95 aniversario de la gesta heroica del 27 de agosto, cómo se desarrolló la región fronteriza de Nogales durante el porfiriato.  Ahora cubriré cómo era Nogales al iniciar la revolución mexicana, un poblado que se extendía, a lo largo de la cañada, hasta la entrada de la actual Cañada Héroes.

La Calle Internacional de Nogales
Por entonces no había ninguna restricción al cruce de la frontera. Las únicas mnifestaciones visibles que había una frontera internacional allí eran lo ancho de la Calle Internacional, por un lado, y la existencia de varios monumentos internacionales a lo largo de la línea fronteriza, de los que el número 122 destacaba por entonces (éste se encuentra en el centro mismo de la foto a la derecha, en donde Sonora está a la izquierda y  Arizona a la derecha). Y un poco más allá, a un lado de la vía férrea que como hoy, también entonces cruzaba la frontera, la estación del ferrocarril de Sonora (son los edificios obscuros en el centro de la fotografía, uno a cada lado de la misma y que, por cierto, se puede apreciar un ferrocarril que va cruzando la frontera), y más al Sur el edificio de la aduana (apenas se distingue una pequeña cúpula en la imagen), y enseguida de éste, hacia el Norte, la Plaza 13 de Julio con su quiosco (la pequeña zona arbolada a la izquierda de la imagen). Al poniente de la plaza, las distintas residencias de la élite nogalense de entonces se extendían a lo largo de la Calle Pesqueira, mientras que junto a la frontera estaba la residencia del principal agente aduanal nogalense, Próspero Sandoval.

Por otro lado, la calle comercial de Nogales era entonces la Elías, que en Arizona se convierte en Morley después de pasar uno a un lado del Monumento Internacional 122. En la Calle Elías podían encontrarse desde restaurantes como el Cazabón (un edificio que aún existe y cuya fotografía aparece a la izquierda), que ofrecía a los comensales ostiones que recibía diariamente por ferrocarril desde Guaymas, o bien hoteles como el Escobosa, situado en el extremo Norte de la Calle Elías, al Sur del Monumento 122 y frente al edificio del Cazabón, o bien tiendas como la de Lelevier, en donde se ofrecían los mejores artículos de vestir europeos.

Ese fue el escenario bajo el que se desarrolló la revolución mexicana cuyo primer periodo, el maderismo, no tuvo repercusiones locales. Las complicaciones surgieron después del cuartelazo de Huerta y del asesinato de Madero.

Seguiría el pronunciamiento de Venustiano Carranza y, aquí en Sonora, el levantamiento de las fuerzas de Alvaro Obregón que escogió a Nogales para realizar su primera acción de armas con la toma de esta población, y de esa manera convirtió a Nogales en la base inicial del movimiento revolucionario.

Vendrían después las pugnas entre Plutarco Elías Calles y el gobernador con licencia, José María Maytorena, las que llevaron a una reunión el 28 de julio de ese año de 1913 aquí en Nogales, entre las distintas facciones, aunque sin ningún avance. Pero otorguémosle la voz a Don José Vasconcelos, uno de los grandes filósofos de América, quien visitó a esta población por entonces:

“Llegamos a Nogales horas después de la Junta que absolvió a Maytorena de los cargos de sus enemigos y lo confirmó en el mando. Para asistir a dicha Junta, habían venido desde el sur a Nogales, muchos jefes. Entre todos, el que más pesaba era Obregón. A tal punto, que bastó con que él asumiera la defensa del Gobernador para que la discusión terminase y se disolviese la Asamblea al grito de ¡Viva Maytorena! … En Nogales me tocó alojarme en la misma alcoba con Miguel Alessio Robles.”

El edificio de este hospedaje compartido por Vasconcelos fue el hotel Escobosa, una construcción de piedra de dos niveles edificado a finales del Porfirismo y por lo tanto con sabor francés que, afortunadamente, continúa en pie, aunque dedicado a otros fines. Pero regresemos con Vasconcelos:

“Nos despertaron de mañana las cornetas de una compañía de yaquis que pernoctaba en los bajos del hotel. La impresión fue magnífica. Ya no éramos los perseguidos que despiertan sobresaltados. La fuerza que tocaba dianas estaba al servicio de la justicia y amparaba a los hombres honrados… la noche anterior, había llegado tarde y no ví nada del pueblo. En vano buscaba las nogaleras que sin duda le habían dado nombre. Apenas uno que otro árbol en calles apartadas y el centro una fealdad sin alivio, casas pequeñas, de ladrillo, interiores sórdidos, polvo en todas partes, descuido, y no por pobreza, por incultura.”

Pasaron nuevamente los meses y Don Venustiano Carranza también escogería a Nogales como base de operaciones del movimiento armado, y llegó a esta frontera a finales de ese año de 1913. Pero otorguémosle ahora la palabra a Martin Luis Guzman, quien nos ofrece una crónica del Nogales de entonces:

Martín Luis Guzmán
“Ya había anochecido cuando Alberto J. Pani y yo llegamos a Nogales. En la estación –feo cobertizo semejante a los que acabábamos de ver en el largo trayecto arizonense, sólo que aquí con la peculiar pátina mexicana- nos esperaban varios amigos y amigos de amigos… atravesamos una calle y caminamos un tramo de otra: ya estábamos en el hotel. La puerta daba a un pasillo que se convertía, por el fondo, en escalera… Una figura conocida apareció en lo alto y se mantuvo allá… era Isidro Fabela... se fueron abriendo las puertas de los cuartos y empezaron a salir por ellas hombres de la Revolución: salió Adolfo de la Huerta; salió Lucio Blanco; salieron Ramón Puente, Salvador Martínez Alomía, Miguel Alessio Robles y otros muchos…”

Después de dejar sus cosas y arreglarse en el Hotel Escobosa, los viajeros fueron a hablar con Carranza, al cercano edificio de la Presidencia Municipal, que se encontraba situado entonces en la esquina de Campillo y Juárez y frente al de la Aduana. Ese era el Nogales donde inició la revolución mexicana, a unos pasos del Monumento Internacional número 122.

Sunday, August 11, 2013

La región fronteriza de Nogales durante el porfiriato

La mojonera internacional en 1864
Después de la erección de la mojonera internacional en la cañada de Los Nogales en 1855, el rancho sufrió algunos cambios. Parte del mismo fue vendido a José Pierson, de Terrenate, y una mitad indivisa del terreno restante a Juan Pedro Camou; eran los años posteriores al periodo aciago de las Guerras de Reforma y de la intervención francesa; era cuando iniciaba el desarrollo económico de México y de Sonora; cuando en el Territorio de Arizona se construía un ferrocarril que lo atravesaba y que en marzo de 1880 fue inaugurado en Tucsón.

Este ferrocarril, a su vez, ocasionó un enorme crecimiento del contrabando hacia Sonora, el que sería cansado extenderme; aunque en respuesta  el gobierno federal mexicano estableció, el 2 de agosto de 1880, cuatro aduanas para resguardar la frontera sonorense con Arizona, en Quitovaquito, Sásabe, en Los Nogales y San Pedro Palominas (En este enlace puedes ver su ubicación e historia).  Dos años después era inaugurado en Los Nogales el Ferrocarril de Sonora a un lado de la mojonera de piedras que definía la frontera. Y aunque los condueños del rancho intentaron denunciar por entonces las demasías del mismo, la solicitud les fue negada, primero debido a que Pierson no era ciudadano mexicano y después porque el Juez de Distrito ordenó suspender “la adjudicación hasta que se sepa si perjudica o no a la creciente población de Nogales.”

Esto se debía a que el crecimiento del comercio internacional había llevado a que el 11 de julio de 1884 el gobierno del Estado fundara a la Población y al Municipio de Nogales, el que en su segundo artículo autorizaba al ejecutivo “para que arregle con los dueños del terreno … la adquisición de solares y de todas las ventajas que sean necesarias para facilitar el progreso de la expresada municipalidad.” 

Así fue cómo el 28 de agosto siguiente se celebraba en Hermosillo un contrato entre el Gobernador de Sonora y los condueños del terreno para que éstos cedieran “para el establecimiento del fundo legal un cuadrado de un mil doscientas varas por lado, hacia el Sur de la línea divisoria con los Estados Unidos,” aunque se reservaron algunos lotes para ellos mismos. Así fue cómo surgió la población de Nogales, no como alguien ha intentado decirnos debido al establecimiento de la aduana local ni al ferrocarril, sino al incremento del comercio internacional.

La mojonera internacional y la cantina de Brickwood
Pasaron los años, y durante los inicios de la entonces Villa de Nogales y para separar las poblaciones sonorense y arizonense únicamente del lado mexicano una calle, la actual Internacional que entonces se llamaba Camou, separaba los territorios de ambas naciones, mientras que del lado estadounidense las construcciones se aglomeraban sobre la frontera misma al grado de que alguien con sentido del humor llegó a decir que la pintura de sus paredes se encontraba en México; mientras, la mojonera de piedras erigida en 1855 había ido quedando cada vez más relegada y ahora se recargaba sobre una pared de la cantina de Brickwood que también estaba sobre la frontera misma, aunque en Arizona. En otras palabras, la pared Sur de la cantina corría a lo largo de la frontera misma, como se ve en la imagen adjunta en la que Sonora aparece a la derecha, y de esta manera la caja de cigarros que también aparece en la imagen, se encontraba colocada en el porche o cobertizo que ya estaba en México; en ella, el dueño de la cantina guardaba su producto y lo vendía, y de esta manera evadía el pago de impuestos estadounidenses.

El Monumento 122 recien instalado
Entre 1891 y 1896, debido a que las mojoneras construidas por Emory en la divisoria se encontraban ya muy dañadas, los Ing. J. W Barlow y Jacobo Blanco, de la Comisión Internacional de Límites, las renovaron. Las 52 mojoneras de piedras originales fueron reemplazadas por 258 obeliscos metálicos que son los que aún hoy persisten, y entre ellos estuvo el número 122 que reemplazó a aquella mojonera recargada sobre la cantina de Brickwood, a la que se le construyó un nicho en la pared del edificio para protegerlo, aunque de cualquier manera ese obelisco únicamente funcionaba como delimitante de los territorios de ambas naciones sin alcanzar a tener otra función,  ya que por entonces no existía ninguna restricción al cruce de la frontera por los ciudadanos de ambas naciones.

La Estación del Ferrocarril sobre la frontera misma
La ausencia de calle internacional en la ciudad vecina, sin embargo, no duró mucho, ya que el 25 de junio de 1897 el presidente estadounidense, William McKinley, ordenaba la demolición de todos los edificios en una franja de 60 pies del lado estadounidense como reserva pública, tanto al este como al oeste del recién establecido Monumento No. 122.  Entre las construcciones afectadas estuvo la estación del ferrocarril, una edificación de madera que atravesaba la frontera, parte de la misma en México y parte en Estados Unidos, la que fue dividida en dos y cada sección recorrida hacia su nación para dejar libre la franja fronteriza; simultáneamente,  la cantina de Brickwood, sobre cuya pared se había alojado la mojonera internacional y en donde, en 1895, Clegg y Sheeline habían realizado las primeras exhibiciones nogalenses del kinetoscopio, antecesor del cinematógrafo, también desapareció.

Las dos Calles Internacionales en Nogales en la década de 1930
Así fue cómo la Villa de Nogales desde entonces contó con una calle Internacional del lado estadounidense, separada de la Internacional sonorense  por el monumento 122 (que en la imagen de la izquierda no se alcanza a ver, por estar obstruido por la garita que aparece en el centro de la fotografía), un obelisco que atestiguaba el crecimiento y prosperidad promovidos por el comercio internacional que siempre utilizó a esta localidad; era una Villa que inmediatamente empezó a crecer en población e importancia para Sonora, y para 1910 alcanzaba una población cercana a los 4,000 nogalenses.

Sunday, August 4, 2013

La medición de la frontera en Los Nogales

En el artículo anterior de esta serie leíamos acerca de los orígenes del rancho Los Nogales en 1843, aunque no fue ésta la última ocasión en que su dueño, José Elías, acudió a las autoridades en relación con éste, ya que el 12 de octubre de 1854 nuevamente pedía a la Tesorería Departamental una constancia de la legalidad de su posesión, debido a que “…mis papeles del Rancho de La Casita tienen los requisitos que requiere el Artículo 6 de el reciente Tratado de la Mesilla para que el gobierno norteamericano respete los que queden dentro del territorio que le ha cedido nuestro gobierno. Y como pueda ser que mi relacionado rancho sea de los comprendidos en esa línea  por estar situado poco más o menos en el grado 31 de latitud Norte, quiero, para evitar enteramente todo motivo de cuestión, tener una constancia de que está registrado o anotado en uno de los archivos de tierras de la República, como lo es el que existe a cargo de esa Tesorería…” 

Ya conocemos la historia del Tratado de la Mesilla por lo que no me extenderé en esta ocasión sobre ésta; también sabemos que Casita no fue afectado por los límites establecidos por el Tratado de La Mesilla, aunque Los Nogales sí lo fue, ya que la frontera en esta región, definida por el Artículo 1 de este Tratado, dividió en dos al rancho (En el artículo anterior de esta serie aparece un mapa interactivo del rancho junto con la frontera. Puedes hacer click aquí para leerlo).

De cualquier manera, el gobierno de México le entregó a Elías copia de los expedientes que solicitaba. Para entonces, José Elías había casado con Ana Salazar, nacida en La Cieneguilla, Sonora e hija de un rico minero, Teodoro Salazar, descubridor de los famosos placeres de oro de Santo Domingo en esa misma región en 1803. No quiero cansar la atención del lector y extenderme sobre el tema de genealogías, pero no puedo dejar de mencionar que entre los hijos de este matrimonio estuvo Guilebaldo Elías Salazar, quien vivió en Magdalena y fue padre, entre otros, de otro Guilebaldo y de Carlos, a su vez padres respectivamente de Leopoldo Elías Romero, quien fuera Alcalde de Nogales y de Ernesto Elías Cañedo, destacado hombre de negocios nogalense y abuelo de la actual Primera Dama de Nogales. Pero regresemos a nuestra crónica…

El Tratado de la Mesilla (puedes hacer aquí click para leer sobre los Tratados Internacionales entre Estados Unidos y México) estipulaba que la frontera de México en esta región de Sonora quedaría delimitada por el paralelo 31° 20” hasta el meridiano 111°, de donde partiría la sección azimutal rumbo al río Colorado, por lo que únicamente faltaba marcarla sobre el terreno.

Para realizar esta tarea fueron nombrados dos Comisionados de Límites, William Emory por los Estados Unidos y José Salazar Ylarregui por México, aunque las convulsiones políticas que azotaban a nuestro país llevaron a que José Salazar fuera arrestado y por eso no pudo realizar su tarea. Emory, por su lado, inició él sólo su labor de marcar la frontera partiendo de El Paso del Norte en Febrero de 1855, y en mayo de ese año llegaba a las casas del rancho Los Nogales, situadas dentro del actual Nogales, Arizona, en la salida de la carretera a Patagonia. Allí se dedicó a medir astronómicamente la ubicación del lugar y encontró por un lado que el meridiano 111° se encontraba a unos 12 Km más hacia el Oeste, y que el paralelo 31° 20,” o sea la frontera, cruzaba al Arroyo Los Nogales un poco más hacia el Sur de las casas del rancho, lugar en donde ordenó que fuera colocada una mojonera de piedras.




Esa mojonera internacional, a unos pasos de la actual garita de la calle Elías, lugar que por supuesto estaba totalmente despoblado entonces, al igual que hoy se encontraba amparada por el acantilado que forma el cerro de la hoy calle Elías. A un lado pasaba el camino de herradura que comunicaba al Norte de Sonora, Imuris y Magdalena hacia el Sur, con los asentamientos situados más hacia el Norte, como Tubac y Tucsón; además, un matorral de carrizos intentaba ocultar al arroyo. Sabemos todo ésto porque junto con sus mediciones, uno de los expedicionarios, John E. Weyss, dibujó varios paisajes del valle de Los Nogales que se han conservado.

Pasaron unos días y la sección mexicana, encabezada por el Cap. Francisco Jiménez, venía realizando las mediciones desde el Oeste y llegó también a Nogales. Allí, Jiménez le dijo a Emory que el acuerdo era que ambas Comisiones debían determinar, en forma independiente, la confluencia del meridiano 111° con el paralelo 31° 20”, a lo que Emory le respondió que él ya la había determinado y que si creía que la sección estadounidense sería capaz de intentar engañarle, a lo que Jiménez respondió que nadie podría intentar realizar un fraude que le costara su propia reputación, por lo que accedió a las mediciones realizadas y puntos ubicados por Emory.

Después, ambos comisionados abandonaron la cañada de Los Nogales y regresaron a sus respectivas capitales nacionales a escribir sus informes. Mientras, la cañada de Los Nogales regresó al silencio de los siglos que únicamente duraría pocos  años más; dejaban atrás aquella mojonera de piedras que marcaba una nueva frontera internacional, una mojonera de la que tal vez nadie, por entonces, percibía su importancia.

Sunday, July 28, 2013

El comienzo del Rancho Los Nogales

Con este artículo inicio una serie acerca de la historia del punto más estratégico de Nogales, el más importante de la región fronteriza de este lugar, el ubicado alrededor de la mojonera, actual obelisco limítrofe número 122 entre México y los Estados Unidos. Este lugar, esta cañada, desde siempre, tuvo un papel estratégico importantísimo en el comercio. Inicialmente, hace ya varios milenios y debido a que era comunicación entre los ríos Asunción y Santa Cruz, por cañadas como ésta entró al norte el conocimiento de la agricultura o de la cerámica que nacieron en Mesoamérica. Después, ya durante la colonia y los inicios de nustra nación, sería vena comunicante y de abastecimiento de los asentamientos hispanos situados más al Norte y hoy lo es de productos internacionales.

Corría el año de 1841. La de Nogales era entonces una cañada vacía, aún despoblada de mestizos o europeos. Y aunque sí conservamos nombres de algunos de los poblados prehispanos que hubo en las márgenes del  río Santa Cruz al este de Nogales, lugares tales como Bacuacucan que Kino rebautizaría como San Luis Bacoancos y donde hoy se encuentra el pueblo de Mascareñas, o bien Comacavitcam cerca de o donde hoy está el pueblo de Los Picos, por otro lado no se han conservado los nombres de los poblados que debió haber en la cañada nogalense, que por sus restos sabemos que sí los tuvo.

El paso de los siglos no había logrado aún mermar el silencio de la cañada.  México se extendía por entonces hacia el Norte en la región Oeste del continente americano hasta Oregón, ya que los Estados Unidos no lograban aún salir al Océano Pacífico. Ese año, José Elías Redondo, nieto del Capitán Francisco Elías González, quien a su vez fuera el fundador de esa familia en el actual Estado de Sonora, pedía la remedición del rancho que su familia había poseído para entonces ya por alrededor de unos 90 años, el antiguo Cucurisulaqui y que ahora se llamaba Casita. Además, solicitaba “la mensura de los huecos y valdíos (sic) que necesitamos,” y aunque se midió Casita, también se ordenó que fuera integrado un expediente por separado para los baldíos que se denunciaban, mismos que con el tiempo se convertirían en el rancho Los Nogales de Elías. 

El primer paso de este proceso fue la medición de los límites de la nueva superficie de tierra que se denunciaba, los que quedarían entre los terrenos de Casita  misma por el Sur y de la misión de Tumacácori hacia el Norte, tarea que le fue encomendada a Don Francisco Navamuel, quien era una especie de notario, vocación a la que había pertenecido su familia por varias generaciones. 

Navamuel a su vez nombró a varios habitantes de la región, gente con apellidos que aún hoy reconocemos en el Norte de Sonora y Sur de Arizona, fueron Angel Olave y Miguel Apodaca como cordeleros, José Fraijo como contador y José Gallegos como encargado de la brújula. Se preparó, midiéndolo, un cordel de 50 varas (casi 42 metros) al que se le anudó un poste a cada lado para, a caballo, irse turnando cada jinete cordelero y así, contando los cordeles, ir midiendo ese baldío.


LÍMITES DEL RANCHO LOS NOGALES
Iniciando en la mojonera que marcaba el límite norte de Casita, que se encontraba ubicada en el Puerto de Encinas, lugar situado al Sur del actual Nogales, donde la carretera pasa hoy por encima de la vía férrea, se fue recorriendo toda la extensión del entonces despoblado Valle de Los Nogales desde el  Sur hacia el Norte, se pasó por la actual frontera que entonces no existía porque toda Arizona pertenecía aún a México, y se continuó la medición hasta completar 340 cordeles (14,205 m), en un punto situado “por el camino que va al Norte al Presidio de Tubac, las cuales terminaron en el camino, en una meseta alta, donde da fin un amplio cajón que baja de las montañas Pajarito.”  Era la confluencia de las avenidas Mariposa y carretera antigua a Tucsón en el actual Nogales, Arizona, cerca de donde se encuentra el edificio del Condado de Santa Cruz, y allí se colocó la mojonera norte.

(El siguiente mapa es interactivo. Puedes acercarte y alejarte, lo mismo que cambiar el tipo de información mostrada, como por ejemplo, vista satelital, mapa, etcétera.)



 Además, se agregó en la bitácora de la medición que “...la mojonera de Calabazas está a unos mil pasos más allá, en una loma alta, que cae del otro lado del cañón (o sea en la falda del actualmente llamado Mt. Benedict).” En seguida se midieron 22 cuerdas (919 m) al este y 200 cuerdas (8,356 m) al oeste desde los extremos norte y sur, para obtener una superficie de 7 y medio sitios de terreno con dos caballerías (alrededor de 13,200 Has.), los que fueron tasados en $113 con 1 real y 10 granos.

El 7 de enero de 1843 Elías los compraba y se le concedió el título del ya rancho Los Nogales que, ya lo sabemos, debió su nombre a la existencia de árboles de nogal que crecían en las márgenes del arroyo y cuyas nueces han servido de alimento lo mismo al ser humano que a animales desde tiempos inmemoriales. Después, Elías construiría las casas del rancho en inmediaciones del actual paso a desnivel del camino a Patagonia, dentro del actual Nogales, Arizona.

Sunday, July 21, 2013

Cómo armonizar la situación actual nogalense

Hemos visto ya cómo, y debido a su crecimiento reciente, Nogales más o menos se ha dividido en dos: el nuevo Nogales ubicado hacia el Sur de la ciudad que es donde se encuentran la mayoría de los nuevos negocios como cines, tiendas departamentales, fábricas y los nuevos desarrollos habitacionales.  Y el viejo Nogales, ubicado a su vez hacia el norte y cercano a la frontera; una parte de la ciudad que basó su economía en su condición de ser frontera ya que allí se localizaban las tiendas de curiosidades, los principales restaurantes como la Caverna y demás atractivos turísticos. Esta parte de la ciudad se encuentra actualmente desprovista de una función social o económica al haber desaparecido el turismo de la ciudad, aunque disfruta de una envidiable cercanía con la Unión Americana.

Es decir, se trata de dos secciones nogalenses con vocaciones económicas diferentes. La fronteriza, cuyo destino estuvo íntimamente relacionado con el comercio turístico, y la nueva que vive actualmente en comunión directa con la modernidad de nuestro país.  Pero también hay que recordar que compartimos los nogalenses un riquísimo pasado en la formación del México actual durante la revolución mexicana; además, que nos enfrentamos diariamente al problema de la relación del hombre con la naturaleza,  sea ésta la cantidad y origen del agua que sostiene la existencia humana aquí o bien la enorme inmigración reciente que hemos tenido hacia esta ventana de nuestro país; y además hemos ideado la promoción de nuevas formas del turismo, como el médico, a la vez que diariamente asistimos también, en relación con el tema de la salud, al surgimiento en la vida cotidiana del nogalense y el sonorense de nuevos estilos de vida que se expresan desde nuevas dietas hasta nuevas manifestaciones de nuestro coexistir moderno. El problema a resolver, entonces, se reduce a cómo armonizar la complejidad de todas estas dimensiones.

Y si bien en la década de los 60 el gobierno federal  le apostó a la industrialización fronteriza con el éxito ya de todos conocido, hoy nos tocaría a nosotros, nogalenses, encontrarle una solución a esta situación de múltiples facetas. Si en la década de los 60 el gobierno federal podía aún idear ese proyecto, hoy los nogalenses hemos ya alcanzado la mayoría de edad y podemos, nosotros mismos, encontrarle una solución total a nuestra compleja realidad fronteriza actual.

Esta misma semana, según el periódico El Imparcial, la Coordinadora Nacional de Artes Visuales del INBA, Magdalena Zavala Bonachea, declaró en Ciudad Obregón que “los museos en Sonora requieren de diversificar y modernizar lo que le ofrecen a un público cada vez más ávido de nuevas propuestas”  y profundizóesa idea cuando habló acerca de “la diversificación de ofertas museísticas, no sólo la visibilidad de las ofertas, sino que haya propuestas diferentes para los distintos tipos de público, porque hoy en día hablar sólo de público es muy genérico.”

Pues bien, tenemos que el viejo Nogales, el antiguo Nogales, cuenta con un edificio de museo que se podría convertir en el detonante de esa solución de múltiples dimensiones para esta frontera y como plan piloto inicial, susceptible a ser aplicado regionalmeente después, aunque requeriría la adecuación de toda la ciudad en una “propuesta diferente” tanto para los nogalenses mismos como para quien nos visite.

Es decir, utilizándolo como punto de partida, podría muy bien convertir a toda esta ciudad en un escaparate en donde se muestre a los nogalenses y a los que no, la enorme aportación que han tenido en la formación del Nogales actual tanto la revolución mexicana como el programa de maquiladoras, que muestre también cómo Nogales intenta solucionar la problemática ecológica local mediante hábitos sociales o educativos  de ahorro de agua, o bien que sirva de detonante de la modernización y adecuación de la oferta turística integral local para el visitante, hoteles, restaurantes, entretenimientos, basándolos siempre en la modernización de los estilos locales de vida, sean éstos de dieta a través de la sustitución de grasas y carbohidratos por recetas aún por descubrir o de otros modos de expresión sociales.

Recuerdo, por ejemplo, que durante las visitas guiadas que acostumbraba un servidor ofrecerles a grupos de turistas de la nación vecina, éstos mostraban incredulidad cuando les decía que los nuevos nogalenses no habían llegado a esta frontera después de que la oficina del empleo local les hubiera confirmado un trabajo aquí, sino que lo hacían llamados por un tío, un hermano o algún otro familiar que les había precedido a esta frontera utilizando la mecánica social de las redes familiares.

Pero además, siempre me ocurrió que uno de los momentos más emotivos era cuando en las guarderías de las maquiladoras, los turistas veían a los infantes jugando o bien durmiendo después de comer. Los rostros turísticos que se asomaban tras las ventanas de las guarderías se veían a sí mismos reflejados en esos infantes porque comprendían entonces que todos, al fin, somos iguales: todos, miembros de la familia humana. En ese escaparate se podría convertir el Nogales actual. En nosotros estará el lograrlo.

Sunday, July 14, 2013

La vocación del centro de Nogales

Ya veíamos en el artículo anterior de esta serie cómo la parte nueva de Nogales, la ubicada en términos generales al Sur del Centro Cultural Los Nogales (CECUN), vive en relación diaria con las maquiladoras, en general con la educación tecnológica, y que allí se encuentran las tiendas departamentales modernas, los centros de diversión y de cultura. En resumen, se trata de un nuevo Nogales alejado de su condición fronteriza.

Así, ahora dedicaré mi atención al antiguo Nogales, al más cercano a la frontera. La antigua vocación de este antiguo Nogales que por características propias de su geografía se halla precisamente en la frontera estuvo relacionada precisamente con ella. En esta zona se encontraban las tiendas de curiosidades de las que vivía gran parte de los nogalenses. También aquí estaba la antigua plaza de toros, hoy un edificio desmantelado debido a que su última corrida de toros ocurrió hace ya muchos años. En esta zona se encuentran, igualmente, muchos de los restaurantes, aunque no todos, que vivían del turismo estadounidense, y el principal de todos, la Caverna, actualmente también hoy ya desapareció. Es un Nogales que ha quedado desnudado de alguna función como zona urbana o de una vocación económica para el sustento de los nogalenses.

Y si nos preguntamos sobre el destino futuro de esta zona Norte de la ciudad, del Viejo Nogales, inevitablemente llegamos a la conclusión de que éste, sin duda, tendrá que radicar precisamente en su condición fronteriza, condición íntimamente relacionada con el turismo.

Sín embargo, las condiciones que promuevan a este turismo ya cambiaron. Hace ya varios años que se habla del turismo médico como atractivo local fronterizo, no únicamente de Nogales sino de toda la frontera de México con los Estados Unidos. Pero sea como sea, inevitablemente el turismo médico deberá también estar asociado con otras clases de turismo. Y es que sería poco menos que imposible que únicamente se desarrollara la oferta médica, dejando de lado a todo el potencial asociado que se relaciona con la oferta de lo nacional hacia el exterior.

De esta manera, a la dimensión médica será necesario agregarle otros atractivos, y lo que sigue lo digo por experiencia personal, ya que me ha tocado ser testigo del imán que constituye para el visitante ver una muestra sobre cómo se vive actualmente en esta frontera; una muestra de nuestro presente y a la vez de nuestro pasado.

Como inicio del inventario con que contamos, se debe de considerar que en el Viejo Nogales se halla el edificio del Museo de la Ciudad, un edificio cuya vocación futura deberá estar vinculada a la atención lo mismo del connacional que del turista, por lo que será necesario adecuar su uso a ambos: o sea convertirlo en un escaparate de lo nuestro para quien nos visite y a la vez una ventana reforzadora de nuestra identidad para el nogalense que entre a sus puertas. En otras palabras, deberá cumplir con esa función doble: escaparate nuestro para el turista y espacio de autocomprensión para el nogalense.

Y si cambiamos nuestra mirada hacia otras dimensiones de lo que podríamos ofrecer, tanto a nacionales como a extranjeros, tenemos que también nos sirve de una enorme ayuda el saber cómo surgió Tijuana al turismo, porque podríamos adoptar para Nogales los principios intemporales que hicieran famosa a la actual principal ciudad fronteriza entre México y los Estados Unidos.

Así, veremos que un factor importantísimo del atractivo tijuanense estuvo en el famoso Casino del Agua Caliente, y dentro de éste, deberemos recordar que gran parte de su clientela acudía a un restaurante que se hizo famoso, y así recordaremos el antiguo adagio: “al corazón se llega por la boca.”

Los menús del restaurante eran impresos diariamente con platillos que sumergían a los clientes en un escapismo romántico de la cotidianeidad foránea con tintes exóticos. Esto se debía a que diariamente se ofrecían al comensal guisados de venado con arroz silvestre, filetes de basa cubiertos de salsa “au vin blanc Silensienne,”  o bien para los desayunos se podía acudir a los huevos revueltos con cerebros de becerro. Sin embargo, no únicamente se ofrecían allí platillos que eran o aparentaban ser de la cocina internacional, sino que también la cocina mexicana reinaba como atractivo para quien deseaba explorarla. De esta manera, el chef que había sido contratado en Nueva York ofrecía igualmente machaca con huevos revueltos, enchiladas de pavo, chiles rellenos o bien pipián de pato en salsa de ajonjolí. Estas comidas usualmente iban acompañadas de una bebida de algún vino regional, como claret Santo Tomás o si el comensal era más exigente, de un champagne de la casa francesa Veive Clicquot, y como postre también podían acudir al  supuesto dulce mexicano de nieve de pitahaya.

Sin embargo, también deberemos tener en cuenta de que actualmente han cambiado las dietas, tanto la mexicana como la estadounidense. En el Sonora actual, el platillo tradicional de la carne asada con tortillas de harina de agua, a la que se le agregan salsa de tomate rostizado y frijoles refritos, cada vez más es reservada para días especiales en familia en los que el sonorense contemporáneo puede participar en ese ritual que revive “la sencillez de la vida del campo.”

Y es que la velocidad del Sonora actual también ha cambiado a nuestros platillos en lo que se conoce como nueva cocina sonorense. Es una cocina en la que los apremios obligan a que se consuman cuando mucho tacos de carne asada, de cabeza o de birria, o bien como símbolos de la creciente globalización en los alimentos, las pizzas y los hot dogs (al estilo sonorense o sinaloense), e igualmente vemos cómo curiosamente ocupa un importante lugar en nuestra dieta sonorense contemporánea el platillo japonés del sushi.  Al mismo tiempo, la dieta estadounidense abandona cada vez en mayor grado a las harinas y demás carbohidratos, aunque sería demasiado cansado extenderme sobre este tema.

Y como complemento de lo anterior, también deberemos considerar la oferta hotelística local, con atractivos que la hagan digna de nuestro nuevo México. Sin embargo, el espacio de este artículo es reducido por lo que únicamente hablaré aquí de la comida.

Por todo lo anterior, debemos de estar seguros de que el turismo médico no es suficiente como elemento interesante local sino que es necesario el estreno de otros atractivos nuevos. Entre éstos podría muy bien estar la apertura de diferentes escaparates de nuestra identidad contemporánea, los que se ofrecieran acompañados de platillos rediseñados con elementos globales, como lo es nuestra cocina sonorense actual, y que estuvieran simultáneamente adaptados a la nueva dieta del extranjero; podríamos lograr todo eso si aprovechásemos igualmente las capacidades nuestras, por ejemplo para diseñar esos platillos se podría acudir a las escuelas de gastronomía regionales. Y aquí hay que recordar aquel otro adagio nuestro: "Querer es poder."

Sunday, July 7, 2013

Los Nuevos Dos Nogales

Ya leíamos en los artículos anteriores cómo, debido al establecimiento de las maquiladoras en Nogales a partir de la década de 1960, esta población explotó en población; pero además debido a su orografía particular fue creciendo en forma diferente a las demás limítrofes nacionales que lo hicieron extendiéndose apegadas a la frontera internacional. Así, fue creciendo de Norte a Sur siguiendo la cañada del arroyo que le diera nombre, Arroyo Los Nogales.

En la década de los 70 u 80 del siglo pasado, lugares que se encontraban afuera de la mancha urbana, en nuestro día constituyen el centro geográfico de Nogales, Sonora. De esta manera, la hoy antigua estación del ferrocarril, edificio que fuera edificado en un punto que en aquel entonces se pensó que pasarían muchísimos años para que fuera absorbido por el crecimiento urbano, en nuestros días, desprovisto de cualquier función y como edificio vacío, únicamente sirve para definir sobre el terreno el centro geográfico nogalense, un centro que atestigua cómo el antiguo Nogales es reemplazado por un Nogales de pasos a desnivel y de velocidades cada vez mayores, un Nogales de espacios que escapan de la angosta cañada que le diera origen a la población debido a que, precisamente allí, la cañada se ensancha.

Así, este nuevo Nogales, Sonora, un Nogales que se encuentra delimitado hacia el Norte por el edificio del  Centro Cultural los Nogales (CECUN) y que como vemos crece hacia el Sur, en forma cada vez más intensa busca independizarse de su condición fronteriza. Esto se debe a que han surgido en su seno comercios, tiendas, centros de diversión y de cultura, en fin alternativas del ser que son propuestas naturales a las condiciones locales y que  buscan todas ellas una nueva identidad, una nueva forma del vivir nogalense, como si estuvieran hastiados de nuestra condición fronteriza.

Si bien hasta la década de 1970 la calle Morley de la ciudad vecina se había convertido en la tienda de toda la Costa del Pacífico mexicana, hoy ya no lo es y ha sido reemplazada por otras opciones que ya no requieren del cruce transfronterizo de los nogalenses y sonorenses para subsistir, son condiciones que ya no piden la entrega de un documento para poder adquirir cualquier artículo, de subsistencia o no, de satisfacción social o individual, de mera curiosidad o de superficialidad curiosa. Este es el Nogales de hoy, el Nogales cotidiano, el Nogales de todos sus habitantes; un Nogales que superficialmente no requiere de una alteridad fronteriza para subsistir porque todo lo encuentra en su propio seno. Y digo superficialmente, porque en el fondo mucha de la economía local se encuentra basada en la industria maquiladora, porque la educación superior está encaminada hacia la industria de la transformación, porque la diversión se basa en cánones que son, también, aparentemente foráneos en su origen; porque, a fin de cuentas, muchos de los que viven y trabajan aquí son empleados de la globalización económica.

Pero además, frente al aparente extranjerismo local nogalense del que muchos compatriotas se quejan cuando llegan aquí, muchas de las características propias de lo mexicano también se imponen en esta frontera ya que, por ejemplo, aún en el seno de este nuevo Nogales y como acto reivindicador, la antiquísima costumbre mesoamericana del tianguis perdura en muchas manifestaciones finsemanales de las que la más grande de todas ellas ocurre precisamente a lo largo de la calle principal de la Colonia Colosio, la mayor invasión urbana local; es una calle que se convierte de vía de transporte como lo es todos los días, en un enorme mercado en donde el visitante puede encontrar en cualquier sábado o domingo desde un veterinario para sus mascotas hasta tambos para almacenar el cada vez más escaso líquido vital no únicamente local sino sonorense: el agua; o cualquier niño hallará un juguete, electrónico o no, que alimente su imaginación, o bien el ama de casa podrá adquirir los abarrotes que le ayuden a paliar lo caro de la vida. Todo éste es el nuevo Nogales cotidiano, el individual, un Nogales micro que a fin de cuentas depende del Nogales macro, de nuestra condición fronteriza, del comercio internacional.

Y es que acompañando a ese Nogales, aunque cercano a la frontera, otro Nogales más se conserva. Es el Nogales de las cada vez más disminuidas tiendas de curiosidades. Es el Nogales de la violencia transfronteriza, es el Nogales donde vive la gente que tiene la posibilidad de asomarse y ver, aunque sea desde lejos, al Nogales de la nación vecina. Es el Nogales que ve pasar, día con día, a los cotidianos ferrocarriles cargados de autos exportados que fueran fabricados en el interior del Estado; es el Nogales que cíclicamente, año con año, atestigua cómo la gente del Sur de Sonora transforma a la avenida Plutarco Elías Calles en un gigantesco estacionamiento, esperando su turno para poder cruzar la frontera e ir, como antes, de compras a la Unión Americana; es el Nogales que…

En resumen, son dos Nogales que conviven cotidianamente buscando, cada uno, una respuesta absoluta a lo impermanente del coexistir cotidiano.